LA MÉDIUM II Capítulo III — Vhaelor #3
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Capítulo III — Vhaelor #3

Saekir sonrió.

—Esta combina conmigo.

—Vaerith.

—¿Qué hace?

Oriana sonrió.

—Te hace creer que sabes bailar.

Saekir bebió.

—Eso puede ser útil.

—No dije que realmente aprendas.

Saekir hizo una mueca.

—Menos útil.

· · ·

—Mueve las caderas.

Saekir miró a Oriana como si acabara de sugerir algo absurdo.

—Las estoy moviendo.

—No.

—Sí.

—Pareces herida.

—¡Estoy herida!

Oriana comenzó a reír.

Tomó las manos de Saekir y marcó el movimiento.

—Deja de pensar.

—Todo el mundo me dice eso.

—Porque piensas demasiado.

Saekir intentó seguir el ritmo.

Una vez. Otra. Al principio torpe. Después mejor.

—Eso.

Saekir sonrió.

—¿Así?

—Otra vez.

Giró.

La falda volvió a subir.

Saekir intentó bajarla.

Oriana le golpeó la mano.

—¡Déjala!

—¡Se me ve todo!

—No se te ve todo.

Saekir miró.

—¡Casi!

—Entonces deja de mirar hacia abajo y baila.

Saekir soltó una carcajada.

Y obedeció.

Cerró los ojos.

Escuchó.

La música. Las voces. Las palmas. El viento.

Movió las caderas.

Esta vez sin pensar.

—¡Eso! —gritó Oriana.

Saekir abrió los ojos.

Giró.

Rió.

Y algo ocurrió.

Las pequeñas luces sobre Vael comenzaron a cambiar.

Violeta.

Una. Después otra. Luego decenas.

Saekir levantó la cabeza.

—¿Qué está pasando?

Oriana contempló las luces.

—Tú.

—¿Yo qué?

—Continúa.

—¿Por qué?

Oriana sonrió.

—Porque te estás divirtiendo.

Y Saekir decidió que aquella era una razón suficientemente buena.

Continuó.

Otros Fae se acercaron.

Una Fae tomó su mano y la hizo girar.

Otro Fae apareció del lado contrario.

Saekir falló algunos pasos.

Rió.

Volvió a intentarlo.

Y cuanto más disfrutaba… más respondía la magia.

Las miradas comenzaron a centrarse en ella.

No por miedo.

No únicamente.

También curiosidad. Diversión. Deseo.

Saekir descubrió algo que nunca había experimentado realmente.

Le gustaba ser vista.

No como un peligro. No como una guerrera. No como alguien a quien todos parecían conocer mejor que ella misma. Simplemente como Saekir.

· · ·

Aeron también la vio.

Aura Narin estaba junto a él. Vestía una túnica color humo ajustada al torso, abierta sobre unos pantalones estrechos y botas altas; hilos metálicos dibujaban formas afiladas en los puños, elegantes sin dejar de parecer peligrosas.

Alta. Esbelta. Cabello plateado. Una presencia imposible de ignorar.

Aeron hablaba con otros Fae. Y reía. De verdad.

No aquella sonrisa pequeña que Saekir conseguía arrancarle después de insistir durante media hora.

Una risa fácil. Natural.

Saekir dejó de bailar.

—¿Quién es esa tipa?

Oriana siguió su mirada.

—¿Cuál?

Saekir la miró.

—La Fae alta, preciosa y prácticamente pegada a Aeron.

—Ah.

—No hagas ese «ah».

Oriana sonrió.

—Aura Narin.

Saekir volvió hacia ella.

Aura dijo algo.

Aeron respondió.

La Fae se acercó todavía más.

—¿Y qué es para él?

Oriana levantó una ceja.

—Con Aeron esa pregunta puede tener varias respuestas.

—Eso no ayuda.

—No pretendía hacerlo.

Saekir siguió observando.

Aura se acomodó sobre las piernas de Aeron.

Él rodeó su cintura con un brazo con total naturalidad.

Saekir abrió ligeramente los ojos.

—Oh.

Aura pasó los dedos por su nuca.

Después lo besó.

Aeron respondió.

Saekir desvió la mirada.

Oriana la observó.

—¿Qué haces?

—Nada.

—Te giraste como si hubieras visto un cadáver.

—Se estaban besando.

Oriana esperó.

—¿Y?

