Apuntes históricos
APUNTES HISTÓRICOS
La mensajera es una novela acerca de una familia totalmente ficticia.
Las tres hermanas D ą browska son fruto de mi imaginación, pero espero que también sean representativas de todos aquellos varsovianos de carne y hueso que con tanto valor se sublevaron para ayudar al Ejército Rojo a recuperar su amada ciudad, y que fueron traicionados del peor modo posible.
A continuación hay varios apuntes para los que quieran conocer más detalles sobre el Levantamiento de Varsovia.
Polonia - Tierra de ocupación
La Resistencia polaca
Cuando empecé a documentarme acerca de los movimientos clandestinos polacos, esperaba encontrarme con algo parecido al maquis francés: grupos improvisados de insurgentes que trabajaban con valentía pero sin mucha coordinación (al menos hasta que De Gaulle organizó el movimiento Francia Libre).
Lo que descubrí, sin embargo, fue un Estado entero que operaba de manera clandestina.
Desde el momento en que Varsovia se vio obligada a rendirse, los elementos fundamentales del gobierno, así como de los sistemas judicial y social, empezaron a funcionar clandestinamente.
El consejo de ministros voló a Londres, desde donde siguió gobernando con pleno reconocimiento (igual que ocurrió con diversos países ocupados), proporcionando asesoramiento e instrucciones a los valientes líderes que seguían en Polonia.
Había una administración pública clandestina de alcance nacional, así como un sistema judicial con juzgados y sentencias para los delincuentes polacos, como una forma de demostrar que el país seguía siendo completamente operativo, aunque fuera en secreto.
Existía también un sistema educativo masivo que permitía a la juventud polaca —con grandes riesgos para los implicados— recibir educación después de que los ocupantes alemanes le hubieran negado con crueldad el acceso a las escuelas y las universidades.
Clases como las de Agaton, que se reflejan en la novela, eran algo cotidiano, con un numeroso grupo de valientes profesores que se alzaban para asegurarla continuidad del sistema educativo delante de las narices de los nazis.
Había también, por supuesto, un ejército liderado por muchos de los principales generales de Polonia y encabezado por Bór (nombre en clave del general Tadeusz Komorowski), y todo un sistema jerarquizado de comandantes.
Los muchos años de cruel ocupación padecidos por los polacos a lo largo de la historia habían solidificado su espíritu de resistencia, así como su habilidad para organizaría.
No se trataba de una coalición de grupos de guerrilleros, sino de una estructura nacional inadvertida por los nazis que reclutaba y entrenaba a sus miembros, a la espera de que llegara su oportunidad de luchar.
El Levantamiento de Varsovia fue esa oportunidad y, en mi opinión, de no ser por la falta de apoyo de los supuestos aliados de Polonia, debería haber culminado en una victoria extraordinaria.
La Minerki
La Minerki fue un grupo real de mujeres zapadoras liderado por Antonina Mijał, cuyo nombre en clave era Tosía, que llevó a cabo hazañas asombrosas tanto antes como durante el Levantamiento de Varsovia.
Tal como se refleja en la novela, fueron un elemento esencial para tomar tanto la torre Prudential el primer día, como la Central Telefónica (a la que los varsovianos llamaban «edificio PAST -a») el 20 de agosto.
También contribuyeron a abrir con cargas explosivas cientos de muros de bodegas para crear la ciudad subterránea que mantuvo con vida a tantos habitantes de Varsovia durante los terribles bombardeos de agosto y septiembre.
Las kanalarki
Aunque es también una designación real, se trata de un grupo menos definido que el de la Minerki, pues el término se acabó aplicando a todas aquellas valientes personas —en su mayor parte, jóvenes— que se desplazaban por las alcantarillas para trasladar mensajes y escoltar a los evacuados.
La idea de viajar a través de túneles por debajo de la ciudad puede parecer, en un primer momento, sacada de una aventura de la publicación Boys’Own , con el toque casi cómico que se atribuye siempre a las aguas residuales humanas, pero la realidad no tenía nada de divertido.
Si acudes al Museo del Levantamiento de Varsovia (un lugar asombroso que vale la pena visitar), encontrarás réplicas tanto de la alcantarilla ovalada más grande como de las secundarias, más pequeñas.
Por supuesto, están vacías, limpias e iluminadas, pero, incluso sin el espantoso añadido de la oscuridad, el torrente de aguas negras y el peligro de un ataque de los nazis, se trata de conductos claustrofóbicos en los que es imposible caminar erguido.
Hay historias desgarradoras sobre personas que perdieron la cordura o tuvieron terribles accidentes allí abajo, como consecuencia de los cuales sus cadáveres acabaron flotando junto con los demás residuos en los angostos conductos.
