LA MÉDIUM II Capítulo XXXV — La herida en el cielo
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Capítulo XXXV — La herida en el cielo

Capítulo XXXV

La herida en el cielo

El silencio duró menos de un segundo antes de que el cielo se abriera.

No apareció un portal.

El cielo se rasgó.

Una línea negra cruzó las nubes y se ensanchó con un sonido que Agatha sintió dentro de los dientes.

—No —susurró.

Conocía aquellas garras.

Las había visto arañando la prisión.

Una mano enorme salió de la oscuridad.

No buscó a Agatha.

Buscó a Eleonora.

La reina gritó de miedo.

—¡NO!

Las garras cerraron alrededor de su cuerpo.

Agatha avanzó por reflejo.

Astrid la agarró.

—¡No!

Eleonora clavó los dedos en la piedra.

—Agatha.

No fue una orden.

Fue una súplica.

Agatha no llegó hasta ella.

La oscuridad tiró.

Eleonora desapareció dentro del cielo.

La grieta quedó abierta.

· · ·

Las criaturas de Eleonora comenzaron a huir.

Los Fae enemigos dejaron caer armas.

Pero nadie celebró.

Porque la abertura seguía creciendo.

Agatha sintió una pulsación bajo el pecho.

No su corazón.

Otro.

Aeron.

Levantó la cabeza.

—Está aquí.

Astrid siguió su mirada.

—¿Quién?

Aeron se abrió paso hasta la muralla rota.

Aeron.

Cubierto de polvo, sangre seca y marcas negras que Agatha no reconocía.

Rae llegó a su lado.

Y cuando volvió a ver el cuerpo de Oriana, dejó de caminar. Ya la había sostenido hasta que dejó de respirar; aun así, verla allí otra vez le vació el cuerpo desde dentro.

Agatha nunca olvidaría el rostro que puso.

No hubo broma.

No hubo palabra.

Aeron cerró los ojos.

Después miró a Agatha.

—Encontramos el ancla.

La grieta rugió.

—Y tenemos un problema.

TRAS EL VELO

Aeron no le dio tiempo para preguntar.

Clavó ambas manos contra la piedra.

La protección apareció alrededor de los supervivientes como una cúpula negra atravesada por vetas doradas.

Agatha chocó contra ella.

—¡AERON!

La barrera no cedió.

Astrid golpeó a su lado.

Alaric, Snow, humanos y Fae quedaron encerrados dentro.

Snow fue la primera en dejar de golpear la barrera.

Ya estaba contando heridos, buscando agua y convirtiendo otra catástrofe en tareas que alguien pudiera resolver.

Rae había quedado fuera, junto a Aeron.

Agatha entendió demasiado tarde.

—No.

Aeron levantó la mirada hacia ella.

—Lo siento.

—¡NO TE ATREVAS!

—Agatha.

—¡Dijiste que no volverías a decidir por mí!

El dolor atravesó el rostro de Aeron.

—No estoy decidiendo por ti.

Puso una mano sobre su propio pecho.

—Estoy decidiendo por mí.

· · ·

Rae miró la barrera.

Dio un paso y atravesó la barrera solo con la mano.

Aeron lo vio.

—Puedes cruzar.

Rae retiró la mano.

Miró el lugar donde yacía Oriana.

Después a Astrid.

Ella estaba al otro lado de la barrera.

—Rae —dijo Astrid.

Él sonrió apenas.

—Ya lo sé.

—Entonces ven.

Rae miró a Aeron y luego la grieta.

—Toda mi vida alguien decidió que yo era menos porque no tenía magia.

Una luz azul recorrió sus venas.

—Resulta que pasarme la vida siendo el defecto de todos tiene ventajas.

—Rae.

La voz de Astrid se quebró.

—No hagas que esto parezca una despedida.

Decirlo lo destruyó un poco.

Rae se quedó junto a Aeron.

· · ·

La mano oscura descendió del cielo, tanteando en busca de algo.

Aeron abrió el vínculo.

Agatha sintió cómo algo dentro de su pecho era arrastrado hacia él.

—¿Qué estás haciendo?

Comprendió la pista: el ritual de sangre y magia compartida que había salvado su vida.

La sangre.

