La mentira del mar (Las huellas de la tierra 3) Capítulo 34
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Capítulo 34

Iria había llenado una pared con papel antes de que Elena llegara.

No era un panel de sospechosos. Tampoco había fotografías unidas por flechas ni nombres rodeados en rojo. Eran cuatro hojas grandes pegadas de extremo a extremo, con una línea temporal que empezaba varios días antes de la muerte de Xoán y terminaba en la aparición de la contaminación de A Barda.

Sobre una mesa cercana había otra secuencia, más corta, dedicada únicamente a las últimas horas del buzo.

Elena dejó la carpeta junto al portátil.

—Bien.

Iria se volvió.

—Esperaba algo más entusiasta.

—Que no hayas mezclado las dos cosas ya me parece bastante.

—He aprendido.

La teniente le tendió un rotulador.

—Quiero hacerlo como dijiste ayer. Primero el vertido. Después Xoán. Y solo al final vemos dónde se tocan.

Elena se acercó a la primera línea.

La contaminación tenía una cronología más larga que la muerte y era menos precisa en algunos puntos, porque los documentos del puerto no permitían conocer la hora exacta de cada operación. Aun así, ya podían reconstruir el mecanismo general sin depender de la versión de Samuel.

En un extremo, Iria había escrito:

Trabajos de mantenimiento / residuos líquidos.

Después:

Almacenamiento y retiradas declaradas.

Más adelante:

Diferencias entre retiradas reales y documentación.

Y al final:

Pedra Fendida / A Barda.

—Empieza tú —dijo Iria.

Elena abrió sus notas.

—Sabemos que Porto do Corvo genera aguas de limpieza y residuos de mantenimiento que pueden contener aceites ligeros, hidrocarburos degradados y tensioactivos. No todos los trabajos producen exactamente la misma mezcla, pero el perfil es compatible con lo encontrado en A Barda.

Iria escribió debajo del primer bloque:

Composición compatible.

—También sabemos que una parte de esos residuos figura como retirada por gestores externos y que varias de esas retiradas no se sostienen cuando las cruzamos con los registros de las empresas que supuestamente las hicieron.

—Ahí ya tenemos fraude.

—Tenemos servicios inexistentes, cantidades que no coinciden y facturación inflada o duplicada. La calificación penal no me corresponde.

Iria tachó la palabra.

—Vale. Irregularidades confirmadas.

—Mejor.

Elena pasó al siguiente bloque.

—Eso deja una pregunta física. Si determinados residuos constan como retirados pero no salieron realmente del puerto, ¿qué ocurrió con ellos?

—Pudieron quedarse almacenados.

—Durante un tiempo, sí. No indefinidamente.

—O gestionarse por otra vía.

—También.

Iria señaló el extremo de la línea.

—Pedra Fendida.

Elena miró la anotación.

—Llegamos a Pedra por el territorio, no por los papeles. El patrón de A Barda encajaba mal con una entrada desde mar abierto. Después encontramos actividad reciente dentro de una conducción supuestamente inactiva y sedimentos con exposición repetida a hidrocarburos y tensioactivos.

Iria añadió:

Conducción no inerte.

—Y Xabier confirmó que una descarga hecha en determinadas fases de la marea podía salir primero y regresar parcialmente hacia A Barda con la creciente.

—Sí. Ese mecanismo es viable.

—¿Podemos decir entonces que Porto do Corvo vertía por Pedra Fendida?

Elena tardó unos segundos.

—Podemos decir que Porto do Corvo genera residuos compatibles, que una parte de su gestión documental no está respaldada, que Pedra Fendida presenta actividad reciente compatible con el paso repetido de ese tipo de mezcla y que la dinámica costera permite transportar después parte de una descarga hasta A Barda.

Iria esperó.

—Eso es un sí muy largo.

—Porque nos falta documentar el recorrido interior completo entre el sistema de mantenimiento y la conducción.

—Tenemos líneas antiguas.

—Y un depósito intermedio.

—Y una conducción declarada fuera de uso.

—Que todavía no hemos seguido físicamente de extremo a extremo.

Iria dejó el rotulador.

—Entonces mañana, en la reconstrucción, ¿qué afirmas?

—El mecanismo ambiental hasta donde podamos demostrarlo. No necesito inventar un tramo de tubería que todavía no hemos visto para explicar lo que sí sabemos.

Avanzaron hacia el final de la cronología ambiental.

El episodio más grave de contaminación se había producido después de la muerte de Xoán. Los daños en el banco marisquero y las aves habían llevado a Elena a Porto Xabre, pero las irregularidades que él estaba investigando venían de antes.

—Eso importa —dijo Iria.

—Mucho.

—Porque no lo matan para ocultar A Barda.

Elena corrigió.

—A Barda, tal como nosotros lo encontramos, todavía no había ocurrido.

—Pero él ya investigaba el mismo sistema.

—Eso sí.

Xoán había visto actividad donde no debía haberla, revisado trabajos que no reconocía y preguntado cómo podía desplazarse una descarga intermitente de aguas de mantenimiento.

El problema existía antes de que el episodio de A Barda lo hiciera visible.

Iria escribió:

El problema precede al episodio de A Barda.

—¿Por qué descargar más después? —preguntó.

—No puedo atribuir intención todavía. Si alguien necesitaba liberar capacidad de almacenamiento antes de una limpieza o una revisión, una descarga mayor tendría sentido operativo.

—Y también podría eliminar parte del residuo.

—Podría.

Iria sonrió.

—No te gusta esa palabra.

