Capítulo 17 #3
Serah miró la pantalla.
—Eso elimina aproximadamente mi profesión.
—Inténtalo.
Serah pensó.
—Hay cosas en ti que Hellas considera Puras.
Lyra asintió.
—Pero existían antes de Hellas.
—Bien.
—Hay cosas que las Casas consideran propias.
Amara intervino.
—Y algunas versiones anteriores existían antes de las Casas.
Lyra miró a Amara.
—Eso parece incómodo.
—Mucho.
Serah siguió.
—Y tienes patrones de mezcla que son más compatibles con generaciones de cruces entre poblaciones que con una línea cerrada.
Lyra señaló a Nira.
—Libres.
Nira hizo una mueca.
—No tenemos copyright sobre mezclar gente.
—Todavía.
Amara sonrió.
—No le des ideas a Kestrel —dijo Lyra.
Amara levantó ambas manos.
Lyra volvió a Serah.
—Entonces.
Serah buscó una frase.
No quería la brillante.
Quería la correcta.
—Entonces tu cuerpo conserva decisiones tomadas antes de que existieran nuestras sociedades y otras tomadas después por personas que vivieron dentro de ellas.
Lyra pensó.
—Eso suena como cualquier cuerpo.
Serah sonrió.
—Sí.
La respuesta la sorprendió.
Era exacta.
Cualquier cuerpo era historia.
Herencia.
Azar.
Elecciones ajenas.
Decisiones reproductivas.
Migraciones.
Enfermedades.
Tecnología.
La diferencia era que Lyra había obligado a tres sociedades a mirar de frente una complejidad que en las demás podían ignorar.
—Entonces ¿por qué toda la gente está perdiendo la cabeza? —preguntó Lyra.
Nira respondió:
—Porque tú tienes la mala costumbre de ser políticamente inconveniente.
Lyra asintió.
—Eso sí lo entiendo.
Maela se acercó a la pantalla.
—Hay algo que debes saber antes de que sigamos.
Lyra la miró.
—¿Qué?
—No hemos terminado.
—Eso ya lo suponía.
—Y algunas de las coincidencias pueden desaparecer cuando hagamos análisis más estrictos.
—Bien.
—O cambiar.
—Bien.
—No queremos que salgas de aquí pensando que sabemos exactamente de dónde viene cada cosa.
Lyra la observó.
—Gracias.
Maela pareció sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque toda la gente últimamente está muy interesada en saber exactamente lo que significo.
Maela bajó la mirada.
Serah vio el golpe.
No dirigido.
Aun así.
Lyra señaló la pantalla.
—¿Qué queréis hacer ahora?
Amara habló.
—Análisis molecular más profundo de tres muestras que ya autorizaste.
—¿Necesitáis más?
—No.
—Bien.
Serah añadió:
—Comparación histórica con archivos adicionales.
—¿Cuáles?
—Los que pueda compartir contigo.
Maela la miró.
Serah corrigió:
—Los que podamos compartir contigo.
El plural importó.
Maela lo oyó.
No sonrió.
Pero tampoco corrigió.
—¿Y algo físico? —preguntó Lyra.
Keira había aparecido en la puerta detrás de ella.
—Una prueba respiratoria mañana, si sigues aceptando.
Lyra hizo una mueca.
—¿La de la máscara?
—Sí.
—La odio.
—Puedes decir que no.
Lyra pensó.
—Mañana decido.
—Perfecto.
La segunda jornada produjo menos datos y más certeza.
La tercera produjo cansancio.
Lyra canceló dos pruebas.
Una porque estaba agotada.
Otra porque simplemente no quería.
Amara preguntó si podía saber por qué.
Lyra dijo no.
Amara respondió:
—Bien.
Y siguieron.
Vespera no intervino una sola vez.
Eso también parecía costarle energía.
Durante una prueba de esfuerzo Lyra perdió el equilibrio al bajar de la plataforma.
Vespera se levantó.
Keira llegó primero.
