Capítulo VII — La princesa que murió #4
Alaric soltó una risa rota. Muy pequeña.
Cuando se separaron, tenía los ojos húmedos.
—Trae a tu hermana.
Astrid asintió.
—Lo haré.
Ian esperaba.
Eso era peor.
Astrid caminó hacia él.
—General.
Ian la miró con una expresión terrible.
—No.
—¿No qué?
—No me llames así ahora.
Astrid bajó la mirada.
—Ian.
Él la abrazó.
Sin pedir permiso.
Astrid quedó rígida.
Después cerró los ojos.
Ian olía igual. Cuero. Metal. Algo que siempre había asociado con seguridad.
—Te enterré.
Astrid dejó de respirar.
La voz de Ian se quebró contra su cabello.
—Estuve allí cuando cerraron el féretro.
Ella apretó los ojos.
—Ian…
—No sé cómo hacer esto.
Aquello la sorprendió.
Ian siempre sabía qué hacer.
O al menos fingía extraordinariamente bien.
Astrid llevó una mano hasta su espalda.
—Yo tampoco.
Él soltó aire.
—Eso es preocupante.
—Muchísimo.
Ian se separó.
La estudió.
—Si ese Fae hace algo…
—Lo mataré yo misma.
—Astrid.
—¿Qué?
—Intentaba tener un momento.
—Ha sido tu error.
Ian sonrió.
Ahí estaba. Por un segundo. El hombre de antes.
—Encuentra a Agatha.
Astrid asintió.
—Cuida a papá.
—Siempre.
—Y no dejes que Armand convierta esto en una oportunidad política.
La sonrisa desapareció.
—Eso también.
Astrid bajó la voz.
—No confío en él.
—Yo tampoco.
—Excelente. Al menos alguien conserva el juicio.
—Moriste y sigues siendo arrogante.
Astrid levantó la barbilla.
—Evidentemente la muerte no consiguió corregir mis mejores cualidades.
Detrás de ellos se escuchó una carcajada.
Astrid giró.
Tayrus.
Él levantó ambas manos.
—Perdón.
—Nadie estaba hablando contigo.
—Lo sé. Eso fue lo mejor.
Astrid entrecerró los ojos.
Ian se acercó al Fae.
Muy cerca.
—Una cosa.
Tayrus miró al general.
—Aquí viene la amenaza.
—Si le ocurre algo…
—Me matarás.
—No.
Eso hizo desaparecer la sonrisa.
Ian señaló hacia Astrid.
—Ella probablemente lo hará antes.
Tayrus miró a Astrid.
Ella sonrió con absoluta dulzura.
—Probablemente.
El Fae volvió hacia Ian.
—Extrañamente, eso resulta más preocupante.
—Debe serlo.
Snow apareció junto a ellos completamente equipada.
Espada. Arco. Provisiones.
Astrid la contempló.
Después se miró.
—Parezco ridícula.
Snow siguió caminando.
—Sí.
—Gracias.
—Para eso estoy.
Tayrus la observó.
—Yo creo que…
Astrid levantó un dedo.
—Ni una palabra sobre mi apariencia.
Él cerró la boca.
Una pausa.
—Esto va a ser un viaje larguísimo.
Snow le entregó parte de las provisiones.
—Puedes volver al calabozo.
Tayrus tomó el equipaje.
—Y nuevamente agradezco estar aquí.
ARCADIA
PUERTA NORTE
Las puertas se abrieron.
Astrid se detuvo.
Más allá estaba Arcadia.
No la ciudad. El mundo.
Bosques. Caminos. Montañas lejanas. Y en algún lugar más allá… el Velo. Agatha.
Astrid respiró.
El aire exterior tocó su rostro.
Entonces pensó en algo que llevaba evitando desde que había despertado.
Había estado dentro de una tumba. Bajo piedra. Sin cielo.
Levantó la mirada.
Azul. Inmenso. Sin nada encima.
Astrid cerró los ojos.
Respiró de nuevo.
Snow la observó.
No preguntó.
Tayrus tampoco.
Eso le gustó.
Muy poco.
Pero lo suficiente.
—¿Preparada? —preguntó Snow.
—No.
Snow sonrió.
—Bien.
—¿Bien?
