Capítulo 20
Me quedé completamente inmóvil.
El aire dejó de entrarme en los pulmones. Sentí cómo toda la sangre me abandonaba la cara mientras miraba a Wyatt sin entender nada.
—¿Qué… qué acabas de decir? —balbuceé.
Las piernas me fallaron ligeramente y tuve que agarrarme al respaldo de la silla que había junto a la cama.
Wyatt seguía mirándome con aquella mezcla de burla y dureza que daban ganas de abofetearlo.
—Que mi hermano ya está casado.
Giré la cabeza hacia Travis. Él cerró los ojos lentamente. Y negó. Después miré a Helen y me apartó la mirada.
Con esos dos gestos al comprender que era verdad lo que Wyatt estaba diciendo el mundo se me vino encima. Y miles de preguntas empezaron a martillarme la cabeza.
Noté el corazón golpeándome tan fuerte que pensé que se me saldría del pecho y como mi respiración se aceleraba tanto que ni dando grandes bocanadas de aire conseguía que el aire me entrara en condiciones en los pulmones.
—Travis…—susurré.
Él seguía sin mirarme.
—Dime por favor que lo que acaba de decir no es verdad —le rogué aun sabiendo que sí que lo era.
Wyatt soltó una carcajada seca.
—Joder, eres más tonta de lo que pensaba. Si te lo acabo de decir. ¿Para qué coño lo preguntas otra vez?
Lo miré completamente rota.
—No puede ser…
Y justo cuando estaba diciendo eso algo encajó en mi cabeza de golpe, como si fuera una revelación, una horrible.
Por mi cabeza pasaron a toda velocidad recuerdos de Annecy. Las palabras. Las conversaciones. Los silencios. Mi firma en el acta sin mirar nada más. La frase de Travis cuando me propuso matrimonio “¿Quieres ser una Hunter?” No “¿Quieres casarte conmigo?”
Todos los papeles que yo nunca vi, esos papeles que llevaba bien guardados en esa carpeta que no soltó en ningún momento.
Al hombre del registro. Las felicitaciones de la chica que estaba en el mostrador. Ninguno de ellos nunca dijo el nombre de Travis. Solo el apellido. Hunter. Hunter. Hunter.
Ese apellido del que tan orgullosa había estado al cambiarlo por el mío, ahora se estaba convirtiendo en una losa pesada sobre mis hombros, en una auténtica pesadilla.
Dios mío… Me llevé una mano a la boca a la vez que mis ojos se llenaban de lágrimas.
—No…
Miré a Travis otra vez.
—Yo…Yo he entrado en este país como Alma Hunter, no como Alma Moreau.
Wyatt alzó una ceja.
—Pues entonces te han engañado, pero bien.
—Sí, pero no como tú piensas —le contesté sin mirarlo.
—¿Qué?
—Travis…
Mi voz se quebró tanto que ni yo misma reconocía mi propio sonido.
—Tú dijiste que lo arreglarías, que era lo más rápido, que era lo mejor. ¿Qué has hecho?
Por fin levantó la mirada hacía mí. Y lo vi. Vi la culpabilidad en ojos, vi que mis sospechas eran ciertas. Y eso me destruyó todavía más.
— Macaron …
—¡No! No me llames así. Dime que no es verdad, dime que no lo hiciste —le exigí.
Silencio. Esa fue su respuesta. Un puto silencio. El peor silencio de mi vida. Hasta que finalmente cerró los ojos otra vez.
—Lo siento.
Noté cómo algo dentro de mí se rompía del todo.
—Pero sí que es verdad.
La habitación entera empezó a darme vueltas.
—Era la única manera de hacerlo rápido, sino ahora todavía no estarías aquí.
Wyatt volvió a reírse, con esa jodida risa que me gustaba y me ponía de los nervios al mismo tiempo.
—¿Qué cojones está pasando aquí? No me estoy enterando de nada.
Pues casi mejor que no lo hagas, pensé. Porque yo sí que ya me había enterado de lo que pasaba y ojalá no lo hubiera hecho.
Miré directamente a Helen. Estaba nerviosa, no dejaba de frotarse las manos una contra la otra ni dejaba de mover una pierna dando con el pie en el suelo.
—¿Tú también lo sabías?
Ella tragó saliva.
