La mentira del mar (Las huellas de la tierra 3) Capítulo 32
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Capítulo 32

Xabier había trabajado con los registros sin conocer la hora que Samuel había dado en su declaración.

Fue lo primero que quiso dejar claro cuando Elena entró en la sala.

—No me la digáis todavía.

Iria dejó una carpeta sobre la mesa.

—No pensaba hacerlo.

—Mejor.

En la pantalla había tres gráficos superpuestos.

Elena reconoció la curva de marea y las marcas verticales correspondientes a las activaciones de la bomba de Nave 4.

La tercera línea recogía los trabajos registrados dentro de la nave: limpiezas, pruebas de equipos y otras operaciones capaces de aportar agua al foso al margen de la infiltración marina.

Xabier señaló el primero.

—He usado siete días de control, además del día que nos interesa. No todos tienen el mismo valor, pero son suficientes para ver un comportamiento.

—¿La marea influye? —preguntó Elena.

—Sí. Eso ya lo sostendría.

Amplió una de las jornadas.

Las activaciones se concentraban cuando el nivel exterior se acercaba a determinadas cotas y continuaban durante un tiempo después de la pleamar. El desfase cambiaba de un día a otro, aunque se mantenía dentro de un rango razonable.

—El foso no responde al mar de forma inmediata —explicó—. La infiltración tarda, y el nivel de partida también depende de lo que haya ocurrido antes dentro de la nave. Por eso no puedes coger una tabla de mareas y decir: pleamar a tal hora, bomba a tal otra.

Elena se acercó a la pantalla.

—Pero hay una franja en la que aumenta la probabilidad de activación.

—Exacto. Y en los días sin trabajos interiores registrados se ve bastante bien.

Pasó al segundo gráfico. Las marcas aparecían agrupadas después de que la marea alcanzara cierta cota. No formaban una secuencia idéntica cada día, pero la relación era lo bastante estable para confirmar que la observación de Samuel sobre la influencia de la marea tenía base física.

—¿Y cuando hay limpieza? —preguntó Iria.

—La lectura se ensucia mucho. Puedes tener activaciones fuera de esa franja porque estás metiendo agua desde dentro. Por eso he separado cualquier periodo con trabajo conocido.

Elena miró la fecha del tercer gráfico.

Era el día de la muerte de Xoán.

—¿Qué actividad consta en Nave 4 esa tarde?

Iria abrió los partes.

—Mantenimiento ordinario hasta las cinco. Después no figura ninguna limpieza, lavado ni prueba que deba aportar agua al foso.

—¿Nada?

—Nada registrado.

Xabier amplió la curva.

Durante buena parte de la tarde, la bomba había permanecido casi inactiva. Después aparecían varios arranques cortos, separados por intervalos amplios. Más tarde, al acercarse la parte alta de la curva de marea, la frecuencia aumentaba.

—Hasta aquí es normal —dijo Xabier—. Compatible con infiltración.

Marcó un grupo de activaciones.

Elena reparó en una diferencia. En lugar de un arranque breve seguido de un periodo largo de inactividad, el controlador había registrado varias entradas y salidas en un intervalo reducido.

—¿Qué pasó ahí?

—Eso quería que vierais.

La secuencia empezaba pasadas las siete.

Xabier no dio todavía la hora exacta. Amplió primero los datos del controlador.

Arranque automático.

Parada por descenso de nivel.

Nuevo arranque poco después.

Otra parada.

Un tercer ciclo más prolongado.

—En los días de control, cuando el foso recibe solo infiltración, aparecen agrupaciones parecidas al alcanzar este tramo de marea. No son idénticas, pero el comportamiento se repite: la bomba baja el nivel, sigue entrando agua y vuelve a activarse.

Elena siguió las marcas.

—¿Y eso permite saber dónde estaba la marea cuando ocurrió?

—Al revés. La marea está medida fuera. Lo que permite es comprobar si estos ciclos tienen sentido como respuesta a ella.

—Y lo tienen.

—Sí.

Iria apoyó una mano en el respaldo de una silla.

—Entonces ¿qué tiene de especial?

Xabier cambió de gráfico.

—Que esta tarde concreta tenemos algo que no aparece igual en el resto.

La nueva tabla mostraba la duración de cada activación.

El grupo que Elena había señalado era también el más sostenido de la jornada. No por un único funcionamiento continuo, sino por la combinación de varios ciclos muy próximos.

—Desde las siete y dos hasta las siete y nueve —dijo Xabier— hay una ventana de actividad especialmente sostenida respecto al resto de esa tarde.

Elena anotó las horas.

19:02–19:09.

Todavía no era la hora del vídeo.

—¿Puede explicarla solo la marea?

—Puede explicar que la bomba estuviera activa. No puedo afirmar que explique por sí sola toda la secuencia. También podría haber entrado agua desde un drenaje interior al mismo tiempo.

—¿Consta algún trabajo?

—No —respondió Iria.

Xabier levantó una mano.

—Que no conste no significa que no existiera.

—Lo sé.

Elena seguía mirando la tabla.

—¿Y antes de las siete?

—Hay arranques, pero ninguno con este patrón durante esa tarde. Después también hay actividad, aunque más espaciada cuando empieza a disminuir la respuesta del sistema.

