La mayoría: En esta comunidad hay un culpable Capítulo 12 — La abstención
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Capítulo 12 — La abstención

La abstención

A las siete y cuarenta de la mañana, Nora seguía leyendo correos de hacía un año.

Había dormido poco y sin cambiarse de lado. Cada vez que cerraba los ojos veía el marco vacío, la copia junto a la puerta y el círculo azul alrededor de los peldaños. A las seis y veinte se levantó, preparó café y abrió los diecisiete mensajes relacionados con la plataforma.

Los ordenó por fecha.

El primero contenía tres presupuestos. El segundo, un informe técnico.

Un correo del administrador aclaraba que, con aquel coste y sin ayudas públicas suficientes, la actuación no entraba en el supuesto de accesibilidad de ejecución obligatoria y necesitaba el acuerdo de la mayoría de propietarios y cuotas.

Después venían las preguntas de los vecinos: cuánto costaría el mantenimiento, quién respondería si la estructura se averiaba, si el seguro cubría una caída y por qué no podían instalar una rampa más barata.

Las respuestas de Elvira eran breves al principio y más largas a medida que pasaban las semanas.

Nora no encontró insultos ni acusaciones. Solo una paciencia que se iba volviendo formal.

El aviso de votación llegó casi un año después de la primera solicitud.

¿APRUEBA LA INSTALACIÓN DE UNA PLATAFORMA ELEVADORA EN EL PORTAL?

Las opciones eran:

A FAVOR

EN CONTRA

ABSTENCIÓN

El correo explicaba que el voto podía modificarse hasta el cierre. También incluía una función que Nora ya conocía demasiado bien.

Para consultar el resultado provisional debe seleccionar una opción.

Nora abrió el siguiente mensaje.

Era una confirmación automática enviada a las 19:14.

SU RESPUESTA HA SIDO REGISTRADA: ABSTENCIÓN.

Durante unos segundos no recordó haberla elegido.

Después volvió una imagen pequeña y desagradable: ella sentada en la cama del dormitorio antiguo, el portátil apoyado sobre las piernas y una maleta abierta junto al armario.

Su marido había salido de casa la semana anterior.

Nora estaba calculando qué muebles podía pagar sola y qué recibos seguían cargándose en una cuenta compartida.

Abrió la votación para saber si la derrama saldría adelante.

Eligió abstención porque no quería decidir antes de ver el resultado.

La página le mostró una mayoría contraria a la plataforma.

El mensaje de confirmación indicaba que podía cambiar la respuesta hasta el día siguiente. Nora recibió dos recordatorios. No abrió ninguno.

Buscó el cierre definitivo.

VOTACIÓN FINALIZADA.

A FAVOR: 3.

EN CONTRA: 5.

ABSTENCIÓN: 1.

La vivienda 2.º A aparecía junto a la última opción.

Nora apartó las manos del teclado.

Su voto a favor no habría cambiado el resultado final. Cinco votos seguían siendo más que cuatro. La constatación llegó con demasiada rapidez, preparada para protegerla antes incluso de que supiera de qué quería defenderse.

No era responsable de la enfermedad de Julián, de su caída ni de la decisión de otras cinco viviendas.

Tampoco podía fingir que no había elegido nada.

Había seleccionado una opción para obtener información y, después de conocer lo que parecía pensar la mayoría, había dejado que la elección provisional se convirtiera en definitiva.

Abrió la libreta.

En una página nueva escribió:

ANTES: separación, gastos, derrama.

RESULTADO RECIBIDO: rechazo.

DESPUÉS: mantuvo la abstención.

La última frase le pareció escrita sobre otra persona.

La tachó.

DESPUÉS: no cambié mi voto.

El telefonillo sonó a las ocho y diez.

Teresa esperaba en el portal con una bolsa de pan. Al subir, vio el ordenador abierto y la libreta junto al café frío.

—Has encontrado algo.

Nora giró la pantalla.

Teresa leyó la votación completa. No preguntó cómo había accedido ni por qué seguía despierta. Se detuvo en el resultado final.

—Yo voté en contra —dijo.

La seguridad de la frase contrastaba con lo que había afirmado la noche anterior.

—Dijiste que no lo recordabas.

—No quería recordarlo delante de Elvira.

Teresa dejó el pan en la encimera.

Teresa explicó que había votado por el coste y por el informe que advertía de una reducción del espacio de evacuación. Su salario podía asumir una derrama; no sabía si Amparo, Lidia o Damián podían hacerlo. Cuando eligió «en contra» en ConVive, el rechazo apareció como resultado provisional.

—Me tranquilizó —admitió—. Pensé que no tendría que ser yo quien dijera que aquello era demasiado caro.

—Pero votaste en contra.

—Sí. Lo decidí yo.

No buscó una palabra más suave.

Nora señaló la instrucción de la pantalla.

—Es la misma estructura. Primero eliges algo para poder mirar. Después el resultado te explica por qué tu elección era razonable.

—La estructura era de ConVive. Simón la diseñó.

—El diseño, sí. Pero alguien escogió precisamente esta votación para preparar las nuevas.

Teresa recorrió los mensajes anteriores. Se detuvo en uno enviado por Gael doce días antes de morir.

El asunto era: ORDEN DE LOS VOTOS.

No contenía una acusación. Gael preguntaba si la comunidad conservaba el registro de cuándo se había emitido cada primera respuesta y qué resultado provisional había visto después cada vivienda, antes del cierre.

Elvira contestó que las actas solo recogían el resultado final.