—Significa que todavía tienes sentido común.
Tayrus pasó junto a ellas.
—Yo estoy preparado.
Astrid lo miró.
—Eso demuestra el argumento de Snow.
El Fae giró caminando hacia atrás.
—¿Siempre es así?
Snow pensó.
—Antes era peor.
—Snow.
—¿Qué?
Tayrus sonrió.
—Empiezo a entender por qué me enviaron con ustedes.
—Nadie te envió —respondió Astrid—. Eras la única opción disponible.
Él llevó una mano al pecho.
—Eso ha dolido.
—Sobrevivirás.
Tayrus miró hacia el cielo.
—Esperemos que esa frase tenga mejor historial contigo en el futuro.
Astrid se detuvo.
Snow cerró los ojos.
El Fae también.
—Otra vez —murmuró Tayrus.
Astrid lo miró.
—Eres extraordinariamente malo evitando ese tema.
—Estoy descubriéndolo.
Y por alguna razón…
Astrid se rió.
Solo una vez. Breve. Inesperado.
Se quedó inmóvil.
Snow la miró.
Tayrus también.
Astrid recompuso la expresión.
—No ocurrió.
El Fae sonrió.
—Definitivamente ocurrió.
—No.
—Tengo testigo.
Snow levantó las manos.
—No pienso involucrarme.
Astrid siguió caminando.
—Excelente decisión.
Tayrus la alcanzó.
—Te hice reír.
—Tropecé emocionalmente.
—¿Eso existe?
—Desde ahora.
—Fascinante.
Astrid aceleró.
El aire entró en sus pulmones sin doler. Desde aquella tumba, casi había olvidado que respirar podía sentirse así.
· · ·
Habían caminado durante horas cuando las torres de Arcadia comenzaron a desaparecer detrás de ellos.
Astrid miraba hacia atrás con demasiada frecuencia.
Lo sabía.
No pensaba admitirlo.
Snow caminaba unos metros por delante.
El Fae se había detenido junto a una bifurcación.
Observaba ambos caminos.
Astrid frunció el ceño.
—¿No sabes cuál es?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué estás parado?
—Estoy pensando.
—Eso me tranquiliza menos de lo que debería.
Él la miró.
—Creía que apreciarías a un hombre que piensa antes de actuar.
—Aprecio a la gente que demuestra tener capacidad para ello.
—Otra vez atacándome.
—¿Vas a sobrevivir a todo el viaje quejándote?
—Planeaba sobrevivir siendo encantador.
—Cambia de estrategia.
Snow continuó caminando.
—El de la izquierda.
El Fae arqueó una ceja.
—¿Cómo sabes?
—Tus pies apuntan hacia allí desde hace un minuto.
Astrid miró.
Efectivamente.
Tayrus bajó la mirada hacia sus botas.
—Me siento observado.
—Viajas con dos mujeres —dijo Snow—. Acostúmbrate.
—He tenido sueños parecidos.
Astrid lo miró.
—¿Perdón?
—Nada.
Snow soltó una carcajada.
Astrid negó con la cabeza.
—Los Fae son insoportables.
—Todavía no conoces suficientes para afirmarlo.
—Tú constituyes una muestra estadística preocupante.
El Fae sonrió.
—Sabes, princesa, creo que tú y yo…
—Espera.
Astrid se detuvo.
Algo acababa de ocurrírsele.
Algo extraordinariamente evidente.
Lo miró.
Él dejó de sonreír.
—¿Qué?
—No sé quién eres.
Snow también se detuvo.
El Fae abrió los brazos.
—Hemos pasado bastante tiempo juntos para que eso resulte ofensivo.
—Sé lo que eres.
Astrid se acercó.
—Sé que eres Fae. Sé que estabas prisionero. Sé que conoces el camino hacia el Velo.
Lo señaló.
—Y sé el nombre que diste en Arcadia.
Algo cambió en sus ojos.
Muy pequeño.
Astrid lo vio.
—Tayrus Aevrath.
Silencio.
Snow miró de uno a otro.
—¿Qué ocurre?
Astrid no apartó la mirada.
—No lo sé todavía.
El Fae sonrió.
—Qué dramática.
—Tú reaccionaste.
—¿A qué?