Los vapores eran insoportables y la cantidad de tiempo que tardaba la gente en recorrer distancias relativamente cortas da fe de lo complicado que era.
Siempre tuve claro que quería hacer bajar a Hana a las alcantarillas para reflejar el coraje de los cientos de kanalarki durante el Levantamiento y, con todo el dolor de mi corazón, también me pareció importante que recibiera una herida, como les sucedió a muchas de ellas.
Los Scouts
Los Scouts aparecen mencionados varias veces en el contexto de la instrucción de jóvenes miembros del AK y, aunque no tenía espacio en la novela para entrar en detalles, se trata de un rasgo esencial del Armia Krajowa (Ejército Nacional).
En 1908 Baden-Powell fundó el escultismo en Gran Bretaña, un movimiento que no tardó en propagarse por toda Europa y en concreto en Polonia, donde fue abrazado con entusiasmo.
Dada la amenaza constante de los enemigos a ambos lados del país, el movimiento en dicho país tenía un inevitable matiz militar y los Scouts estuvieron involucrados en tareas auxiliares en todos los principales conflictos a partir de 1919.
Gran parte de la instrucción, para ambos sexos, estaba orientada al combate, y cuando la primera ciudad polaca de Poznan fue invadida el 10 de septiembre de 1939, un gran contingente de scouts la abandonó con el ejército que se batía en retirada y recorrió los veintisiete kilómetros que la separan de Varsovia para unirse a las fuerzas de la resistencia.
El 27 de septiembre, el día de la creación oficial del movimiento clandestino (un día antes de la rendición ante los alemanes), los Scouts se pusieron a disposición del ejército clandestino.
Sus miembros llevaban uniforme gris y por ello, durante la guerra, se los conocía como Szare Szeregi («Tropas grises»), lo cual les permitía firmar octavillas de propaganda y mensajes como SS , en una irónica maniobra de despiste hacia la policía secreta de sus ocupantes.
Los Scouts fueron una fuerza significativa durante el Levantamiento y muchos de ellos, algunos de incluso doce años, perdieron la vida o extremidades a manos de los nazis.
PW
El símbolo « PW », pintado en los muros por chicos como Jacob, constituyó una importante señal de desafío durante la ocupación y apareció por primera vez durante la masacre de Wawer, una de las primeras masacres a gran escala de civiles polacos por parte de las tropas alemanas, que tuvo lugar el 26 y 27 de diciembre de 1940.
En un principio, las iniciales PW respondían a Pom ś cim y Wawer —«Vengaremos a Wawer»— y los scouts pintaban la frase entera en las paredes, pero enseguida se abrevió a PW .
A comienzos de 1942, el AK organizó un concurso para diseñar un emblema y la ganadora fue Anna Smole ń ska, una scout que combinó las letras P y W para formar una Kotwica —«ancla»—, y ese fue el diseño que se utilizó de manera generalizada a partir de entonces.
Con el tiempo, las iniciales PW de la Kotwica acabaron haciendo referencia también a Polska Walcz ą ca —«Lucha por Polonia»— y más adelante a Powstanie Warszawskie —«Levantamiento de Varsovia»—.
Espero que historias como esta recuerden al mundo adonde pueden llevarnos, en tanto que sociedad, el odio y el nacionalismo extremista, y que nos inspiren a todos a aceptarnos unos a otros de una manera más pacífica y amistosa.
Hora W
En aras de la simplicidad del relato, no he descrito los complejos detalles de las horas previas a la hora W.
Es cierto que Bór dio la orden de sublevarse a las cinco de la tarde del 31 de julio, pero el mandato tenía que pasar antes por Monter, el nombre en clave del coronel Antoni Chru ś ciel, el comandante de Varsovia al que, por desgracia y falta de espacio, no he podido incluir en la novela.
Como resultado, la orden no pudo difundirse hasta las siete de la tarde, una hora antes del toque de queda, lo que dificultaba a los mensajeros su distribución hasta la mañana siguiente.
En consecuencia, muchos comandantes del AK no la recibieron hasta horas antes de tener que reunir a sus tropas, algo que no era sencillo en una ciudad ocupada en la que los nazis se olían que algo sucedía.
Se estima que hasta el cuarenta por ciento de los miembros del AK no se encontraban en posición para la hora W, y en parte ese es el motivo de que no se tomara el control de diversos baluartes clave, como el palacio Brühl y las estaciones de tren.
Otro motivo es que, aunque todos hubieran estado donde debían, la verdad era que el AK no tenía suficientes efectivos —ni, sin lugar a dudas, suficiente potencia de fuego— para tomar esos enclaves tan bien defendidos, algo que tal vez los altos mandos deberían haber tenido en cuenta.