Saekir abrió la boca.

Nada.

—Yo estaba mirando.

—Están en medio de Vael.

—Precisamente.

Oriana empezó a reír.

Saekir sintió calor en las mejillas.

—¿Por qué me da vergüenza?

Eso sí llamó la atención de Oriana.

Saekir miró a su alrededor.

Otros Fae se besaban.

Se tocaban.

Bailaban juntos.

Nadie se escandalizaba.

Solo ella.

—Esto de no recordar es una mierda.

—Eso sí puedo creerlo.

—Tengo reacciones y no sé de dónde vienen.

Saekir volvió a mirar un instante.

Aeron seguía abrazando a Aura.

Cómodo. Relajado.

Y Saekir comprendió algo.

No era que Aeron fuera distante.

Era distante con ella.

Aquello dolió más que el beso.

Bajó la mirada.

—Qué estupidez.

—¿Qué?

—Esto.

Saekir hizo un gesto.

—Aeron tiene su vida.

Miró a Oriana.

—Tú tienes la tuya.

Después contempló toda la celebración.

—Todos aquí tienen una.

Familias. Amantes. Amigos. Historias.

Ella era la única intentando recuperar la suya a través de la mirada de otros.

—Esto de no recordar me hace confundir ciertas cosas.

Oriana escuchó.

—Siento algo y enseguida pienso que tiene que significar algo sobre quien era.

Saekir volvió a mirar a Aeron.

—Pero él no me pertenece.

Oriana permaneció callada.

—Ni yo sé qué fui para él.

Saekir respiró profundamente.

—Y si no recuerdo mi vida…

Levantó la cabeza.

—…tendré que crearla.

Oriana sonrió.

—Eso ha sonado muy sensato.

—No te acostumbres.

Saekir levantó su vaso.

—Por Saekir Valdoren.

Oriana chocó el suyo.

—Por Saekir Valdoren.

Bebieron.

Saekir hizo una mueca.

—Sigue estando demasiado fuerte.

—Y sigues bebiendo demasiado rápido.

—Estoy creando mi nueva vida.

—Intenta recordarla mañana.

Saekir comenzó a reír.

· · ·

Durante la siguiente hora conoció Fae. Muchos.

Aprendió nombres que probablemente olvidaría al día siguiente.

Probó comidas.

Aprendió palabras en aevaryn.

Descubrió que algunos Fae bailaban para cortejar.

Otros competían.

Y algunos simplemente bailaban porque estaban borrachos.

Eryx Vaelorin apareció frente a ella con una túnica azul noche abierta sobre una camisa clara y las mangas recogidas hasta los codos, como si hubiera llegado dispuesto a bailar.

Alto. Cabello oscuro. Ojos claros. Una sonrisa peligrosamente segura.

—Saekir Valdoren.

—Todo el mundo sabe mi nombre.

—Esta noche sería difícil no saberlo.

Miró las luces púrpuras.

Saekir torció la boca.

—Accidente.

—Los mejores espectáculos suelen serlo.

Oriana apareció junto al oído de Saekir.

—Baila muy bien.

Saekir giró.

—¿Puedes dejar de ofrecerme Fae como si estuviera comprando fruta?

Eryx arqueó una ceja.

—¿Me estaba recomendando?

—Desde hace horas.

Oriana sonrió.

—También dije que eres muy bueno en otras cosas.

Saekir abrió los ojos.

—Oriana.

Eryx parecía encantado.

—Ahora sí necesito saber.

—No.

Oriana se alejó riéndose.

Eryx extendió la mano.

—¿Bailas?

Saekir miró hacia Aeron.

Solo un instante.

Aura seguía junto a él.

No.

Había tomado una decisión.

Tomó la mano de Eryx.

—Enséñame.

· · ·

Eryx bailaba diferente.

Le enseñó a seguir.

A confiar.

Cuando colocó una mano sobre su cintura y Saekir se tensó, la retiró.

—¿No?

Ella lo miró.

No había molestia.

Solo una pregunta.

Saekir recordó lo que Oriana le había explicado.

Los Fae podían ser descarados.

Pero un no seguía siendo no.

Siempre.

Saekir sonrió.

Tomó la mano de Eryx.

Volvió a colocarla sobre su cintura.

—Está bien.

—¿Segura?

—Sí.

—Entonces seguimos.

Y siguieron.

