Quinta parte. Sauce alegre #3
El problema era que, aparte de mandar a la enfermera Yugoslav a tomar por culo, literalmente, tampoco había hecho nada más. Era mucho más fácil ser valiente con palabras que con acciones.
—Gary, ¿estás dormido? —preguntó media hora después.
Por toda respuesta, Gary se puso a roncar.
«Al fin. Al fin».
E SPAGUETI: Está dormido.
A RTURO EL M EDIANO : ¿Quién cojones eres?
B OLSITA DE T É : Es Sauce, tonto. El chat le cambia el nombre cuando finge ser alguien diferente.
E SPAGUETI : Preparaos. Saldré con ella dentro de nada.
Espagueti el goblin no tenía ningún conjuro preparado. Sauce se transformó rápidamente en un hada nocturna y lanzó Abrazo soñoliento, para asegurarse de que Gary seguía durmiendo. La diferencia de nivel entre ellos era demasiada como para que lo lanzase cuando estaba despierto.
La notificación DORMIDO apareció sobre la cabeza del gnoll. Había funcionado.
Sauce Alegre pasó unos instantes mirándolo. Matarlo no serviría de nada porque reaparecería al momento. Y del todo sobrio encima.
Sauce suspiró. Se había centrado tanto en dejar de lado su pasividad que no había anticipado lo que podía llegar a convertirse en un gran problema.
Solo estaban haciendo aquello porque abuela llama quería usar la inmortalidad de Gary cuando decidiese actuar contra Menerva.
Pero el problema era que Gary le caía muy bien a Sauce.
Se sentía mal por él. A pesar de su «inmortalidad», estaba claro que era el que peor lo estaba pasando de todos.
Cuando Sauce había fingido ser su amiga, había empezado a darse cuenta de que, en realidad, ella nunca había tenido amigos.
No de verdad. Y, por primera vez en su vida, le dio la impresión de que también le caía bien a alguien.
Bien de verdad. Sí, era cierto que había sido mientras tenía el aspecto de Espagueti el goblin, pero aun así…
Estaba orgullosa. Le gustaba pensar que tenía un amigo.
… Y estaba a punto de asesinar a la novia de ese amigo.
«Se puede sobrevivir faltando a tus principios o morir aferrándote a ellos. Las opciones son claras».
Sauce, que aún seguía transformada en hada nocturna, voló a toda velocidad hacia la gnoll y volvió a lanzar Abrazo soñoliento, para asegurarse de que Jen-Jen la Saltarina también seguía dormida.
Se quedó paralizada cuando empezó a oír gritos en el exterior.
Bolsita de Té: No salgas aún. Tenemos compañía.
Sauce volvió a adquirir rápidamente la forma de Espagueti el goblin y se dirigió hacia la puerta a toda velocidad.
Tras pasar unos instantes escuchando, su sorpresa se transformó en irritación.
Echó un vistazo rápido hacia atrás para asegurarse de que Gary seguía dormido y luego volvió a su forma de orca habitual. Salió al exterior.
—SI NUESTRA DIFERENCIA DE TAMAÑO NO FUESE TAN MARCADA, TE CONVERTIRÍA EN MI AMANTE —gritaba Ranúnculo la hámster a Arturo el Mediano. La criatura de pelaje dorado estaba sobre las patas traseras y no dejaba de olisquear a la llama.
—Sí —dijo Arturo el Mediano mientras se pasaba la lengua por los dientes.
La llama se inclinó para olisquear a la pequeña hámster y un vapor brotó de sus orificios nasales.
Podía metérsela en la boca sin problema.
Emitió un ruido gutural que a Sauce le recordó a la realeza orca—.
Te va la marcha, ¿verdad? Apuesto lo que sea a que eres una fiestera.
Sí. Quizá podría irnos bien. Yo… tengo un conjuro que podría hacerme muy pequeño.
