Capítulo 20
Voss y Kestrel
Después dejó de contarlas.
Las Casas hablaban de evidencia de convergencia histórica.
Hellas de contaminación de líneas, o de prueba contra esa misma idea, según qué Custodia escribiera.
Aonia de una persona que había obligado a tres sociedades a mirarse sin pedir permiso para interpretarla.
La Comisión hablaba de riesgo poblacional potencial.
Lyra había escrito una sola frase sobre la publicación:
Estos son los resultados que he decidido hacer públicos. El resto sigue siendo mío.
Voss la había leído más veces que cualquiera de los informes.
Amara llegó a las 12:06.
—Tarde —dijo Voss.
—Seis minutos.
—Eso significa tarde.
—Significa que has contado.
—Había un reloj.
—Naturalmente.
Amara se sentó sin pedir permiso.
Voss lo notó.
No dijo nada.
Llevaban días rodeando una discusión que ninguna podía convertir en puramente técnica.
—Cuatro programas de Kestrel tienen solapamiento significativo con los resultados —dijo Voss.
Amara no fingió sorpresa.
—Dos clínicos.
—Y uno en uso.
—Sí.
—Quiero los archivos.
Amara sonrió.
—No.
Voss sintió irritación.
También otra cosa.
—No he pedido acceso a toda Kestrel.
—Has pedido suficiente para que dentro de una semana descubras que necesitas el resto.
—Eso no es argumento.
—Es experiencia.
Voss abrió el borrador de auditoría.
—La Comisión tiene competencia sobre riesgos hereditarios con consecuencia poblacional.
—No sobre propiedad privada de una Casa.
—Puede requerir cooperación.
—Cooperación no es obediencia.
—Lo sé.
—Eso ha sonado peligrosamente educado.
—Estoy intentando.
—Se nota poco.
Voss proyectó cuatro identificadores.
—Estos.
Amara los leyó.
Su expresión cambió apenas en el tercero.
Voss lo vio.
—Ese.
—¿Qué?
—Es el que te preocupa.
—Todos me preocupan.
—Mientes peor cuando reduces una lista.
Amara la miró.
—Mara te enseñó demasiadas cosas.
Silencio.
Voss sintió el nombre.
—No la uses.
—No estaba usándola. Era una observación.
—Haz otra.
Amara volvió a los códigos.
—Sesenta y tres años de datos sobre tolerancia vascular, crecimiento en baja gravedad y regulación de tejido. Tres líneas de trabajo. Ninguna diseñada alrededor de Lyra.
—Pero algunas conclusiones de Argyre se solapan.
—Sí.
—Entonces necesito saber cuánto.
—Puedes leer resultados publicados.
—Necesito metodología.
—Consorcio supervisado.
—No.
—Qué sorpresa.
—No voy a aceptar que Kestrel decida qué puede ver el organismo que la audita.
Amara se inclinó.
—Y yo no voy a aceptar que el Estado descubra una palabra como población y la utilice como llave maestra.
Voss sintió la frase.
—Una Casa no es una persona.
—No.
—Propiedad intelectual no es soberanía corporal.
—No.
—Entonces deja de utilizar a Lyra como si hubiera demostrado que cualquier límite institucional es equivalente a controlar un cuerpo.
Amara quedó callada.
—Bien —dijo al fin—. Y tú deja de utilizar que una diferencia exista para fingir que no puedes repetir la misma lógica a otra escala.
Silencio.
Voss no respondió.
Amara sonrió sin humor.
—Todas encontramos diferencias cuando queremos decidir.
* * *
Discutieron dos horas.
Acceso parcial.
No.
Equipos separados.
No suficiente.
Copia cifrada bajo supervisión.
Insuficiente.
Auditoría por programas concretos.
Quizá.
Voss tenía preparada una orden.
No la mostró.
Eso importaría después.
En el tercer descanso Amara se levantó y caminó hasta la ventana.
—¿Sabes qué me irrita de ti?
—Hay demasiadas posibilidades.
—Crees que negar un deseo impide que exista.
La frase era vieja.
Capítulo dos de otra relación que ninguna había nombrado.
Voss cerró la terminal.
—No estamos hablando de eso.
—Nunca estamos hablando de eso.
—Porque estamos negociando.
—Precisamente.
Amara se volvió.
—¿Quieres besarme?
Voss sintió el golpe físico.
—No hagas eso.
