Capítulo 77
Aparecieron páginas enteras de logros en la oscuridad. Tosí. Me dolía todo.
«Madre mía —pensé—. Sigo vivo».
No dejaba de oír un zumbido muy incómodo. Empezaba a recuperar la audición, pero también estaba pasando algo más.
Siempre pasaba algo más.
D ÓNUT : CARL, CARL, ¡DESPIERTA! EL TECHO SE ESTÁ DERRUMBANDO Y SIGUEN LUCHANDO. BIANCA SE HA COMIDO A GIMLI. ¡HE TENIDO QUE METER A MONGO EN EL TRANSPORTÍN!
La gata estaba sobre mi pecho, brincando de un lado a otro.
Parpadeé y abrí más los ojos.
«Cinco minutos más, por favor —pensé mientras seguía recuperando la audición—. Estaba muy tranquilo en el río. Había mucho silencio».
—Somos del mismo equipo —chilló alguien.
Recuperé por completo la audición de repente. Y solo oí un escándalo.
Prepotente gritaba a todo volumen. Otra voz respondió con un aullido.
—Es mío —dijo la voz, una llena de rabia y de lágrimas—. Asesino. Has matado a mi mascota. Lo conseguí yo y, si lo quieres, vas a tener que saquearlo de mi cadáver.
—¡Pues que así sea! —aulló Prepotente—. Yo hice un veintidós por ciento del daño total al jefe. Y le di el último golpe, por lo que fui el primero en poder saquearla. ¡Es mío!
—Estaba en su cadáver, no en su inventario —gritó en respuesta la voz—. Lo vi en el mapa del tesoro que recibimos todos. Y fui el primero en hacerme con él.
—¿Qué está pasando? —pregunté entre susurros.
—Hemos ganado, pero hay muchos heridos y muertos —dijo Dónut.
Tenía un tono de voz algo raro, una mezcla de adrenalina y otra cosa.
Estupefacción, quizá—. Firas ha muerto. Gwen ha muerto.
Y también Horton, el tipo que tocó Wonderwall .
Y los Popov. Tran ha perdido las piernas y Britney ha acabado con la cara muy quemada.
Se la curamos, pero se le quedó desfigurada.
Muchas de las velocirraptores también han muerto, y Mongo está muy triste.
Algunas pegaron un salto en dirección a las zarzas.
No sé dónde se han ido. Aquí dice que Ferdinand sigue en el grupo, lo que significa que está vivo, aunque no me deja enviarle mensajes.
Mordecai me ha asegurado que saldrá del grupo automáticamente cuando bajemos al siguiente piso.
No, Carl, no te muevas todavía. Aún tienes varias desventajas. Imani está sanando a la gente en orden.
—¿Firas? —pregunté. Estaba vivo la última vez que lo había visto. Inconsciente, pero vivo—. Oh. Oh, no. ¿Y Louis?
—Sigue inconsciente.
Tragué saliva. Me sentí bloqueado. Había algo que no dejaba de incordiarme en un rincón de mi mente, gritando, pero casi no alcanzaba a oírlo.
—¿Qué está pasando con Prepi y ese otro tío? —pregunté, arrastrando las palabras. Estaba cansando. Muy cansado. Tenía un acorazado muerto a mis pies. Intenté saquearlo por instinto, pero alguien ya lo había hecho.
—El mazmorrero de Gimli el halcón robó algo del cadáver de Imogen después de que la reina muriese, y Prepotente se ha enfadado mucho.
Todos se han puesto a pelear. Había una tercera persona que también intentó robarlo.
La señora castor, creo. Pero la hirieron y bajó por las escaleras.
Prepotente dice que necesita ese objeto para derrotar a Escolopendra.
Asegura que sirve para protegerte de los ataques del jefe.
Todo el mundo ha recibido un mapa del tesoro que muestra mucho botín en el piso, pero no sirve de nada porque ahora todo está cubierto por las zarzas.
Dos mazmorreros lanzaron un conjuro y empezaron a atravesar la pared de zarzas para ir a saquear cosas. Una temeridad, en mi opinión.
Parpadeé. Me dolía todo. No había entendido nada.
Aún tenía la flecha clavada en la pierna.
La sentía. Sobre nosotros, las zarzas habían empezado a descender muy despacio.
A pesar del pánico de Dónut, quizá nos quedaban unos veinte minutos antes de quedar aplastados.
E, incluso llegado ese momento, las zarzas dejarían un espacio bastante amplio alrededor de las escaleras.
Intenté incorporarme, pero me dolía mucho moverme.
Vi las escaleras, a casi diez metros de distancia.
Quedaban veinte horas para el derrumbe del piso.
Elle, Chris y Bautista estaban por allí, arrastrando a los mazmorreros inconscientes hacia la entrada brillante.
Imani estaba sobre uno de ellos y se había puesto a lanzar un conjuro.
Un mazmorrero que no conocía se había puesto a ayudar a Tran, quien no dejaba de sollozar.
—¿Dónde está Lucia? ¿Y Eva?
—¡Florin dice que Lucia se ha marchado! Se teletransportó usando esa habilidad de huida que tiene justo antes del enfrentamiento contra el jefe.
Dice que siempre coloca teletransportaciones en los lugares donde encuentra escaleras.
Ni siquiera participó en el enfrentamiento final.
