La mentira del mar (Las huellas de la tierra 3) Capítulo 9
23%

Capítulo 9

El más reciente era el mismo esquema que habían visto dos días antes, con las redes de drenaje actuales diferenciadas por colores.

Los otros estaban amarillentos en los bordes y llenos de correcciones a mano: ampliaciones, tramos anulados, arquetas renumeradas y líneas que desaparecían bajo edificios levantados después.

—Esto es lo que he podido localizar —dijo Samuel—. Falta un plano intermedio de una reforma pequeña, pero no cambia la salida general de las conducciones antiguas.

Marta Cores dejó su carpeta junto a las copias.

—¿Pedra Fendida aparece en los tres?

—En los dos antiguos. En el actual solo queda como referencia de infraestructura fuera de servicio.

Elena se inclinó sobre la mesa.

En el plano más viejo, una línea gruesa partía de la zona que después ocuparía parte del área de mantenimiento y descendía hacia la costa.

El trazado no era recto: rodeaba una cimentación, cruzaba un espacio hoy ocupado por almacenes y terminaba en un punto marcado con una abreviatura que Samuel tradujo como salida de drenaje.

—¿Qué recogía originalmente? —preguntó Elena.

—Agua de servicio, lavados y parte de los pluviales de la zona vieja. Hace años, antes de separar circuitos.

—¿Con hidrocarburos?

Samuel hizo una mueca.

—Con lo que hubiera entonces en un puerto pequeño. No voy a decirte que la gestión de hace veinte años era la de ahora.

La respuesta era incómoda, pero creíble.

Elena comparó el plano antiguo con el esquema actual.

—¿Cuándo dejó de usarse?

Samuel buscó una nota en el margen.

—La reforma principal es de hace doce años. A partir de ahí, la conducción dejó de formar parte del circuito ordinario. Se cegaron varias entradas y otras se derivaron.

—¿Cuáles se cegaron?

Samuel señaló dos puntos.

—Esta arqueta se anuló. Esta otra pasó al sistema nuevo. Y aquí se construyó una cámara de conexión que, sobre el papel, deja el tramo hacia Pedra Fendida sin alimentación.

—¿Sobre el papel?

Samuel la miró sin molestarse.

—Porque me estás preguntando por una conducción vieja enterrada bajo medio puerto. Puedo decirte lo que figura en los planos y lo que utilizamos. No voy a garantizarte que cada metro de tubo desapareciera físicamente.

Marta intervino.

—¿Se hizo una prueba de estanqueidad cuando se anuló?

—No tengo ese informe aquí.

—¿Existe?

—Debería haber alguna certificación de obra, aunque no sé si con ese nivel de detalle.

Elena marcó el punto.

La química del día anterior había reducido varias posibilidades, pero no convertía una conducción antigua en el origen de nada. Lo que necesitaba saber era si Pedra Fendida estaba realmente aislada o conservaba conexiones físicas capaces de recibir agua.

Samuel sacó otra hoja.

—Encontré también esto.

Era una planta de la reforma posterior de Nave 4. Mostraba el foso, la bomba de achique y una línea de evacuación añadida años después.

—¿La bomba impulsa hacia dónde? —preguntó Elena.

—Al sistema actual. A esta cámara.

Señaló un cuadrado situado lejos del trazado antiguo.

—¿Existe alguna comunicación entre esa cámara y Pedra Fendida?

—No operativa.

Elena esperó.

Samuel sonrió ligeramente.

—Ya sé. He dicho «operativa».

—Es distinto de «ninguna».

—Sí.

Buscó un detalle en el plano.

—Aquí hay un tramo de tubería antigua que quedó enterrado. En teoría está separado por un cierre físico. Si quieres saber si sigue existiendo continuidad hidráulica, habría que inspeccionarlo.

—Eso quiero saber.

—Entonces necesitaremos bajamar y acceso por la costa.

—Ya lo tenemos previsto.