Lyra estaba bien.
Vespera se quedó a mitad de camino.
Serah la vio mirar la línea imaginaria entre ambas.
Después regresar a su asiento.
No parecía una derrota.
Parecía trabajo.
Al final del tercer día, Lyra se marchó a descansar antes que las demás.
Nira fue con ella.
Keira también.
Vespera se quedó en el corredor.
Amara empezó a preparar el informe.
Maela y Serah ocuparon la estación histórica.
Habían acordado una frase inicial.
La escribieron juntas.
Los resultados no permiten atribuir la fisiología de Lyra Vale a una tradición biológica única ni establecer una genealogía lineal entre sus características actuales y ninguna de las tres sociedades contemporáneas.
Serah la leyó.
—Es horrible.
—Es precisa —dijo Maela.
—Podría ser ambas.
—Lo es.
Debajo escribieron:
Varias variantes actualmente asociadas a poblaciones Puras presentan antecedentes documentados anteriores a la institucionalización de Continuidad.
Otra:
Algunas características posteriormente desarrolladas en líneas Diseñadas muestran precursores en poblaciones fundacionales previas a la formación de las Casas.
Otra:
La elevada recombinación entre bloques genéticos de procedencia diversa es compatible con historias poblacionales de mayor mezcla, como las documentadas en asentamientos Libres y periféricos, sin constituir por sí sola una firma exclusiva de estos.
Serah se recostó.
Tres frases.
Siglos.
—¿Lo ves? —preguntó.
Maela seguía leyendo.
—¿Qué?
Serah amplió la línea temporal.
—Aquí.
Las fechas.
Los nombres políticos.
Hellas.
Casas.
Aonia.
Cada una aparecía mucho después de los primeros cambios biológicos que ahora reclamaban como definitorios.
—Las fronteras —dijo Serah.
Maela la miró.
—¿Qué pasa con ellas?
Serah señaló los datos.
—En los archivos políticos son clarísimas.
Una fecha de fundación.
Un pacto.
Una prohibición.
Una Casa.
Un asentamiento que declara autonomía.
—Pero aquí…
Movió la mano sobre las secuencias.
No había fechas.
No había nombres.
Solo probabilidades.
Cruces.
Persistencias.
Pérdidas.
Cambios.
—No están.
Maela se acercó.
—Sí están.
Serah frunció el ceño.
Maela señaló una agrupación.
—Aquí hay aislamiento poblacional.
Otra.
—Aquí selección.
Otra.
—Aquí presión deliberada.
Serah entendió.
—No digo que no haya diferencias.
—Entonces no digas que no hay fronteras.
Serah sonrió.
—Otra corrección.
—Estoy aprovechando que todavía me dejas.
La frase salió antes de que Maela pudiera detenerla.
Las dos quedaron quietas.
Serah no quiso convertirla en algo mayor.
—Siempre —dijo.
Maela la miró.
Serah sintió inmediatamente que también aquella palabra era demasiado grande.
—Quiero decir…
—Ya sé.
Maela cerró los ojos.
Serah casi se rió.
—Lo has dicho tú.
—Sí.
—¿Puedo disfrutarlo?
—No.
Serah sonrió.
Pequeño.
Maela también.
Apenas.
Después volvió a la pantalla.
—Las diferencias existen.
—Sí.
—Pero no donde hemos dicho.
Serah sintió que por fin encontraba la frase.
—Exacto.
No eran tres especies.
Ni tres ramas limpias.
Ni siquiera tres historias biológicas separadas.
Eran tres decisiones políticas tomadas sobre una población común y después repetidas durante suficientes generaciones como para empezar a dejar huellas reales.
Las Puras habían preservado algunas.
Las Diseñadas habían ampliado otras.
Las Libres habían permitido que muchas volvieran a encontrarse.
Pero ninguna había empezado desde cero.
Ninguna era original.
Ninguna estaba limpia.
Serah pensó en el documento de Continuidad.
