La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 73 #3
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Capítulo 73 #3

—¡Siguiente actuación! —gritó Imogen desde la silla.

Fingía estar sentada con naturalidad, pero yo sabía que estaba muy tensa en realidad.

Ahora tenía el pelo alborotado y estaba empezando a caerse hacia la izquierda.

Echó un vistazo por la habitación y se me quedó mirando—.

Solo quedan dos actuaciones. Después, tocará bailar durante cinco minutos. Carl, bailarás conmigo.

Uno de los dracónidos hizo que un conjuro apareciese de repente en su mano. Era una especie de pelota gris y lisa que no tenía ni idea de lo que hacía. Me dio la impresión de que estaba a punto de lanzarlo como una bola de bolos, hacia los pies de Lucia y los demás.

C ARL : ¡Samantha! ¡Vuelve a colocar las gemas! ¡Rápido!

S AMANTHA : HECHO. HA SIDO MÁS FÁCIL QUE PONERSE UNOS PANTALONES.

El conjuro se disipó. El dracónido se miró la mano con incredulidad, y Vrah me miró mientras yo le hacía un gesto obsceno con la mano.

C ARL : Buen trabajo. Ahora la deidad irá a por ti. Ha adquirido la forma de una mantis que da a luz y está en llamas. Es inmortal, pero ese es su único poder. Creo. Haz todo lo que puedas para mantenerla alejada del panel de control. Si consigues evitar que dé a luz, se marchará. Confío en ti.

S AMANTHA : ¿DE VERDAD?

C ARL : Puedes hacerlo.

S AMANTHA : MUY BIEN. YO ME ENCARGO.

En el otro extremo de la sala, Lucia se rio delante del semicírculo de cazadores antes de abrirse camino entre ellos para volver al lugar donde nos encontrábamos nosotros.

Caminaba con naturalidad, con una botella de tequila medio llena en la mano.

Katia y los otros hicieron lo propio y avanzaron detrás de ella a una distancia segura, como si fuesen los guardaespaldas de un famoso.

Llegó el momento del penúltimo espectáculo. Era el tipo seta, Horton. Tenía una guitarra acústica a la que le faltaba una cuerda. Era la misma que iba a usar Britney para la actuación final.

E L M AZO : Prudence morir. Morir protegiendo crías. Ellos llorar. Abrazar a Bonnie. Demasiadas mántides. Seguir luchando.

No íbamos a conseguirlo. El Mazo no necesitaba meterse en el castillo, pero requería al menos unos minutos para lanzar el conjuro. Tenía que estar protegido cuando lo hiciese, y nos quedábamos sin tiempo. Había demasiadas mántides. Era imposible.

Estábamos acabados.

Me sentí muy cansado de repente.

La única manera que teníamos de sobrevivir era que alguien rompiese el sello en el momento justo. Y no había muchas posibilidades de que ocurriese algo así.

Me miré las manos y luego miré a Eva.

Quizá los demás consiguiesen sobrevivir. Quizá Dónut lo consiguiese.

Abrí la ventana de chat.

Cerré los ojos durante un segundo, solo un segundo, e intenté imaginarme que todo iba bien, que el mundo no se había ido al garete, que mi madre y yo nunca nos habíamos marchado de Texas.

Estaba en el exterior, sentado a la sombra de un árbol que había plantado hacía muchos años.

Todos los que estaban allí, todos mis amigos, no se habían conocido bajo circunstancias horribles.

Dónut estaba rechoncha y contenta, sentada en su torre para gatos en un lugar calentito y gruñendo a los cocker spaniel.

Jamás había oído el agua correr por las cañerías. Ni había bajado al sótano para investigar qué era ese ruido. Jamás había encontrado la nota y luego a mi madre un minuto después.

Dejé que aquel sueño se apoderase de mí. Solo un segundo. Luego, volví a mirar la ventana de chat.

C ARL : Dónut, vamos con el plan A. Repito. Vamos con el plan A. Haz la actuación completa, de principio a fin. Y no te olvides de Ferdinand. Sigue sentado en el público, en el centro de las filas delanteras.

D ÓNUT : ¿DE VERDAD? ¡BIEN! ¿Y CÓMO VAMOS A ROMPER EL SELLO?

C ARL : Tú encárgate de la actuación. Tengo un plan.

Signet apareció de repente a mi lado, temblando de arriba abajo. Se quedó muy quieta, como si estuviese buscando las palabras adecuadas.

—Me lo advertiste. Me lo advertiste, Carl, pero no te hice caso.

La emperatriz D’Nadia…, esa criatura, me ha dicho muchas cosas.

Ha comentado que el universo entero está ansioso por ver lo que está a punto de ocurrir en esta fiesta, que te viste obligado a cancelar tu ataque debido a Diwata y a ese sello de paz.

También que la deidad está en realidad bajo el control de la madre de ese insecto, quien ha tenido que vender la mitad de sus posesiones para venir e intentar ayudar a su hija.

Dijo que hay más gente que estrellas en el cielo viendo esta misma conversación ahora mismo.

Una satisfacción y una calma extrañas se apoderaron de mí. Me resultó misteriosamente reconfortante. Fue como llegar a puerto después de pasar mucho tiempo en el mar, como saber que pronto ibas a poder descansar en una cama de verdad y dormir tranquilo durante mucho tiempo.

—Bienvenida a esta catástrofe televisada, Signet.

D’Nadia dice la verdad. Hay mucha gente viéndonos.

No esperábamos que las cosas fuesen así porque desconocíamos lo del sello antiviolencia.

