La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 77 #3
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Capítulo 77 #3

—Los que estáis sentados en casa es probable que hayáis oído que esos dos espacios libres de la Guerra de Facciones ya tienen dueño.

Uno pertenece ahora al Reino del Prisma de la emperatriz D’Nadia…

No tengo una foto de ella, lo siento. Y el segundo pertenece a una nueva asociación sin ánimo de lucro llamada la Pandilla de la Princesa.

Señalé a Dónut con el pulgar, momento en el que la gata se enderezó con orgullo. Las gafas de sol habían vuelto a aparecerle en la cara de repente.

—Atentos a lo que voy a deciros —continué—.

Los cazadores de este piso han muerto todos, pero al menos tuvieron los cojones de arriesgar sus vidas para enfrentarse a nosotros.

En la Guerra de Facciones dejaremos de ser meros observadores.

Vamos a ir al noveno piso y nos convertiremos en uno de los equipos que lucha por su supervivencia.

Pero de los nueve, seremos el único que puede morir de verdad.

¿Eso es justo acaso? ¿Creéis que es justo, chicos?

—La verdad es que es una mierda —dijo Elle.

Alcé un dedo.

—Lo que probablemente no sepáis los que estáis en casa es que podemos cambiar las normas. El voto de los nueve participantes tiene el mismo valor.

Z EV : Carl, ¿qué estás haciendo?

—En estos momentos, la votación para desactivar los protocolos de seguridad es de dos contra siete.

Saqué la fotografía de la reina consorte Ugloo del Imperio Calavera, ya fallecida, la madre del Maestro y del príncipe Fornido. Había muerto cuando los orcos habían matado por accidente a Manasa la cantante, lo que había provocado que los Valtay destruyesen la nave en la que se encontraba.

—El Imperio Calavera y nosotros somos los únicos que han votado que sí a desactivar dichos protocolos. Los orcos están locos y van a morir, pero no son unos gallinas al menos, eso está claro.

Guardé la fotografía y saqué el resto. Las alcé hacia las alturas, como si fuese una mano de cartas en una partida.

Me faltaba la foto de los naga y de un grupo llamado el Colectivo Operístico, ya que me habían demandado en el piso anterior.

No pasaba nada. Estaba dejando las cosas muy claras igualmente.

—El resto de los equipos son unos cobardes. No me sorprende. Al fin y al cabo, se suponía que iba a ser un enfrentamiento amistoso. Nadie quiere divertirse enfrentándose a la muerte, ¿no?

—Yo no quiero luchar a muerte, no —dijo Dónut—. Lo he probado y la verdad es que me resultó muy desagradable.

—Pero ¿cómo va a ser justo que esos comemierdas ricos puedan sentarse tan tranquilos y enviar a otras personas a su muerte?

Enviaron a los cazadores en este piso, a sabiendas de que los estaban metiendo en una picadora de carne.

Muchos de ellos eran personas como vosotros, que hacían lo necesario para sobrevivir.

¿Sabéis cuánto cuesta desplegar un equipo en la Guerra de Facciones?

Una cantidad de dinero estratosférica. Y el mío, la Pandilla de la Princesa, solo ha tenido que pagar una parte de dicha cantidad porque para optar a la posibilidad siquiera de comprar un hueco es necesario que una empresa o un gobierno sea un participante o un patrocinador significativo.

Eso significa que hace falta muchísimo dinero, un dinero que se desperdicia, que solo los beneficia a ellos.

Es pura vanidad. ¿Y de dónde sale tanta pasta?

Hice una pausa. No había dejado de mirar el contador de visualizaciones. Éramos los únicos mazmorreros que quedaban en el piso. Las alternativas a no vernos a nosotros era desconectarse.

—No soy tonto. Sé que esos cabrones cobardes no van a cambiar sus votos. Don Flecha de Gonorrea del Sueño es una bolsa de pus andante y no creo que lo haga, a pesar de que enviará a miembros de su familia a morir en el piso solo porque alguien dijo que su madre estaba de toma pan y moja.

—La verdad es que es muy atractiva para estar calva —dijo Dónut—. Es un corte de pelo que no le queda bien a mucha gente, pero en su caso es todo un acierto. —Miró a Ren—. Es por la estructura ósea.

Continué:

—Pero me ha llegado información interesante.

Tres de los equipos: el Colectivo Operístico, la Insaculación Lemig y los Virreyes…

, todos tienen población local que tiene permitido votar los gastos gubernamentales.

Ciudadanos de esos tres equipos, tenéis la capacidad de cambiar el voto dentro del juego. Los ricos que…

Z EV : Te han silenciado, Carl. Felicidades. Ahora todos los espectadores del universo están viendo a dos mazmorreros abriéndose paso por las zarzas y ya.

C ARL : No pasa nada, Zev. He conseguido transmitir lo más importante.

Z EV : Estás loco, Carl. Loco de remate.

C ARL : Y tú aún tienes cosas que hacer. No olvides los riesgos que tuvieron que tomarse para colocarte en tu posición.

Ren se me había quedado mirando.

—¿De verdad habéis comprado un espacio en la Guerra de Facciones? ¿Cómo? ¿Cómo es posible? Primero, hacéis aquello con los dinosaurios, que aún no he llegado a entender… ¿Y ahora esto?