Herencia humana original.
No existía una original que pudiera señalarse con un dedo.
Solo versiones anteriores.
—Necesitamos cambiar el informe —dijo.
Maela levantó una ceja.
—Llevamos seis horas escribiéndolo.
—Solo una frase.
—Eso siempre es mentira cuando lo dices tú.
Serah abrió el resumen.
Añadió:
Las fronteras biológicas observables entre las poblaciones contemporáneas son reales, pero considerablemente más porosas, recientes y dependientes de historia compartida de lo que sugieren sus categorías políticas.
Maela leyó.
—«Porosas» no es técnico.
—Tú has escrito «considerablemente».
—Eso sí es técnico.
—Es un adverbio.
—Exacto.
Serah sonrió.
Maela revisó la frase.
No la borró.
—Déjala provisionalmente.
Aquello era prácticamente entusiasmo.
Serah guardó.
Amara se acercó.
—¿Habéis terminado?
—No —dijeron ambas.
Amara suspiró.
—Historiadoras.
—Una —dijo Maela.
Serah la miró.
Maela no explicó.
No hacía falta.
Custodia.
Todavía.
Quizá.
Amara proyectó su propio resumen.
—Biomecánica terminada.
Serah leyó.
Adaptación gravitatoria.
Distribución de carga.
Integración anatómica.
Nada que indicara una intervención única reciente.
Nada que exigiera autora.
Nada que pareciera haber sido construido en una generación.
—Entonces no la hizo nadie —dijo Serah.
Amara frunció el ceño.
—No exactamente.
—Ya sé.
—Podría haber intervenciones recientes que no vemos.
—Sí.
—Podría haber selección deliberada en generaciones anteriores.
—Sí.
—Medicina.
—Sí.
Amara la miró.
—Entonces deja de sonreír como si hubieras ganado.
Serah no sabía que estaba sonriendo.
—No he ganado.
Y era verdad.
Hellas no había ganado.
Las Casas tampoco.
Aonia tampoco.
Nadie podía señalar a Lyra y decir:
Nuestra.
Aquella era quizá la única victoria posible.
La puerta del corredor se abrió.
Lyra apareció.
—¿Puedo volver a ser persona o necesitáis otra hora?
Nira venía detrás.
Amara cerró la pantalla inmediatamente.
—Persona.
—Gracias.
Lyra entró.
Miró a Serah.
—¿Sabéis qué soy?
La pregunta produjo un silencio incómodo.
Lyra sonrió.
—Era una trampa.
—Lo imaginaba —dijo Serah.
—¿Y?
Serah pensó en todo lo que había visto.
Adria Vale.
Los treinta y ocho nombres.
Las líneas fundacionales.
Los marcadores.
Las variantes de Kestrel.
Los bloques recombinados.
Tres siglos intentando dibujar fronteras sobre algo que no había dejado de moverse.
—Sabemos algunas cosas sobre cómo llegaste hasta aquí.
Lyra esperó.
—¿Y qué soy?
Serah negó lentamente.
—Eso sigue sin ser una pregunta científica.
Lyra la observó.
Después sonrió.
El lado izquierdo primero.
Serah vio a Adria.
Solo un instante.
Esta vez no sintió frío.
No necesitaba que fuera su antepasada.
No necesitaba convertir semejanza en destino.
Una cara podía recordar a otra sin pertenecerle.
Una historia podía continuar sin ser propiedad de nadie.
—Bien —dijo Lyra.
Miró las pantallas.
—Entonces quizá por fin estamos haciendo la pregunta correcta.
Serah siguió su mirada.
Tres conjuntos de datos.
Tres vocabularios distintos.
Un solo cuerpo que no obedecía del todo a ninguno.
Durante siglos habían hablado de Puras, Diseñadas y Libres como si primero hubieran existido las diferencias y después las sociedades.
Argyre demostraba algo mucho menos cómodo.
Primero había existido gente.
Después habían trazado las fronteras.
* * *