Capítulo XXXIV — La médium y la reina
Capítulo XXXIV
La médium y la reina
Agatha encontró a Eleonora entre dos incendios.
No vio una reina.
Vio a su madre.
Y odió que eso todavía significara algo.
—Ian está muerto.
Eleonora inclinó la cabeza.
—Los humanos mueren.
La frase rompió lo último que Agatha estaba intentando proteger.
—Oriana también.
—No sé quién es.
Agatha dejó de temblar.
—Claro que no.
La magia respondió.
Esta vez Agatha no la empujó.
La escuchó.
Como Aeron le había enseñado.
No fuerza.
Control.
Eleonora atacó primero.
· · ·
La pelea no tuvo belleza.
Agatha cayó. Sangró. Se levantó.
Eleonora era más rápida porque llevaba una vida utilizando poder que Agatha todavía estaba aprendiendo a nombrar.
Agatha era más fuerte porque aquello dentro de ella no había sido diseñado para obedecer a una reina.
Una descarga rompió una torre.
Otra abrió el suelo.
Eleonora apareció detrás de Agatha y la golpeó con el codo antes de que pudiera girarse.
Agatha respondió con la cabeza.
El impacto hizo sangrar la nariz de ambas.
Eleonora rió.
—Eso sí lo heredaste de mí.
—Prefiero pensar que es de papá.
La sonrisa desapareció.
· · ·
Astrid llegó cuando Agatha consiguió derribarla.
Eleonora quedó de rodillas.
Agatha formó la hoja de luz en su mano.
Una vez.
Un golpe.
Un solo golpe podía terminarlo.
Eleonora levantó el rostro.
No parecía reina.
Parecía la mujer que alguna vez había sostenido a una niña en brazos.
Agatha dudó.
Un latido.
Fue suficiente.
Eleonora sonrió y levantó la mano.
La magia no llegó a salir.
Una espada atravesó su pecho desde atrás.
Eleonora abrió los ojos.
Astrid sostuvo la empuñadura.
El golpe no tuvo honor.
—Yo también fui tu hija —dijo Astrid.
Y retiró la espada.
Eleonora cayó.