Capítulo 72
Nota añadida por el mazmorrero Carl. Vigesimoquinta edición.
Página diez de las notas del plan:
Aquí Louis. He seguido el consejo de Carl y me he puesto a estudiar el mapa del castillo.
Hay algunos pequeños túneles que llevan a todas partes.
Al principio creí que eran conductos de ventilación.
Hace tiempo tenía pensado dedicarme a eso.
Mi primo Scrapple iba a ayudarme a meterme en el curso, pero hacían pruebas de drogas.
En un curso. ¿Os lo podéis creer? Bueno, pues les he estado echando un vistazo a los conductos en el mapa y me he dado cuenta de que en realidad no son de ventilación.
Están en lugares donde no tienen sentido.
En el quinto piso hay un balneario élfico, ¿no?
Ese con baños. Pues los túneles lo rodean y llegan hasta el vestuario de al lado.
Tan pronto como lo vi, supe lo que eran.
Antes de todo esto tenía un amigo que se llamaba Jojo, quien vivía con la loca de su abuela hasta que esta se murió.
Era una de esas locas de los gatos. Se olía desde la calle.
Tenía como veinte. Cuando murió, encontraron un gato muerto en su congelador.
Flipante, ¿verdad? Pues la abuela de Jojo una vez le pagó a un tipo para crear túneles por toda la casa, y me acabo de dar cuenta de que son iguales a estos.
La reina tiene una mascota que es un gato, ¿no?
Pues creo que los túneles son la manera en la que el animal recorre el castillo.
Dónut dijo que era un pervertido, así que seguro que los usa para espiar y para llegar a los sitios sin que lo vean.
Hay muchos atajos y, cuando suben un piso, hay plataformas en plan Super Mario a cada lado, para facilitarle subir rápido y en silencio.
Pues uno de esos túneles llega hasta el segundo piso, justo delante de la sala de seguridad.
Tiene sentido si siempre está pendiente de lo que ocurre en el castillo.
Si conseguimos que Dónut, o Katia convertida en babosa o algo así, se meta en ese conducto podría llegar hasta la sala de seguridad.
~Louis
Es una idea genial. Bien visto. Pero ahora sabemos que van a estar vigilándonos de cerca, y no hay manera fácil de llegar desde el salón de baile.
Tengo que hacerlo en el momento justo. Y que sepas que no voy a convertirme en una babosa.
Hay varias maneras de salir de los salones de baile de sirvientes. ¿Qué os parece usar a Samantha?
~Katia
No es lo bastante fiable. El plan de huida al completo fracasará si no lo consigue.
~Imani
Estoy trazando un camino para ver si es factible.
Ella estará en el piso de abajo, por lo que empezará a dirigirse hacia allí tan pronto como dé comienzo el espectáculo de talentos.
O, si tenemos suerte, antes si conseguimos descubrir dónde está Ferdinand, lo que nos garantizaría que no van a encontrarse en los túneles.
También tenemos que desarrollar un método para que pueda encargarse rápidamente de los elfos que habrá en la sala de seguridad sin dar la alarma.
Habla mucho, pero lo cierto es que Samantha no puede hacer gran cosa.
~Carl
¡LO HARÉ! ¡Y PUEDO LUCHAR SI ES NECESARIO! OS MATARÉ A TODOS. Y A TODOS LOS ELFOS. Y A SUS MADRES.
~Psámate
¿Qué cojones? Samantha, ¿cómo has encontrado esto?
~Carl
NADIE VA TANTO AL BAÑO, CARL. NO SOY IMBÉCIL. ADEMÁS, ESTÁIS USANDO LA TINTA EQUIVOCADA. RECUÉRDAMELO Y TE ENSEÑARÉ ALGO QUE TE VA A SORPRENDER.
~Psámate
Dónut bufó y se le encrespó el pelaje. Imani se acercó y me la quitó del hombro, para luego acunarla entre los brazos y alas antes de que la gata tuviese la oportunidad de girarse y atacar. Después empezó a soltar un gruñido grave.
Aún notaba el peso de Ferdinand en el hombro.
Extendí el brazo y le toqué la cola, momento en el que sentí cómo la mano lo atravesaba tras hacer un poco de presión.
Él podía tocarme, pero yo no podía tocarlo a él.
No tenía ni idea de por qué. Estaba en el salón de baile de la reina y no en el mismo lugar que nosotros.
Las complejidades de sistema de salones de baile aún me resultaban un poco confusas, pero lo único importante era que el gato podía degollarme en aquel mismo instante y yo no podía detenerlo de ninguna manera.
Elle fue la primera en empezar a reír. Luego lo hizo Louis. Hasta Bautista y los Popov comenzaron a reír entre dientes. Alcé la vista y vi al fin qué resultaba tan divertido.
—Amigo —le dije a Ferdinand—, ¿qué es eso que llevas puesto?
—¿Cómo que qué llevo puesto? ¿A qué te refieres? —preguntó el gato, sorprendido. Echó un vistazo por la estancia a su alrededor. Todos los mazmorreros se le habían quedado mirando con una sonrisa en la cara.
—Sobre la cabeza —dije.
Llevaba un turbante enorme y acolchado. La tela era dorada y tenía una pluma blanca que sobresalía por arriba y se curvaba sobre sí misma. La pluma podía tener fácilmente algo más de un metro de largo. Parecía un disfraz de mercadillo racista exageradísimo.
