La mentira que cambió mi vida Capítulo 19
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Capítulo 19

Uno de los militares se acercó a mí.

—¿Señorita Alma?

—Sí.

—Necesitamos acomodar al capitán Hunter en una cama cuanto antes. Requiere descanso y el viaje ha sido largo y fatigoso.

Asentí rápidamente.

—Por supuesto. Síganme por favor.

Wyatt me observó durante todo el camino hasta su habitación con una expresión dura y de sorpresa, y vi en sus ojos que se estaba haciendo varias preguntas.

Era como si mi presencia le molestara. Como si no quisiera que estuviera allí.

Los militares con mucha eficiencia y cuidado lo acomodaron en su cama. Yo permanecí apartada observando todo muy nerviosa.

Cuando terminaron, uno de ellos se giró hacia mí.

—Necesitará reposo relativo durante una temporada. En la bolsa que hemos dejado en la mesilla está toda la medicación que tiene que tomar. Está todo perfectamente especificado en un papel, en cuanto a dosis y horas a la que tiene que tomar cada cosa.

Le presté total atención para que luego no se me olvidara nada y poder contarles todo a Travis y Helen cuando llegaran.

—De acuerdo.

—A partir de mañana el médico de Bozeman pasará a visitarlo cuando él lo crea oportuno, para seguir su caso y su recuperación.

—Vale.

—¿Alguna pregunta?

—Creo que no.

Contesté eso, porque por la mirada fulminante que me estaba echando Wyatt no le estaba haciendo ni puñetera gracia que me estuvieran contando a mi todo eso, así que cualquiera se atrevía a preguntar algo.

Y eso que las preguntas me quemaban la punta de la lengua. Pero me las tragué.

Tenía muchísimas, pero sabía que a la primera que hiciera Wyatt que tenía cara de querer ladrar, me soltaría alguna fresca. Y no tenía ganas de dar el espectáculo allí delante de esos hombres.

Menos mal que desde que Travis me contó su historia ya tiempo atrás, estaba avisada de cómo era, sino literalmente me hubiera cagado encima de miedo por cómo me miraba

—Pues eso es todo por nuestra parte.

—¿Quieren un café o algo de comer antes de irse?

Uno de ellos sonrió ligeramente.

—Gracias, señorita, pero tenemos que volver a la base.

Asentí.

—Le deseamos lo mejor, capitán Hunter, en la base se le echará de menos.

Los tres militares le hicieron un saludo militar antes de salir de la habitación a lo que Wyatt respondió de la misma manera con la mano que no tenía herida.

Bajé con los tres hasta la puerta para despedirlos y antes de que se fueran les di las gracias por todo.

Entré otra vez y al pie de las escaleras me paré un segundo. Lo hice para coger aire. Y para reunir el valor necesario para enfrentarme a solas a ese hombre que me imponía como ninguno que yo hubiera conocido nunca.

Subí las escaleras despacio, midiendo los pasos, mientras me daba ánimos a mí misma.

Llegué a la puerta de la habitación y aunque estaba abierta porque así la había dejado antes de bajar, di dos toques suaves con los nudillos, para pedir permiso para entrar.

Como el señor, sudo educación por todos mis poros, no me contestó, cosa que no me sorprendió, entré igualmente.

Al ver la libertad que me había tomado de pasar sin que me diera permiso me fulminó con la mirada.

Menos mal que había tenido tiempo para prepárame durante semanas sabiendo cómo se las gastaba para no hacerle ni puñetero caso si se ponía en plan borde.

Así con toda mi parsimonia y una tranquilidad fingida me acerqué a la cama.

—¿Tienes hambre? ¿Quieres que te suba lago?

Me miró en completo silencio de arriba abajo durante varios segundos como si me estuviera haciendo un estudio, o como si yo fuera un bicho raro y estuviera decidiendo en qué especie podía encajarme.

—¿Quién cojones eres tú?

Parpadeé. Vale. Bonito saludo me daba.

—Soy Alma.

Me miró más fijamente casi sin parpadear.

—Tu nombre me importa una mierda.

Abrí la boca ofendida. Coño, que no solo era borde, es que también era un maleducado insufrible, Travis se había quedado corto al describirle.

—Pues empezamos bien.

—¿Te han contratado para limpiar la casa o algo así?

Lo miré incrédula.

—¿Perdona?

—Eres tonta o no entiendes bien mi idioma, creo que mi pregunta ha sido bien clara.

Noté como empezaba a hervirme la sangre.

—Pues yo tengo otra. ¿Siempre eres así de gilipollas u hoy te estás esforzando?

Sus ojos al decirle eso ya no me fulminaron, sino que me traspasaron directamente. Y durante un segundo sentí algo rarísimo.

Una especie de descarga absurda por todo el cuerpo como si un rayo me hubiera entrado dentro recorriéndome todo mi sistema nervioso.

Pero él volvió a hablar antes de que pudiera entender qué demonios había sido aquello.

—Estoy en mi casa y hablo como me sale de los huevos.

Abrí mucho los ojos. ¿Pero este tío de qué iba?

—Pues a mí me hablas bien porque yo en ningún momento te he hablado mal o te he faltado al respeto.

Mi tono sonó duro y hasta yo misma me sorprendí de que así fuera. Nunca solía hablar a nadie así, pero es que Wyatt me estaba sacando de mis casillas.

