La mentira del mar (Las huellas de la tierra 3) Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

—Con una precisión más amplia —añadió Xabier—. Yo mantendría 19:02–19:09 como ventana operativa y dejaría las 19:05 como la secuencia de mayor correspondencia del controlador.

Elena corrigió la nota.

19:02–19:09.

Le gustaba menos que una hora exacta.

Precisamente por eso le parecía mejor.

Iria cerró la carpeta de mareas y abrió la de declaraciones.

—Ahora sí os digo la hora de Samuel.

Xabier se echó hacia atrás.

Elena ya la conocía.

La primera declaración de Samuel situaba la salida de Xoán de Porto do Corvo antes de las 18:45. Habían fijado aquella frase precisamente porque una cronología aproximada podía adquirir valor después.

Iria leyó la transcripción.

—«Estuvo un rato por allí. Se marchó antes de las siete menos cuarto, seguro. Yo seguí con mis cosas.»

Xabier volvió al gráfico.

—Entonces no coincide.

—No —dijo Iria.

El técnico preguntó:

—¿Cuánto margen tiene esa declaración?

—Dijo «antes de las siete menos cuarto, seguro». No habló de diez minutos arriba o abajo.

Elena observó las dos franjas escritas una debajo de otra.

Samuel:

Xoán fuera antes de 18:45.

Datos de bomba, audio y marea:

grabación con alta compatibilidad con Nave 4 entre 19:02 y 19:09.

Había al menos diecisiete minutos entre ambas.

La diferencia no procedía del reloj defectuoso de la cámara, porque ese reloj no se estaba utilizando.

Tampoco dependía de que alguien recordara días después a qué hora había oído una máquina. La hora procedía del controlador, cuyo reloj había sido verificado. La relación física con la marea se había comprobado sobre jornadas independientes.

—Necesito una alternativa —dijo Elena.

Iria la miró.

—¿A qué?

—A que el vídeo sea de Nave 4 en esa ventana.

El técnico volvió a la pantalla.

—Podría ser otra bomba parecida fuera del inventario que nos han dado.

—Comprobémoslo.

—O un equipo móvil.

—También.

Xabier añadió:

—Y la secuencia mareal podría ser casual.

—Sí.

Iria dejó el bolígrafo.

—¿Cuántas alternativas necesitas?

—Las suficientes para no convertir una concordancia en una identificación solo porque rompe una declaración.

La combinación era fuerte. Precisamente por eso merecía el intento de desmontarla.

Durante la siguiente hora revisaron los equipos móviles registrados, los trabajos externos y las entradas de maquinaria en Porto do Corvo aquel día.

Dos bombas portátiles habían estado disponibles en el recinto.

Una constaba prestada fuera del puerto; la otra aparecía en un servicio de achique de un pesquero hasta después de las ocho, con personal que podía acreditarlo.

La Guardia Civil tendría que verificar aquellas referencias formalmente, pero la alternativa más sencilla perdía fuerza.

El técnico comparó también una muestra antigua del modelo portátil localizada en archivos de mantenimiento. La cadencia era más rápida y la distribución de energía distinta.

—¿La excluirías por completo? —preguntó Elena.

—No usaría «por completo». Diría que es menos compatible con el vídeo que la bomba de Nave 4.

—Bien.

Xabier, mientras tanto, había comprobado qué ocurría al desplazar la respuesta de infiltración hacia atrás y hacia delante dentro de los rangos observados en los días de control.

La franja principal seguía concentrándose después de las siete.

Para llevarla antes de las 18:45 necesitaba un desfase que no aparecía en ninguna de las jornadas comparadas.

—Eso sí puedo formularlo con bastante claridad —dijo—. Si suponemos que el foso respondió ese día dentro del comportamiento observado durante la semana, la secuencia sostenida no encaja antes de las siete menos cuarto.

—¿Y si hubo una entrada interior de agua?

