La mentira que cambió mi vida Capítulo 17
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Capítulo 17

Salimos del establo y empezamos a avanzar por los campos lentamente.

El paisaje que se extendía delante de mis ojos era tan bonito que dolía. Durante un rato ninguno habló. Solo disfrutamos del paseo y de ese silencio cómodo, como habíamos hecho tantas veces a través del teléfono.

Hasta que Travis carraspeó un poco.

—¿Quieres que te cuente la historia de mi hermano?

Giré un poco la cabeza para mirarlo.

—Solo si tú quieres hacerlo.

Tardó unos segundos en contestar como si pensara cual era la mejor forma de empezar la historia.

—Es complicado.

—Las historias complicadas suelen ser las más interesantes.

Soltó una pequeña risa.

—Wyatt tiene veintinueve años. Me saca tres.

Me quedé pensando que ya había sido su cumpleaños entonces porque el de Travis era en marzo y ya había cumplido los veintiséis, y el mío sería en apenas dos semanas y cumpliría diecinueve.

—Uf…entonces a mí me saca diez.

—Sí.

Sonrió apenas.

—¿Y por qué no vive aquí? —me atreví a preguntar en voz baja.

Cerró los ojos unos segundos.

—Porque se marchó hace ya once años, en cuanto cumplió los dieciocho.

Fruncí el ceño.

—¿A dónde?

—Al ejército —contestó con pesar.

—Vaya…—dije sorprendida porque eso sí que no me lo esperaba—. ¿Era su sueño?

Travis negó levemente.

—No. Wyatt nunca quiso irse realmente. Él adoraba este sitio, pero mi padre y él chocaban constantemente.

Hizo una pausa.

—Los dos tenían caracteres muy fuertes y eran incapaces de ponerse de acuerdo en algo o estar más de dos días sin discutir.

Tragué saliva. No podía imaginarme cómo sería llevarse a matar con tu propio padre, yo había vivido una situación totalmente opuesta y no me entraba en la cabeza una cosa así.

—Wyatt siempre fue muy distinto a mí. Rebelde e impulsivo. Le gustaban las fiestas, las chicas, en definitiva, vivir cosas propias de su edad.

—Era muy bromista, siempre estaba riendo y se llevaba bien con todo el mundo. Era la alegría personificada.

—¿Y a ti no te gustaban?

—Sí, pero siempre fui más calmado, yo desde los doce mi vida se centró en el rancho y no salía ni la mitad que él cuando llegué a la adolescencia.

Suspiró.

—Mi padre era demasiado duro con él.

—¿Discutieron?

—Discutían constantemente. Hasta que Wyatt un mes después de cumplir los dieciocho explotó y se marchó.

Me quedé mirando el paisaje con un nudo en la garganta mientras Travis seguía con la historia de su hermano, bueno con la de su familia, porque eso les afectaba a todos.

—Se alistó en el ejército por rabia, por orgullo, por demostrar que podía sobrevivir lejos del rancho sin tener que dar cuentas a todas horas de lo que hacía.

Su voz se quebró mucho al decir lo siguiente.

—Mi padre ese día dijo que Wyatt estaba muerto para él.

Noté cómo apretaba con fuerza el puño con el que tenía agarradas las riendas.

—Y cuando le vio salir por la puerta de casa con una mochila diciendo que se iba porque estaba hasta los cojones de sus órdenes, le contestó que ni se le ocurriera volver.

Madre mía… qué triste todo, pensé con el corazón encogido.

—¿Pero él aquí trabajaba o…?

—Sí, trabajaba como un cabrón igual que todos, pero luego al terminar, disfrutaba del poco tiempo libre que tenía y eso mi padre era lo que no veía bien.

—No lo entiendo.

—Sí hubieras conocido a mi padre lo entenderías.

Giré la cabeza y le miré interrogante.

—No era mal hombre, pero sí con unas ideas muy antiguas y cerradas. La mujer en casa a cuidar de los hijos y el marido. Y nosotros a trabajar y nada más.

Paró frunciendo el ceño.

—Mi madre nunca lo reconocería en voz alta por respeto, y no me malinterpretes, no quiero decir que se alegrara de su muerte porque lo quería, pero ahora es más feliz al no vivir reprimida.

—¿A tanto llegaba?

—Sí, solo te voy a poner un ejemplo para que lo entiendas.

—Vale.

—Mi madre tiene el huerto desde después de que mi padre falleciera, antes nunca se lo permitió.

Joder… ¿Pero qué daño podría hacer Helen por plantar hortalizas?

Nunca había entendido a hombres, bueno y a mujeres que parece que no pero también las hay, que parecía que vivían todavía en la prehistoria.

Travis suspiró con cansancio, como si ese tema le agotara.

—Eso para él era la vida, trabajo y más trabajo, la diversión no estaba bien vista según sus ideas para un hombre de provecho. Y las mujeres a sus labores y sin salirse de esa línea.

—Y Wyatt pensaba todo lo contrario ¿no?

—Más o menos. Decía que, si trabajaba de sol a sol, también tenía derecho a disfrutar de su vida como quisiera.

Respiré y me armé de valor para dar mi opinión.

—Pues creo que tenía razón.

—La tenía.

—Antes has dicho era, cuando lo has descrito. ¿En el ejército cambió?

Travis soltó una risa amarga.

—Por completo.

—¿Tanto?

Asintió con amargura.

