Capítulo 28 #2
La descripción era escueta: limpieza preventiva, retirada de lodos y comprobación de bombeo.
—¿Tenemos plano?
Sacaron el esquema de instalaciones.
El código aparecía junto a la zona de mantenimiento, conectado a un sistema de recogida de aguas internas. En el plano actualizado no llevaba directamente a Pedra Fendida.
—Esto no prueba nada —dijo Iria.
—No.
Elena amplió la documentación asociada al trabajo. Había limpieza, una cantidad aproximada de residuo y una retirada externa registrada dos días después.
En ese caso, la cadena parecía correcta.
—Entonces ¿por qué lo miras tanto?
—Porque quiero entender qué almacenan antes de retirar.
—¿Puede ser el mismo tipo de mezcla que encontramos en A Barda?
—Según qué circuitos lleguen hasta él, puede recibir aguas de limpieza y residuos de mantenimiento. Tendría que ver la instalación real.
—¿Volvemos al puerto?
—Más adelante. Primero terminemos los papeles.
No quería que un depósito real se transformara en una solución prematura.
Pedra Fendida mostraba actividad reciente en una conducción supuestamente inactiva, pero todavía desconocían el recorrido exacto hasta ella.
Saltar desde una referencia en un plano al mecanismo completo sería rellenar con una hipótesis el hueco que tenían que investigar.
Siguieron durante otra hora.
El patrón terminó consolidándose en tres grupos.
Había servicios ambientales facturados cuya generación previa no podía reconstruirse.
Había trabajos internos capaces de producir residuos para los que faltaban retiradas posteriores.
Y, en varios casos, las cantidades de los documentos intermedios no permitían explicar lo que acababa facturándose.
Elena revisó los periodos una vez más.
—¿Cuánto tiempo llevamos viendo esto?
Iria pasó las páginas.
—El primer caso claro está hace trece meses.
—¿Y el último?
—La semana anterior a la muerte de Xoán.
Aquello descartaba una explicación limitada a los días del episodio de A Barda. El problema documental llevaba demasiado tiempo.
—Entonces no estamos mirando una improvisación provocada por la muerte de Xoán —dijo Iria.
—No en esta parte.
—¿Fraude?
Elena se tomó unos segundos.
—Hay indicios compatibles con servicios facturados o certificados que no se corresponden de forma estable con la trazabilidad física de los residuos. Para llamarlo fraude y atribuirlo a alguien necesitáis algo más que mi comparación.
—Pero ya no lo llamarías simple desorden.
Elena miró las marcas repartidas por más de un año.
—Solo desorden, no.
Iria dejó el bolígrafo sobre la mesa.
—Eso da un motivo para que alguien no quisiera que Xoán siguiera mirando.
Elena no respondió enseguida.
Era posible. Xoán había encontrado trabajos asociados a su empresa que no reconocía, estaba preguntando cómo se gestionaban los residuos de mantenimiento y había dicho a Berta que no pensaba dejar pasar esas irregularidades.
Antes de dirigirse a Porto do Corvo, también había hablado de papeles que no cuadraban.
Todo aquello acercaba los documentos a su muerte.
Todavía no decía quién había querido detenerlo.
—Da un motivo para que esos papeles importaran —dijo finalmente—. El resto hay que demostrarlo.
Iria asintió.
Separaron las entradas que necesitaban comprobación externa.
La Guardia Civil pediría al gestor de residuos los originales de las retiradas, matrículas de los vehículos cuando existieran, pesos o volúmenes declarados y facturación cruzada.
También solicitaría a Porto do Corvo el historial de creación y modificación de las órdenes de servicio y la identificación de los usuarios con capacidad para validar trabajos del área de mantenimiento.
Elena se quedó con una tarea diferente.
Preparó una tabla reducida con las fechas que relacionaban trabajos, residuos y retiradas dudosas.
Después añadió una columna con las mareas aproximadas, no para buscar todavía una coincidencia exacta, sino para comprobar si las anomalías documentales podían guardar alguna relación temporal con las ventanas en las que una descarga hacia Pedra Fendida habría resultado operativamente útil.
Iria la vio introducir la nueva columna.
—Has vuelto al agua.
—Nunca me he ido.
—Pensaba que hoy tocaban facturas.
—Las facturas solo sirven si podemos relacionarlas con algo que ocurrió fuera del papel.
La primera comparación no dio una respuesta limpia. Algunas fechas quedaban cerca de mareas favorables; otras no. Varios documentos estaban fechados solo por día, sin hora. Intentar ajustarlos a una bajamar concreta habría significado fingir una precisión que no existía.
Elena eliminó la columna de horas.
—¿Nada? —preguntó Iria.
—No con esta resolución.
—¿Entonces?
—Primero necesitamos saber cuándo se hicieron realmente las retiradas y los trabajos, no cuándo alguien imprimió una factura.
Iria reunió los documentos que debían solicitar.
Elena volvió a una de las órdenes en las que figuraba Leira Servizos.
Xoán había tenido delante, probablemente, algo parecido a aquello: su empresa incluida en un trabajo que él no reconocía, residuos cuya salida no podía seguir y una documentación lo bastante confusa para que cada diferencia admitiera una explicación posible por separado.
El problema aparecía cuando se miraban juntas.
Guardó la tabla en la carpeta y dejó fuera únicamente las fechas que necesitaban respaldo externo.
La investigación ya no tenía una colección de errores administrativos.
Tenía una discrepancia sostenida entre lo que Porto do Corvo decía hacer con sus residuos y lo que sus propios documentos permitían reconstruir.
Quién había construido esa diferencia seguía abierto.