—Era la única forma de que pudieras venir, no podíamos esperar más, las otras opciones se hubieran demorado mucho en el tiempo.
Sentí una punzada horrible en el pecho. Sentí el peso de la traición sobre mí.
Traición, por parte de las dos personas más importantes de mi vida en esos momentos. Y por mucho que dijeran que era por mi bien, que era la única forma de hacerlo, yo lo sentía una traición igual.
Un engaño. Una mentira. Una en la que no solo yo estaba implicada, una que a saber qué consecuencias tendría. Pero claro, ahí entendí por qué mintieron.
Porque si me hubieran contado la verdad desde el primer momento me hubiera negado en rotundo a participar en tal atrocidad y no hubiera venido a Montana.
—Así que los dos estabais de acuerdo —confirmé.
Helen se me acercó con pasos cautelosos.
—Alma…
—No.
Negué varias veces con la cabeza. Alargó la mano para agarrarme del brazo, pero no le di la opción de llegar a hacerlo, me retiré con rapidez para atrás.
—No me toques ahora mismo.
Levanté la vista y vi que Wyatt miraba la escena, totalmente confundido.
—¿Puede explicarme alguien qué coño estáis diciendo?
Lo miré directamente a los ojos.
—Que no estoy confundida. Sí soy Alma Hunter.
Wyatt soltó una risa incrédula.
—Y yo te he dicho antes que eso es imposible, Travis se casó hace años.
Tragué saliva. Volví a mirar a Travis y pregunté sin rodeos porque era la última pieza que me faltaba de aquel loco rompecabezas.
—¿Savannah?
Vi el dolor en sus ojos al oír ese nombre y sin que hablara tuve su confirmación, aunque sí asintió.
Con esa verdad en mi mano solté el aire que estaba conteniendo. Y entonces pronuncié las palabras que ni yo misma terminaba se asumir. Las palabras que llevaban varios minutos atormentándome.
—No estoy casada con Travis.
—Por fin te enteras de algo, niña, te ha costado ¿eh? ¿Eres lenta?
Pues al parecer era menos lenta que él, porque yo sí había llegado a la verdad y él ni siquiera se la imaginaba.
Carraspeé. Cerré los ojos. Cogí todo el aire que pude y lo solté de golpe, para darme el valor necesario para decir las siguientes palabras.
O más bien para soltar la bomba de la verdad.
—Estoy casada contigo.
Wyatt se quedó completamente quieto mirándome como si me hubieran salido cuernos en la frente o un tercer brazo en el pecho y después soltó una carcajada brutal, peor que ninguna de las que se le habían escapado hasta ese momento.
De esas que salen por pura incredulidad.
—Vale, eres lenta, pero tengo que reconocer que también eres graciosa. Como broma no ha estado nada mal.
Nadie dijo nada. Y poco a poco su risa fue apagándose, hasta desaparecer del todo. Porque vio nuestras caras, las de los tres. Porque entendió que no era ninguna broma, porque vio la culpabilidad en la cara de su madre y de su hermano.
Frunció el ceño tanto que poco más y se le saltan los puntos que tenía en la ceja mientras miraba con ira a Travis.
—Eso no es posible.
Travis resopló.
—Yo no he firmado nada.
—Sí lo hiciste.
Wyatt giró la cabeza de golpe.
—¿Qué?
—Sí firmaste —repitió Travis.
—Te digo que no.
Travis tragó saliva.
—Lo que pasa es que no sabías lo que estabas firmando.
El silencio que vino después fue aterrador. Wyatt miraba a Travis como si fuera el mismo demonio que se había materializado allí delante de él en la habitación. Y Travis le devolvía la mirada, aunque en ella había miedo.
—¿Qué coño estás diciendo?
—Aquellos papeles que firmaste antes de irte la última vez.
Los ojos de Wyatt se entrecerraron lentamente. Todos vimos cómo estaba recreando en su mente el momento que Travia le acaba de decir, recordando lo que pasó ese día.
—Las transferencias del rancho…—murmuró.
Travis bajó la mirada y dio un paso atrás.
—No eran transferencias, era un acta de matrimonio.
La mandíbula de Wyatt se tensó tanto que pensé que en cualquier momento se le saldrían todos los dientes uno a uno con fuerza.
—¡Cabrón de mierda!
La habitación se volvió un campo de batalla.
—¡¿Me casaste sin mi consentimiento?!
