La mayoría: En esta comunidad hay un culpable Capítulo 17 — El quinto voto
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Capítulo 17 — El quinto voto

El quinto voto

A la mañana siguiente, el contador seguía descendiendo.

Durante la noche, Salcedo había ordenado que nadie intentara modificar el recuento. El equipo técnico copiaría los registros y bloquearía nuevas comunicaciones en cuanto pudiera hacerlo sin perder información.

Simón había explicado que una pantalla así podía quedar preparada con antelación y seguir funcionando sin que nadie votara de verdad. Todavía no sabían cuándo se había creado aquella.

Nora no volvió a abrir ConVive. Le bastaba con saber que las horas continuaban bajando hacia una decisión tomada por otra persona.

Yago seguía en el cuarto A, bajo vigilancia mientras terminaban de revisar sus dispositivos. El edificio había pasado la noche con siete teléfonos asignados a favor de su culpabilidad, uno —el suyo— en contra y un noveno voto artificial atribuido al perfil de Gael.

Su responsable había enviado un mensaje breve: si necesitaba otro día, podía tomarlo. Nora contestó que no. Encendió el ordenador a las ocho y treinta y seis y abrió el primer expediente pendiente.

Era la filtración que llevaba varios días evitando.

El propietario del segundo afirmaba que la mancha procedía de la vivienda superior.

El del tercero culpaba a una bajante comunitaria.

El primer informe del fontanero había sido ambiguo y, desde que leyó la declaración del vecino de abajo, Nora había ordenado mentalmente el resto de las pruebas alrededor de ella.

Empezó por la fotografía más antigua: humedad alrededor de una tubería común. Dos días después aparecía agua bajo la lavadora del tercero, pero el vecino de abajo había reclamado antes de que existiera esa segunda imagen.

Había permitido que la primera versión decidiera qué significaban las siguientes.

Cerró el campo de conclusiones y empezó de nuevo.

A las diez y doce recibió una llamada de Salcedo.

—Tenemos la programación del recuento de anoche.

Nora apartó la vista del expediente.

—¿Cuándo se creó?

—Antes de la muerte de Gael.

Eso eliminó la explicación más sencilla. El recuento no era una reacción a los recibos encontrados en casa de Yago, a la tableta antigua ni a sus nuevas mentiras. Alguien había decidido con antelación que, llegado un momento, el edificio debía verlo como responsable.

—¿Antes de la primera encuesta?

—El archivo ya existía esa noche. Estamos precisando la última modificación. No le voy a dar una hora que todavía no puedo sostener.

Nora aceptó la cautela.

—Entonces Yago no pudo crearla para defenderse después.

—No he dicho quién la creó.

—He dicho quién no necesitó improvisarla.

Salcedo guardó silencio durante un instante.

—Hay otra cosa. Venga al salón comunitario a las doce. Traiga los correos de la plataforma.

Teresa ya estaba allí cuando Nora bajó. También Elvira y Simón. Sobre la mesa había cinco hojas impresas y una pantalla policial. Salcedo no había llamado a Yago ni a Lidia. Damián había pedido unos días en el trabajo y no estaba allí; Amparo dormía después de una mala noche.

—Hemos recuperado parte del registro de la votación de la plataforma —dijo Salcedo—. No todo. Lo suficiente para fijar las primeras respuestas.

Nora abrió su libreta, pero no escribió.

En la pantalla aparecieron cinco horas.

18:51 — EN CONTRA

18:58 — A FAVOR

19:03 — EN CONTRA

19:08 — A FAVOR

19:11 — EN CONTRA

—¿De quién es cada una? —preguntó Teresa.

Salcedo señaló las confirmaciones que los vecinos habían conservado en el correo. Teresa reconoció la primera. Elvira, la segunda. La tercera pertenecía a Lidia. Amparo había votado a favor a las 19:08 con ayuda de Elvira, desde su propio perfil.

La quinta era de Gael.

