Capítulo III — Vhaelor #4
Aeron miró hacia la piedra perfectamente nivelada.
—Claro.
Oriana se tapó la boca.
Saekir la señaló.
—No te rías.
—No me río.
—Te conozco.
—Desde hace dos días.
—Han sido intensos.
Aeron soltó una pequeña risa.
Saekir levantó la cabeza de golpe.
—Otra.
Él recuperó la expresión.
—No.
—Te reíste.
—No.
Oriana levantó ambas manos.
—No pienso participar.
Saekir la miró.
—Cobarde.
· · ·
Oriana recogió sus cosas.
—Bien. Mi trabajo aquí terminó.
—¿Qué trabajo?
—Conseguí que salieras.
Contó con un dedo.
—Que bailaras.
Otro.
—Que conocieras Fae.
Otro.
—Que dejaras de bajarte esa falda durante al menos treinta minutos.
Saekir volvió a tirar de ella.
Oriana le golpeó la mano.
—¡Saekir!
Aeron miró hacia otro lado.
Oriana lo vio.
Su sonrisa se volvió peligrosa.
Saekir también lo notó.
—¿Por qué mira los árboles?
—Porque me gustan los árboles —dijo Aeron.
Saekir observó el árbol más cercano.
—Ese es bonito.
Oriana ya no pudo contener la risa.
Aeron dejó caer los párpados.
—Buenas noches, Oriana.
—Sí, sí.
La Fae abrazó a Saekir.
Saekir la abrazó también.
Esta vez sin pensarlo.
—¿Te divertiste?
Saekir sonrió.
—Muchísimo.
—Entonces valió la pena.
—Aunque mañana muera.
—Especialmente si mañana mueres.
Saekir se apartó.
—Te odio.
—Mañana pasaré a buscarte.
—¿Para el mercado?
—Si estás viva.
—Estaré viva.
Oriana besó su mejilla.
—Buenas noches, Saekir.
Después miró a Aeron.
—Cuídala.
—Puedo cuidarme sola —protestó Saekir.
Ambos la miraron.
Saekir seguía parcialmente sostenida por Aeron.
—Cállense.
Oriana soltó una carcajada.
—Y dale mucha agua.
Aeron levantó una mano.
—Vete.
—Ya me voy.
La Fae se alejó riéndose.
Saekir la observó hasta perderla entre las luces.
—Me agrada.
—Lo he notado.
—Es mi amiga.
—Sí.
Saekir sonrió.
—Mi primera amiga.
Algo cambió en su rostro.
Saekir no comprendió qué.
Aeron señaló el sendero.
—Vamos.
· · ·
Durante el camino Saekir habló. Mucho. Demasiado.
—Creo que Eryx estaba coqueteando conmigo.
—Lo estaba.
Saekir levantó la cabeza.
—¿Lo viste?
Aeron siguió caminando.
—Era evidente.
—¿Desde dónde?
—Saekir.
—Eso significa que estabas mirando.
—Significa que tengo ojos.
—Aura también tiene ojos.
Aeron tensó la mandíbula.
—Sí.
Saekir apoyó nuevamente la cabeza contra su hombro.
—Tiene unos ojos muy bonitos.
Silencio.
—Y piernas larguísimas.
Nada.
—Y ese cabello.
—¿Terminaste?
Saekir pensó.
—No.
Aeron suspiró.
—También besa muy bien.
Aeron se detuvo.
Saekir lo miró.
—¿Qué?
—¿Podemos dejar de hablar de Aura?
—¿Por qué?
—Porque no veo ninguna razón para hacerlo.
Saekir pensó.
—Yo tampoco.
Una pausa.
—Pero sigo haciéndolo.
Aeron cerró los ojos.
Saekir rió.
—Esto de beber cosas Fae es peligroso.
—Finalmente algo en lo que estamos de acuerdo.
Siguieron caminando.
Saekir observó su rostro desde cerca.
—Aeron.
—¿Qué?
—¿Me cargaste antes?
Los pasos de Aeron se alteraron.
Solo uno.
—Probablemente.
—¿Probablemente?
—Estuvimos en guerra.
—Eso no responde.
—Te heriste más de una vez.
—Eso sí suena a mí.
Silencio.
Saekir volvió a acomodarse.
Aquella posición era demasiado cómoda. Demasiado conocida. Su cuerpo parecía recordar un lugar que su mente no podía encontrar.
· · ·
Llegaron finalmente a su vivienda.
Aeron la bajó.
Sus piernas cedieron de inmediato.
Volvió a sujetarla por la cintura.
Saekir rió.
—El suelo también está torcido.
—Vhaelor necesita reformas urgentes.
—Exactamente.
Aeron abrió la puerta.
Saekir entró.
Se giró demasiado rápido.
Volvió a perder el equilibrio.
Aeron la atrapó.
—Por todos los antiguos…
—Estoy bien.
—Deja de decir eso mientras te caes.
—No me caí.
—Porque te sostuve.
Saekir bajó la mirada hacia la mano de Aeron alrededor de su cintura.
Después levantó los ojos.
—Tú haces eso mucho.
Aeron retiró la mano.
—¿Qué?
—Tocarme como si supieras exactamente dónde poner las manos.
Silencio.
Saekir recordó a Eryx.
—Él preguntó.
Aeron frunció el ceño.
—¿Quién?
—Eryx.
La mandíbula se endureció apenas.
—Cuando puso la mano sobre mi cintura y me tensé, la quitó.
Saekir lo observó.
—Tú no preguntas.
Aeron retrocedió.
—Tienes razón.
Saekir parpadeó.
—¿Qué?
—Debí preguntar.
Su voz había cambiado.
Seria.