—¡No tenía otra opción!
—¡Claro que la tenías!
Wyatt intentó incorporarse demasiado rápido y soltó una maldición de dolor al tirar del hombro herido. Pero estaba tan furioso que no pareció importarle.
—¿Sabes la barbaridad que has hecho?
—¡Solo quería ayudarla!
—¡Usándome a mí!
Travis dio un paso adelante.
—¡No quería perjudicarte! El plan era que pasado un año habría un divorcio y ya está.
Wyatt soltó una risa seca.
—¡¿Y ya está?!
Travis asintió.
—¡Pues no! ¡No está! ¿Tú eres consciente de que legalmente estoy casado con una desconocida? ¿Una que si en vez de resultar herido hubiera muerto se hubiera beneficiado de una pensión de viudedad?
Abrí los ojos como platos. Con la que teníamos encima y tócate las narices en lo primero que estaba pensando. En que me hubiera aprovechado de su muerte.
Wyatt giró la cabeza hacía mí. Me miró de tal manera que me puso los pelos de punta.
—¿Y tú qué, niña? ¿Estabas metida en todo esto? Porque me cuesta creer que fueras tan tonta que no te enteraras. Qué sí que lo pareces. ¿Pero tanto?
Sus palabras dolieron. No solo volvía a llamarme, niña y tonta, sino que ahora añadía mentirosa.
Negué enseguida.
—Yo no sabía nada.
—Eso dices ahora, pero estoy seguro de que aprovechaste el tirón para vivir a mi costa, seguro que cuando viste mi nombre en el acta dijiste, va, qué más da. El caso era ser una Hunter, puedo casarme con uno y tirarme a otro.
Abrí los ojos como platos. ¿Pero qué demonios estaba diciendo este tarado?
Mis ojos se llenaron de lágrimas porque la situación me estaba superando.
—Increíble, ahora se pondrá a llorar y todo.
—Wyatt…
—Ni Wyatt ni hostias, Travis.
—Cálmate.
—No pienso calmarme.
Me volvió a mirar y apuntándome
—Arréglalo.
—¿Y qué quieres que haga?
—Lo que sea, pero hazlo. Quiero el divorcio. ¡Ya!
La rabia en su voz empezó a volverse todavía más cruel.
—Porque no pienso quedarme casado con una niña a la que no conozco de nada.
No dolieron sus palabras porque al fin y al cabo tenía razón, no nos conocíamos de nada, pero sí que dolió el desprecio con el que me habló sobre todo al decir la palabra niña.
—Wyatt —murmuró Helen.
—No, mamá —dijo con dureza.
Volvió a mirar a Travis y en esa ocasión no había solo enfado sino también desprecio.
—Me has arruinado la vida.
—Estoy buscando una solución.
—¡Pues búscala mejor! ¡Y hazlo pronto!
Respiraba cada vez más fuerte. Más furioso. Más roto.
—Tengo planes. Tengo una vida. Y ahora descubro que estoy legalmente atado a alguien a quien no he visto en mi puta vida hasta hace media hora.
Las lágrimas empezaron a caerme sin poder evitarlo. Y cuando volvió a hablar terminó de destrozarme.
—¡Sácala de mi vida ya!
Ahí ya no pude más.
Salí de la habitación prácticamente corriendo. Con el pecho destrozado. Con las piernas temblando.
Me apoyé contra la pared del pasillo y terminé dejándome caer al suelo mientras intentaba contener los sollozos.
Pero no pude. Me llevé las manos a los oídos y me los tapé, pero aun así seguía oyendo los gritos que daban Wyatt y Travis dentro de la habitación.
—¿Por qué coño lo hiciste?
—Ya te lo he dicho, intentaba ayudarla.
—Pues me has jodido bien a mí por ser tan caritativo. Anula el puto matrimonio o pide los papeles de divorcio ya.
—Si hago eso ahora tendrá que marcharse del país.
Silencio. Wyatt volvió a hablar y su voz fría y firme me atravesó como un cuchillo.
—Me importa una mierda si termina viviendo debajo de un puente.
Cerré los ojos con fuerza.
—Me da igual todo lo que le pase, yo no la conozco de nada. No es la clase de mujer con la que me hubiera casado nunca si hubiera podido elegir. Es una niña y tonta, además.
No pude seguir escuchando, me levanté y salí corriendo.