Capítulo 35 #2
—Sí.
Samuel sostuvo su mirada unos segundos.
—¿Dónde ocurrió?
Elena dejó el informe sobre la mesa.
—Eso es lo que llevamos comprobando.
Él se reclinó en la silla.
—Y habéis decidido que fue aquí.
—Todavía no he dicho eso.
—No hace falta.
—Sí hace falta.
La respuesta salió sin dureza.
A esas alturas, la reunión podía deslizarse fácilmente hacia una acusación general. Elena no quería darle esa forma. Si ocurría, Samuel podría defenderse del conjunto sin responder a cada pieza.
—Hasta aquí tenemos dos reconstrucciones que pueden hacerse sin decidir quién mató a Xoán.
Levantó una hoja.
—Primera: el episodio de A Barda se explica mejor por una entrada desde tierra que por un vertido desde mar abierto.
Pedra Fendida estuvo activa y recibió de forma repetida una mezcla compatible con residuos de limpieza y mantenimiento.
Parte de los residuos de Porto do Corvo que deberían haberse gestionado externamente carecen de respaldo real de retirada.
Tomó la segunda.
—Segunda: Xoán no murió en un accidente de buceo en O Coído. Sufrió una compresión torácica grave antes de entrar en el agua. El equipo presenta alteraciones que no encajan bien con un fallo normal y conserva materiales más propios de un ambiente protegido previo. La cala es un escenario posterior.
Samuel movió la mandíbula antes de responder.
—Eso sigue sin unir una cosa con la otra.
Elena dejó las dos hojas juntas.
—Xoán.
Samuel bajó la vista.
—Él es el punto común. Había inspeccionado Pedra Fendida, estaba revisando cómo se gestionaban los residuos y había encontrado trabajos asociados a su empresa que no reconocía. El día que murió terminó el trabajo de Óscar y vino a Porto do Corvo.
—Eso ya lo dije yo.
—Sí.
—Entonces tampoco lo he ocultado.
Elena esperó un instante.
—Has dicho que se marchó antes de las siete menos cuarto.
La habitación cambió.
Fue una variación pequeña, difícil de atribuir a un gesto concreto. Samuel no se movió de la silla ni apartó las manos. Simplemente tardó más en responder.
Iria guardó silencio.
Elena tampoco avanzó.
Ese tramo pertenecía a la segunda parte de la reconstrucción.
—Antes de entrar en la hora —dijo— quiero dejar cerrado lo anterior. ¿Hay algún dato técnico sobre la contaminación que consideres incorrecto?
Samuel necesitó unos segundos para regresar a la parte ambiental.
—Seguís sin demostrar la conexión física con Pedra Fendida.
—Eso lo he dicho yo.
—Y suponéis que, si faltan retiradas, los residuos se vertieron.
—No. Digo que tuvieron otro destino. Pedra Fendida es una vía compatible con las huellas encontradas.
—Puede haber otras.
—Sí.
—Entonces no está cerrado.
—El recorrido interior completo, no. El origen terrestre y la naturaleza general del residuo están mucho mejor establecidos.
Samuel miró a Xabier.
—¿Y el mar no podría traer esa mezcla desde otro punto?
Xabier abrió el mapa de corrientes utilizado durante la investigación.
—Desde otro punto terrestre habría que estudiarlo. Desde un vertido exterior, como explicación de la distribución observada en A Barda, funciona peor. Harían falta varias condiciones adicionales para producir el patrón que vimos.
—¿Imposible?
—No he dicho imposible.
Samuel sonrió sin humor.
—Nadie dice nunca imposible.
—Cuando no lo es, no.
Elena dejó que planteara alternativas.
Samuel habló de otra salida costera, de un episodio antiguo removilizado por el temporal y de registros de retirada incompletos enviados por los gestores. Ninguna propuesta era absurda. Precisamente por eso las revisaron.
Alba intervino por videollamada para explicar que el perfil de degradación y la combinación de componentes no apoyaban bien un depósito antiguo que hubiera permanecido inmóvil durante meses antes de movilizarse de golpe.
Xabier detalló qué tendría que ocurrir para que un origen costero alternativo reprodujera el patrón de A Barda.
Iria confirmó que varias discrepancias procedían de los registros originales de los gestores, no solo de la documentación del puerto.
Cada alternativa resolvía una parte.
Ninguna resolvía el conjunto sin añadir nuevas excepciones.
Si la contaminación procedía de otro punto, Pedra Fendida seguía necesitando una explicación.
Si Pedra Fendida era una anomalía independiente, seguían allí los sedimentos contaminados de su interior.
Si la documentación era solo desorden, quedaban las retiradas inexistentes confirmadas externamente.
Y aunque todo eso pudiera separarse de la muerte, O Coído seguía sin sostener el accidente.
Elena no necesitó convertirlo en una acusación. Bastó con mantener las preguntas en el mismo orden.
A media mañana hicieron una pausa.
Samuel salió acompañado por uno de los agentes. Iria se quedó junto a la mesa mientras Xabier iba a buscar café.
—Está aguantando bien —dijo la teniente.
—Conoce su trabajo.
—Y tiene respuesta para todo.
—Para cada cosa por separado.
Iria miró las hojas.
—Eso dijiste ayer.
—Hoy lo estamos comprobando.
—¿Seguimos con la hora?
Elena observó el plano de Nave 4.
La parte ambiental podía sostenerse sin que Samuel aceptara nada. O Coído también había dejado de funcionar como escenario de muerte por vías independientes.
Lo siguiente era diferente.
Hasta allí habían mostrado que la historia del supuesto accidente no se sostenía.
Ahora tenían que establecer dónde empezaba la verdadera.
—Sí —dijo—. Ahora la hora.
Cuando Samuel volvió, Elena había retirado casi toda la documentación.
Quedaban cuatro elementos.
La declaración en la que aseguraba que Xoán se había marchado antes de las 18:45.
Una imagen fija del vídeo.
El registro de activaciones de la bomba de Nave 4.
Y la curva de marea.
Samuel se sentó y los miró.
—¿Eso es todo?
—Para esta parte, sí.
Elena acercó primero su declaración.
—Antes de seguir necesito algo sencillo. ¿Mantienes esta hora?
Samuel leyó.
—Dije que era aproximada.
Iria abrió la copia completa.
—Dijiste que se había marchado antes de las siete menos cuarto, seguro.
Samuel la miró.
—Han pasado días. Pude equivocarme.
—Puedes corregirla ahora —dijo Elena.
Él volvió hacia ella.
—¿A qué hora queréis que diga que se fue?
—A la que recuerdes.
Samuel sostuvo la mirada unos segundos.
—No lo sé.
Elena aceptó la respuesta.
—Entonces dejamos de tener una hora tuya fiable.
Samuel extendió una mano hacia las otras hojas.
—¿Y vosotros sí?
Elena acercó el registro de la bomba.
—Eso es lo que vamos a comprobar.
No añadió nada más.
La mañana había empezado en A Barda y había recorrido el camino inverso hasta el puerto.
La siguiente parte ya no dependía de dónde había aparecido la contaminación ni de dónde habían dejado el cuerpo.
Dependía de nueve minutos dentro de una nave.