Capítulo XXVII — Lo que el velo encierra
Capítulo XXVII
Lo que el velo encierra
Agatha no consiguió dormir.
Cada vez que cerraba los ojos veía garras arañando una oscuridad que no era piedra. Después veía a Eleonora más joven, el cabello negro pegado al rostro, llorando sobre un hombre al que la memoria se negaba a darle nombre.
Araxtray.
El nombre había quedado dentro de ella como una astilla.
Aeron permanecía sentado al otro lado de la mesa. No la vigilaba. Eso era lo que habría hecho antes. Ahora esperaba a que ella hablara.
—Dilo —murmuró Agatha.
—¿Qué cosa?
—Que quieres decirme que no vuelva a entrar en una de esas cámaras.
Aeron apoyó los antebrazos sobre las rodillas.
—Quiero decir muchas cosas.
—Sorprendente.
—Pero ninguna cambia lo que ya viste.
Él parecía cansado, aunque no por las heridas del río.
—¿Sabías lo que era el Velo?
—No.
Agatha le creyó.
—Pero sabías más de Eleonora que yo.
—Sí.
—Entonces empieza por ahí.
· · ·
Thaelorian los recibió en una sala sin guardias. Astrid entró con Rae y Snow. Las fieras ocuparon la puerta como si hubieran decidido que ninguna corona volvería a cerrarla detrás de ellas.
El rey Fae dejó sobre la mesa tres cuadernos envueltos en cuero viejo.
—Eran de mi hijo.
Agatha sintió que la imagen de la cámara regresaba.
—El hombre que vi.
Thaelorian no respondió de inmediato.
—Braen.
El nombre cambió su rostro más que cualquier amenaza.
—Mi hijo. Hermano de Eleonora.
Astrid miró los cuadernos.
—¿Ella lo mató?
Thaelorian cerró los ojos apenas un instante.
—Yo le enseñé a mi hija que una corona sobrevivía tomando decisiones que otros no podían soportar. Durante años me convencí de que lo que hizo después no tenía nada que ver conmigo.
Rae no bromeó.
—¿Y ahora?
—Ahora tengo nietas.
La mirada de Thaelorian pasó primero por Agatha y después por Astrid.
—Y empiezo a comprender la clase de monstruo que puede esconderse dentro de la palabra «necesario».
Aeron no se movió.
Agatha sintió el golpe llegarle de todos modos.
Thaelorian también lo vio.
—Tú lo comprendes —dijo al Fae.
Aeron sostuvo su mirada.
—Demasiado bien.
· · ·
Los registros no daban respuestas completas. Daban fechas. Nombres. Fragmentos. Braen había investigado a las Médium antes de morir. No como sacerdotes que estudian una profecía, sino como alguien que sospechaba que la profecía había sido manipulada.
Una línea aparecía repetida en tres cuadernos:
El ciclo no termina. Alguien lo termina.
Agatha pasó el dedo por la tinta.
—Yo soy la última.
—Eso parece —dijo Thaelorian.
—No parece.
Astrid habló desde detrás de ella.
—Mayara ya sabía que algo había cambiado.
Agatha asintió. Médium. Ancla. El poder que Mayara había dejado dentro de Astrid. Piezas colocadas contra un plan mucho más antiguo que cualquiera de ellas.
Snow abrió otro registro.
—Aquí menciona una prisión.
Todos levantaron la cabeza.
Aeron llegó primero hasta ella.
Snow señaló una frase medio borrada.
No contiene un ejército. Contiene a uno.
Agatha sintió frío.
—Araxtray.
Las luces de la habitación vacilaron.
Rae miró el techo.
—Me gustaría que los nombres antiguos dejaran de reaccionar cuando los pronunciamos.
Thaelorian cerró el cuaderno.
—Si Eleonora utilizó a esa criatura para alterar el ciclo y después la encerró, entonces no estamos intentando impedir que atraviese una frontera.
Aeron terminó:
—Estamos intentando impedir una fuga.
Agatha miró hacia la ventana. A lo lejos el Velo no podía verse. Eso no ayudaba.