La mentira del mar (Las huellas de la tierra 3) Capítulo 34 #2
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Capítulo 34 #2

Samuel controlaba el área donde se concentraban las discrepancias en la gestión de residuos.

Su cronología sobre Xoán quedaba contradicha por los datos técnicos y su credencial había sido utilizada para retirar la llave de la furgoneta que salió sin servicio documentado.

También tenía capacidad para conocer qué trabajos se habían ejecutado realmente y cuáles no, precisamente el sistema que Xoán estaba cuestionando.

—Motivo —dijo Iria.

—Posible motivo.

—Oportunidad.

—Fuerte.

—Mentira.

—Objetiva al menos respecto a la hora de salida de Xoán.

Iria dejó el rotulador.

—Si mañana le pongo todo esto delante, ¿qué puede contestar?

Era una pregunta policial, pero Elena entendió por qué se la hacía.

—Que se equivocó con la hora.

—Diecisiete minutos como mínimo.

—Puede decirlo.

—Que otra persona utilizó su credencial.

—También.

—Que el vídeo es de otro sitio.

—Sí.

—Que los documentos los hizo otra persona.

—En algunos casos podría ser verdad.

Iria hizo una mueca.

—Gracias por animarme.

—Eso es precisamente lo que necesitamos comprobar. Si cada pieza exige una explicación distinta para salvar la misma versión, la versión se debilita.

—Aunque ninguna lo resuelva por sí sola.

—Precisamente.

Elena señaló la pared.

La contaminación, la muerte y las irregularidades económicas se habían investigado por vías diferentes.

Lo importante era que empezaban a coincidir sin depender por completo unas de otras.

Los residuos que debían haber salido del puerto no siempre habían salido; la conducción supuestamente inactiva mostraba actividad; Xoán había encontrado anomalías en el sistema físico y en el documental, había ido a Porto do Corvo y la última ventana técnica que podían situarle lo mantenía allí después de que Samuel afirmara lo contrario.

—Mañana no quiero empezar con Samuel —dijo Elena.

Iria la miró.

—¿Con qué entonces?

—Con el mecanismo ambiental.

—¿Por qué?

—Porque es la parte que podemos demostrar sin él.

—Después la escena falsa.

—Sí.

—Luego la cronología.

—Y solo entonces el motivo económico y sus accesos.

Iria recogió las hojas.

—De fuera hacia dentro.

—Exacto.

Si empezaban por el sospechoso, cada dato parecería escogido para acusarlo. Si empezaban por lo que había ocurrido en el territorio y avanzaban hacia la muerte, Samuel tendría que aparecer allí donde las líneas convergieran.

Elena volvió a la cronología ambiental.

—Hay otra cosa.

—¿Cuál?

—No quiero que mañana tratemos el vertido y la muerte como si fueran el mismo delito.

Iria esperó.

—El vertido lleva tiempo. La muerte ocurre cuando Xoán se acerca demasiado a lo que hay detrás. Eso no convierte automáticamente cada descarga anterior en parte del homicidio.

—Pero sí explica el conflicto.

—Sí.

—¿Y la descarga grande posterior?

—Puede responder a una necesidad del sistema clandestino o formar parte del encubrimiento operativo. No tenemos base para elegir todavía entre ambas cosas.

Iria asintió.

A media tarde se unieron Xabier y el técnico de audio. No aportaron resultados nuevos. Precisamente por eso Iria los había llamado: quería que escucharan la reconstrucción y señalaran dónde Elena y ella habían sobrepasado los límites de sus respectivas pruebas.

Xabier corrigió dos formulaciones sobre la respuesta mareal del foso. El técnico pidió que no se hablara de «identificación acústica», sino de una correspondencia altamente compatible dentro de las alternativas examinadas.

Elena cambió ambas cosas.

Después llamaron a Eva Moure.

La forense escuchó por teléfono la secuencia que estaban preparando.

—No pongáis una hora concreta de muerte —advirtió—. La lesión puede situarse en esa franja general por la cronología externa, no porque yo pueda daros minutos desde el cuerpo.

—Eso tenemos —dijo Iria.

—Y no afirméis que la compresión tuvo que producirse con un carro o una estantería. Yo puedo hablar de mecanismo compresivo grave, no del objeto.

Elena miró la pared.

No habían escrito ninguno.

—Perfecto.

Cuando colgaron, la reconstrucción era algo menos precisa y bastante más sólida.

Iria se apartó de la pared.

—Esto es lo que tenemos.

Elena recorrió las dos cronologías.

Todavía había huecos. No sabían cómo había empezado la discusión, qué había provocado exactamente la compresión, quién había manipulado el equipo de buceo ni cuál había sido la ruta precisa hasta O Coído. Pero aquellos vacíos ya no impedían explicar la estructura principal.

—Mañana podemos reconstruir el caso técnico —dijo.

—¿Y el homicidio?

Elena tardó un momento.

—Podemos mostrar dónde deja de sostenerse la versión del accidente y dónde la cronología de Samuel se vuelve incompatible con los datos.

—Después me toca a mí.

—Sí.

Iria empezó a recoger los documentos de la mesa secundaria.

Elena permaneció todavía frente a la primera línea, la ambiental, donde todo había comenzado con una película sobre el agua, moluscos afectados y aves manchadas en una ensenada que parecía haber recibido algo desde el mar.

Ahora podían leer el recorrido en sentido contrario: desde A Barda hasta Pedra Fendida, desde Pedra Fendida hasta unos residuos que no constaban donde debían, desde esos residuos hasta los papeles que Xoán había empezado a revisar y, desde los papeles, hasta Nave 4.

Al día siguiente tendrían que recorrer ese camino delante de otros sin saltarse ningún tramo.