—No recuerdas qué éramos el uno para el otro. No debo asumir que porque antes podía tocarte de determinada manera ahora puedo hacerlo.
Saekir se quedó inmóvil.
—¿Qué éramos?
Aeron no apartó la mirada.
La pregunta permaneció allí.
Saekir sintió que estaba persiguiendo otra puerta.
Negó.
—No.
Aeron volvió a fruncir el ceño.
—¿No qué?
—No quiero pasar otra noche intentando arrancarte respuestas.
Se quitó los zapatos.
Suspiró al tocar el suelo con los pies.
—Esta noche aprendí algo.
Aeron esperó.
—Todos tienen una vida.
Una pausa.
—Aura tiene la suya. Oriana tiene la suya. Eryx. Tú.
Saekir miró alrededor.
—Y yo sigo esperando que alguno de ustedes me entregue la mía.
Aeron no dijo nada.
—Quizá no va a ocurrir.
—Saekir…
—Está bien.
Sonrió.
—Si no recuerdo mi vida, tendré que crearla.
Aeron sintió algo en el pecho.
Saekir continuó:
—Quiero conocer Vhaelor. Quiero aprender aevaryn. Quiero conocer más Fae. Quiero entender mi magia.
Una sonrisa.
—Quiero volver a bailar.
Aeron arqueó una ceja.
—Eso requiere primero aprender.
—Estaba mejorando.
—Estabas borracha.
—Alegre.
Aeron sonrió.
Saekir lo vio.
No contó.
Solo sonrió también.
—Y quizá quiera conocer mejor a Eryx.
La sonrisa de Aeron desapareció.
Saekir levantó ligeramente las cejas.
Interesante.
Él fue hasta la mesa.
—Necesitas agua.
—Eso fue muy evidente.
—¿Qué?
—Nada.
Saekir aceptó el vaso.
Bebió.
—¿No te agrada?
—Eryx es un buen guerrero.
—No pregunté si era buen guerrero.
Saekir sonrió sobre el borde del vaso.
—Pregunté si te agrada.
—Es insoportable.
—Entonces probablemente nos llevemos muy bien.
—Eso es precisamente lo que me preocupa.
Saekir soltó una carcajada.
· · ·
Aeron debería haberse marchado.
La había llevado a casa.
Estaba segura.
Su responsabilidad terminaba allí.
Pero permaneció junto a la puerta.
—¿Quieres que me vaya?
Saekir lo miró.
Aquello era nuevo.
No estaba huyendo. Estaba preguntando. Dejándole elegir.
—Todavía no.
Silencio.
—¿Puedes quedarte un poco?
Aeron dudó.
Después cerró la puerta.
—Un poco.
Saekir sonrió.
—Gracias.
Se dejó caer sobre la cama.
Aeron tomó una silla.
La colocó lejos. Demasiado lejos.
Saekir lo miró.
—Puedes acercarte.
—Estoy bien aquí.
—No muerdo.
Algo cruzó el rostro de Aeron.
Saekir añadió:
—No que recuerde.
Aeron soltó aire por la nariz.
Ella sonrió.
—Duerme.
Saekir cerró los ojos.
La música de Vael llegaba muy lejos.
Durante un rato ninguno habló.
—Aeron.
—¿Qué?
—¿Aura es tu amante?
Silencio.
Saekir abrió un ojo.
—Dijiste que dejara de hablar de ella.
—Exactamente.
—Pero no respondiste.
Aeron la observó.
—No es asunto tuyo.
La frase salió más seca de lo necesario.
Saekir dejó de sonreír.
Simplemente asintió.
—Tienes razón.
Aquello fue peor de lo que Aeron esperaba.
Saekir se giró.
—Cada quien tiene su vida.
Aeron cerró los ojos.
Eso era precisamente lo que había querido que comprendiera.
Entonces, ¿por qué dolía?
—Buenas noches, Aeron.
—Buenas noches.
Pasaron varios minutos.
Su respiración comenzó a hacerse lenta.
Aeron pensó que se había dormido.
Entonces:
—Eryx sí es muy guapo.
Aeron apretó la mandíbula.
Saekir sonrió contra la almohada.
—Saekir.
—¿Sí?
—Duerme.
—Estoy intentando.
—Intenta en silencio.
Una pequeña carcajada.
Después nada.
Esta vez sí se durmió.
Aeron permaneció sentado. Mirándola. Despeinada. Agotada. Con una pequeña sonrisa todavía atrapada en los labios.
No había sangre. No había gritos. No había Arcadia. No había una profecía. Solo Saekir.
Había querido aquello.
Que pudiera empezar otra vez. Que no cargara con Agatha. Que construyera una vida donde la culpa, Eleonora y la muerte no fueran lo primero que encontrara cada mañana.
Saekir murmuró algo dormida.
Aeron levantó la cabeza.
Después volvió a oírlo.
Muy bajo.
—Aeron…
Se quedó inmóvil.
Ella continuó durmiendo.
Aeron se levantó.
Se acercó a la cama.
Su mano estuvo a punto de apartarle un mechón del rostro.
Se detuvo.
No debo asumir.
Cerró lentamente los dedos.
Después colocó la manta sobre ella sin tocar su rostro.
—Duerme, Saekir.
Retrocedió.
Y entonces comprendió algo que no había querido contemplar.
Mantenerla con vida no iba a ser la parte más difícil.
Lo verdaderamente difícil sería verla construir una vida nueva.
Una en la que pudiera tener amigos. Amantes. Un lugar en Vhaelor. Una identidad que no dependiera de Agatha. Una vida que no dependiera de él.
Y mantenerse lo suficientemente lejos para no interferir.
Era lo correcto.
Aeron lo sabía.
Precisamente por eso resultaba tan insoportable.