Capítulo 33 #2
Revisaron varios expedientes concretos. En uno, un servicio de limpieza había generado una retirada externa real y la cantidad coincidía.
En otro, la misma clase de trabajo terminaba en una factura más alta sin respaldo equivalente del gestor.
La diferencia no era enorme, pero repetida muchas veces podía producir una cantidad relevante.
—¿Qué pasa con el residuo que debería haberse retirado y no aparece? —preguntó Iria.
Esa era la otra mitad.
Si se cobraba por gestionar externamente algo que en realidad no salía del puerto, el residuo seguía existiendo.
Tenía que almacenarse, tratarse de otro modo o desaparecer por alguna vía.
Elena señaló el plano de Nave 4.
—Ahí volvemos al depósito intermedio.
—Y a Pedra Fendida.
—Si existe una conexión operativa.
Iria apoyó una mano en la mesa.
—Tenemos actividad reciente en la conducción.
—Sí.
—Tenemos residuos compatibles con aguas de mantenimiento.
—Sí.
—Tenemos servicios de retirada que no se sostienen.
—Sí.
—Y Samuel controlaba mantenimiento.
Elena dejó que terminara.
—¿Cuánto más necesitas?
—Para afirmar que Samuel utilizó Pedra Fendida, una relación operativa entre el sistema que controlaba y la conducción. Para decir que el fraude financiaba o encubría esos vertidos, documentos que unan los servicios falsos con los residuos que no se retiraron.
—¿Y para el homicidio?
—Eso no me corresponde atribuirlo.
Iria no discutió.
La distinción no debilitaba el conjunto. Al contrario. Si cada línea podía sostenerse por separado, la convergencia final tendría más valor.
A media mañana llegó otro agente con información del control de accesos. Habían revisado las credenciales utilizadas aquella noche y los registros de entrada a la zona de mantenimiento.
Samuel aparecía trabajando en el recinto hasta después de la hora en que, según su declaración inicial, Xoán ya se había marchado. Eso no era nuevo: nunca había dicho que él saliera del puerto.
La novedad estaba en el vehículo.
—La llave se guardaba en un armario con control electrónico —explicó Iria después de leer el informe.
Elena levantó la vista.
—¿Registra apertura?
—Sí.
—¿Usuario?
—Credencial.
Iria le pasó la hoja.
La apertura previa a la salida nocturna estaba asociada a la credencial de Samuel.
Elena leyó la línea dos veces.
—¿Puede alguien usar su tarjeta?
—Puede, si la tiene.
—¿Hay registro de devolución?
—El armario vuelve a abrirse después del regreso del vehículo con la misma credencial.
—¿Cámara en el armario?
—No.
La asociación era fuerte, pero seguía sin mostrar quién había conducido.
—Entonces podemos decir que su credencial retiró y devolvió la llave.
—Sí.
—No que él condujera.
—Todavía no.
Iria pareció satisfecha con la formulación.
—Eso ya estrecha bastante.
Sí.
Lo hacía.
Samuel había situado a Xoán fuera del puerto antes de las 18:45.
Los datos técnicos hacían muy probable que Xoán siguiera en Nave 4 entre las 19:02 y las 19:09.
Más tarde, una furgoneta de mantenimiento salía del recinto sin servicio registrado, y la llave había sido retirada con la credencial de Samuel.
Al mismo tiempo, el fraude documental empezaba a adquirir una estructura económica comprensible y se concentraba en trabajos bajo el área que él gestionaba.
Elena extendió las hojas sobre la mesa.
—Quiero separar motivo y oportunidad.
Iria se sentó frente a ella.
—Adelante.
En una columna colocaron la documentación económica: servicios inexistentes o inflados, retiradas que no podían demostrarse, uso del nombre de Leira Servizos y capacidad de validación técnica desde mantenimiento.
En otra, la noche de la muerte: Xoán en Porto do Corvo, vídeo compatible con Nave 4 después de las siete, declaración de Samuel contradicha y salida nocturna de la furgoneta con la llave vinculada a su credencial.
—Juntas parecen una historia —dijo Iria.
—Pero todavía hay huecos.
—La discusión.
—Sí.
—La muerte.
—Sabemos el mecanismo general de la lesión, no cómo ocurrió allí.
—La manipulación del equipo.
—Sabemos que es compatible con una intervención manual posterior, no quién la hizo.
—El traslado.
Elena señaló la furgoneta.
—Tenemos una posibilidad fuerte. No la ruta.
Iria dejó el bolígrafo.
—Mañana quieres reconstruirlo todo.
—Mañana quiero comprobar si podemos hacerlo sin rellenar los huecos.
La planificación del día siguiente ya estaba prevista: ordenarían por separado la cronología ambiental, la documentación económica, la secuencia de Xoán y la falsa escena marítima. Después comprobarían qué partes podían superponerse sin introducir decisiones que los datos no sostuvieran.
Antes de marcharse, Elena volvió una vez más al plano.
La contaminación había empezado como una película aceitosa en A Barda. Después había retrocedido hacia una conducción antigua, un sistema de mantenimiento y unos residuos que, según los papeles, debían haber salido del puerto.
Ahora el dinero recorría el mismo camino en sentido contrario: servicios cobrados como si los residuos hubieran sido retirados, aunque una parte no tuviera una salida real detrás.
Eso sí pertenecía al terreno profesional de Elena.
Una sustancia no desaparecía porque una factura dijera que había sido gestionada.
Si no había salido en un camión autorizado, tenía que haber ido a otro sitio.
Y el mar llevaba días mostrando cuál podía haber sido.