La mentira de Lucía Interludio IV
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Interludio IV

Faltan veintitrés días.

Veintitrés mañanas mirando esa piedra. Veintitrés noches oyendo los pasos de un hombre que no duerme y de otro que camina dormido. Veinte años contando, y estos veintitrés días pesan más que todos los anteriores juntos.

La muchacha volvió de madrugada con olor a mar y a cigarrillo ajeno. Volvió distinta. Antes caminaba por esta casa como quien busca algo. Ahora camina como quien ya sabe dónde está.

Eso era lo que hacía falta. Que llegara sola. Que lo encontrara con sus manos, equivocándose, volviendo atrás, pagando por cada paso, porque lo que uno encuentra solo no se lo puede quitar nadie, y lo que te dan hecho te lo quita el primero que te lo discute.

Mañana va a hacer preguntas. Y alguien en esta casa va a tener que dejar de fingir.

No sé si sabré hacerlo. Hace tanto tiempo que finjo que ya no recuerdo bien dónde termina la mentira y dónde empiezo yo.