La puerta se abrió y entró el técnico de audio con el portátil bajo el brazo.

—Perdón. He tardado más de lo que pensaba.

Iria le señaló una silla.

—Llegas justo a tiempo.

El técnico conectó su equipo a la pantalla. Había terminado la comparación con las muestras de Nave 4 y recibido también la relación de otras bombas de Porto do Corvo.

—Hay tres equipos que me interesaban —dijo—. Dos son bombas de diafragma y otro tiene un funcionamiento pulsante que podía confundirse a distancia.

—¿Dónde están? —preguntó Elena.

—Una en otra nave, una en una zona de servicio del muelle y la de Nave 4.

—¿Funcionaban el día de la muerte de Xoán?

—Tenemos registros de dos. La del muelle no trabajó en esa franja. La de la otra nave sí tuvo actividad, pero el patrón es distinto y el modelo también.

Iria se inclinó hacia la pantalla.

—¿Eso te permite identificar la de Nave 4?

—No como una huella dactilar. Lo que permite es reducir alternativas dentro del propio puerto.

Abrió el audio del vídeo de Xoán.

—He trabajado sin utilizar la hora interna del archivo, porque sabemos que no es fiable. He medido los momentos en que el sonido aparece y desaparece durante los cuarenta y siete segundos.

Sobre la forma de onda colocó varias marcas.

—Aquí entra un ciclo. Aquí cae. Después tenemos una segunda activación corta y, casi al final, vuelve a aparecer.

Elena reconoció la secuencia.

—¿La bomba de Nave 4 puede hacer eso en menos de un minuto?

—Sí. De hecho, vimos algo parecido en las muestras cuando el nivel estaba cerca del punto de activación y seguía entrando agua.

Xabier giró su portátil.

—Como durante una fase de infiltración sostenida.

—Podría ser.

El técnico abrió ahora el histórico del controlador.

—Informática me ha pasado los registros con resolución de segundos.

Iria lo miró.

—¿Y?

—He buscado todas las secuencias del día en las que la bomba haga una combinación compatible con lo que se oye en el vídeo: arranque, parada corta y nuevo arranque dentro del intervalo de la grabación.

Elena mantuvo la vista en la pantalla.

—¿Cuántas hay?

—Con una coincidencia amplia, varias. Si añadimos las duraciones relativas de los impulsos y exigimos que toda la secuencia quepa dentro de los cuarenta y siete segundos, quedan dos.

Mostró las horas.

Una estaba por la mañana.

La otra caía dentro del grupo que Xabier había señalado.

19:05.

Nadie dijo nada de inmediato.

El técnico continuó.

—La de la mañana coincide con actividad de mantenimiento registrada y con una bomba auxiliar funcionando en la misma zona. Acústicamente no puedo separar qué fuente dominaría el vídeo si hubiera sido grabado entonces.

—¿Y tenemos algo independiente que descarte esa hora? —preguntó Elena.

Iria buscó en la cronología.

—Xoán estaba en otro trabajo. Tenemos acceso, cliente y vídeos suyos allí.

El técnico asintió.

—Entonces, aceptando esa cronología externa, la secuencia de la tarde queda como la única compatible del día dentro de Nave 4.

Elena miró a Xabier.

—¿Y esa secuencia entra en tu ventana mareal sin que te hubieran dicho qué hora buscar?

—Sí.

Señaló el gráfico.

—Está dentro del periodo de respuesta más fuerte del foso. Entre las siete y las siete y diez era esperable que la infiltración mantuviera ciclos próximos. Yo marqué esa franja antes de saber qué parte del audio os interesaba.

Eso era lo importante.

Dos caminos distintos llegaban al mismo tramo temporal.

El sonido no había generado la ventana mareal.

La marea tampoco había servido para escoger después una coincidencia conveniente del audio.

—Quiero recorrerlo otra vez desde el principio —dijo Elena.

Nadie protestó.

Xabier explicó de nuevo el patrón de los siete días.

Elena comprobó que los periodos con limpieza estuvieran separados antes de comparar y que el día de la muerte no tuviera una operación registrada capaz de justificar por sí sola el episodio.

Después el técnico repitió la selección de secuencias acústicamente compatibles y mostró por qué había mantenido dos candidatas antes de recibir la cronología externa de Xoán.

La candidata de la mañana desaparecía porque Xoán estaba documentado en otro lugar.

Quedaba la de las 19:05.

—¿Podemos decir que el vídeo se grabó exactamente a las siete y cinco? —preguntó Iria.

El técnico negó.

—Yo no lo escribiría así.

—¿Por qué?

—Porque la correspondencia depende de compatibilidad acústica, no de una marca digital que vincule el archivo al controlador. Tenemos una secuencia de cuarenta y siete segundos que encaja de forma muy estrecha con ese episodio, pero las condiciones de grabación son distintas.

Xabier intervino.

—Y mi parte tampoco da segundos. Solo refuerza que ese episodio de bomba tiene una explicación física coherente con el estado de la marea.

Elena escribió despacio.

—Entonces la formulación correcta sería que la grabación presenta una alta compatibilidad con Nave 4 durante la ventana de actividad de la bomba en torno a las 19:05, y que no hemos encontrado otra ventana viable de esa tarde con la misma combinación de datos.

—Eso sí —dijo el técnico.