Capítulo 31
—Se parecen, pero no puedo decirte que sean la misma máquina.
Elena agradeció que empezara por el límite.
—¿Qué puedes decir?
El técnico amplió un fragmento.
—Que tienen características compatibles. Las dos presentan impulsos con una estructura parecida y una frecuencia dominante en una banda próxima. También hay coincidencias en cómo cae la energía entre un impulso y el siguiente. Pero eso no convierte esta bomba en una firma acústica única.
Iria estaba sentada frente a ellos. Xabier Louro había llegado poco antes con las tablas de marea abiertas en su portátil, aunque todavía no las habían utilizado.
—Explícamelo como si tuviera que escribirlo en un atestado sin meter la pata —dijo la teniente.
El técnico sonrió.
—El sonido del vídeo es compatible con una bomba del tipo y funcionamiento de la que registramos en Nave 4. Solo con el audio no puedo afirmar que sea esa unidad concreta.
—¿Ni por el patrón de los golpes? —preguntó Elena.
—Eso es lo interesante.
Seleccionó unos segundos de ambas grabaciones.
La bomba de Nave 4 producía una secuencia de pulsos reconocible incluso sin conocer el mecanismo.
No sonaban a intervalos perfectamente regulares.
Cada ciclo contenía pequeñas variaciones según la resistencia y la carga, de modo que algunos impulsos quedaban más juntos y otros algo separados.
En la grabación de Xoán ocurría algo parecido.
—Un motor eléctrico continuo sería más sencillo de descartar —continuó el técnico—. Aquí tenemos un equipo que trabaja por impulsos. El problema es que no es el único capaz de sonar así. Hay bombas neumáticas, sistemas de achique y otros equipos que pueden generar patrones parecidos.
Elena señaló la parte central del audio de Xoán.
—Ahí parece acelerarse.
—Sí. Y en una de nuestras muestras de ayer también ocurre. Pero no sabemos en qué condiciones funcionaba la máquina del vídeo. Ni siquiera si el micrófono estaba quieto.
—No lo estaba —dijo Iria—. La imagen se mueve.
—Eso complica la comparación de intensidades y parte del espectro. Si cambias la orientación de la cámara o pasas detrás de una estructura, modificas lo que recibe el micrófono.
Elena volvió a escuchar el fragmento sin mirar la pantalla. El parecido seguía ahí, pero ahora tenía una forma más concreta. Ya no dependía solo del recuerdo de la tarde anterior: había rasgos medibles que justificaban continuar.
Lo que faltaba era un dato independiente.
—¿Hay algo en la grabación que descarte Nave 4? —preguntó.
El técnico negó.
—Acústicamente, no.
—¿Y algo que permita situarla allí?
—Tampoco. No sin otra evidencia.
Elena se volvió hacia Xabier.
—Ahora las mareas.
Él giró el portátil para que los demás vieran la gráfica.
Había preparado la evolución prevista del nivel del mar durante el día en que murió Xoán, además de dos días cercanos para comparación. A la curva de marea había añadido anotaciones sobre viento y presión atmosférica para no tratarla como una reproducción exacta del nivel dentro del puerto.
—Antes de hacer nada con esto —dijo— quiero saber qué sabemos realmente del foso.
Elena repasó las notas de la visita.
—Recibe infiltración y algunos drenajes interiores. La bomba arranca automáticamente por nivel. Samuel dijo que la marea puede influir en la cantidad de agua que entra.
—Eso último es una observación, no una medición.
—Sí.
—¿Tenemos niveles del foso?
Iria negó.
—Nos han confirmado que el cuadro guarda activaciones, alarmas y cambios de modo. No parece registrar altura de agua.
—Entonces podremos saber cuándo trabaja la bomba, pero no por qué.
—Exacto —dijo Elena.
Xabier amplió la zona correspondiente a Porto do Corvo.
—Si la infiltración marina es significativa, lo normal sería que existiera algún retraso entre el nivel exterior y la respuesta del foso.
El agua no atraviesa una estructura como si la pared no existiera.
Puede entrar por juntas, conducciones, rellenos o puntos con distinta permeabilidad.
Ese desfase puede ser de minutos o bastante más.
Iria miró la gráfica.
—¿Y podemos calcularlo?
—Con una sola tarde de observación, no de forma fiable.
Elena esperaba esa respuesta.
—¿Qué necesitarías?
—Varios ciclos de la bomba con sus horas y, si puede ser, de días distintos. Los cruzamos con la marea exterior. Si la relación se repite, podremos estimar si existe una respuesta habitual y cuánto se retrasa.
—¿Y si la bomba también recibe agua de limpieza?
