La mayoría: En esta comunidad hay un culpable Capítulo 23 — La captura
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Capítulo 23 — La captura

La captura

A las seis y doce de la tarde, Nora estaba otra vez frente a Salcedo.

La agente observó la imagen durante más tiempo del que Nora esperaba. Después abrió en el ordenador la secuencia completa tomada aquella tarde en casa de Elvira.

—Esta fotografía no estaba en el informe principal —dijo.

—¿Por qué?

—Porque documentaba el estado de la vivienda, no una prueba. La copia encontrada junto a la puerta y el marco se fotografiaron aparte.

Nora señaló la esquina inferior.

—A las cinco y treinta y seis seguía dentro.

—Sí.

Salcedo pasó a la imagen siguiente. El encuadre mostraba la mesa, la carpeta de actas y parte del pasillo. La hora era 17:39. En la cómoda, al fondo, la fotografía todavía se distinguía detrás del cristal.

La siguiente estaba tomada a las 17:43 y ya no incluía el marco.

Después llegaban los tres golpes.

—Yago no estaba allí —dijo Nora.

—No.

La palabra no absolvió a nadie. Salcedo nunca utilizaba una imposibilidad para fabricar otra certeza.

—Puede haber más de una persona implicada. O quizá esta maniobra no tenga que ver con el homicidio. También es posible que nuestra reconstrucción de la fotografía esté equivocada.

—Pero Yago no pudo sacarla del marco.

—Eso sí podemos sostenerlo.

La pantalla seguía mostrando la pieza que faltaba.

Durante la mañana había aceptado una historia que lo contenía todo. Incluso la fotografía había encontrado un lugar dentro de aquella historia. Yago conocía el archivo, podía haber querido intimidar a Elvira y había demostrado que mentía cuando una verdad lo perjudicaba.

Solo que a las 17:36 no estaba en esa vivienda.

Una pieza no encajaba.

Ya había aceptado antes una explicación porque llegaba después de una cifra, de un nombre o de una acusación. Esta vez no había necesitado una encuesta. Le bastó con una historia suficientemente completa.

—Quiero ver otra fotografía —dijo.

Salcedo esperó.

—La primera captura de Elvira. La del sesenta y siete por ciento.

La agente no preguntó por qué. Buscó en una carpeta del expediente y abrió una copia de la extracción del teléfono de Elvira.

La imagen apareció en el monitor.

SIMÓN ARCE

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MAYORÍA

Nora la había visto por primera vez en casa de Teresa. Recordaba el teléfono de Elvira colocado entre los otros dos, la franja azul y una línea gris tan fina en la parte superior que entonces la había tomado por un borde de la aplicación.

Seguía allí.

—Amplía arriba.

Salcedo lo hizo.

La banda gris ocupó varios centímetros en la pantalla. No contenía texto legible en la copia reducida, solo una diferencia de tono y el extremo inferior de dos iconos.

—Simón dijo que las vistas administrativas tenían una barra gris —dijo Nora.

—También la tienen otras pantallas internas.

—¿Cuándo se hizo esta captura?

Hasta entonces habían trabajado con la imagen incorporada al expediente, no con sus metadatos.

Salcedo abrió la ficha técnica del archivo.

La hora figuraba junto al nombre de la imagen.

23:15:11.

Nora leyó los números dos veces.

—La encuesta se publicó a las once y diecisiete.

—Sí.

—Entonces esto es anterior.

Salcedo no respondió inmediatamente. Consultó otra página del informe y marcó un número con el cursor.

—El teléfono tenía la hora sincronizada con la red. El desfase registrado esa noche era inferior a dos segundos.

Nora se acercó a la mesa.

—Elvira nos dijo que esa era la captura de lo que había recibido.

—Dijo que tenía guardada la primera votación.

La precisión importaba. Elvira no había pronunciado «voté por mí misma» ni había descrito el momento exacto en que obtuvo la imagen. Los demás completaron el significado por ella.

