Capítulo 11
La primera comparación útil llegó antes que el informe completo.
Alba Riveiro había enviado una nota preliminar sobre las dos muestras tomadas en Pedra Fendida: la del interior del conducto y la referencia recogida unos metros más abajo, en la plataforma expuesta al mar. Elena la leyó de pie junto a la mesa de la cofradía mientras Uxía terminaba una llamada.
No había una coincidencia exacta con las muestras de A Barda, ni Elena la esperaba.
El sedimento de una conducción antigua y el agua superficial de una ensenada no podían compararse como si procedieran del mismo recipiente.
Lo que Alba sí encontraba era una señal compatible con exposición repetida a hidrocarburos y productos tensioactivos en la muestra interior, más marcada que en la referencia exterior.
Elena volvió a leer la formulación.
«Exposición repetida» no significaba una descarga reciente.
Podía corresponder a episodios separados en el tiempo, residuos antiguos o pequeños aportes que nunca hubieran producido una contaminación visible.
Aun así, hacía más difícil describir el interior de Pedra Fendida como un conducto completamente abandonado que solo recibía agua de mar y filtraciones ocasionales.
Uxía terminó la llamada.
—¿Hay algo?
Elena dejó el móvil sobre la mesa.
—Hay una diferencia entre el sedimento interior y el exterior.
—¿Del mismo producto que tenemos en A Barda?
—Eso no podemos decirlo.
—¿Se parece?
—En algunos componentes, sí. Lo importante ahora es que dentro hay señales compatibles con contactos repetidos con hidrocarburos y tensioactivos.
Uxía apoyó las manos en el respaldo de una silla.
—Entonces se ha usado.
—Ha recibido ese tipo de sustancias más de una vez. Cómo llegaron hasta allí todavía tenemos que demostrarlo.
Uxía se sentó frente a ella.
—A veces pienso que si un día encuentras a alguien con una garrafa en la mano delante de una tubería vas a preguntarle si la llevaba para regar.
Elena sonrió.
—Primero miraría si hay plantas.
La broma duró poco. Sobre la mesa estaban las copias de los planos de Porto do Corvo, las fotografías de la inspección y una lista con los puntos que aún necesitaban comprobar. Elena había añadido tres columnas: observación física, explicación alternativa y dato pendiente.
En Pedra Fendida, la primera empezaba a crecer.
El conducto conservaba humedad hacia el interior durante la bajamar, presentaba una franja central con menos sedimento y depósitos orientados hacia la boca, y ahora la muestra interior ofrecía una composición distinta a la referencia exterior.
La arqueta superior, casi seca, tampoco explicaba por sí sola ese comportamiento.
A todo ello se sumaba la antigua conexión temporal que figuraba en los planos y cuya eliminación nadie había conseguido documentar.
Cada elemento admitía por separado una explicación inocua. Juntos empezaban a exigir demasiadas.
—Quiero volver a los partes de limpieza —dijo Elena.
Uxía señaló la carpeta que Marta había dejado aquella mañana.
—Los justificantes de retirada también están ahí.
Elena abrió primero los partes operativos facilitados por Samuel.
La limpieza realizada tres días antes de la aparición de la película figuraba como un trabajo ordinario en una zona de mantenimiento.
El documento incluía un volumen estimado de agua residual y las horas de inicio y finalización.
Según el procedimiento, el residuo debía pasar al depósito temporal y, desde allí, a retirada externa.
Buscó el justificante correspondiente.
No aparecía.
Había uno del día anterior y otro posterior, ambos asociados a cantidades distintas.
—Falta uno —dijo.
Uxía se inclinó sobre la carpeta.
—¿El de la limpieza?
—No necesariamente. Puede haberse agrupado con otra retirada o facturado después.
—Pero aquí no está.
—Aquí no.
Elena marcó el hueco sin atribuirle todavía significado.
La documentación de residuos rara vez seguía una correspondencia perfecta entre el día que se generaba un líquido y el momento en que el gestor lo retiraba.
Un depósito podía reunir varios trabajos antes de vaciarse.
Para saber si existía una anomalía real necesitaba capacidad, entradas, salidas y el registro completo del periodo.
Llamó a Marta. La conversación fue breve: confirmaría con la aseguradora qué documentación adicional podían requerir y pediría todas las retiradas del periodo, no una selección de días.