—¡Es mi sombrero real! ¡No os burléis de mi sombrero real! ¡Con él soy el chico más guapo de todo el castillo!
Lo examiné.
Sir Ferdinand. Gato.
Familiar de la reina Imogen de los altos elfos.
Jefe de provincia de nivel 100.
No es fácil vivir entre los altos elfos, sobre todo cuando no eres uno de ellos. A lo largo de los siglos, una infinidad de criaturas adorables han pasado por el regazo de la realeza de la especie, un lugar muy peligroso donde sentarse.
Los reyes y reinas de los elfos han terminado cansándose de sus mascotas con el tiempo.
O han descubierto que eran demasiado inteligentes.
Demasiado astutas. Demasiado ansiosas. Y es por eso por lo que no solo han ordenado la ejecución de dichas mascotas, sino de la especie entera a la que pertenecían. Así se las gastan.
Ferdinand sigue vivo porque la reina Imogen está muy orgullosa de él, de la misma manera que un cirujano lo estaría de su escalpelo favorito o un asesino en serie de una sierra mecánica.
Al igual que todos los gatos, la mayor debilidad de Ferdinand es el hecho de que está del todo convencido de que toda idea que se le ocurre a su cerebro tamaño nugget de pollo no solo es la verdad, sino una verdad obvia e inalienable.
Y cualquiera que no esté de acuerdo con ella no solo es un imbécil, sino un lerdo que merece que lo desprecien y se burlen de él.
Suele tener una opinión demasiado exaltada de sí mismo.
No entiende el concepto de que le nieguen algo.
Y tampoco entiende que las personas no se vean obligadas a adorarlo.
Se rumorea que, de alguna manera, ha conseguido controlar mínimamente el castillo mediante la magia, gracias a lo que ha creado unos pasillos tamaño gato por aquí y por allá, lugares que nadie sería capaz de encontrar.
Y nunca pensó en pedir permiso siquiera.
La idea de pedir permiso resultaría antiética para su naturaleza.
Y, a decir verdad, no se puede decir que sea una característica propia de Ferdinand, sino de su especie al completo. Los gatos no piden permiso. Y nunca piden perdón.
Son unos asesinos desalmados. Todos.
El pelaje de Dónut volvió a encresparse entre las manos de Imani al leer la descripción.
—Parece que tienes una gansa gorda poniendo un huevo sobre tu cabeza —dijo Louis.
—No, una gansa no. Es como una de esas setas raras con forma de pene —dijo Elle entre risas—. Es como si hubiesen diseñado el gorro para parecerse al Horton ese de allí. —Se giró—. ¡Oye, Horton! ¡Ven! ¡Venden merchansiding tuyo!
Al otro lado de la estancia, la seta le hizo un gesto obsceno con un dedo a Elle.
Ella siguió riéndose.
—Me cae muy bien. Mira, gato, en serio. ¿Cómo puedes caminar con esa cosa puesta? ¿Vas a adivinarnos el futuro? ¿Te podemos llamar Michidamus?
—¡Cómo osas! —espetó Ferdinand, cada vez más enfadado.
Escupió dos veces y empezó a agitar la cola de un lado a otro, con un movimiento que me resultaba muy familiar—.
¡Necios! ¡Palurdos! ¡Os haré picadillo! Os destriparé y luego me bañaré con alborozo en vuestras vísceras. ¿Acaso no sabéis quién soy?
E LLE : Dónut, tu exnovio tiene problema para controlar la rabia.
D ÓNUT : SIEMPRE ME HAN ATRAÍDO LOS MALOTES.
E LLE : Y a mí, chica. Y a mí.
C ARL : No lo espantéis. ¿Katia?
K ATIA : Ya casi… Vale. Listo. Tiene nivel 100.
Es un jefe de provincia y secuaz. Tiene todas las características a 100 menos Destreza, que tiene 125, y Carisma, que tiene 75.
Eso significa que la suma de Constitución y Carisma es de 175, así que todo bien.
Ese gorro estúpido es mágico, pero no afecta a sus características.
Le da un conjuro Rayo de nivel 10. Puede hacerse invisible, por lo que debemos tener cuidado.
También tiene la habilidad de cambiar de fase y su ataque con las garras parece devastador.
Habíamos colado en el castillo algunas pociones de Inspeccionar de las que le había quitado a Miriam Dom.
Al principio creía que me iban a ayudar con el minimapa o algo así, pero había resultado que las pociones caras y poco habituales servían para dar detalles específicos sobre los monstruos.
La información tardaba unos treinta segundos en llegar, por lo que no servían en combates rápidos e impredecibles.
Sin duda era la manera en la que Miriam Dom y Prepotente habían averiguado cómo acabar lentamente con los jefes gigantes.
C ARL : ¿Lo habéis oído todos? Dónut, tu turno.
Dónut, que seguía paralizada entre las manos de Imani, se envaró de repente.
D ÓNUT : Carl, creo que no puedo hacerlo. Funcionó a duras penas con los elfos.
C ARL : Pero él no es un elfo. No olvides el objetivo. Recuerda que intentó matar a Mongo. Si lo hacemos bien, jamás volverá a hacerle daño. Es necesario para que no tengas que enfrentarte a él.