Capítulo XIII — Aquello que la magia recuerda #5
—Agatha es una aberración contra la naturaleza.
La madera crujió bajo los dedos de Aeron.
—No habléis de ella como si fuera una criatura que acabáis de descubrir en un libro prohibido. Yo sé quién es.
—Sabes quién era para ti —replicó el anciano.
—La vi en Valdoren cuando no tenía nada que ganar.
La vi ayudar a personas cuyos nombres ni siquiera conocía, ponerse entre el peligro y quienes no podían defenderse y mediar por lo que consideraba justo aunque eso la enfrentara a los suyos.
No necesitaba recuerdos, una corona ni mi aprobación para hacerlo.
Aeron recorrió con la mirada cada rostro del consejo.
—Vosotros juzgáis su magia. Yo he visto sus decisiones. La magia puede ser alterada, robada o corrompida. Lo que una persona elige cuando nadie puede recompensarla revela su esencia. Y la esencia de Agatha no es una aberración.
—No pertenece por completo a ningún mundo —continuó el hombre—. Su magia no obedece las leyes humanas ni las nuestras. Puede percibir lo que fue arrancado, tocar recuerdos que no le pertenecen y absorber fuerzas que deberían destruirla.
—No absorbe magia.
—Todavía.
Silencio.
—Hoy perdió el control por una provocación —añadió la anciana—. ¿Qué ocurrirá cuando recupere todo su poder? ¿Cuando recuerde quién es? ¿Cuántos de nosotros tendrán que morir para que admitas que el rey quizá siempre tuvo razón?
—Hoy fue provocada delante de todos con fragmentos de una vida que le habéis ocultado, después de que Aurora utilizara su pasado para humillarla. Y aun así pude detenerla.
—Esta vez.
—Precisamente por eso la entreno. El control no nace del miedo, del aislamiento ni de mantener a alguien indefenso. Nace del conocimiento. Si le quitamos la oportunidad de comprender lo que lleva dentro, no estaremos protegiendo Vhaelor. Estaremos fabricando el desastre que decís temer.
—¿Y debemos confiar en tu juicio?
—No. Debéis confiar en los hechos. Agatha ha tenido oportunidades de dañar a esta comunidad y no lo ha hecho.
Ha curado a los nuestros. Ha protegido a nuestros niños.
Ha entregado fuerza cuando habría podido guardársela.
El rey os ofreció una sentencia antes de conocerla.
Yo os estoy hablando de la mujer que vive entre vosotros.
Aeron miró uno a uno a los miembros del consejo.
—¿Qué proponéis?
Nadie respondió.
No porque ignoraran la respuesta. Porque ninguno quería ser el primero en pronunciarla.
Finalmente, el anciano dijo:
—Deja de entrenarla.
—No.
—Limita su acceso a la comunidad.
—No.
—Aléjala de los niños.
La temperatura descendió otro grado.
—Elegid con mucho cuidado vuestra siguiente frase.
La anciana no retrocedió.
—Todo habría terminado si no la hubieras salvado aquel día.
Aeron quedó inmóvil.
El corazón de Agatha detenido entre sus brazos.
La sangre cubriéndole las manos.
El instante exacto en que había sabido que salvarla podía condenar todo lo demás.
Y la certeza de que volvería a hacerlo.
Una vez.
Mil.
Todas las necesarias.
—Repite eso —dijo.
La anciana palideció.
—Aeron…
—Repite que debí dejarla morir.
Nadie lo hizo.
Tharion habló finalmente:
—No te han llamado aquí para amenazarte.
—No.
Aeron se enderezó.
—Me habéis llamado para averiguar a quién elegiría si llegaba el momento.
El silencio respondió por ellos.
—Ella no te recuerda —dijo el anciano—. Quizá te odie cuando lo haga.
El golpe encontró su destino.
Aeron no permitió que se notara.
—Eso no cambia nada.
—Estás dispuesto a poner en riesgo Vhaelor por una mujer que podría destruirte.
—Estoy dispuesto a dejar mi lugar al mando si conservarlo exige entregárosla.
La inmovilidad del consejo se quebró.
Tharion se puso de pie.
—Mide lo que estás diciendo.
—Lo he medido durante demasiado tiempo. Mi cargo no vale su vida. Si queréis mi puesto, tomadlo. Pero no confundáis mi renuncia con permiso para tocarla.
El anciano endureció el rostro.
—Sin el mando, no tendrás autoridad para impedir una decisión del consejo.
—No necesitaré autoridad.
Aeron se enderezó despacio.
—Tendré mi cuerpo, mi magia y a cada hombre y mujer que todavía sea leal a aquello por lo que levantamos este refugio. No todos los que me siguen obedecen a una silla ni a este consejo. Muchos recuerdan quién estuvo a su lado cuando el rey los llamó traidores.
La verdad de aquellas palabras recorrió la mesa.
Si Aeron abandonaba el mando, no saldría solo.
—Nadie podrá tocarla —continuó—. Quien se atreva tendrá que pasar sobre mí y sobre los míos.
La magia de Aeron recorrió la habitación.
No estalló.
No lo necesitaba.
Se deslizó por las paredes como humo antes de un incendio. Las luces se apagaron una a una hasta que solo quedó la que ardía sobre la mesa.
Aeron miró al consejo desde la oscuridad.
—Tocadla —dijo—. Intentad terminar lo que creéis que yo debí permitir aquel día.
Nadie respiró.
—Y si conseguís pasar sobre nosotros, os prometo que no quedará corte, refugio ni reino que no haga arder hasta encontrar al responsable.
No levantó la voz.
No hizo falta.
Los ancianos querían saber si Aeron elegiría el mando de Vhaelor o a Agatha cuando llegara el momento.
Ya tenían su respuesta.