—¿Quieres que llame también a Samuel? —preguntó Uxía cuando Elena colgó.
—Todavía no. Primero quiero comprobar qué falta realmente.
No tenía sentido pedirle que explicara una ausencia documental que quizá solo existiera en la carpeta incompleta que ellas habían recibido.
Volvió después a las fotografías de Pedra Fendida.
La grabación de la cámara de inspección mostraba mejor de lo que había parecido en la pantalla portátil la diferencia entre el fondo del conducto y sus laterales.
La franja central no estaba libre de depósito, pero mantenía una continuidad difícil de atribuir a una sola entrada de mar.
En dos zonas se apreciaban pequeñas lenguas de sedimento orientadas hacia la boca.
Elena amplió una de las imágenes.
—Esto quiero que lo vea Alba con calma.
Uxía se acercó.
—¿Porque el agua salió hacia fuera?
—Porque parece haber movimiento en esa dirección. Quiero que lo contraste con la granulometría y con el estado del depósito, no que lo deduzcamos de una fotografía.
—Si lo confirma, ¿qué cambia?
—Tendríamos una conducción que no solo ha recibido sustancias compatibles con el episodio, sino que además ha tenido flujo hacia la costa. Para unirla con A Barda seguiríamos necesitando la dinámica de marea y la composición.
Uxía dejó escapar el aire.
—Nunca llegamos al verbo bueno.
—Llegaremos.
La puerta se abrió y una mujer de la cofradía asomó la cabeza.
—¿Uxía?
—Dime.
—Han dejado esto abajo. Es de la gente que estuvo revisando el banco los días anteriores.
Le entregó una memoria USB dentro de una bolsa transparente.
Uxía la levantó.
—Más fotos.
—Y vídeos, creo.
Cuando la mujer se marchó, Elena miró la memoria.
—¿Quién los pidió?
—Yo, el primer día. Les dije que mandaran todo lo que tuvieran del banco, aunque no supieran si servía.
—Bien.
Conectaron la memoria a un ordenador de la cofradía. Había varias carpetas sin ordenar, la mayoría con imágenes que Elena ya había visto o copias reenviadas por mensajería que habían perdido parte de sus datos originales.
Una de las carpetas llevaba el nombre de una mariscadora.
Dentro encontraron cuatro vídeos cortos.
El primero mostraba el recodo norte; el segundo, una hilera de mejillones abiertos.
El tercero estaba grabado desde la parte alta de la ensenada y apenas añadía información.
El cuarto comenzaba con una toma movida del agua y terminaba enfocando por casualidad a dos hombres que hablaban cerca del acceso.
Elena reconoció a uno de haberlo visto por el pueblo, aunque no sabía su nombre.
—¿Quién es?
Uxía se inclinó hacia la pantalla.
—Manuel Riveiro. Trabaja con embarcaciones pequeñas.
—¿Y el otro?
Uxía tardó un segundo más.
—Xoán.
Elena volvió la vista hacia ella.
—¿Xoán Leira?
—Sí.
Hasta entonces, Xoán había sido para Elena una muerte reciente en la zona, un dato ajeno a su encargo.
Había leído la referencia en la documentación general que Marta le envió antes del viaje: buzo profesional, accidente ocurrido unos días antes, cuerpo encontrado en una cala.
Nada que justificara incorporarlo a la contaminación de A Barda.
El vídeo apenas duraba quince segundos. Los dos hombres aparecían lejos y la cámara no pretendía grabarlos. Xoán estaba junto al acceso con ropa de trabajo, sin equipo de buceo, y señalaba hacia la costa mientras hablaba.
—¿Cuándo se grabó?
Uxía comprobó la fecha.
—El día antes de que encontraran el cuerpo.
Elena observó otra vez la imagen.
—¿Sabes qué hacía aquí?
—En A Barda, no.
—¿Trabajaba para la cofradía?
—A veces hacía revisiones, pero no recuerdo ninguna esos días.
Volvieron a reproducir el vídeo. No había nada aprovechable en la dirección que señalaba Xoán: el encuadre la cortaba y el sonido estaba dominado por el viento y por la voz de la mujer que grababa.
—¿Quién hizo esto?
Uxía miró el nombre de la carpeta.
—Maruxa. Puedo llamarla.
—Hazlo.
