La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 76
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Capítulo 76

Todos nos quedamos flotando por los aires y paralizados.

«Esta mierda otra vez no».

El castillo de los elfos había desaparecido. También los guerreros de los tatuajes de Signet. Los cambiados. Kiwi, transformada ya en una osa, una muy embarazada. Tina, que seguía siendo una dinosaurio.

Todos se habían teletransportado junto al castillo semiderruido, que habría aterrizado en algún lugar del noveno piso.

Nos habíamos quedado por allí los mazmorreros, los cazadores, las mascotas, los monstruos, las dinosaurios restantes, los cadáveres y los elfos. Estábamos paralizados en mitad del aire, formando una especie de cubo.

La gran mayoría de las criaturas que quedaban eran ninfas de mantis.

Las zarzas habían cubierto el piso por completo hasta detenerse a unos treinta metros del castillo, que ya había desaparecido.

Había elfos con montura por el suelo, la mayoría cerca de las zarzas, todos girados hacia nosotros y mirando hacia arriba, donde acababa de aparecer aquel embrollo flotante y paralizado de cuerpos.

De repente, empezó a sonar Thunderstruck de AC/DC. No me dio la impresión de que viniese de un módulo de trampa. La maldita IA la estaba usando como canción para el jefe.

«Esto es nuevo», pensé.

¡B-b-b-batalla contra jefe!

¡Batalla en jaula extrema!

¡Entrarán cuatro equipos! ¡Solo saldrá uno! ¡Entrarán cuatro equipos! ¡Solo saldrá uno!

La voz de la IA se había puesto a chillar de pura emoción.

—Mierda —dije.

¡En la primera esquina!

¡Los mejores mazmorreros de la temporada! ¡Y algún que otro tipo más! ¡Estos valientes aventureros han llegado hasta aquí contra todo pronóstico! Pero ¿les seguirá sonriendo la suerte?

Toda una hilera de retratos de jugadores apareció en el aire uno a uno, empezando por un mazmorrero que no conocía y terminando por Dónut en lugar de con Prepotente, que era el número uno actual.

Yo estaba el antepenúltimo. Pum. Pum. Pum.

Cada nuevo retrato iba acompañado de una explosión.

No nos agrupó por equipo, sino individualmente.

¡En la segunda esquina!

Empezaron siendo más de mil, pero solo quedan setenta y cinco: ¡los cazadores restantes del piso! La mayoría de estos tipos han estado actuando como unos gallinas todo el tiempo, por lo que es probable que vayan a morir todos. Pero, yo qué sé, están aquí y hay que darles una oportunidad.

Bueno, quizá no, pero ¡habrá que presentarlos!

Varios retratos de cazadores fueron apareciendo en la pantalla, más o menos el mismo número que en nuestro caso. Vrah estaba muerta, pero los que habían conseguido escapar de las dinosaurios solo lo habían hecho temporalmente.

Esta parte llevó algo más de tiempo. Con cada nombre se listaba también su planeta natal. Casi la mitad de ellos estaban identificados como vagabundos o viviendo en un campo de refugiados.

La canción terminó y empezó otra diferente. En este caso se trataba de una mucho más intensa y frenética que hizo que todo empezase a retumbar con la línea de bajo. Era la misma que los puñeteros músicos elfos habían estado tocando al comienzo de la fiesta, pero en su versión techno.

¡En la tercera esquina!

¡La reina Imogen! ¡Alta elfa y hechicera clériga caída en desgracia!

¡Jefe de país nivel 145!

La favorita actual. Su ejército ha quedado diezmado y casi ha terminado por desaparecer, pero su pelotón de combate de élite parece seguir en buena forma.

Puede que su diosa reniegue de ella y la ignore, porque acaba de dar la peor fiesta desde que Alejandro Magno conquistó Persépolis, pero sigue siendo fuerte, poderosa y ¡está enfadadísima!

En lo alto, la silueta brillante de la reina, que caía hacia nosotros, emitió un estallido de luz.

Tenía un nuevo símbolo sobre la cabeza. Era el mismo de Señalado por la muerte que yo tenía flotando sobre mí, pero en su caso estaba representado por una equis con varias bellotas colgando de ella.

Un grupo de elfos ataviado de negro caía a su lado.

¡Y, finalmente, en la cuarta esquina!

A unos seis metros por debajo y a la izquierda de mí, vi otro estallido de luz cuando algo empezó a adquirir forma.

Era la silueta enfadada, llameante y lúcida de Diwata, la deidad.

No parecía una diosa, sino que había adquirido la forma de la persona que la había patrocinado en aquel momento: Circe Took.

Tenía una cría de mantis a medio salir de su cuerpo, chillando y agitando las patas, como si las llamas de los genitales ardientes de la criatura la estuviesen cocinando viva.

¡Diwata! ¡Inmortal de nivel 250!

No solo es una deidad, ¡sino que también ha ganado el premio a peor padre y madre del año de la mazmorra! No se puede acabar con ella, pero si podéis convencerla para que tome medidas de control de natalidad, ¡desaparecerá del cuadrilátero!

D ÓNUT : CARL, CARL, ¡HAS VISTO! ¡VUELVO A ESTAR LA PRIMERA! ¡OTRA VEZ!