—Entonces habrá ciclos que no sigan la marea. Precisamente por eso necesitamos histórico suficiente.
Un único arranque cerca de una pleamar podía ser casualidad. La utilidad estaba en el patrón.
Iria abrió la carpeta de documentación recibida aquella mañana.
—Porto do Corvo ha entregado esto.
Dentro había manuales del cuadro de control, partes de mantenimiento y una exportación parcial del sistema. Los registros completos todavía estaban siendo copiados por personal de la Guardia Civil para preservar el origen de los datos.
—Samuel encontró también el parte de sustitución de la bomba —añadió Iria—. La unidad actual lleva algo más de dos años instalada.
Elena buscó la fecha.
—Entonces es la misma que estaba allí cuando murió Xoán.
—Sí.
—¿Y alguna modificación reciente?
—Mantenimiento rutinario. Nada que indique sustitución de membrana o motor en esos días.
El técnico intervino.
—Eso ayuda a mantener estable la comparación, pero tampoco convierte el audio en identificación.
—Entendido.
Elena prefería aquella insistencia. Si terminaban utilizando el sonido para reconstruir las últimas horas de Xoán, necesitaban saber exactamente dónde terminaba cada especialista.
Revisó la exportación parcial. Cada línea llevaba fecha, hora y un código. Algunas indicaban arranque automático; otras, parada por descenso de nivel. Había también cambios a modo manual relacionados con mantenimiento.
—¿Estas horas son fiables? —preguntó.
Iria respondió:
—El reloj del controlador estaba sincronizado con el sistema del puerto. Informática está comprobando si hubo cambios o desfases.
—Hasta que eso esté confirmado, no las usamos como reloj absoluto.
Xabier acercó la silla.
—Pero sí podemos mirar el comportamiento general.
Elena dudó unos segundos.
No quería empezar buscando directamente la tarde de la muerte. Prefería comprobar antes si la hipótesis mareal funcionaba en días neutrales.
—Empecemos por ayer. Sabemos cuándo estábamos allí y cuándo escuchamos la bomba.
Iria encontró el registro correspondiente.
Había varias activaciones durante la tarde.
Elena comprobó la hora de la primera que recordaba con claridad. Encajaba con la visita. Después aparecían otros ciclos separados por intervalos irregulares.
Xabier colocó esas marcas sobre la curva de marea.
—Ayer el nivel estaba subiendo durante buena parte de ese periodo.
—¿Eso prueba que la marea activa la bomba? —preguntó Iria.
—No. Solo que es compatible con lo que Samuel explicó.
Siguieron con el día anterior, cuando ninguno de ellos había estado en la nave. La bomba también había funcionado en grupos de activaciones separados por largos intervalos. Algunas coincidían con niveles altos o en ascenso; otras no.
—Ahí está el problema —dijo Xabier—. Puede entrar agua por operaciones interiores. O el foso puede tardar en llenarse. O ambas cosas.
Elena miró las líneas.
—¿Podemos distinguir un episodio de limpieza de una infiltración?
—Con los partes de trabajo, quizá.
Iria buscó la documentación de mantenimiento y encontró una limpieza programada en la misma franja de uno de los grupos.
—Ese podemos marcarlo como contaminado por actividad interior —dijo Elena.
—Mejor como potencialmente influido —corrigió Xabier—. La marea podía estar actuando a la vez.
Ella aceptó la precisión.
Pasaron casi una hora construyendo una tabla que ninguno consideraba todavía una prueba.
Día, fase de marea, actividad conocida en Nave 4 y ciclos de achique.
El objetivo no era encontrar una coincidencia favorable, sino comprobar si el automatismo dependía lo suficiente del nivel exterior como para servir después de referencia temporal.
La relación aparecía, pero con ruido.
En varias jornadas sin trabajos interiores registrados, las activaciones se concentraban más alrededor de niveles altos o en ascenso. Las operaciones de lavado, en cambio, podían provocar ciclos fuera de esas ventanas.
—Entonces el sonido puede significar dos cosas distintas —dijo Iria—. Que la bomba respondía a infiltración o que alguien estaba trabajando dentro.
—O las dos —respondió Xabier.
Elena volvió al vídeo de Xoán.
La imagen mostraba hormigón mojado.
Hasta ese momento había sido un detalle casi inútil. En un espacio de mantenimiento podía deberse a lluvia arrastrada, una limpieza, una fuga o agua de trabajo. Si el audio pertenecía realmente a aquella bomba, la combinación empezaba a tener interés operativo.
No quiso ir más lejos.
—Necesitamos el registro completo del día de la muerte antes de interpretar el agua del suelo.
Iria levantó una hoja.
—Lo tendremos hoy.
—Y las órdenes de trabajo de Nave 4 de ese día.
