LA MÉDIUM II Capítulo VIII — La vida que escoges #2
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Capítulo VIII — La vida que escoges #2

—Me gusta.

—Eso no cambia que te estafaron.

—Entonces fui estafada voluntariamente.

—Así empiezan muchas malas decisiones.

—¿Hablas por experiencia?

—Siempre.

Saekir iba a responder cuando alguien chocó contra ella. Una mano la sujetó del brazo antes de que perdiera el equilibrio.

—Cuidado.

El Fae era alto, de cabello oscuro recogido detrás y una cicatriz fina atravesándole una ceja. Vestía una camisa de lino oscuro con las mangas recogidas, pantalones de viaje y botas cubiertas por el polvo del mercado. La soltó en cuanto recuperó el equilibrio.

—Perdón.

—Estoy bien.

Él miró la bolsa que casi había caído.

—Aunque esa fruta no habría sobrevivido.

—Acabo de pagar demasiado por ella, aparentemente.

El Fae sonrió.

—Entonces habría sido una tragedia.

Oriana apareció junto a Saekir.

—No le hagas caso. No sabe negociar.

—Sé negociar.

—Pagaste el primer precio.

El desconocido hizo una mueca.

—Eso sí es grave.

Saekir lo miró.

—¿También tú?

—Solo intento ayudarte.

—No necesito ayuda.

—Eso ya lo veo.

Sonrió. La observaba abiertamente y, curiosamente, a Saekir no le molestó.

—No te había visto antes —dijo el desconocido.

—Eso ocurre cuando no conoces a alguien.

El Fae rió. Oriana se tapó la boca.

—Kael —se presentó él.

—Saekir.

—Lo sé.

—¿Cómo?

Kael señaló discretamente hacia Oriana.

—Viajas con ella.

Oriana se llevó una mano al pecho.

—Mi fama me precede.

—Tu reputación.

—Mucho mejor.

Kael volvió hacia Saekir.

—¿Primera vez en la ciudad?

—¿Es tan evidente?

—Has mirado unas astas durante tanto tiempo que pensé que ibas a pedir tocarlas.

Saekir sintió calor en el rostro.

—No iba a tocarlas.

—Eso es bueno.

—¿Por qué?

—Depende de las astas.

Saekir giró hacia Oriana.

Oriana estaba disfrutando demasiado.

—No preguntes.

—Ahora tengo que preguntar.

Kael sonrió.

—Definitivamente eres nueva.

—Eso ya lo establecimos.

—Podría enseñarte algunos lugares.

Saekir comprendió la intención antes de que Oriana tuviera que explicársela.

—¿Estás coqueteando conmigo?

Kael parpadeó y después rió.

—Intentaba ser más sutil.

—No funcionó.

—Lo tendré en cuenta.

Saekir lo estudió. No había recuerdos que perseguir ni expectativas ajenas en aquella conversación. Kael estaba interesado en la persona que tenía delante.

—Tal vez otro día.

La sonrisa de Kael aumentó.

—Eso no fue un no.

—Tampoco fue un sí.

—Me sirve.

—Tienes estándares bajos.

—Flexibles.

Oriana soltó una carcajada y, de pronto, dejó de mirar a Kael.

Miraba detrás de Saekir.

Saekir giró.

Aeron estaba al otro lado de la calle.

Por supuesto.

Llevaba una bolsa sobre un hombro y hablaba con otro Fae, aunque ya no parecía escucharlo. Miraba hacia ellos.

No. Hacia Kael.

—¿Mañana? —preguntó Kael.

Saekir abrió la boca.

—Tiene entrenamiento —dijo Aeron.

Saekir cerró los ojos.

Naturalmente.

Cuando volvió a abrirlos, Aeron ya se acercaba.

—No recuerdo haberte preguntado —dijo Saekir.

—No lo hiciste.

—Entonces estamos de acuerdo.

Kael miró a Aeron.

—Aeron.

—Kael.

Saekir miró a uno y después al otro.

—¿Se conocen?

—Lamentablemente —respondieron ambos.

Oriana soltó una carcajada.

Kael volvió hacia Saekir.

—Mañana entonces.

—Entrena mañana —repitió Aeron.

Saekir giró lentamente hacia él.

—Aeron. ¿Quién decide qué hago después de entrenar?

Aeron la miró.

—Tú.

—Excelente.

Saekir volvió hacia Kael.

—Mañana.