Simón añadió que el sistema guardaba actividad técnica, pero que habría que recuperar una copia antigua.

Nora leyó las tres respuestas dos veces.

—Ya estaba investigándolo.

—O buscando otra cosa con la que discutir —dijo Teresa.

Teresa no hablaba con desprecio. Gael podía hacer ambas cosas al mismo tiempo.

Nora reenvió el hilo completo a Salcedo, sin añadir una conclusión.

Nora cerró el ordenador y se puso los zapatos.

—¿Adónde vas? —preguntó Teresa.

—A hablar con Simón.

—La policía le ha dicho que no toque los equipos.

—No necesito que toque nada.

—Eso siempre tranquiliza mucho cuando lo dices antes de llamar a una puerta.

Teresa no se ofreció a acompañarla. Nora agradeció que no lo hiciera.

Simón abrió el tercero A con una taza en una mano.

El piso había perdido varios de sus ordenadores y parecía desocupado por zonas.

Quedaban cables enrollados, marcas de polvo sobre el escritorio y una única pantalla pequeña conectada a un portátil que la policía le había permitido conservar para trabajar.

—Salcedo ha dicho que no hable del perfil de pruebas —dijo.

—No vengo por el perfil.

Nora le mostró en su teléfono el aviso de la plataforma.

Simón miró primero el diseño y después el hilo antiguo de Gael.

—Ya lo has visto.

—He visto que preguntaba por el orden de los votos doce días antes.

—La noche de su muerte me llamó a las 22:47. Dijo que había encontrado un envío programado. A las 22:49 me pidió que abriera el archivo de la plataforma.

—¿Por qué esa?

—No me lo explicó.

—¿Abriste el archivo?

—Sí.

Simón se apartó de la puerta. Nora entró, pero permaneció en el recibidor.

—El registro estaba incompleto —continuó—. ConVive había cambiado de versión. Pude recuperar la plantilla y parte del orden, no todos los votos.

—¿La plantilla era esta?

Nora amplió la captura del correo antes de que él respondiera. El fondo era distinto al de las encuestas nuevas, pero la secuencia coincidía: pregunta, opciones, obligación de elegir y resultado provisional bajo una franja marcada como mayoría.

Simón dejó la taza sobre un mueble.

—Las encuestas de la noche no se diseñaron desde cero. Duplicaron esta plantilla.

—¿Quién podía verla?

—Elvira, porque era presidenta. Yo, porque la configuré. Teresa tuvo permisos de secretaria durante algunas juntas. Gael había pedido acceso al archivo. Y cualquiera que entrara en la sesión abierta de la tableta podía encontrarla si sabía qué buscar.

La lista no cerraba nada.

—¿Qué te escribió Gael después?

Simón miró hacia el escritorio vacío.

—Una frase.

—¿Cuál?

—«Mira el orden, no el resultado».

Nora esperó.

—¿Y qué significaba?

—No llegué a preguntárselo. A las 23:17 apareció la encuesta. A las 23:24 entré en el perfil de pruebas y vi que había formularios separados. Después me concentré en demostrar que alguien estaba usando mi cuenta.

—Te concentraste en lo que te señalaba a ti.

Simón frunció el ceño.

—Me concentré en el problema técnico.

—Eso he dicho.

Durante un instante pareció dispuesto a corregirla. No encontró una diferencia que pudiera explicar sin darle la razón.

Nora guardó el teléfono.

—¿Conservas el mensaje de Gael?

—La policía tiene una copia.

—Necesito verlo.

—No.

La negativa fue inmediata.

—¿Porque Salcedo te lo ha prohibido?

—Porque ya has aprendido lo que ocurre cuando una frase sale de su contexto.

Simón cerró la puerta con más cuidado del necesario, dejándola de nuevo en el rellano.

Nora bajó al segundo piso.

Salcedo respondió cuando estaba entrando en casa.

—He recibido los correos —dijo—. El archivo solicitado a las 22:49 coincide con el acceso que estamos revisando.

—Las encuestas copiaron esa votación.

—Es probable.

—Gael investigaba el orden de los votos.

—Eso está documentado.

Nora esperó algo más. La agente no se lo ofreció.

—¿No cambia la investigación?

—Cambia una pregunta. Ahora sabemos qué archivo buscaba Gael. Seguimos sin saber qué encontró ni quién lo mató.

—Alguien conocía mi abstención.

—La votación no era secreta.

—Y sabía que yo había visto el resultado antes de dejarla igual.

—Eso podía deducirse del registro, si lo conservaba.

Salcedo volvió a separar lo posible de lo probado. Nora había empezado a apreciar aquella disciplina incluso cuando la frustraba.

—No acuse a nadie con esto —añadió la agente.

—No voy a hacerlo.

—Ya ha ido a casa del señor Arce.

Nora miró hacia el techo.

—No lo he acusado.

—Ha buscado información fuera de la investigación. No es lo mismo, pero tampoco es nada.

La llamada terminó.

Nora regresó a la libreta. En la página de la plataforma escribió una cuarta línea.

DESPUÉS DE RESPONDER: resultado provisional visible.

Después abrió la tabla de las encuestas nuevas. En la columna de su vivienda añadió el conflicto que alguien había elegido para ella.

GAEL: denuncia.

JULIÁN: abstención.

Se quedó mirando las dos palabras. La primera la había ocultado a la policía. La segunda se la había ocultado a sí misma.

En la columna «DESPUÉS» no escribió que se sintiera culpable. Tampoco que su voto no habría cambiado el resultado.

Escribió lo único que podía probar: no había cambiado su voto.