—También están pedidas.
El técnico seguía examinando la grabación.
—Hay otra cosa.
Elena se acercó.
—¿Qué?
—He aislado varios pulsos del vídeo y los he comparado con las dos muestras de ayer. La separación interna entre algunos componentes es bastante parecida.
—¿Cuánto?
—Lo suficiente para reforzar la compatibilidad. No para individualizar.
Mostró dos gráficos superpuestos. Elena veía curvas, picos y pequeñas diferencias que no estaba capacitada para valorar por sí sola.
—¿Puede deberse al tipo de bomba?
—Probablemente, al menos en parte.
—Entonces otra bomba del mismo modelo podría dar algo parecido.
—Exacto.
Iria preguntó:
—¿Sabemos cuántas hay iguales en el puerto?
Elena giró la cabeza hacia ella.
Era una pregunta mejor que intentar obtener del técnico una certeza que no tenía.
—Eso hay que pedirlo.
Iria lo anotó.
—Modelo, ubicación y, si existen, registros de funcionamiento de las demás.
—Y equipos similares —añadió el técnico—. No os limitéis al modelo exacto. Si hay otras bombas de diafragma con características parecidas, necesito saberlo.
La hipótesis se volvía más exigente, pero también más limpia.
Si Nave 4 era la única ubicación del entorno inmediato con aquel patrón y, además, su registro mostraba un ciclo compatible con el audio, la combinación podía ganar mucho peso. Si había media docena de equipos similares funcionando a la misma hora, el valor del sonido disminuiría.
—Esto puede tardar —dijo Iria.
—Mejor que equivocarnos deprisa —respondió Elena.
Xabier había seguido trabajando sobre la marea del día de la muerte. Marcó la pleamar y el cambio posterior de tendencia sin superponer todavía los ciclos de la bomba.
—Cuando llegue el histórico completo, no me digáis qué hora queréis encontrar.
Iria lo miró.
—No tenemos una hora.
—Precisamente. Dadme los registros y la información de trabajos. Yo marco qué activaciones pueden explicarse razonablemente por marea y cuáles necesitan otra entrada de agua. Después lo cruzamos con vuestra cronología.
Elena asintió.
—Eso quiero.
Sabían que Samuel había dicho que Xoán se había marchado antes de las 18:45. Tener ese límite en la cabeza podía contaminar la lectura igual que el día anterior habría contaminado la búsqueda de una pared parecida a la del vídeo.
La comparación debía funcionar sin necesitar a Samuel.
Iria recogió la exportación parcial.
—Entonces separamos las tareas. Audio termina la comparación y nos dice hasta dónde llega. Xabier trabaja los ciclos sin nuestra cronología de declaraciones. Yo consigo el histórico completo, los partes de Nave 4 y la lista de bombas comparables del puerto.
—Y yo quiero los planos antiguos que Samuel prometió —dijo Elena—. Si el foso responde a la marea, necesito saber por dónde podría entrar esa influencia. Una correlación sin mecanismo físico puede ser casual.
Xabier sonrió.
—Eso te lo compro.
—No necesito que me lo compres. Necesito que lo compruebes.
—También.
La conversación se relajó apenas. Después de tantos días de versiones incompletas, Elena agradecía trabajar con personas que preferían limitar una conclusión antes que adornarla.
A última hora de la tarde llegó una llamada de informática. Iria la atendió fuera de la sala y regresó pocos minutos después.
—El controlador conserva más histórico del que pensábamos. Han podido extraerlo.
—¿Del día de Xoán?
—Sí.
Elena sintió el impulso de pedir una hora concreta, pero lo dejó pasar.
—¿El reloj es fiable?
—Según la primera comprobación, sí. No encuentran cambios manuales ni pérdida de sincronización en ese periodo.
—¿Y los ciclos?
Iria sostuvo la memoria sellada que acababan de entregarle.
—Están dentro. Todavía no los hemos analizado.
Xabier cerró el portátil.
—Entonces dámelos sin decirme qué esperáis.
Iria preparó una copia de trabajo siguiendo el procedimiento del equipo.
Mientras lo hacía, Elena abrió su cuaderno y releyó las dos líneas escritas el día anterior:
«Nave 4: bomba de diafragma automática por nivel. Cadencia auditivamente similar.»
«Comparar. No identificar todavía.»
Debajo añadió una tercera:
«Hipótesis: audio compatible + activación registrada + relación mareal pueden acotar lugar y ventana.»
No escribió ninguna hora.
Aún no la tenían.
Tampoco escribió el nombre de Samuel.
El siguiente paso consistía precisamente en comprobar si los datos podían llegar hasta él sin que ellos los empujaran.