Samuel asintió. No parecía sorprendido de que insistieran en la conducción ni intentó convencer a Elena de que estaba perdiendo el tiempo. Se limitó a apartar uno de los planos y colocar encima una hoja con fotografías de obra.

Las imágenes eran antiguas y estaban impresas en mala calidad. En una se veía una zanja abierta entre dos edificios; en otra, un tubo de gran diámetro parcialmente cubierto por grava. Una tercera mostraba una arqueta antes de que cerraran el pavimento.

Elena estudió las referencias.

—¿Puedes situar esta?

Samuel se acercó.

—Detrás del almacén dos. Ahora queda bajo una franja de hormigón.

—¿Y esta arqueta?

—Sigue existiendo, pero está cerrada.

—¿Se usa?

—No.

Marta señaló una anotación escrita a bolígrafo.

—Aquí pone «conexión temporal».

Samuel tardó unos segundos en leerla.

—Fue durante la reforma. Para desviar agua mientras montaban el sistema nuevo.

—¿Se retiró después?

—Tendría que comprobarlo.

Elena siguió mirando el plano.

La palabra temporal no le inspiraba demasiada confianza cuando aparecía en infraestructuras antiguas. A veces significaba semanas; otras, años. Pero una anotación sin verificar solo servía para abrir una pregunta.

—¿Dónde estaría esa conexión hoy?

Samuel recorrió el trazado con el dedo.

—Bajo esta zona. Cerca del lateral de Nave 4, pero por fuera.

—¿Accesible?

—Desde superficie no. Habría que entrar por una arqueta de registro o utilizar una cámara, si el tramo lo permite.

Marta cerró la carpeta.

—Eso ya no parece una simple salida abandonada.

Samuel la miró.

—Sigue siendo una salida abandonada hasta que demostréis lo contrario. Que una tubería exista no significa que transporte nada.

Elena agradeció la precisión. Era exactamente la distinción que intentaba mantener.

—¿Ha habido trabajos recientes cerca de ese tramo?

—Mantenimiento normal. Nada de obra.

—¿Limpiezas?

—Sí, claro. Como en todo el puerto.

—¿Extraordinarias?

Samuel pensó.

—Hubo una limpieza de fondos de una zona de trabajo hace unos días y retirada de agua acumulada después de una intervención. Lo tengo en los partes.

—¿Qué día?

—Déjame comprobarlo.

Fue hasta un archivador metálico al fondo de la nave. Mientras buscaba, Marta se acercó al plano.

—Si esa conexión temporal siguiera existiendo, ¿podría llevar agua hasta Pedra Fendida?

—Podría existir continuidad física —respondió Elena—. Otra cosa es que haya caudal suficiente, que se utilice y que coincida con el episodio.

—Pero ya no sería una hipótesis tan abierta.

—Sería una ruta posible.

Samuel regresó con varias hojas grapadas.

—Aquí está. Limpieza de zona de mantenimiento, tres días antes de que avisarais de la película. Y esto es una retirada de agua de un foso auxiliar al día siguiente.

Elena leyó los partes.

La descripción no contenía nada llamativo: horas de trabajo, personal, volumen estimado y destino de los residuos. Lo bastante rutinario para que un documento aislado no tuviera valor especial.

—¿Quién firma la retirada?

—Yo superviso la parte operativa. La gestión externa la tramita administración.

—¿Y el volumen?

—Estimado.

—¿Cómo se calcula?

—Por capacidad del depósito y tiempo de bombeo, según el trabajo.

Elena colocó una nota adhesiva sobre la hoja.

—Quiero comparar esto con los justificantes de retirada.

—Te los preparo.

Samuel volvió al plano.

—¿Qué más?

Elena señaló la salida costera.

—Quiero saber qué tendría que pasar para que agua de esta zona llegara hoy a Pedra Fendida.

Samuel tomó un bolígrafo.

—Si todo funciona como debe, nada.

—¿Y si no?

—Tendría que existir una conexión abierta entre un tramo antiguo y uno activo, o alguien tendría que bombear hacia la línea vieja.