Nora recordó la escena.

Teresa enseñó su pantalla. Ella enseñó la suya. Elvira sacó el teléfono y dijo que la primera la tenía guardada. Después abrió la galería.

No mintió con una frase completa.

Les permitió hacerlo por ella.

—No podía haber recibido ese resultado a las 23:15 —dijo Nora.

—No como destinataria de la votación publicada a las 23:17.

—Solo podía verlo antes si tenía acceso a una vista previa.

—Eso es una hipótesis muy fuerte. Quiero que la confirme alguien que pueda explicarla técnicamente sin saltarse pasos.

Salcedo llamó a Simón.

No tardó más de veinte minutos en llegar. Entró en la sala con el abrigo abierto y una expresión que empeoró cuando vio la captura proyectada.

—¿De dónde ha salido el original?

—Del teléfono de Elvira —respondió Salcedo—. Dígame qué ve.

Simón se acercó hasta casi tocar la pantalla.

—Una vista previa.

No necesitó ampliar de nuevo.

—¿Cómo lo sabe?

—La barra superior. Esta interfaz no aparece al destinatario. Aparece cuando revisas una comunicación antes de enviarla.

—¿Podría aparecer después de recibirla?

—Si entras en administración, sí. Pero entonces seguiría siendo una vista previa, no el resultado recibido por esa vivienda.

Salcedo señaló la hora.

—La captura se creó a las 23:15:11.

Simón dejó de mirar la barra.

—Eso es antes del envío.

—Dos minutos —dijo Nora.

Simón pidió ver el archivo a tamaño completo. En la esquina superior derecha, casi fuera del recorte que habían comparado en casa de Teresa, se distinguía una parte de una palabra.

PREV...

—Vista previa —dijo.

Salcedo no aceptó la conclusión solo porque encajara. Abrió la captura que Simón había realizado a las 23:24 cuando entró en el perfil de pruebas para averiguar qué estaba ocurriendo.

Las dos barras grises coincidían.

Misma altura.

Mismos iconos.

Mismo borde inferior.

La diferencia era que la captura de Simón mostraba completa la etiqueta:

VISTA PREVIA PARA ADMINISTRADORES

Nora sintió el golpe de una certeza que no se parecía a las anteriores. No procedía de una cifra ni de una conducta interpretada. Dos imágenes tomadas en momentos distintos mostraban la misma pantalla administrativa. Una pertenecía a Simón después de que la encuesta se publicara.

La otra estaba en el teléfono de Elvira antes.

—¿Podía acceder desde su móvil? —preguntó Salcedo.

—Si tenía abierta la sesión de presidencia, sí. El sistema permitía revisar avisos desde un navegador. No crear todas las configuraciones cómodamente, pero sí verlas y aprobarlas.

—¿Lo sabía usted?

—Ella lo utilizaba para recibos y convocatorias.

Nora recordó una frase del primer día: si Elvira no había preparado el formulario, alguien estaba utilizando una cuenta compartida.

Elvira había escrito en el chat que no lo había creado.

No había dicho que no lo hubiera visto.

Salcedo pidió a Simón que saliera y esperara en el pasillo. Cuando la puerta se cerró, Nora volvió a la fotografía de las 17:36.

—La encuesta y la fotografía.

—No las una todavía —dijo la agente.

—La fotografía desapareció estando ella dentro de la casa. Su captura demuestra que vio una encuesta antes de enviarse.

—Demuestra acceso administrativo previo. No quién creó los nueve formularios. Y ninguna de esas dos cosas demuestra que empujara a Gael.

Nora sabía que Salcedo tenía razón. Lo que la incomodaba era haber necesitado oírlo.

—Hay otra hora —dijo.

La agente levantó la vista.

—Las pilas.