Soltó una risa seca.

—Vaya, la niña parece que tiene carácter, quién lo diría, si parece una monjita.

Hijo de pu… Me tuve que morder la lengua para no llamarle de todo, sobre todo porque Helen no tenía la culpa de lo capullo que era su hijo.

—Y tú eres insufrible.

—Me han llamado cosas peores.

—No creo que todas las que te mereces —murmuré.

Lo dije bajo, pero aun así me oyó y eso hizo que me mirara por primera vez de verdad.

Volvió a recorrerme entera con la mirada de arriba abajo. Con intensidad. Demasiada.

—Entonces —dijo lentamente—. ¿Qué haces aquí?

Me crucé de brazos.

—Vivo aquí.

Frunció el ceño.

—¿Qué?

—Vivo aquí —repetí.

—¿Con quién?

—Pues con tu familia, con quién va a ser —dije poniendo los ojos en blanco.

Su expresión se endureció.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace casi dos meses.

—Eso sigue sin explicar quién eres.

Resoplé.

—Soy Alma.

—Eso ya lo has dicho.

—Pues escucha mejor porque parece que no te enteras.

Vi claramente cómo le temblaba la mandíbula indicándome que estaba al borde de su paciencia y a punto explotar. Y, sorprendentemente, aquello me dio ganas de picarlo más.

—¿Sabes qué? Ya entiendo por qué Travis dice que siempre discutís.

Sus ojos brillaron peligrosamente al oírme nombrar a su hermano.

—¿Travis habla de mí contigo?

—Sí.

—Qué adorable —dijo con ironía.

Rodé los ojos y resoplé al mismo tiempo.

—Mira, solo estoy aquí para ayudarte con lo que sea necesario y estás siendo bastante desagradable.

—No necesito tu ayuda.

—Pues tiene pinta de que sí —dije señalando con la mano su cuerpo.

Eso hizo que tensara la mandíbula. Muchísimo.

Durante un segundo pensé que iba a echarme de la habitación a voces. Pero me equivoqué porque volvió a la carga con las preguntas.

—¿Qué eres exactamente de mi hermano?

Y ahí llegó el momento, que tanto había temido, no por nada en concreto sino porque me hubiera gustado que Travis estuviera allí para que se lo explicara él.

Tragué saliva.

—Soy su mujer, tu cuñada.

Hubo un silencio. Un silencio absoluto. Wyatt parpadeó una vez. Dos. Y de pronto, dejándome totalmente descolocada, soltó una carcajada. Pero una carcajada de verdad, de esas que te salen de lo más dentro del alma.

Grave. Ronca. Y tan inesperadamente bonita que sentí un escalofrío por todo el cuerpo que me hizo tensarme, al notar eso tan desconocido para mí.

—¿Mi qué?

Fruncí el ceño.

—Tu cuñada, he dicho.

Volvió a reírse.

—¿Qué cojones dices? ¿Estás loca?

Abrí la boca para contestarle, pero justo en ese momento escuché un jadeo a mi espalda.

Me giré rápidamente y vi que Helen y Travis estaban en la puerta de la habitación.

Helen tenía las manos cubriéndose la boca, completamente pálida. Y Travis parecía haberse quedado congelado.

Helen fue la que primero reaccionó. Corrió hasta la cama y abrazó a su hijo con lágrimas en los ojos.

—Dios mío, hijo… ¿Qué te ha pasado?

Wyatt bajó la mirada y le acarició el pelo con cariño.

—Estoy herido mamá. Pero sobreviviré, creo.

Travis se acercó rápidamente. La emoción en sus ojos era brutal. Pero también había miedo.

—Joder…te dije que acabarías volviendo herido —protestó.

Wyatt soltó una pequeña risa amarga.

—Podría haber vuelto en una caja de pino. Así que no te quejes demasiado.

Vi cómo Travis tragaba saliva con fuerza y le fulminaba con la mirada por decir esa chorrada.

—¿Qué te ha pasado?

—Luego te lo cuento.

Después volvió a mirarme. Y me señaló con la cabeza.

—Pero antes explícame una cosa.

Noté como Travis se tensaba por completo. Y como Helen se ponía muy nerviosa de repente. Wyatt entrecerró los ojos al darse cuenta de lo mismo que yo.

—¿Qué mierda significa eso de que ella es mi cuñada?

Travis abrió la boca, pero fui yo quien respondió primero.

—Me he casado con Travis.

Wyatt volvió a soltar aquella carcajada ronca que parecía sacudirme entero el pecho.

—Sí, claro, y yo soy bailarina de ballet.

Me ofendí.

—¿Qué tiene eso de raro? —dije muy seria.

Dejó de reírse de golpe. Vi cómo Travis negaba con la cabeza, cómo Helen bajaba la mirada y cómo Wyatt miraba directamente a su hermano, después a su madre y finalmente a mí

—O eres tan tonta que te has creído algo imposible, o aquí está pasando algo muy raro que no me cuadra.

Noté como el corazón empezó a latirme más rápido. Wyatt apoyó la cabeza contra el respaldo de la cama y sonrió con una frialdad que me puso los pelos de punta.

—Porque mi hermano, es imposible que haya podido casarse contigo.

El silencio fue sepulcral.

—Porque ya está casado —dijo para rematar.