—SI CON FIESTERA TE REFIERES A QUE TE HARÍA EL AMOR COMO NUNCA TE LO HAN HECHO, SÍ QUE SOY UNA FIESTERA. SEGURO QUE NUESTROS RETOÑOS ANTINATURALES SERÍAN ENCANTADORES.
—Sí, nena —dijo Arturo el Mediano al tiempo que se acercaba un poco más a la hámster—. Espera. ¿Qué has dicho?
—Joder con vosotros dos, ¿eh? —dijo Sauce al tiempo que ponía los brazos en jarras y hacía gala de su personalidad de guerrera muy seria—. Parad. No sigáis por ahí.
La pequeña hámster se giró hacia Sauce.
—QUIQUIRIQUÍ SIGUE DESAPARECIDO. Y ES MI HERMANO. BUSCO A MI HERMANO. SE LLAMA QUIQUIRIQUÍ.
—Seguimos sin haberlo visto —dijo Bolsita de Té, que parecía irritado—.
Como te hemos asegurado las diez veces que nos lo has preguntado, es probable que esté derretido o que haya entrado por accidente en esa trastienda donde guardamos a los dingos y a los dreks.
No te preocupes tanto, que tienes otro hermano.
—MORDISQUITOS Y YO YA NO SOMOS HERMANOS, PORQUE NOS HEMOS PELEADO.
ME HA DICHO QUE DEBERÍA DE DEJAR DE BUSCAR A QUIQUIRIQUÍ.
ESE ES MI HERMANO PERDIDO, ¿LO SABÍAIS? MORDISQUITOS NO SE HA PERDIDO.
RORY LA GOBLIN ME COMENTÓ QUE SEGUÍA EN LA LISTA, LO QUE SIGNIFICA QUE SIGUE CON VIDA. SE LLAMA QUIQUIRIQUÍ. ¿LO HABÉIS VISTO?
Sauce tragó saliva y se sintió culpable.
No tenía ni idea de dónde estaba el hámster perdido.
Hacía unas semanas lo había visto espiándolos desde el techo de la estancia durante una reunión, pero había sido pura casualidad.
Con su forma de orca se le daba muy bien captar cualquier movimiento, y la criatura se había colocado cerca del borde de la cañería de ácido en el momento justo.
Abuela había ordenado capturarlo y todos se había puesto a buscar al espía.
El hámster había desaparecido esa noche y nadie lo había vuelto a ver desde entonces. Pero no había vuelto con sus hermanos. Según Nigel, eso no era nada propio de Quiquiriquí.
Después de que encontrasen e interrogasen a los hermanos idiotas del hámster perdido, la urgencia por buscarlo se había reducido mucho. Todo el mundo daba por hecho que Quiquiriquí era igual de imbécil que los otros dos y que podía haberse quedado encerrado en cualquier parte.
O podía haberse perdido, perdido como ella cuando había escapado del club Escolopendra.
No tenían ni idea de qué era lo que había ocurrido, pero estaba claro que el hámster no le había contado nada de lo que había oído ni a Rory ni a Menerva.
—Ranúnculo —dijo Sauce—. No lo hemos visto. ¿Por qué no le preguntas a Nigel? Sabemos que también está buscando a tu hermano.
—MUY BIEN —dijo Ranúnculo un momento después, con tono alicaído. Corrió en círculos varias veces y luego se marchó gritando el nombre de su hermano.
—Qué pesada, joder —murmuró Arturo el Mediano sin dejar de mirar a la hámster mientras se marchaba.
—Quedaos aquí —dijo Sauce—. Los dos están durmiendo. Voy a sacarla y luego volveré a entrar.
—Entendido —dijo Bolsita de Té. Arturo no había dejado de mirar a la hámster.
Sauce volvió al apartamento rápidamente y vio que Gary seguía roncando en el sillón. Adquirió su forma de trol grande. Empezaba a cansarse. Se había acostumbrado a cambiar de forma rápidamente a lo largo de muchas temporadas, pero seguía afectándole si lo hacía mucho y demasiado rápido.
Sauce se colocó junto a Gary.