Ni tampoco esperábamos tantas mántides. Creo que mis cambiados han entrado en el castillo, pero lo cierto es que no sé si les va bien o no.

Hay insectos por todas partes. Mi compañero, el que tiene el gran conjuro, está en apuros.

No dejo de pensar en todo lo que podría haber hecho de manera diferente.

Esto se ha torcido demasiado. Todo ha salido mal y es mi culpa.

—Si todo lo que D’Nadia dice es verdad, ¿cómo va a ser tu culpa, Carl? Estás al borde del mismo abismo que todos nosotros.

S AMANTHA : ¡AQUÍ VIENE! HE CERRADO LA PUERTA Y NO PUEDE ENTRAR. ¡JA! ¡CHÚPATE ESA, ZORRA!

Me reí entre dientes.

—Samantha está ahí abajo, a punto de luchar contra la mismísima Diwata. Debajo de nosotros. Le he dicho que creo en ella, pero no aguantará mucho.

I MANI : Carl, ¿qué está pasando? No tendrás pensado hacer lo que creo que vas a hacer, ¿verdad?

C ARL : Lo voy a hacer. No le digas nada a Dónut, porque se va a enfadar. Cuida de ella por mí.

E LLE : Ni se te ocurra, Carl. Te necesitamos. Todos te necesitamos.

C ARL : ¿Y preferís que mueran todos? Es lo único que podemos hacer.

I MANI : Yo lo haré.

E LLE : Ni de broma.

C ARL : Pero venga ya, joder. Vamos a dejar de picarnos para ver quién la tiene más grande. Ya tengo un plan en marcha. Si hacéis cualquier cosa, se irá al traste. Voy a matar a Eva y a romper el sello.

E LLA : Cagondiós, Carl. Dónut jamás te lo perdonará.

C ARL : Me da igual mientras sobreviva.

—Dime, Carl. ¿Por qué has traído a esa pobre niña? —preguntó Signet.

Gruñí.

—¿A cuál? Hay varias.

—A Tina.

S AMANTHA : ¡¿QUÉ TE HA PARECIDO ESO, FOLLAHIJAS?! NO PUEDE ENTRAR. EL PASILLO ES PEQUEÑO Y LAS CRÍAS DE INSECTO ESTÁN QUEDANDO APLASTADAS. HA EMPEZADO A COLARSE UN LÍQUIDO ASQUEROSO POR DEBAJO DE LA PUERTA. ES UNA MADRE HORRIBLE.

Señalé el escenario, donde Horton seguía afinando la guitarra. Imogen empezaba a impacientarse.

—¿Tina? Tenemos una misión con ella. Va a bailar.

—¿Misión? —preguntó Signet—. ¿Eso qué es?

—No es importante. Tenemos que conseguir que lo haga. Es el baile final de su recital y casa muy bien con lo que está a punto de ocurrir.

—Carl —dijo Signet—, eso no es lo que quiere Tina.

—¿Cómo? —pregunté—. ¿A qué te refieres?

E L M AZO : Haber mántides por todas partes. Delante y detrás. Estar rodeados. Proteger a los pequeños lo mejor que pueda, pero no durar mucho. Perdón.

S AMANTHA : CARL, HA ROTO LA PUERTA. CREO QUE NO LO VOY A CONSEGUIR.

C ARL : Vosotros dos, ya que vamos a perder, que sea a lo grande. Samantha, tienes que evitar que vuelva a activar la protección mágica. Si no lo haces, Dónut y los demás se meterán en problemas dentro de unos pocos minutos. Haz lo que puedas.

Signet alzó el brazo y señaló a un pequeño tatuaje que tenía en la piel pálida. Era un charco de agua. En su interior, un pececito sacó la cabeza y me miró con cara triste.

—Conocí a Edgar la tortuga la noche en la que murió mi madre.

Creo que ya te lo he contado. ¿Sabes qué fue lo primero que le dije?

Fue: «¿Puedes devolverle la vida?». Me dijo que no, pero que haría lo posible por ayudarme con su legado y su recuerdo.

Llevaba demasiado tiempo muerta como para hacerlo bien, pero me lo hizo la primera noche.

No está completa, pero he hecho las paces conmigo misma al respecto.

Lo que queda de ella vive dentro de mí. Todos los que viven en el Coto de Caza y conocen la historia de Tina saben lo que quiere.

Y no es bailar en un recital, Carl. La joven Tina quiere lo mismo que yo.

Quiere algo que sospecho que es lo que quieres tú también. Quiere recuperar a su madre.

Sentí como si me hubiese dado un tortazo.

«¿Cómo cojones lo sabe?».

—Su madre es Kiwi —dije—. La mongoliensis.

Signet asintió.

—Tina ha perdido la razón y no se ha dado cuenta de que esa otra dinosaurio la ha acompañado todo el tiempo. Es verdad que ya tiene lo que quiere, pero tiene que darse cuenta de que está ahí mismo. Creo que lo que planeas hacer por ella esta noche servirá de algo, pero no la ayudará del todo.

—Tranquila —dije con voz ausente—. Si tenemos tiempo, le diré a Dónut que se asegure de que se reúne con su madre como es debido.

—Esta se llama Wonderwall —dijo Horton, que empezó a tocar la canción.

D ÓNUT : ¡Temazo!

Me reí. Me reí por lo absurdo de la situación.

Estaban a punto de desterrarme al mismísimo infierno, en una fiesta en la que hablaba con una mujer pez que hacía toples, todo mientras escuchaba a un hombre seta llamado Horton tocar la canción favorita de mi gata con una guitarra desafinada.

Y todo con el universo entero de público.

¡PUM!