La mentira del mar (Las huellas de la tierra 3) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

—Eso quiere decir que sí.

—Quiere decir que un olor no me permite saber qué producto hay.

—Lo de responder sin responder se te da bien.

—Llevo años practicando.

Uxía soltó una risa que desapareció cuando volvió a mirar el banco cerrado.

Tras la cinta roja se veían herramientas colocadas junto a una pared y cajas apiladas que nadie iba a utilizar aquella mañana.

La contaminación no necesitaba ser espectacular para provocar daño.

Bastaba con que la duda sobre la seguridad del producto mantuviera cerrada la explotación durante el tiempo suficiente.

—¿Cuánta gente trabaja aquí?

Uxía le dio una cifra aproximada.

—¿Y el cierre afecta solo a esta ensenada?

—De momento, sí.

Elena lo anotó. Habría tiempo para entrar en las consecuencias económicas cuando supieran qué había ocurrido y cuánto podía prolongarse la situación.

Llegaron al extremo norte, donde la roca formaba un entrante más profundo y resguardado. La bajamar había dejado una lengua estrecha de agua comunicada con el resto de la ensenada por un canal de apenas unos centímetros de profundidad.

Allí la película era mucho más clara. No cubría todo el entrante, sino que se concentraba en uno de los bordes, pegada a restos de algas y pequeñas partículas, mientras el lado contrario mostraba una superficie limpia.

—¿Este es el otro punto del que hablabas?

—Sí.

—¿Aquí fue donde visteis más ayer?

—Aquí y en el primero.

Elena miró hacia atrás. Entre ambos quedaban decenas de metros de costa con señales mucho más débiles o sin ninguna observación positiva. Más allá, la zona expuesta a la entrada del mar seguía sin mostrar una acumulación comparable.

Amplió el croquis del cuaderno: dos remansos con la señal más evidente, una zona central con organismos afectados y un sector exterior donde aquella acumulación no aparecía.

La distribución todavía podía ser compatible con una sustancia llegada desde el mar y redistribuida por la propia ensenada; también con una descarga próxima, más de una entrada, episodios distintos o errores en las observaciones de los días anteriores.

No faltaban hipótesis. Sobraban.

—Cuando suba la marea, ¿estos dos entrantes quedan conectados por completo con el resto?

—Sí.

—¿Al mismo tiempo?

Uxía frunció el ceño.

—No sabría decirte cuál cubre antes.

—Bien.

—Otra vez te parece buena una respuesta que no sirve de mucho.

—Sirve para no inventarnos el orden.

Uxía se cruzó de brazos para protegerse del viento.

—¿Qué necesitas?

Elena señaló primero el remanso y después el resto de la ensenada.

—Las horas de todas las fotografías que tengáis. Posiciones aproximadas de los animales afectados. Dónde apareció película y, si podemos reconstruirlo, dónde se miró y no había. También quiero saber en qué fase estaba la marea en cada observación.

—Eso último lo podemos sacar.

—Sí, pero primero quiero las horas originales. Ya calcularemos después.

Uxía guardó el móvil.

—¿Y muestras?

—Las tomaremos en zonas afectadas y en puntos de comparación. Lo que no quiero es tener dentro de tres días diez resultados y no saber qué representaba cada sitio.

Se alejaron del borde mientras el agua empezaba a recuperar lentamente algunos de los canales más bajos. El cambio apenas se apreciaba al mirarlo durante unos segundos, pero Elena había dejado una pequeña referencia junto a una piedra y la superficie ya se acercaba a ella.

En unas horas, buena parte de lo que tenía delante quedaría bajo el agua. Los remansos dejarían de estar aislados, los canales se unirían y cualquier película flotante tendría nuevas posibilidades de movimiento. Antes de que eso ocurriera necesitaba conservar la geometría de la bajamar.

Subieron hacia la zona cerrada al trabajo.

Desde allí A Barda parecía más sencilla de lo que había resultado al recorrerla: una entrada de mar protegida, dos extremos rocosos y una superficie de agua que iba ganando terreno poco a poco.

Las pequeñas depresiones donde se concentraba la película apenas podían distinguirse desde aquella altura.

Elena abrió el cuaderno sobre la palma de la mano.

—Voy a necesitar un plano base.

—Lo tenemos en la cofradía.

—Y las cotas que existan. No hace falta que sean muy precisas de momento.

Uxía miró el croquis.

—¿Qué estás intentando dibujar?

Elena marcó los dos remansos donde la señal había sido más clara y añadió las zonas aparentemente limpias.

—Todavía nada. Solo quiero evitar que la palabra «vertido» nos haga imaginar una mancha que quizá nunca tuvo esa forma.

Uxía contempló el dibujo.

—¿Crees que no vino del mar?

Elena cerró el cuaderno.

—Creo que todavía no sabemos qué significa exactamente «vino del mar».

Una embarcación podía haber descargado fuera y la marea introducir después el residuo.

La descarga podía haber ocurrido dentro de la ensenada.

Una instalación costera podía haber aportado directamente la sustancia al agua.

Incluso era posible que estuvieran interpretando como un solo episodio observaciones realizadas en momentos distintos.

Antes de buscar una embarcación, una empresa o una persona, necesitaba algo más básico: reconstruir dónde había estado el daño cuando el mar ocupaba posiciones diferentes.

Uno de los entrantes empezaba ya a recibir agua por un canal que pocos minutos antes parecía casi seco.

—Vamos a la cofradía —dijo—. Quiero colocar todo esto sobre la marea antes de decidir dónde seguimos buscando.