—Se llama micromecenazgo, cielo. Mira arriba —dijo Dónut a la mujer perro—.

Y el truco con mi Mongo y sus chicas no fue nada.

El salón de baile B de los sirvientes estaba justo debajo del salón de baile B principal, donde se encontraban los cazadores.

Lo único que hice fue lanzar un conjuro Agujero muy profundo en el techo cuando estaban detrás del telón.

En nuestra estancia no daba a ninguna parte, debido a la protección que nos mantenía a todos encerrados, pero el agujero se abría en todos los escenarios al mismo tiempo.

El de los sirvientes estaba contiguo al de los cazadores, por lo que…

—Dónut se quedó en silencio y se le encrespó el pelaje al máximo.

Bufó dos veces para luego volver a colocarse en mi hombro al instante—.

¿Qué? ¿Cómo? ¿De dónde ha salido eso que tienes sobre la cabeza…

? ¿Qué? ¿Qué es eso? ¡Eres una tramposa!

¡Una ninja que roba experiencia y una tramposa!

¿Lo has visto, Carl? ¡Esto es un ultraje! —volvió a gritar.

Miré a Ren sorprendido y vi que tenía un pequeño trofeo sobre la cabeza.

Campeona del concurso de mascotas. Gran Campeón Garret el Dolor de barriga.

Me reí. No pude evitarlo. Empecé a reír hasta que se me cayeron las lágrimas.

Le pedí a nuestro nuevo líder de grupo, Prepotente, si debíamos esperar a que la cuenta atrás llegase a seis horas antes de bajar por las escaleras.

Tendríamos que apretujarnos bastante en ellas para estar seguros, pero él insistió en bajar cuanto antes.

Dijo que iba a dar igual, y más aún para nosotros, ya que había comprado la mejora de primera posición en la parrilla de salida.

—¿De verdad crees que van a votar para ponerse en peligro a sí mismos? —preguntó Dónut mientras nos dirigíamos a las escaleras—. No creo que lo hagan.

—Es prácticamente imposible —añadió Prepotente—. Un empeño inútil.

—Yo creo que el Sueño votará que sí —dije—. Pueden cambiar el voto hasta el momento antes de empezar. Eso significa que solo necesitamos dos votos más. Quasar dice que está seguro de que el Colectivo Operístico se verá obligado a votar que sí. La gente odia a la familia gobernante.

—Pero ¡entonces escaparán! —comentó Dónut—. Yo escaparía si un loco apareciese durante una noche de juegos con una pistola y dijera: «¡Vamos a jugar a la ruleta rusa en lugar de al juego de la botella!».

—Es probable —dije—. Y eso significará un obstáculo menos para nosotros. Sea como fuere, esto nos da algo muy importante. Ventaja. Queremos que llegue la mayor cantidad de gente posible al décimo piso. Los Popov han sido los primeros, pero la idea es salvar a toda la gente que podamos.

—Sí —insistió Dónut. No dijo lo que pensaba en voz alta: que seguía siendo una integrante de la realeza del Sultanato de Sangre. Era un problema. Uno de los gordos.

—¿Por qué querías ese cristal conmemorativo a toda costa? —pregunté a Prepotente cambiando de tema.

—¿Sabes para qué sirve ese objeto? —preguntó él—. Es un cristal conmemorativo de la diosa Apito, algo imposible. Todo el mundo sabe que la diosa no ha muerto. ¿Cómo iba a estarlo si preparó la fiesta a la que acabamos de ir? Es muy interesante y quería tenerlo. Ahora tengo una misión relacionada.

Misión actualizada. Descubre quién mató a mi hijo.

Consigue el objeto Cristal conmemorativo: Apito. Comprueba si tiene algún tipo de relación con el asesinato de Geyrun. Aún tienes que visitar al sumo sacerdote en la capilla de Emberus del club Vencedor.

—Yo también —dije un momento después, algo asustado. El mensaje de misión actualizada lo había dicho la voz de Emberus—. ¿Cómo sabes lo que va a pasar en el piso siguiente?

—Porque pienso, Carl. Pienso mucho mejor que ese cacho de carne de simio que tienes por cerebro.

Alzó la voz a la pequeña multitud que nos rodeaba. Quedábamos unos quince acurrucados en aquel espacio seguro rodeado de muerte.

—Tenemos que marcharnos —gritó—. Atended todos. Antes de que bajemos al siguiente piso, aseguraos de almacenar a vuestras mascotas. Será peligroso para ellas.

—Un momento —dijo Katia, que aún parecía aturdida—. ¿Cuándo habéis formado un grupo?

Frente a nosotros, una fila de amigos empezó a bajar por las escaleras, momento en el que el pecho se me hinchió de orgullo. Todos habíamos sufrido, pero seguíamos en pie. Implacables.

—No te preocupes. Será por poco tiempo —dijo Prepotente—. Solo es porque necesito la ayuda de Dónut. Carl no es necesario, pero insiste en acompañarla. Al parecer, la familia de Dónut no ha podido quitárselo de encima desde hace mucho tiempo.

—¿Sabes qué, Prepi? Que me comas la polla —dije.

Me gritó con todas sus fuerzas en la cara.