Epílogo #2
—¿Las Bahamas? —preguntó Dónut—. ¡Es donde la señorita Beatrice fue de vacaciones!
Sobre los barrotes quedaban dos minutos en la cuenta atrás, pero justo en ese momento los números titilaron y se quedó a cero.
¡Hola, mazmorreros!
¡Bienvenidos al séptimo piso! ¡Empieza la cuenta atrás!
Hablaba mucho más rápido de lo habitual, tanto que me resultaba difícil entenderla. Era como si intentase acelerar las cosas.
Las normas. Cuando termine este mensaje, todas las cápsulas de mazmorreros se deslizarán al conducto inicial y se abrirán.
Esto ocurrirá en orden. Una vez abiertas las cápsulas, os deslizaréis por el túnel en dirección al laberinto.
Todos los caminos llevan fuera. No hay callejones sin salida.
Los portales que veis ahí detrás no dejarán de atraeros durante todo el piso, pero para llegar hasta ellos tendréis que recorrer el laberinto, que tiene cientos de kilómetros de conductos serpenteantes y enrevesados.
Cada uno de los caminos lleva hasta un nodo que a su vez lleva a varias bifurcaciones.
En algunos casos hay cientos de caminos posibles.
En dichos nodos encontraréis estancias seguras de boxes.
Y no podréis ir hacia atrás. Como era de esperar, algunos caminos son más peligrosos que otros.
Los hay en los que, para continuar, es necesario resolver ecuaciones matemáticas o rompecabezas.
Pero todos pueden cruzarse de una forma u otra.
El nivel de peligro de cada bifurcación está indicado y, en muchas ocasiones, dicha indicación vendrá con una descripción de lo que os vais a encontrar y de la distancia a la que se encuentra el siguiente nodo.
La mayoría de los nodos grandes cuentan con un sendero vacío, que viene a ser un camino donde no hay peligros.
Tenéis que elegir con cautela. Una vez diez mazmorreros hayan atravesado un camino concreto, este se cerrará durante un periodo de tiempo basado en su dificultad.
Los senderos vacíos que he nombrado antes solo pueden cruzarse una vez.
Por eso, aquellos de vosotros que estéis en la parte de atrás del grupo deberéis…
Se quedó en silencio. Detrás de mí, Prepotente se hizo con el palo, que se llamaba Palo mágico de los gritos de Cascadia. Empezó a acercarlo a la zona húmeda del cristal y luego lo atravesó como por arte de magia.
Joder, Prepotente. No lo hagas. Por favor. He trabajado mucho para terminar este piso.
El palo se detuvo cuando iba por la mitad. Prepotente gritó.
La cabra alzó la vista al techo y dijo:
—Creo que mi madre estaría muy orgullosa de mí en este momento.
Me habría dicho que soy un chico muy listo.
Me gustaría que supieses que tocaba el piano.
A veces me dejaba entrar en la casa, solo a mí, y se ponía a tocarlo y a cantar.
Iba a hacerlo en el concurso de talentos.
Y ahora jamás podré volver a ver cómo lo hace.
Luego, agarró el martillo y susurró:
—Eres un buen chico, mi dulce y pequeño Prepi. Eres un chico bueno y listo.
Le dio un golpecito al palo con el martillo.
Crac.
Un patrón relampagueante de grietas apareció en ese momento en el cristal.
Acerqué la mano al hombro y agarré con fuerza a Dónut.
«Madre mía —pensé—. No puede ser. No puede ser».
—Interesante —dijo Prepotente mientras miraba las grietas en la pared de cristal.
Hablaba con tono reflexivo—. Creí que iba a ser instantáneo.
Según la leyenda, Kiznet pasó años intentando resquebrajar las paredes del laberinto imposible.
Terminó por abrir una grieta en la sala de resurrección y fue allí, en la mismísima entrada, donde terminó por darse cuenta de que…
¡Pum!
La pared se hizo añicos. Y no solo la pared, sino todas las paredes.
El piso al completo se convirtió en un polvo muy fino.
A mi alrededor aparecieron todos los mazmorreros, que fueron absorbidos por los portales al mismo tiempo.
Agarré a Dónut con fuerza mientras caíamos de cabeza y sin remedio hacia las escaleras.
Lo último que oí antes de quedar rodeados por la luz fue a Cascadia gritando por el sistema de anuncios de la mazmorra.
Dónut y yo caímos de golpe en una estancia oscura hecha de mármol, para luego deslizarnos hasta detenernos.
Empezamos a toser y nos incorporamos. Dónut agitó la cabeza con brusquedad y luego empezó a vomitar una bola de pelo, que cayó al suelo.
Era una mezcla de sangre, partes de insectos y esquirlas de cristal.
Nos habíamos detenido en la base de una pequeña escalera de diez escalones que subía hasta una plataforma. Sobre dicha plataforma flotaba un globo reluciente tamaño coche que representaba la Tierra.
Teníamos la interfaz desconectada.
Habíamos estado antes en una habitación similar. Entre el cuarto y el quinto piso, donde se nos había asignado el cuadrante de Aire para nuestra burbuja.
—¿Acaba de pasar lo que creo que acaba de pasar? —pregunté mientras me sacudía los restos de cristales.
