Quinta parte. Sauce alegre #4
—Siento mucho lo que estoy a punto de hacer —dijo—.
Espero que nunca lo descubras, porque eres un buen tipo, Gary el Ronco.
Sí, es verdad que lo que estás haciendo es muy chungo y sigo sin saber qué les está pasando a todas las versiones anteriores de tu novia, pero sé que lo has pasado y lo sigues pasando mal.
Espero que algún día encuentres la felicidad.
Quizá abuela llama esté en lo cierto y podamos obligar a Menerva a decirnos qué es lo que está pasando realmente. Yo no lo creo, pero es una posibilidad.
Gary siguió roncando.
Ella se dio la vuelta y se dirigió hacia Jen-Jen.
—Respecto a ti, también lo siento. Me aseguraré de que se deshacen de ti como es debido y rápidamente. Y también de que Arturo no te haga nada asqueroso.
Extendió el brazo y agarró a Jen-Jen, aún inconsciente. La criatura perruna era más pesada de lo que debería. Sauce se colocó a la gnoll sobre el hombro como si fuese un saco.
Era la primera vez que había tocado a Jen-Jen la Saltarina. La reacción tardó unos instantes, pero cuando la gnoll cayó sobre su hombro, Sauce sintió una sensación de alarma instintiva. Notó unas náuseas y una repugnancia que no tenía ni idea de dónde podían venir.
Los cambiados podían transformarse en casi cualquier cosa que tocasen, pero había un tipo de monstruo en particular que les resultaba repulsivo a nivel físico. Y, si no se preparaban antes de tiempo para tocarlos, el contacto con ese tipo de criaturas podía llegar a incapacitarlos.
«Mierda, mierda».
Jen-Jen la Saltarina no era un gnoll.
Justo al descubrirlo, el cuerpo inconsciente de Jen-Jen se abrió en su espalda y apareció una boca gigantesca.
—Sorpresa, hija de puta —dijo el mimeto antes de morder.
Mientras Sauce caía y la sangre le chorreaba por el cuello, la puerta se abrió de repente y las dos llamas entraron a toda prisa, gritando y con los cuellos resplandecientes.
Las criaturas estaban rodeadas por un conjuro de contención.
Larry el rátido también estaba allí, lo cual era muy raro. Larry no lanzaba conjuros.
«¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando?».
—¡No, no, no! —aulló Bolsita de Té mientras el pecho de Larry abría las fauces y le arrancaba la cabeza de un mordisco. El cadáver de Bolsita de Té se derrumbó en el suelo de la mazmorra.
La mimeto que era Jen-Jen se deslizó por el cuello de Sauce como una serpiente y volvió a recomponerse en el suelo, acuclillada frente a ella. Sauce intentó contener el chorro de sangre que le brotaba del cuello. No podía cambiar de forma con una herida así.
—La sangre de cambiado es deliciosa —dijo la mimeto, que se llevó un dedo a la boca, esa boca que estaba en su pecho.
La cabeza del cuerpo de Jen-Jen la Saltarina no dejaba de bambolearse.
Era la primera vez que Sauce veía a una mimeto.
Aunque estos no es que fuesen mimetos propiamente dichos.
Eran mimetos de sombra. Los mismos que se usaban durante la Ascendencia.
Eran más parecidos a cambiados, diferentes a los estúpidos y salvajes que se usaban en los pisos inferiores.
Los mimetos de sombra eran demasiado peligrosos, demasiado impredecibles como para usarlos como PNJ no combatientes.
Eran los enemigos mortales de los cambiados. Eran malvados por naturaleza.
Gary seguía roncando en el sillón.
—Ayuda —gritó Sauce a Gary. No se iba a despertar, pero lo intentó de igual manera—. Ayuda.
—Ayuda, ayuda —repitió el mimeto, que la imitó con tono burlón.
—¿Lo sabe? —preguntó Sauce. Empezaba a sentir que la muerte se cernía sobre ella.
El mimeto gruñó.
—¿El pobre Gary, ese tonto que no se entera de nada?
El sistema no lo dejaba crear una gnoll.
Tampoco una cambiada. Es por eso por lo que creó a uno de nosotros.
Sabe lo que está haciendo, pero desconoce que tenemos nuestros propios planes.
Siempre desaparecíamos, y él creía que era porque estábamos huyendo.
Es una pena, en realidad. Como has dicho, es un buen tipo.
Y también alguien muy útil. De un valor incalculable, incluso.
Y en este lugar, querida prima, tener un valor incalculable es muy muy peligroso.
En el otro extremo de la estancia, aparecieron versiones de mimeto con forma de Bolsita de Té y de Arturo el Mediano, que se habían puesto a devorar los cadáveres de las llamas.
Empezó a notar movimiento por toda la estancia.
Varias de esas criaturas aparecieron de repente.
¿Cuántas había? ¿Cuántas veces había intentado Gary crear una versión perfecta de Jen-Jen la Saltarina?
La mimeto se puso en pie, pero había adquirido forma de orca. Era una imitación perfecta.
—Vuestro problema fue que os precipitasteis.
Aún no estábamos preparados para la siguiente fase —dijo la orca, que ahora tenía la boca en la cabeza.
Había adquirido la voz de Sauce incluso.
El ajetreo no había cesado a su alrededor.
Eran más mimetos sin forma que no dejaban de acercarse—.
La idea era buena, eso sí: controlar a aquel que no puede morir.
—Esperad —dijo Sauce.
No lo hicieron.
LA SEXTA PARTE ESTARÁ INCLUIDA EN
EL OJO DE LA NOVIA FRENOPÁTICA .