Nora le contó lo que vio cuando regresó del cuarto B la noche del crimen. A las 22:42, Elvira estaba en casa de Amparo con el mando abierto y las pilas agotadas. Amparo había declarado después que Elvira salió a buscar otras y regresó antes de marcharse definitivamente a su vivienda.

Salcedo buscó la primera entrevista de Amparo.

La mujer no había dado minutos exactos. Recordaba el final de un programa, un anuncio de detergente y que Elvira volvió con las pilas cuando empezaba el siguiente bloque. Otro agente había reconstruido aquella franja comparándola con la emisión de televisión.

Salida aproximada: 22:50.

Regreso: alrededor de las 23:03.

En el registro de la tableta comunitaria, la primera activación figuraba unos renglones más abajo.

Primera activación: 22:57.

Último de los nueve formularios activado: 23:02.

El intervalo cabía entero dentro de la ausencia de Elvira.

—Dijo que fue a su casa —recordó Nora.

—Dijo que fue a buscar pilas y un destornillador —corrigió Salcedo—. No le preguntamos qué recorrido hizo entre una vivienda y otra porque entonces no teníamos motivo para hacerlo.

—Ahora sí.

—Ahora sí.

La agente cerró el informe.

Salcedo no formuló la siguiente acción en voz alta. Cogió el teléfono, salió de la sala y habló durante varios minutos en el pasillo.

Nora se quedó delante de la captura.

SIMÓN ARCE.

67 %.

MAYORÍA.

Había funcionado con Elvira igual que con todos los demás.

Nora vio aquel nombre y buscó una razón para que Elvira sospechara de Simón.

Después utilizó la cooperación de la presidenta para descartarla.

Elvira entregó el teléfono. Prestó las llaves.

Ayudó a Amparo. Reconoció hechos que podían perjudicarla.

Defendió a Simón cuando resultaba fácil acusarlo.

Se quedó junto a una mujer asustada durante la noche.

Nada de aquello desaparecía.

Ese era el problema.

Nora había tratado la bondad como una coartada.

Salcedo regresó.

—Voy a pedir autorización para volver a registrar el primero A y analizar específicamente las cuentas administrativas asociadas a Elvira. Hasta entonces, no hable con ella de esto.

—¿Cree que creó las encuestas?

—Creo que tenemos motivos para preguntárselo con pruebas que ayer no teníamos.

—¿Y Yago?

—Sigue en prisión provisional. Lo que sabemos ahora no borra que entró en el cuarto B, mintió y se llevó los recibos.

El separador vacío, la llave encontrada en el coche y los recibos recuperados de la agencia seguían siendo hechos.

La historia de Yago seguía siendo verdadera.

Solo había dejado de ser toda la historia.

Al regresar al Mirador, encontró a Elvira en el primer rellano. Había abierto la puerta de Amparo y esperaba a que la mujer terminara de ponerse una chaqueta para bajar un momento a la calle.

—¿Te ha servido la fotografía? —preguntó.

Nora sintió la pregunta en el cuerpo antes de comprenderla. Elvira se refería a la copia policial de las 17:36. No podía saber qué había descubierto después.

—Sí.

—Me alegro.

Elvira se agachó para abrochar a Amparo un botón que había quedado desplazado. La mujer protestó porque no era una niña. Elvira le respondió que entonces podía dejar de vestirse como si los botones fueran opcionales.

Amparo resopló.

La escena era la misma que Nora habría utilizado el día anterior para defenderla.

Subió sin detenerse.

En casa abrió la libreta por la página donde había tachado el nombre de Elvira.

La línea atravesaba las letras con tanta fuerza que había marcado la hoja siguiente.

Nora no escribió «culpable».

Tampoco borró la línea.

Al lado puso dos horas.

22:50–23:03.

23:15:11.

Debajo escribió:

VISTA PREVIA.

Se quedó mirando las tres anotaciones hasta que dejaron de parecer una interpretación.

La primera captura de Elvira no procedía de haber recibido la mayoría.

La vio antes de enviarla.