—Me gusta cuando significa exactamente eso.

La hipótesis quedó anotada como tal.

Cuando terminaron, la primera cronología tenía pocos nombres propios: residuos, documentos, conducción, marea y A Barda. Samuel aparecía únicamente donde su cargo lo hacía inevitable, en el control de mantenimiento y la capacidad operativa sobre determinados sistemas.

—Ahora Xoán —dijo Iria.

Pasaron a la segunda mesa.

La secuencia empezaba a las 16:12.

—Entra en el muelle de Óscar —leyó Elena.

—Sale a las 16:31. Óscar se queda allí y tenemos imágenes y testigos.

Aquella falsa línea estaba cerrada.

Después venía el desplazamiento hacia Porto do Corvo.

—Sabemos que llega antes de las seis y media —dijo Iria.

—Y que había dicho que tenía que hablar con alguien allí.

—Probablemente sobre los papeles.

—Eso es inferencia.

Iria señaló las notas.

—Había dicho que no iba a dejar pasar trabajos atribuidos a su empresa.

—Sí.

—Había preguntado por residuos.

—Sí.

—Y estaba molesto por documentación que no cuadraba.

—Sí.

—No veo muchas alternativas.

—No necesitamos eliminarlas todas. Solo distinguir lo que sabemos de lo que reconstruimos.

Iria añadió una marca diferente junto al bloque:

Hipótesis fuerte.

Después llegó la primera hora realmente difícil.

La declaración de Samuel.

Xoán se marcha antes de 18:45.

Debajo:

19:02–19:09 · vídeo altamente compatible con Nave 4.

Elena miró ambas líneas.

—Aquí ya no dependemos de una interpretación de carácter.

—Tenemos un problema de tiempo.

—Sí.

Audio, controlador y marea llegaban a una franja posterior a la hora declarada por Samuel. No dependían de que Berta recordara una conversación ni de que Óscar reconstruyera una frase varios días después.

—El vídeo no muestra una discusión —dijo Iria.

—Ni una agresión.

—Pero lo mantiene allí.

—Con alta probabilidad.

—En Nave 4.

—Eso es lo que mejor explica la combinación de datos.

Iria escribió sin protestar por el matiz.

La siguiente entrada era menos precisa.

La autopsia no permitía fijar una hora de muerte a minutos ni reconstruir una secuencia completa.

—Compresión torácica grave en vida —leyó la teniente—. Sin ahogamiento como causa principal.

—Y antes de entrar en el agua.

—¿Podemos colocarla inmediatamente después del vídeo?

—No.

—Pero puede ocurrir ahí.

—Puede.

Iria dejó un espacio vacío entre la ventana de la grabación y la siguiente referencia segura.

Elena prefirió verlo así. No tenían obligación de rellenarlo solo porque el desenlace estuviera cerca.

—La lesión limitaría su actividad normal después —dijo Iria.

—Sí. Una compresión de esa gravedad encaja mal con que luego se marche tranquilamente, conduzca, se equipe y realice una inmersión normal.

—Entonces el accidente de O Coído se cae.

—Ya se había caído con la autopsia y el equipo.

—Y con el sedimento.

Elena asintió.

La tercera línea de pruebas era independiente de la cronología de Samuel.

El equipo conservaba sedimento fino y adherencias mejor explicados por un ambiente protegido que por O Coído Vello. Antón había encontrado, además, alteraciones que no encajaban bien con un fallo súbito normal durante el uso.

—¿Quién manipula el equipo? —preguntó Iria.

—No lo sabemos.

—¿Cuándo?

—Antón puede sostener que algunas alteraciones son relativamente recientes respecto al uso acumulado. No puede ordenar toda la secuencia.

—¿Antes de llegar a O Coído?

—Tiene sentido, pero sigue siendo reconstrucción.

Iria marcó de nuevo el tramo como hipótesis.

Después llegaron a las nueve de la noche.

Furgoneta de mantenimiento sale del puerto.

Debajo:

Llave retirada con credencial de Samuel.

Más adelante:

Regreso antes de una hora.

Elena miró el mapa de carreteras.

—¿Tiempo suficiente para ir a O Coído y volver?

—Sí.

—¿Con margen?

—Sí.

—¿Ruta demostrada?

—No.

Iria dibujó una línea discontinua entre el puerto y la cala.

—Posible traslado.

—Eso.

—Cada vez me haces escribir menos bonito.

—Es buena señal.

La teniente se rio.

La sala había perdido parte de la tensión del día anterior. No porque el caso fuera más sencillo, sino porque ya no buscaban piezas nuevas. Estaban comprobando si las que tenían podían sostenerse juntas sin deformarlas.

Elena volvió al principio de la segunda cronología.

—Quiero hacer lo mismo que con el vertido.

—¿Qué?

—Quitar nombres.

Iria la miró, pero aceptó.

En una hoja nueva escribieron:

16:31 · último trabajo confirmado terminado.

Antes de 18:30 · llegada a Porto do Corvo.

19:02–19:09 · grabación altamente compatible con Nave 4.

Después · lesión torácica grave; momento exacto no fijado.

21:00 aprox. · salida de vehículo de mantenimiento sin servicio.

Después · cuerpo introducido en medio marino.

Iria leyó la secuencia.

—Así parece mucho más limpio.

—Porque muestra lo que tenemos sin obligarnos a decidir antes de tiempo quién hace cada cosa.

—Pero cuando volvamos a poner nombres aparece Samuel.

—Sí.

Lo hicieron al final.