—¿Es posible bombear manualmente?

—Con equipos portátiles puedes vaciar casi cualquier depósito donde quieras, si tienes acceso. Pero eso ya no sería funcionamiento de la instalación, sino una actuación concreta.

—¿Hay bombas portátiles?

Samuel señaló una estantería al fondo.

—Varias. Se utilizan para achiques, trabajos en sentinas e inundaciones pequeñas.

Elena miró las mangueras enrolladas y las bombas compactas colocadas junto a cajas de herramientas. Eran equipos normales en un lugar así y, por sí mismos, no significaban nada.

—¿Quién puede utilizarlas?

—Personal de mantenimiento. Y empresas externas cuando trabajan aquí, si se les autoriza.

Marta escribió algo.

—¿Queda registro?

—De los trabajos, sí. De coger una bomba cinco minutos para vaciar agua de lluvia, no siempre.

Samuel no pareció dar especial importancia a la respuesta. Elena tampoco intentó extraer de ella más de lo que contenía.

Volvió a las fotografías de obra.

La conducción antigua había existido. Parte del recorrido seguía enterrada.

Una conexión temporal podía haber quedado en el subsuelo.

Además, había equipos capaces de mover agua al margen del sistema fijo.

Todo aquello aumentaba la plausibilidad física de una descarga a través de Pedra Fendida, aunque todavía faltaba lo esencial: demostrar que la salida había funcionado recientemente.

Antes de cerrar los planos, Elena pidió a Samuel que distinguiera sobre una copia qué trazados conocía por uso actual y cuáles únicamente por documentación.

Él utilizó dos colores. La diferencia dejó varios metros del recorrido antiguo en una zona intermedia: figuraban en los planos, pero nadie necesitaba inspeccionarlos durante el trabajo cotidiano porque estaban fuera del circuito normal.

—¿Cuándo fue la última vez que se revisó ese tramo? —preguntó Elena.

Samuel consultó las notas de mantenimiento y terminó negando con la cabeza.

—No tengo una inspección específica reciente. Se revisan las arquetas accesibles y lo que da problemas. Lo enterrado, si está fuera de servicio y no da señales, no se abre por rutina.

—¿Y la boca de Pedra Fendida?

—Se mira si hay obra cerca, desprendimientos o alguna incidencia de costa. Como conducción, no forma parte del mantenimiento ordinario.

La falta de revisiones no demostraba actividad oculta ni confirmaba un abandono real.

Sí explicaba por qué un tramo antiguo podía seguir físicamente presente sin que nadie tuviera una imagen reciente de su estado.

Para Elena era otra razón para separar lo que afirmaban los documentos de lo que al día siguiente pudieran comprobar sobre la roca.

—Mañana quiero bajar con agua suficientemente baja —dijo.

Samuel consultó la hora en el teléfono.

—La ventana buena será temprano.

—Lo sé.

—Puedo acompañaros.

Elena pensó un momento.

—Sí. Nos vendrá bien que señales la boca exacta y el acceso técnico. Uxía conoce la costa, pero tú conoces la infraestructura.

—Perfecto.

Marta recogió los partes.

—Y yo necesito los justificantes de retirada antes de esta tarde.

—Los tendrás.

Salieron de Nave 4 por la puerta lateral.

El suelo exterior estaba húmedo por la llovizna de la noche y el aire olía a sal y metal mojado.

Desde allí no se veía la costa de Pedra Fendida, pero Elena podía reconstruir ya el recorrido sobre el plano: una red antigua, varios tramos anulados, una conexión que figuraba como temporal y una salida que seguía existiendo físicamente.

Nada de aquello demostraba una descarga. Sí explicaba cómo podría producirse sin utilizar el sistema actual.

Antes de marcharse, Elena miró una vez más las copias extendidas sobre la mesa. La siguiente comprobación ya no consistiría en interpretar lo que decía el plano, sino en descubrir qué había sobrevivido de aquella infraestructura sobre el terreno.

La bajamar se lo permitiría.