La mujer tardó menos de diez minutos en llegar. Vivía cerca y había seguido el cierre del banco desde el primer día.
Maruxa era delgada, rondaría los sesenta y entró en la oficina con la expresión de quien no entendía por qué podía interesar tanto un vídeo grabado sin intención.
—Yo estaba filmando el agua —explicó—. Ellos salieron de casualidad.
Elena giró la pantalla hacia ella.
—¿Recuerda qué estaban haciendo?
—Manuel había venido a recoger unas cosas. Xoán apareció después.
—¿Sabe por qué?
Maruxa negó con la cabeza.
—No habló conmigo.
—¿Lo vio bajar al banco?
—Aquí no.
Uxía intervino.
—¿Venía del puerto?
—Eso dijo Manuel, creo.
Elena miró a Uxía.
—¿Podemos hablar con él?
Manuel estaba trabajando y respondió por teléfono. Uxía activó el altavoz después de pedirle permiso.
—Sí, claro que era Xoán —dijo cuando le explicaron el vídeo—. Había estado mirando una salida vieja por la zona de Pedra Fendida.
Elena dejó quieto el bolígrafo.
—¿Qué salida? —preguntó.
La voz del hombre cambió ligeramente al darse cuenta de que ya no hablaba solo con Uxía.
—¿Quién pregunta?
—Elena Sánchez. Estoy haciendo la peritación ambiental de A Barda.
—Ah. La tubería vieja. La de Pedra Fendida.
—¿Sabe por qué la estaba mirando?
—Por trabajo, supongo. Xoán hacía cosas de buceo y mantenimiento.
—¿Se lo dijo él?
—Me comentó que había tenido que revisar la boca y que aquello estaba peor de lo que esperaba.
—¿Peor en qué sentido?
Hubo una pausa.
—No sé. Le pregunté si estaba rota y me dijo que no era eso.
Elena esperó antes de seguir.
—¿Recuerda algo más?
—Que había movimiento donde no debía haberlo. Algo así.
Uxía levantó la vista.
—¿Cuándo fue esa conversación?
—Ese mismo día. Nos cruzamos ahí. Yo iba con prisa.
—¿Xoán llevaba equipo?
—En ese momento, no. Lo tendría en la furgoneta o ya lo habría dejado. Ni idea.
—¿Le dijo quién le había encargado la revisión?
—No.
—¿Le habló de contaminación?
—No recuerdo que usara esa palabra.
Elena regresó al vídeo.
—¿Y señaló hacia A Barda?
—No. Hacia la zona del puerto, creo. Desde ahí tampoco se ve gran cosa.
La conversación terminó sin aportar más.
Maruxa seguía mirando la pantalla.
—¿Esto tiene que ver con lo que le pasó?
Elena no podía responder de otra manera.
—No lo sé.
Cuando se quedaron solas, Uxía apoyó los codos en la mesa.
—Xoán revisó Pedra Fendida y al día siguiente apareció muerto.
—Eso es lo que sabemos.
—Parece bastante.
—Es una coincidencia temporal que tenemos que comprobar antes de convertirla en una relación.
Uxía no discutió. Elena entendía que aquella prudencia resultara más difícil ahora que unas horas antes. También para ella lo era.
Colocó la nota de Alba junto a la fotografía del conducto.
Hasta ese momento, Pedra Fendida pertenecía exclusivamente al problema ambiental: una conducción antigua que la documentación consideraba inactiva, aunque el sedimento y la humedad no encajaran del todo con esa descripción.
Ahora sabía que una persona muerta había inspeccionado esa misma salida pocos días antes.
Eso no convertía un accidente en un homicidio ni Pedra Fendida en una escena criminal.
Elena seguía sin saber qué había visto Xoán, por qué estaba allí, quién había encargado la revisión o si su muerte guardaba alguna relación con aquella inspección.
Pero ya había una razón objetiva para comprobarlo.
—Necesito saber quién encargó ese trabajo —dijo.
Uxía cogió el teléfono.
—Berta llevará las facturas de Xoán.
Elena recordó el apellido.
—Su hermana.
—Sí. Llevaban juntos la empresa.
En el cuaderno, Elena escribió por primera vez Leira Servizos Subacuáticos junto al nombre de Pedra Fendida.
Debajo dejó espacio para lo que todavía faltaba averiguar.