Saekir aprendió. Rió. Se equivocó. Volvió a intentarlo.

Una Fae llamada Lysenne terminó uniéndose. Después Oriana. Después otros.

En algún momento la celebración dejó de ser algo que estaba observando.

Formaba parte de ella.

Y aquello era exactamente lo que quería.

· · ·

Aeron llevaba demasiado tiempo mirando.

Aura seguía sentada sobre sus piernas.

Su brazo permanecía alrededor de su cintura.

—Eryx es atractivo —dijo Aura.

Aeron guardó silencio.

—Y está disponible.

Aeron giró lentamente.

—¿Estás intentando provocarme?

—Un poco.

—No me importa.

Aura volvió hacia Saekir.

—Por supuesto.

—Puede bailar con quien quiera.

—Sí.

—Puede acostarse con quien quiera.

Aura sonrió.

—Yo no había mencionado eso.

Aeron apretó la mandíbula.

Aura rió.

—Tú decidiste alejarte.

—No es asunto tuyo.

—Me tienes sentada encima mientras miras a otra Fae. Lo has convertido ligeramente en asunto mío.

Aeron dejó el vaso.

—Quiero que tenga una vida.

—Entonces parece que tu plan está funcionando.

Saekir rió al otro lado de Vael.

Eryx se inclinó para decirle algo al oído.

Aeron apartó la mirada.

Aura lo estudió.

—Eso debería hacerte feliz.

—Lo hace.

—Claro.

Porque eso era exactamente lo que había querido.

Que Saekir conociera otros Fae. Que hiciera amigos. Que dejara de buscarlo a él cada vez que entraba en una habitación. Que construyera algo que no dependiera de lo que Agatha había sentido.

El problema era que verla hacerlo resultaba mucho menos sencillo de lo que había imaginado.

· · ·

Las horas pasaron.

Saekir bebió más de lo que debería.

Bailó muchísimo más de lo que su cuerpo podía soportar después del entrenamiento.

Y cuando finalmente intentó abandonar el puente donde estaba con Oriana, sus piernas decidieron que habían tenido suficiente.

—No siento los pies.

Oriana rió.

—Hace una hora no sentías las piernas.

—He mejorado.

—Eso parece.

Saekir intentó caminar.

Un paso.

Dos.

Se agarró de la baranda.

—Estoy perfectamente equilibrada.

—Naturalmente.

—Puedo llegar sola a casa.

—Nunca dije que no.

—Lo estabas pensando.

—Solo estaba calculando cuánto tardarías.

Saekir la señaló.

—Eres una pésima amiga.

—Hace una hora era tu mejor amiga.

—Has descendido posiciones.

—¿Cuántas amigas tienes?

Saekir pensó.

—Una.

Oriana sonrió.

—Entonces sigo siendo la mejor.

Saekir frunció el ceño.

—Eso es trampa.

—No. Estadística.

—¿Necesitan ayuda?

Ambas quedaron quietas.

Saekir cerró los ojos.

—No.

Oriana miró detrás de ella.

—Qué oportuno.

Aeron estaba allí. Solo. Brazos cruzados.

La observó.

Cabello completamente desordenado. Mejillas encendidas. Vestido morado.

Saekir volvió a intentar bajar la falda.

Aeron arqueó una ceja.

—¿Qué llevas puesto?

Saekir abrió la boca, indignada.

Oriana comenzó a reír.

—¡Yo no elegí esto! —protestó Saekir.

—Sí lo hiciste —respondió Oriana.

—¡Me obligaste!

—Te sugerí.

—Me dijiste que la otra ropa parecía apropiada para un funeral.

El silencio apareció.

Oriana hizo una mueca.

—Eso fue una pésima elección de palabras.

Saekir asintió.

—Muchísimo.

Aeron extendió una mano.

—Ven.

Saekir miró su mano.

—¿Adónde?

—A casa.

—Puedo caminar.

—Lo estoy viendo.

—Puedo.

Se separó de la baranda.

Un paso.

Perfecto.

Dos.

También.

Sonrió.

—¿Ves?

El tercero terminó con su rodilla cediendo.

Aeron la atrapó antes de que cayera.

Un brazo rodeó su cintura.

Saekir quedó pegada contra él.

Levantó lentamente la mirada.

—Eso no cuenta.

—¿Qué parte?

—La caída.

—Naturalmente.

—El puente está torcido.