—Entonces la marea pierde parte del valor como reloj, pero el registro del controlador sigue siendo el que es. La bomba funcionó cuando funcionó.

Elena asintió.

La distinción era importante. La marea explicaba por qué aquella actividad era físicamente plausible y ayudaba a distinguirla del ruido operativo. La hora, en último término, la fijaba el controlador.

Iria salió unos minutos para hablar con su equipo. Cuando regresó llevaba otra copia de la declaración de Samuel y el registro de presencia de Xoán en Porto do Corvo.

—Tenemos confirmado que Xoán llegó al recinto antes de las seis y media —dijo—. Eso ya lo sabíamos. Lo nuevo es que ahora podemos sostener que su cámara estaba registrando un entorno altamente compatible con Nave 4 después de las siete.

Elena matizó:

—Podemos sostener una probabilidad técnica alta de que el vídeo se grabara allí durante esa ventana. Yo no iría más lejos todavía.

Iria aceptó la precisión.

—Para mí basta para volver a preguntar a Samuel dónde estaba Xoán a esa hora.

—Eso ya es vuestro.

—Sí.

Elena regresó a la imagen del vídeo.

Hormigón mojado.

Manguera.

Pared baja.

Hasta entonces había evitado buscar esos elementos dentro de Nave 4. Ahora tenía razones independientes para compararlos.

—Quiero revisar el fotograma con las fotografías de la nave.

El técnico abrió el archivo.

No encontraron una pared que pudiera identificarse de manera exclusiva.

Había varios tramos bajos de obra y suficientes mangueras para que la imagen siguiera siendo ambigua.

En una fotografía tomada durante la visita aparecía, sin embargo, una curva de tubo flexible junto a un soporte metálico que guardaba cierta semejanza con el fotograma.

Elena comparó ambas imágenes.

—Puede ser.

Iria se acercó.

—Se parece mucho.

—Sí.

—¿Lo ponemos?

—Como compatibilidad visual secundaria. Nada más.

No necesitaban que el hormigón hiciera un trabajo que el sonido y los registros podían sostener mejor.

A media mañana, Elena redactó una síntesis provisional de una página.

No una conclusión policial.

Una reconstrucción técnica.

El audio del vídeo presentaba características compatibles con una bomba de diafragma del tipo instalado en Nave 4.

La comparación con equipos alternativos del puerto reducía las opciones sin individualizar por sí sola la unidad.

El histórico verificado del controlador mostraba, el día de la muerte, una ventana de actividad entre 19:02 y 19:09 , con una secuencia alrededor de las 19:05 compatible con la estructura temporal del audio.

El análisis independiente de mareas situaba además esa franja dentro del periodo en que la infiltración del foso hacía físicamente coherente la repetición de ciclos.

Debajo añadió la consecuencia:

«La ventana es posterior a las 18:45.»

No necesitaba escribir el nombre.

Iria leyó la hoja.

—Voy a hablar con él.

Elena se la entregó.

—Esta parte puede acompañar vuestra cronología. La atribución de la mentira es vuestra.

—¿Tú no tienes dudas?

—Sí.

—¿Sobre qué?

Elena miró de nuevo la pantalla.

—Sobre qué pasó después.

Sabían ahora que la versión temporal de Samuel tenía un problema grave. Eso no reconstruía todavía la discusión, la compresión torácica, el traslado del cuerpo ni la alteración del equipo de buceo.

Tampoco demostraba por qué había mentido.

Pero, por primera vez, la discrepancia no dependía de la memoria de otra persona, de una deuda escondida ni de una fecha cambiada por miedo.

Dependía de una máquina que había seguido registrando sus ciclos sin saber que alguien necesitaría leerlos días después.

Elena guardó la copia de trabajo y dejó los originales bajo custodia de Iria.

La ventana estaba fijada. Lo que Samuel había contado sobre la salida de Xoán ya no cabía dentro de ella.