—Es una pregunta.
—En medio de una negociación.
—Sí.
—Eso la vuelve una mala pregunta.
—No necesariamente.
Voss se levantó.
No debía.
Lo hizo.
—Tú quieres convertir todo en una prueba de que deseo y poder pueden convivir sin contaminarse.
—No.
Amara se acercó.
—Quiero dejar de fingir que si existen poder y deseo al mismo tiempo, uno de los dos desaparece porque nos resulta incómodo.
Voss sintió la distancia.
Muy poca.
—Eso no significa actuar.
—No.
Amara levantó una mano.
Se detuvo antes de tocarla.
—¿Puedo?
La pregunta cambió algo.
No lo suficiente.
Sí.
Voss tomó su muñeca y llevó la mano hasta su cintura.
—Eso también es una respuesta —dijo Amara.
—Cállate.
—Pésima técnica de consentimiento.
Voss la besó.
Amara respondió inmediatamente.
No hubo sorpresa.
Eso también decía demasiado.
La discusión siguió dentro del beso.
Quién avanzaba.
Quién esperaba.
Qué se pedía.
Qué se daba.
Amara se apartó primero.
—Esto es una idea horrible.
—Sí.
—Bien.
—No empieces.
Amara rió.
Después volvió a besarla.
* * *
Más tarde, en la habitación contigua, Amara se quitó la prenda superior y Voss vio las cicatrices.
No quirúrgicas recientes.
Pequeñas líneas antiguas junto a las costillas y la cadera.
Voss no preguntó inmediatamente.
Aprendizaje.
Amara lo notó.
—Puedes preguntar.
—¿Qué son?
—Un programa Kestrel.
Voss quedó quieta.
—Tuyo.
—De mi línea.
—No sabía.
—No tenías por qué.
Amara pasó un dedo sobre una cicatriz.
—Nací dentro de uno.
La frase cambió el aire.
—La intervención original es anterior a mí. Algunas correcciones posteriores no.
—Consentiste.
—Las que recuerdo, sí.
Voss la miró.
—Y aun así defiendes propiedad de Casa.
Amara sonrió.
—Defiendo muchas cosas contradictorias. Es una ventaja de ser persona.
Voss no respondió.
—Kestrel no posee mi cuerpo —añadió Amara—. Pero parte de lo que soy existe porque Kestrel tomó decisiones antes de que yo pudiera tomarlas.
—Eso no justifica…
—No estaba justificando nada.
Voss cerró la boca.
Otra vez.
Amara la observó.
—Estás aprendiendo.
—Lentamente.
—Muchísimo.
Voss sonrió.
Después Amara fue a ducharse.
Y Voss volvió a la mesa.
La orden seguía abierta.
AUTORIZACIÓN 7-C
Auditoría limitada de archivos propietarios relacionados con cuatro programas identificados.
Registro de accesos.
Equipo separado.
Protección de secretos no relevantes.
Revisión posterior.
No era una expropiación.
Era coerción.
Voss había decidido antes del beso que necesitaba una vía si Amara no aceptaba suficiente acceso.
No había decidido cuándo la utilizaría.
Eso era una diferencia.
La miró demasiado tiempo.
Después firmó.
VOSS
La confirmación llegó.
ORDEN ACTIVA
El agua seguía corriendo.
Voss sintió algo parecido a náusea.
La orden seguía pareciéndole correcta. El momento no.
El agua se detuvo.
Amara salió con el cabello mojado, tomó su terminal y quedó quieta.
Notificación automática.
Leyó.
Después miró a Voss.
—¿Lo habías decidido antes?
Voss sintió todas las respuestas posibles.
La orden estaba preparada.
La necesidad era real.
El beso también.
No había usado uno para conseguir lo otro.
No exactamente.
No respondió.
Amara la observó durante varios segundos.
—Tú acabas de convertirte en Voss.
—Siempre he sido Voss.
—No así.
Amara se vistió.
Voss se levantó.
—La auditoría tiene límites.
—No estoy hablando de la auditoría.
—Entonces.
Amara tomó su chaqueta.
—La próxima vez que quieras obligar a Kestrel a abrir sus archivos, no me beses antes.
Voss sintió el golpe.
—Amara.
Ella abrió la puerta.
—Entonces esto ya no es una negociación.
Se marchó.
Voss quedó sola con una orden que seguía pareciéndole necesaria.