Katia comenta que a Eva la mordió una dinosaurio y está enterrada entre los restos por allí.
La está buscando. Parece que sigue con vida.
Eva fue la que robó todas las pociones de repelente de dinosaurio, pero ¡no se tomó ni una!
Li Na y su hermano están ayudando a buscarla.
Zhang está inconsciente como Louis, quien también se quemó, pero no es tan grave.
Se va a poner muy triste cuando se entere de lo de Firas.
Gruñí de dolor. La salud me bajaba poco a poco.
Hice clic en mi pestaña de salud y vi que tenía una lista de unas treinta desventajas, entre las que se encontraba una hemorragia bastante implacable.
Imani no tardaría en llegar. ¿Teníamos otros sanadores en el grupo?
Pensé en Miriam Dom, quien había muerto para proteger a Prepotente.
Demasiadas muertes.
Tenía que intentar distraerme.
—El tipo que saqueó a Imogen. ¿Cómo se llama?
—Osvaldo. Parece una persona, pero el sistema dice que su especie es curupira. No sé lo que significa. Es explorador y ahora tiene nivel 60. ¡Tú tienes 63! ¡Katia tiene 60 y yo he subido a 55! ¡Y Prepotente a 71!
Como nadie había comprado el cristal conmemorativo, seguro que este había regresado a Imogen. Eso era lo que había cogido Osvaldo.
En ese momento, me dio igual. Lo quería. Y, al parecer, Prepotente también. Pero era un problema para otro momento.
—¿Llegaste a ver lo que hizo Prepotente?
—preguntó Dónut—. La reina ya estaba casi muerta, pero él saltó encima y le reventó una poción en la cara.
No lo vio venir porque la habías cegado con el mejunje de la bola de discoteca.
Cuando murió, Florin empezó a sollozar como cuando Ifechi había muerto de verdad. Ya ha bajado por las escaleras.
Dónut no dejaba de hablar. Las palabras brotaban sin descanso de sus labios. Los gritos cesaron detrás de nosotros.
—Pobre Gwen —continuó Dónut—. Era un poco mezquina, pero me caía bien.
Y pobre Horton. Siempre me pongo triste cuando muere un compañero músico.
Elle está muy enfadada al respecto. Creo que se siente mal por haberse burlado tanto de él.
Lo de Firas es lo peor. No conocía mucho a los otros.
¿Crees que la cara de Britney se va a quedar así?
Diría que no le va a gustar nada. Y es probable que esté muy enfadada también por lo de Firas.
Cuando hizo lo de las mariposas con la chaqueta, atrajo el rayo y se quemó.
Y eso también fue lo que mató a Firas, pero salvó a todos los demás.
Creo que el ataque se volvía más poderoso a medida que Imogen perdía salud.
Pero ¿lo viste? Lo viste, ¿no? Hemos completado la misión de los dinosaurios y La venganza de la hija .
Seguía sobre mí y había empezado a jadear. A mí solo me dieron ganas de cerrar los ojos y volverme a dormir. El peso de la gata sobre mi pecho me resultaba reconfortante. Familiar.
Mensaje del sistema: Un campeón ha caído. Se ha reclamado una recompensa.
Un instante después, Katia se colocó a nuestro lado con rostro sombrío. Bajó la vista para mirarme y asintió. Tenía una segunda calavera de asesina de jugadores sobre el nombre. No se parecía nada a la mujer asustada que había conocido en el tercer piso.
—Se acabó —dijo un momento después, antes de marcharse para ayudar a los demás. Li Na y Li Jun la siguieron. Este último parecía del todo traumatizado. Hizo una pausa, como si fuese a decir algo, pero su hermana lo llamó en ese momento.
—¿Carl? —preguntó Dónut después de que se marchasen.
—Dime.
—Ese combate ha sido horrible, ¿verdad? Peor de lo normal. Fue rápido, pero salió muy mal.
—Sí que ha sido horrible, Dónut. De haber sabido que iba a terminar así, te hubiese obligado a bajar por las escaleras.
Se quedó un momento en silencio y luego hizo la pregunta que llevaba mucho tiempo temiendo.
—Carl, ¿por qué no me afecta tanto como debería?
Sentí cómo las palabras se me clavaban en el pecho.
Dónut respiró hondo.
—Firas. Gwen. Los hermanos Popov. Gideon. Hasta Signet y todas esas estúpidas dinosaurios que no sabían bailar. Eran mis amigos y ahora han muerto. Y algo me dice que debería estar llorando, pero no lo estoy. Hasta Florin se puso a llorar. Y Chris. Y Elle.
Cerré los ojos.
—Dónut… —empecé a decir.
Me interrumpió, con tono de desesperación.
—¿Por qué? Firas iba a ser el padrino de la boda de Louis e Higo, y le pidió a Katia que les hiciese unos esmóquines en secreto.
Iba a ser una gran sorpresa, pero ahora no va a pasar jamás.
¿Por qué no estoy enfadada como debería?
Algo falla. Creo que estoy haciendo algo mal.
Es como si algo dentro de mí se hubiese roto.
Extendí el brazo y empecé a acariciarla. Estaba cubierta de sangre. Demasiada sangre.
—Tranquila —dije.
—No, Carl —insistió—. Ese es el problema, precisamente.
—Dónut —dije al tiempo que extendía el otro brazo—. Ven.