Kael sonrió.

—Mañana.

Se alejó.

Saekir esperó hasta que desapareció entre la gente y miró a Aeron.

—¿Qué?

—Nada.

Saekir sonrió lentamente.

—Empiezo a pensar que esa palabra significa algo completamente diferente cuando la dices tú.

—No significa nada.

—Perfecto.

Aeron miró hacia donde Kael había desaparecido.

—No sabes quién es.

—Tampoco sabía quién eras tú.

Oriana hizo un pequeño ruido y levantó las manos.

—Yo no estoy aquí.

Aeron volvió hacia Saekir.

—Kael tiene reputación.

—¿De qué?

—No importa.

—Entonces, ¿por qué lo mencionas?

Aeron tensó la mandíbula.

—Solo ten cuidado.

Saekir lo contempló unos segundos.

—Qué curioso.

—¿Qué?

—Hace unos días me explicaste que para los Fae el sexo no tiene por qué tener sentimentalismo. Que dos personas pueden acostarse, disfrutarlo y seguir adelante.

Oriana giró la cabeza muy lentamente hacia Aeron.

Saekir continuó:

—Estoy intentando aprender las costumbres locales.

—No tiene nada que ver con eso —dijo Aeron.

—¿No?

—No.

—Perfecto. Entonces no tenemos ningún problema.

Pasó junto a él.

Oriana la siguió.

Habían avanzado varios metros cuando escucharon:

—Mañana. Temprano.

Saekir continuó caminando.

—¡Llegaré exactamente a la hora que dijiste!

—¡Eso sigue siendo tarde!

Saekir levantó una mano sin girarse.

Oriana esperó unos pasos.

—No voy a decir nada.

—Gracias.

—Absolutamente nada.

—Oriana.

—Ni una palabra sobre la cara de Aeron.

Saekir se detuvo.

—¿Qué cara?

Oriana sonrió.

—No.

—Tú preguntaste —dijo Oriana.

—Retiro la pregunta.

—Demasiado tarde.

Saekir volvió a caminar.

—No me interesa. Puede hacer las caras que quiera.

—Por supuesto.

—Fue solo sexo.

Oriana dejó escapar una carcajada.

—Eres insoportable.

—Y tú acabas de tener tu primera tarde normal en Aetheryn.

Saekir estuvo a punto de responder, pero se detuvo.

Miró alrededor. La música. Las luces. La gente. La bolsa absurda en su mano. La pulsera por la que había pagado demasiado. Un Fae acababa de coquetear con ella. Aeron se había comportado como un idiota. Oriana se estaba riendo de ambos.

Nada había explotado. Nadie le había pedido respuestas. Nadie había intentado decirle qué debía sentir.

Saekir sonrió.

—Supongo que sí.

Oriana enganchó su brazo con el suyo.

—Vamos.

—¿Adónde?

—A beber.

Saekir se detuvo.

—No.

—Una.

—La última vez dijiste una.

—Esta vez lo digo con más sinceridad.

—Eso no significa absolutamente nada viniendo de ti.

Oriana tiró de ella.

Saekir se rió y la siguió.

Por encima de Aetheryn comenzaban a encenderse cientos de luces.

Aquella mañana la ciudad no significaba nada para ella. Ahora llevaba una bolsa con frutas cuyos nombres todavía pronunciaba mal, una pulsera por la que aparentemente había pagado una cantidad ofensiva y un libro que apenas podía leer.

Había conocido a Kael. Había discutido con Aeron. Oriana intentaba convencerla de beber de nuevo. Y tenía los pies destrozados.

Saekir sonrió.

Había sido un buen día. Uno suyo.

Eso era lo extraño.

No había necesitado recordar nada para disfrutarlo. No había tenido que preguntarse qué se suponía que debía sentir. Simplemente había ocurrido.

—¿Vienes? —preguntó Oriana.

—Dijiste una bebida.

—Una primera bebida.

—Eso no fue lo que dijiste.

—Pero fue lo que quise decir.

Saekir negó con la cabeza.

—Algún día voy a aprender a decirte que no.

Oriana sonrió.

—Espero no estar viva para verlo.

Saekir soltó una carcajada y continuó caminando con ella.

Las luces de Aetheryn se extendían delante de ambas.

Por primera vez desde que había llegado allí, Saekir no sintió que estuviera recorriendo un lugar prestado.

Empezaba a sentir que también podía pertenecerle.