—El ejército le quitó la luz que tenía dentro.

Sus palabras hicieron que se me encogiera el estómago.

—Cada vez que vuelve, cosa que hace desde hace cuatro años que murió mi padre, mientras él vivía no volvió ni una sola vez, está más callado, más frío y más encerrado en sí mismo.

Que su padre había muerto de un infarto hacía cuatro años sí que lo sabía, porque me lo había dicho en una de las muchas conversaciones que habíamos tenido a lo largo de los meses.

Ahí me contó que fue cuando con la ayuda del capataz y de su madre se hizo cargo del rancho con tan solo veintidós años.

En ese momento me di cuenta de que como solían hacer por esa zona y con los ranchos, debería haber sido Wyatt el que se pusiera al mando al ser el mayor, pero al haberse marchado, esa responsabilidad recayó en Travis.

¿Muy joven para una responsabilidad tan grande? Puede que para otros así fuera, pero para Travis no supuso mucho cambio con lo solía hacer normalmente.

Porque estaba acostumbrado al trabajo, solo cambió a que después de la muerte de su padre también pasó a dar las directrices de qué hacer. Y digo directrices que no órdenes porque era una palabra que no le gustaba utilizar y ahora sabiendo un poco como era su padre supe el motivo.

El señor Hunter era al parecer de los de ordeno y mando, sin posibilidad de que nadie pudiera rebatirle o aportar alguna idea. Vamos, que todos a obedecer, agachar la cabeza y punto.

Hice un cálculo mental rápido de lo que había dicho Travis. Si Wyatt se marchó hacía once años y su padre murió hacía cuatro eso quería decir que se había pasado siete años sin pisar el rancho.

Sin pisar su hogar. Sin tener contacto con este maravilloso lugar.

Una pena. Una auténtica pena, que hubiera estado alejado de su lugar tanto tiempo, pensé sintiéndolo mucho por él. Y también por Travis y por Helen.

Porque estaba segura de que estar tantos años sin verlo, porque no creía que su padre les hubiera permitido ir a ningún sitio a encontrarse con él, había sido un sufrimiento para ellos.

Travis se pasó una mano por la cara antes de seguir.

—Sé que ha estado en sitios horribles. Sé que ha visto cosas que nadie debería ver y eso cada año que pasa lo vuelve un poco menos humano.

Me estaba dando una pena horrible oír a Travis oír contar la historia de su hermano. Se le veía que lo quería muchísimo y que sufría mucho con su situación.

—Y encima cada vez que viene discutimos.

—¿Por qué?

—Porque quiero que vuelva a casa.

Su voz al decir eso se quebró un poco.

—Lo echo muchísimo de menos, macaron .

Aquello me enterneció, joder a quien no lo haría.

—¿Y él qué dice? ¿No quiere volver?

—Dice que el rancho ya no es su hogar.

—Eso es imposible, lo que le pasa es que ha perdido el rumbo, solo tiene que regresar definitivamente y no de visita para volver a estar en su camino.

—Eso mismo pienso yo. Aquí con él tiempo creo que podría volver a ser el de siempre, podría volver a sonreír.

Nube avanzó despacio hasta la puerta de los establos. Sin darme cuenta y al estar centrada en la conversación no me había enterado de que habíamos tomado el camino de regreso.

—La última vez que estuvo aquí solo estuvo dos días. Discutimos antes de que se fuera.

Negó con la cabeza para que las lágrimas que estaba reteniendo no salieran de sus ojos.

—Le dije gritándole que dejara el ejército de una puta vez, que cualquier día nos llamarían para decirnos que lo habían matado en algún país a tomar por culo de aquí y que mamá y yo sufriríamos por su cabezonería.

—¿Qué te dijo?

—Al verme así de alterado y a mi madre marcharse de la habitación llorando, dijo que se pensaría en serio lo de volver.

—Va a volver —dije con seguridad.

Y no lo dije por decir lo dije porque algo dentro de mi estaba totalmente convencida desde que le vi en esa fotografía la noche anterior, de que a ese hombre el destino lo había puesto en mi camino para algo.

—Lo dices muy segura.

—Lo estoy.

Travis me miró con una ceja alzada. Me quedé pensando unos segundos y sin pedir permiso la imagen de mi padre me vino a la cabeza y también sus últimas palabras y mi posterior promesa.

—Cuando venga, porque vendrá, voy a endulzarle la vida.

Ya nos habíamos bajado de nube y Travis acababa de quitarle la silla, estábamos él la puerta del cubículo de nube donde le había metido para que descansar y yo fuera apoyada en la pared esperándole.

Al oír mis últimas palabras se volvió a la velocidad de la luz para mirarme y echarse a reír a carcajadas. Me quedé pasmada por su reacción.

—¿De qué coño te ríes? —pregunté, cruzándome de brazos.

—Puede que le endulces el estómago, pero a él lo dudo. Es más agrio que un limón.

—Pues voy a hacerlo.

—¿Es una amenaza? —preguntó sin dejar de reírse.

—Es una promesa —dije muy sería.

Travis, al verme tan seria, dejó de reír.

—Joder, macaron , que lo estás diciendo en serio. Hostias, pensé que estabas de broma.

—No es una broma, cuando regrese yo le endulzaré la vida, le ayudaré a ser el mismo que era y tú me ayudarás, entre los dos le haremos volver.

Travis asintió emocionado y me dio un abrazo que casi me dejó sin respiración.