LA MÉDIUM II Capítulo XXX — La distancia correcta
93%

Capítulo XXX — La distancia correcta

Capítulo XXX

La distancia correcta

Agatha tardó un día entero en comprender que estaba preparada para perdonar a Aeron.

No porque hubiera olvidado a Astrid. No porque la muerte pudiera justificarse.

No porque el amor convirtiera una atrocidad en un error pequeño.

Precisamente por lo contrario. Podía mirar lo que había hecho sin apartar los ojos.

Podía amarlo sin mentirse. Y empezaba a creer que perdonar no significaba absolverlo, sino dejar de permitir que aquella espada decidiera también todo lo que vendría después.

Lo buscó.

Encontró una habitación vacía. Una cama sin usar. Y una nota.

Agatha supo que iba a enfadarse antes de abrirla.

Encontramos una pista. Voy a rastrearla con los míos. No sabemos adónde conduce ni cuánto tardaremos. No nos sigáis. —A.

Agatha leyó la última frase tres veces.

—Hijo de puta.

Astrid apareció en la puerta.

—¿Qué hizo?

Agatha le entregó la nota.

Astrid terminó de leer.

—Puedo golpearlo cuando vuelva.

—Ponte en la fila.

Pero debajo de la rabia había miedo.

Porque Aeron había aprendido a no decidir por ella.

Y aun así se había marchado sin permitirle decidir si quería despedirse.

· · ·

Aeron, Rae y Oriana encontraron las primeras señales antes del anochecer.

No eran del Velo. Eran huellas. Miles. Un ejército avanzando hacia la fortaleza.

Oriana se agachó junto a una marca hundida en el barro.

—Criaturas.

Rae miró el horizonte.

—¿De Thaelorian?

Aeron ya sabía la respuesta.

—No.

La magia en el aire tenía un sabor que recordaba demasiado bien.

Eleonora.

Oriana se puso de pie.

—Volvemos.

Aeron negó.

—Tú vuelves.

—No.

—Oriana.

—No me des órdenes como si eso siguiera funcionando.

Rae miró entre ambos.

—Por una vez estoy de acuerdo con ella, lo cual me resulta ofensivo.

Aeron señaló las montañas.

—Si los tres regresamos, perdemos la única oportunidad de descubrir dónde está el punto débil del Velo antes de que Eleonora llegue. Si nadie avisa, la fortaleza cae sin preparación.

Oriana entendió primero.

—Quieres que yo regrese.

—Eres más rápida.

—Y tú seguirás con él.

Rae arqueó una ceja.

—Gracias por el entusiasmo.

Oriana miró a Aeron.

—No hagas nada heroico.

—Nunca.

—Mentiroso.

Lo abrazó.

Aeron se quedó inmóvil medio segundo antes de devolverle el abrazo.

Después Oriana abrazó a Rae.

Él intentó bromear.

—Esto parece una despedida y odio las despedidas.

—Entonces no la conviertas en una.

Oriana le dio un golpe suave en el pecho.

—Te veo después.

Rae sonrió.

—Después.