C ARL : Dispersaos, gente. Usad ataques con armas contundentes para Imogen. Nada de magia. Y también aprovechad el ritmo de la música para coordinar los golpes. Seguid las órdenes de Florin. Katia, Imani y Dónut, acercaos a mí. Nos encargaremos de Diwata y luego ayudaremos con Imogen.

D ÓNUT : NECESITARÉ USAR TU POCIÓN DE LLANTOS DE PAWNA. ACABO DE TOMARME UNA DE CAÍDA DE PLUMA, ¡POR LO QUE VOY A TENER QUE ESPERAR A QUE PASE EL TIEMPO DE RECARGA! TE DIJE QUE TENDRÍA QUE HABERLO HECHO ANTES, CARL.

C ARL : Lo sé. No pasa nada. Te protegeremos.

Los retratos no desaparecieron, sino que se transformaron en iconos pequeños y casi indistinguibles que se colocaron en la interfaz y ocuparon la parte inferior de la pantalla.

Me permitían ver quién seguía con vida, pero eran demasiado pequeños, por lo que tenía que pasar el cursor por encima para ver a quién representaba cada uno.

Las zarzas empezaron a alzarse por los aires y terminaron por formar sobre nosotros una cúpula que terminó por sumirnos en la oscuridad.

Un resplandor amarillo enfermizo brilló a nuestro alrededor, venía de los pequeños capullos de las flores que destacaban entre las zarzas.

Las luces titilaban al ritmo de la música, lo que creaba un efecto estroboscópico algo mareante.

¡Y!

¡Aaallá!

¡Vaaamos!

Todo dejó de estar paralizado en ese momento.

Las vísceras cayeron junto a una cantidad ingente de bellotas.

Las mántides se alzaron por los aires y se convirtieron en un enjambre que no dejaba de zumbar mientras el resto de los cazadores caía a plomo.

La mayoría empezamos a caer a cámara lenta, entre una nube de insectos iracundos que no dejaban de moverse de un lado a otro.

Parecíamos paracaidistas que se habían lanzado directos hacia el infierno.

Lancé el conjuro de protección mágica, momento en el que unas luces empezaron a revolotear a mi alrededor.

Imogen cayó con la fuerza de un asteroide y pasó a nuestro lado a toda velocidad. Fue la que cayó más lejos y chocó contra el suelo con la fuerza de una bomba. Ferdinand no estaba con ella, ya que se había teletransportado junto con el castillo.

Agarré a una mantis por el cuello e hice aparecer el guantelete, momento en el que quedó decapitada.

A pesar de ello, empezó a tratar de abrirme el pecho con rabia.

Otro insecto intentó degollarme. Y luego otro.

Una mantis cayó a toda velocidad hacia el suelo tras recibir el impacto de un proyectil mágico de Dónut.

Otra cayó tras recibir un golpe de Katia.

Plic. Plic. Plic. Los iconos de los cazadores empezaron a quedar cubiertos por sendas equis a medida que se estampaban contra el suelo.

Cuando se había teletransportado el castillo, también lo habían hecho los sótanos, por lo que caímos durante más tiempo del que había planeado en un principio.

Partí por la mitad a otro de los insectos, justo en el momento en el que un rayo grueso como un tronco, que seguro que iba dirigido a mí, restalló a mi lado pero se disipó antes de impactarme.

Acabó con decenas de mántides, eso sí, que explotaron en una nube de sangre.

El humo empezó a cubrir el ambiente. Era la bomba de humo de un cazador, diseñada para nublarnos la vista.

Respondí con una bomba personalizada que había creado llamada Papaíto humeante, que cubrió la zona al completo.

Al mismo tiempo, Dónut, que caía a mi derecha y un poco por encima, lanzó su bomba de humo con Miedo, que empezó a brillar descontrolada a nuestro alrededor.

Gracias al carisma de la gata, el efecto consiguió que todos quedasen realmente aterrorizados.

Empezaban a acumulársenos las desventajas, pero no tardaron en desaparecer gracias a Imani, que lo estaba dando todo. Se había transformado en algo impresionante, un faro de luz, con esas alas de mariposa del todo extendidas y lanzando contraconjuros y ventajas a ritmo alucinante.

Bianca también volaba a nuestro alrededor, y me recordó a un tiburón que cruzase las profundidades del océano.

La criatura demoniaca mezcla de cabra y dragón atravesaba las ninfas como si fuese un quitanieves.

Prepotente iba montado en ella, gritando y con varios escudos brillando a su alrededor mientras lanzaba frascos de pociones.

—¡Estamos llegando al suelo! —gritó alguien.

A través del humo de las luces y de la niebla, más que ver, sentí que habíamos descendido por debajo del nivel del suelo y caíamos por el hueco que habían dejado los sótanos.

Era una zona enorme, tan ancha como había sido el castillo.

Las sombras de los elfos que iban sobre sus monturas se precipitaron al abismo mientras las zarzas seguían acercándose para enterrarnos vivos a todos.

Los elfos cayeron, chocando entre ellos mientras las monturas gritaban antes de morir.

Plic. Plic. Plic. Plic. Ya habían desaparecido la mitad de los cazadores, pero también empezaba a ocurrir con los mazmorreros.