LA MÉDIUM II Capítulo XXIX — Lo que queda del amor
92%

Capítulo XXIX — Lo que queda del amor

Capítulo XXIX

Lo que queda del amor

Ian encontró a Agatha en una terraza al día siguiente.

—Tenemos una conversación pendiente desde hace aproximadamente una vida.

—Eso suena agotador.

—Podemos empezar con una pregunta sencilla.

—Peligroso.

Ian apoyó los brazos sobre la baranda.

—¿Me amaste?

Agatha dudó antes de responder.

Ahora sabía que una respuesta verdadera podía contener más de una cosa.

—Sí.

Ian cerró los ojos.

—Bien.

—Pero también amé lo que imaginaba que tú podías darme.

—Libertad.

—Elección.

—Yo tampoco fui especialmente justo contigo.

Agatha lo miró de lado.

—Te acostaste con mi hermana.

—Había pensado formularlo de manera más elegante.

—No veo por qué.

Ian se rió.

Y por primera vez hablar de aquello no abrió una herida.

· · ·

El beso ocurrió porque ambos necesitaban saber.

No fue dramático.

Agatha entendió. Ninguno fingió no hacerlo.

—Esto puede ser una idea terrible —dijo él.

—Nuestras mejores decisiones suelen empezar así.

Se besaron.

Fue cálido y familiar.

Pero el beso estaba absolutamente equivocado.

Agatha se apartó primero.

Ian la miró.

—Ah.

—Sí.

—Nada.

—No seas cruel. Había cariño.

—Eso es exactamente lo que un hombre quiere escuchar después de besar a una mujer.

Agatha empezó a reír.

Ian también.

Intentaron acercarse una vez más, más por terquedad que por deseo. El resultado fue peor.

—Tu codo está en un lugar extraño —dijo Ian.

—Porque estás ocupando demasiado espacio.

—Siempre ocupé este espacio.

—Entonces ahora me molesta.

Se separaron entre risas.

El silencio que siguió ya no dolió.

Ian le besó la frente.

—Te quiero.

Agatha cerró los ojos.

—Yo también.

Y esta vez ninguno necesitó convertir aquellas palabras en otra cosa.

· · ·

Aeron había visto el primer beso.

No el segundo intento torpe. No las risas. No la frente de Agatha contra el hombro de Ian mientras ambos aceptaban aquello que ya no existía.

Solo el beso.

Fue suficiente.

No entró.

No convirtió su dolor en una orden.

Retrocedió antes de que Agatha pudiera verlo.

Rae lo encontró en el corredor.

—Tienes la cara de alguien que acaba de tomar una decisión estúpida.

—Necesito que vengas conmigo.

Rae dejó de sonreír.

—Confirmado.

Aeron le explicó la pista de Araxtray, la posibilidad de rastrear las antiguas anclas del Velo y lo poco que sabían.

No le habló del beso.

Rae lo miró durante demasiado tiempo.

—¿Ella sabe lo que piensas hacer?

—No.

—Aeron.

—No voy a decidir por ella.

—Eso suena sospechosamente a algo que dices justo antes de decidir por todo el mundo.

Aeron apretó la mandíbula.

—Esta vez estoy decidiendo por mí.