La secuencia ya podía leerse sin ayuda.

Dos votos en contra. Dos a favor. Empate.

Gael había votado después.

Su respuesta convirtió el empate en un tres a dos, la primera mayoría contraria a la plataforma.

—Y yo voté a las 19:14 —dijo Nora.

Salcedo mostró la siguiente línea.

19:14 — ABSTENCIÓN

Después de registrar la abstención, Nora había visto el resultado provisional que Gael acababa de inclinar.

No era una mayoría abrumadora. Ni siquiera era estable. Eran cinco votos y una diferencia de uno. Sin embargo, la palabra aparecía con la misma autoridad con que ConVive había mostrado después un sesenta y siete, un setenta y ocho y un ochenta y nueve por ciento.

Teresa se acercó a la pantalla.

—¿Gael votó en contra de Julián?

Elvira respondió antes que Salcedo.

—Sí.

No había dureza en su voz. Tampoco sorpresa.

—¿Y después investigó la votación? —preguntó Teresa.

—Mucho después —dijo Elvira—. Cuando Julián ya había muerto.

Simón apoyó un dedo junto a la quinta hora sin tocar la pantalla.

—Si Gael estaba mirando el orden, esto explica por qué. Su voto fue el primero que dejó una mayoría provisional en contra. Los que votaron después veían el resultado tras elegir y todavía podían cambiar.

—No sabemos por qué lo investigaba —dijo Salcedo.

—Tal vez porque quería demostrar que los demás hicieron lo mismo que él —respondió Teresa.

Gael guardaba recibos de un alquiler ilegal y, al mismo tiempo, exigía que cada acuerdo quedara documentado. Podía votar contra una plataforma y meses después obsesionarse con la forma en que aquella votación había influido en los demás. La contradicción no anulaba ninguna de las dos cosas.

—¿Qué vio Gael en su primera encuesta? —preguntó Nora.

Salcedo no respondió inmediatamente.

La policía había recuperado el historial del teléfono roto. La pantalla de Gael no llegó a abrir la segunda votación de la mañana. La primera sí.

Salcedo colocó una impresión sobre la mesa.

¿QUÉ VECINO SERÍA CAPAZ DE MATAR A ALGUIEN?

ELVIRA MONTALBÁN

67 %

MAYORÍA

Elvira leyó su nombre sin moverse.

Teresa miró hacia ella y después hacia Nora.

—Gael recibió a Elvira.

—Eso muestra su pantalla —corrigió Salcedo—. No lo que pensaba antes de verla.

Nora recordó la visita al cuarto B. Cuando propuso llamar a Elvira, Gael evitó responder. Más tarde, cerca de las once y veinte, alguien llamó tres veces a una puerta y una voz masculina discutió con otra más baja.

La secuencia era demasiado fácil de completar.

Por eso Nora no la completó.

Elvira se sentó. No buscó una explicación rápida.

—Yo presidí la votación de la plataforma —dijo—. Si alguien quería que Gael sospechara de mí, no necesitaba conocer un secreto. Bastaba con enseñarle el nombre adecuado.

—También necesitaba saber que estaba investigando a Julián —dijo Nora.

Elvira la miró.

—Eso sí.

No intentó reducir el problema.

Salcedo guardó la impresión y pidió a todos que no comentaran el resultado de Gael con el resto de vecinos. Teresa señaló que ocultarlo no lo haría menos real. La agente respondió que hacerlo circular podía convertirlo en otra encuesta.

Al subir, Nora se quedó sola en el segundo rellano.

Abrió la libreta por la página de la plataforma y añadió el orden de los seis primeros votos. Junto al de Gael escribió una sola frase:

PRIMERA MAYORÍA VISIBLE: 3–2 EN CONTRA.

Después anotó su propia hora.

19:14 — ABSTENCIÓN.

No trazó una flecha entre las dos líneas. La relación estaba allí sin necesidad de convertirla en una excusa.