Aeron podía parecerse a ella para algo que estuviera buscando su rastro.

—¡AERON, CIÉRRALO!

Él negó.

—Si te encuentra a ti, termina todo.

—¡ME DA IGUAL!

—A mí no.

La mano se detuvo.

Los dedos giraron hacia Aeron.

—Eso es —dijo.

Agatha golpeó la barrera con toda su magia.

—Aquí.

Médium y Ancla; Agatha comenzó a romper el entramado.

Las garras cerraron alrededor de Aeron.

Rae agarró su brazo.

—¡RAE, SUÉLTALO! —gritó Astrid.

Rae se volvió hacia ella por última vez.

—No.

Agatha golpeó la barrera.

—¡AERON!

Él sostuvo su mirada.

—Te amo.

Agatha abrió la boca, pero ya era tarde.

La oscuridad tiró de Aeron.

Aeron apoyó una mano contra la barrera. Agatha puso la suya frente a la de él. La magia los separaba por el ancho de un suspiro.

—No te despidas de mí —dijo Agatha.

—No lo estoy haciendo.

—Te amo —dijo Aeron.

Agatha negó.

—No.

—Te amo, Saekir.

El nombre la atravesó. Saekir.

—Aeron…

—Voy a buscar la forma de volver a ti, aunque no hayas conseguido perdonarme y cuando vuelva sigas furiosa conmigo.

Agatha lloró.

—Lo estoy.

—Lo sé.

—Y odio cuando dices eso.

—También lo sé.

Agatha soltó una risa rota. Incluso aquello seguía siendo ellos.

Aeron presionó la palma contra la barrera.

—Mientras siga vivo, voy a buscar el camino de regreso a ti.

—Promételo.

—Te prometo que mientras siga vivo voy a luchar por volver.

Las garras ya se cerraban sobre Aeron.

—Yo…

La oscuridad tiró de ambos. Aeron no gritó. Miró a Agatha hasta el último instante y desapareció con Rae.

La barrera se rompió.

Agatha cayó hacia delante.

La grieta del cielo se cerró antes de que pudiera alcanzarla.

—¡AERON!

Nada.

El Velo regresó como un golpe.

Una pared invisible atravesando el mundo.

Agatha cayó de rodillas.

Astrid llegó hasta ella.

—No.

Agatha buscó el segundo corazón.

No estaba.

Esperó.

Nada.

—No.

No había llegado a decírselo.

No dudaba de lo que sentía; lo insoportable era no saber si Aeron se había ido sabiéndolo.

Entonces llegó una pulsación.

Tan débil que pudo haber sido memoria.

Un tirón pequeño bajo las costillas.

Y desapareció.

Agatha cerró los dedos sobre el lugar donde había sentido aquel pulso.

—Encuentra el camino —susurró.

—Yo también voy a buscarte.

Agatha levantó la cabeza.

No sabía si Aeron estaba vivo.

Pero tampoco sabía que estuviera muerto.

Eso tendría que bastar.

Por ahora.

· · ·

Oscuridad.

Aeron despertó boca abajo sobre una superficie que respiraba.

Tardó varios segundos en recordar cómo mover las manos.

—He tenido despertares mejores.

Rae.

Aeron giró la cabeza.

El Fae estaba tendido a pocos metros, vivo, cubierto de una sustancia negra que ambos decidieron no examinar demasiado.

—Sigues hablando.

—Es una condición crónica.

Aeron intentó ponerse de pie.

El mundo alrededor de ellos no tenía cielo.

No realmente.

Una oscuridad infinita se extendía sobre ruinas imposibles. A lo lejos algo enorme se movió detrás de una membrana de luz.

Rae dejó de bromear.

—Dime que eso no es Araxtray.

Una voz respondió desde todas partes.

—Ese nombre es mío.

El alivio duró medio segundo.

—Pero nunca comprendieron todo lo que contenía.

Dos ojos se abrieron en la oscuridad.

Aeron sintió cómo la criatura buscaba dentro de él.

La sangre de Agatha.

El hilo.

La certeza.

La voz volvió a hablar.

—Ella vendrá.

Aeron no respondió.

No hacía falta.

Araxtray pareció sonreír sin boca.

—Entonces la esperaré.