—Carl, ¡ha roto el piso entero! Esa señora estaba enfadadísima con él.
—Intentaron evitarlo —dije—. Pero todos nuestros patrocinadores se unieron para que lo consiguiese. También querían que tú estuvieses ahí. Intentan que trabajemos juntos.
—Pues Prepotente se va a meter en un buen lío —dijo Dónut.
Seguí sacudiéndome, pero era inútil. Me saqué algo del pelo. Era una antena de ninfa de mantis. La tenía pegada debido a la sangre.
—Espero que todos hayan cruzado el portal sin problema.
Antes de que entréis en el octavo piso, debéis fijar vuestra ubicación inicial.
Aviso: Todos los grupos en los que haya más de cinco integrantes se dividirán automáticamente en pelotones de cinco o menos. Seguirás en grupo con el resto, pero es posible que algunos desafíos de este piso requieran que solo interactúes con tu pelotón.
Tu grupo está formado por dos miembros. No se ha dividido.
Tu pelotón está formado por:
Dónut la mazmorrera (líder del pelotón).
Carl el mazmorrero.
Quedan seis espacios libres.
En este piso no podréis abandonar los pelotones. Dios, espero que os llevéis bien.
Líder de pelotón Dónut, acércate a la plataforma y elige la ubicación inicial, por favor. Tienes noventa segundos para hacerlo o se elegirá una al azar.
Dónut brincó hacia la plataforma sin pisar los escalones. Levantó la pata, momento en el que el globo terráqueo gigante empezó a girar controlado por ella. Intenté seguirla, pero había algo que no me dejaba avanzar.
¿Líder de pelotón? No me gustaba nada.
—Carl, ¿qué lugar elegimos? —preguntó a voz en grito.
«Joder», pensé. Con todo lo que había pasado al final del sexto piso, no le había comentado a nadie el título del libro. Solo a Prepotente.
Algo me decía que esto iba a ser como en el quinto, que todos íbamos a estar muy desperdigados.
Alcé la vista hacia el planeta giratorio.
Estaba cubiertos por zonas marcadas en verde que podíamos elegir.
No daba la impresión de que pudiesen seleccionarse los océanos, la Antártida o cualquier otra zona que no estuviese habitada.
Tampoco había nombres sobre los lugares, pero tenían formas muy obvias.
Los contornos parpadeantes pertenecían a todos los países del mundo.
Algunos de los más grandes, como Rusia, Canadá, China y Estados Unidos estaban divididos a su vez en regiones más pequeñas, pero las líneas del mapa no dejaban lugar a dudas.
—Tengo ese libro que compré —dije—. Es para las Bahamas y tiene muchísima información sobre el acervo popular y las características de los monstruos del lugar.
La mejora de primera posición en la parrilla de salida se suponía que iba a ser muy útil, por lo que esta también tiene que serlo.
Aun así, me dan ganas de elegir la región occidental de Estados Unidos, ya que estamos familiarizados con el lugar.
Y también porque quizá sea el lugar que elija el equipo Meadow Lark.
Es probable que Katia opte por Islandia.
Dónut siguió rotando el globo terráqueo. Había encontrado la manera de ampliar la imagen en lugares concretos.
—¿Crees que vamos a volver a la superficie o que harán alguna cosa rara?
—Dudo que vayamos a volver a la superficie.
—Deberíamos ir a Ibiza. Siempre he querido ir. —Giró el planeta hacia el Mediterráneo y amplió la pequeña isla—. Es un lugar al que van muchos influencers . Y tengo una reputación que mantener, ahora que soy la mazmorrera número uno. He oído que las discotecas del lugar son divinas.
—¿Puedes elegir la isla en sí? Diría que forma parte de España, ¿no? ¿Y cómo sabías dónde está ese lugar?
—Me gusta mucho la geografía, Carl. La señorita Beatrice pasaba mucho tiempo buscando sitios a los que irse de vacaciones, por lo que conozco muy bien el mapa del mundo.
Hum… Parece que Ibiza y el resto de las islas Baleares están juntas.
La España peninsular también es independiente, y luego hay otro territorio en ella que también es independiente aunque forme parte del país.
Solo quedaban veinte segundos para tomar una decisión.
—Joder. Mira, vamos a las Bahamas y no se hable más. Tenemos el libro. Parece ser la decisión correcta.
Dónut suspiró.
—Muy bien —dijo ella al fin—. Pero te lo digo desde ya: no nos vamos a meter en el agua.
Giró el globo terráqueo hasta el Caribe y lo pulsó, lo que centró el mapa. En ese momento apareció la península de Florida, con forma de mango. Extendió la pata y la tocó.
Tu equipo ha seleccionado la ubicación inicial.
—Cagondiós, Dónut —grité—. ¡Esas no son las Bahamas!
Katia estaba obsesionada. Usó la habilidad Encontrar mazmorrero, buscó a Eva y confirmó su ubicación. Estaba enterrada en un rincón. La muy zorra seguía con vida.
«Esta vez no escaparás».
—Te acompaño —dijo Daniel.
—No —respondió Katia—. Ayuda con los rescates y con las curas. Li Na vendrá conmigo.
No quiso añadir la verdad tácita de lo que estaba a punto de ocurrir:
«No quiero que veas lo que voy a hacer. No quiero que me veas así».