Capítulo 73 #4
El edificio al completo volvió a estremecerse.
Esta había sido potente. Todo lo que no se encontraba en la estancia de verdad titiló, pero no tardó en volver a aparecer.
Las mesas se volcaron. El bufet se desperdigó por todas partes y los cazadores se apartaron.
Todos nos quedamos muy quietos y echamos un vistazo alrededor. Horton dejó de tocar.
Miré al suelo, sorprendido. Las baldosas que tenía bajo los pies se habían resquebrajado como el parabrisas de un coche.
En el otro extremo de la estancia, cerca de las puertas de salida, estas habían desaparecido del todo en varios lugares dejando unos agujeros aserrados y rodeados de llamas.
Había algunos mazmorreros de pie sobre dichos agujeros, pero no se habían caído por ellos.
Se parecía a lo que había pasado con los cuadrantes en el piso anterior.
Un olor nauseabundo empezó a extenderse por el lugar.
Las baldosas que habían desaparecido quedaron reemplazadas por…
otra cosa. Unos colores que no dejaban de entremezclarse, girar y cambiar parecían chocar contra aquel escudo invisible que había en el suelo.
Me di cuenta de que eran entrañas blancas y verdes de insectos, que se movían y agitaban debajo de nosotros como si en una batidora intentases mezclar coco, cerezas y aguacate.
Me fijé en que los cazadores miraban hacia arriba mientras nosotros lo hacíamos hacia abajo.
Tenían la vista fija en el rincón de la esquina superior izquierda trasera del salón de baile, pero yo veía ese techo intacto.
El salón de baile de los cazadores se encontraba en el primer piso, y nosotros estábamos en el tercero.
Al parecer, la explosión había tenido lugar entre nosotros y el segundo.
Tenía que tratarse de un cristal de alma al explotar.
Uno pequeño, sin duda. Había reventado el suelo que teníamos debajo y que los cazadores tenían encima, revelando la ilusión.
Pero los salones de baile de la buena voluntad seguían activos.
S AMANTHA : PERDÓN. HA SIDO MI CULPA.
C ARL : ¿Qué cojones acaba de pasar?
S AMANTHA : INTENTABA PERDER A LO GRANDE, COMO HABÍAS DICHO.
PERO CREO QUE ME HE PASADO DE GRANDE. HE TENIDO QUE USAR LOS CRISTALES DE ALMA.
HAN EXPLOTADO. TODOS. DIWATA SIGUE AQUÍ, PERO ESTÁ INCONSCIENTE.
NO SABÍA QUE YO PODÍA HACER ALGO ASÍ. LOS BEBÉS NO PARAN DE SALIR.
MUY RÁPIDO, PERO YA NO HAY ESPACIO PARA ELLOS, POR LO QUE ESTO PARECE UNA LATA DE SARDINAS.
NECESITO UN CIGARRO. Y PUEDE QUE UN BUEN BAÑO.
C ARL : ¿Ha explotado más de un cristal? Dios, me sorprende que no hiciese estallar el castillo entero.
S AMANTHA : DIJISTE QUE SI DEJABA DE DAR A LUZ SE MARCHARÍA, POR LO QUE ME METÍ LOS CRISTALES EN LA BOCA, SUBÍ AHÍ Y MORDÍ CON FUERZA.
C ARL : Un momento. ¿Subiste? ¿Adónde?
—Bueno, pues supongo que ya he terminado —dijo Horton, que se bajó del escenario.
—Carl —llamó Signet. Se puso del todo en pie y se sacudió. Tenía una bellota blanca en la mano. Había caído del roble que colgaba al revés.
«Vaya —pensé—. Parece que el árbol está en esta estancia de verdad».
Se la metió en la boca y masticó. Las palabras FERVOR MÁGICO aparecieron sobre su cabeza.
Un brillo discreto le iluminó las manos. Los tatuajes empezaron a revolvérsele por el cuerpo.
—No pienso discutir. Te conozco lo bastante bien como para saber lo que pretendes, pero no va a funcionar. He tenido una idea mejor. Tú dime cuándo quieres que actúe.
—Signet, ¿qué estás haciendo? —pregunté, asustado—. ¿A quién vas a sacrificar?
—Esa tal D’Nadia dijo que mi madre jamás había sido real, Carl. Dijo que todos mis amigos, todos mi hermanos y hermanas caídos cuyos recuerdos adornan mi piel no son reales. Nunca lo fueron.
—No tienes por qué hacerlo —insistí.
—Tu compañera, la Princesa Dónut, tiene un conjuro Antorcha muy poderoso —continuó Signet—. Puedo hacerlo sin su ayuda, pero me gustaría que le pidieses que lo lanzase usando rayos de luna como fuente de la luz. Nos ayudaría mucho, tanto a ti como a mi familia. Mucho.
Imani, Elle y Katia se acercaron a la carrera. Habían venido para intentar convencerme de que no hiciese una locura, pero se detuvieron al ver cómo Signet había empezado a brillar.
—Carl, esa petarda de cara tentacular también me dijo otra cosa —continuó Signet—.
Me dijo que estaba muy triste porque no fueses a sobrevivir a esta noche, porque tenía muchas ganas de reunirse contigo en el campo de batalla que hay por fuera de Larracos.
Me gustaría que me hicieses un favor. Quiero que le muestres lo real que es mi familia. Quiero que todos lo vean.
Para lanzar el conjuro Merodeador de tinta, Signet necesitaba a tres personas. A sí misma, para lanzarlo, alguien a quien sacrificar y que sirviese de fuente de sangre y a otra persona que matase al sacrificio.
Pero el conjuro no tenía unas normas estrictas, por lo que había un método para lanzarlo usando solo a una persona, una que aunase a las tres.
—¿Signet? ¿Estás segura?
—Tú avisa. Será rápido.
E L M AZO : Mántides de delante ser cambiados. Ser libres. Bonnie a salvo. Oseznos a salvo. Por ahora. Castillo muy dañado. Las mántides de verdad seguir por todas partes. También elfos.
Miré a los ojos a todas mis amigas, que se habían colocado a mi alrededor.
—Ahora sí que empieza la fiesta.
C ARL : Atención todos. Preparaos. Plan de escenario A. Plan de huida D. Repito, plan de huida D. Si no tenéis una poción de Caída de pluma, acercaos a mí. Prepotente, ven rápido. Te necesito.