Capítulo 71
Todos nos giramos para ver al cocodriliano de pie junto a Lucia, que no dejaba de sollozar. Le había puesto ambas manos sobre los hombros, como si estuviese a punto de estrangularla.
Solté un improperio mientras me dirigía hacia ellos seguido de Imani, Katia y Elle.
—Florin —grité justo antes de detenerme.
Para mi asombro, en ese momento la ladjablès se tiró sobre Florin y le dio un abrazo fuerte. Él correspondió el gesto.
—Tranquila —dijo mientras le acariciaba el pelo—. No pasa nada. Todo saldrá bien.
El cocodriliano se giró para mirarnos.
—Tenemos que mantenerla con vida a toda costa.
—¿Qué? —pregunté. Miré a los demás, con los ojos abiertos de par en par—. ¿A qué viene esto?
—Están ahí dentro con ella —dijo.
—¿Quién? —pregunté—. ¿Dónde?
—Quiero ver a mi mamá —dijo Lucia.
Tenía acento diferente. ¿Qué cojones?
Ambos dejaron lo que estaban haciendo de repente y se miraron.
Lucia apartó a Florin con brusquedad. El cambio había sido instantáneo, pero vi cómo ocurría.
La niña acababa de recuperar su arrogancia.
Ese cambió de personalidad tan rápido suyo era algo que había visto antes: en el episodio resumen del enfrentamiento contra Dónut.
Era como si alguien hubiese pulsado un interruptor.
De repente, cambió todo en ella excepto su apariencia.
El gesto se le torció a causa de la rabia.
Hundió los hombros. La voz pasó a sonar como antes.
—Apártate, feo de mierda. O te reventaré los sesos como se los reventé a tu putita.
Florin alzó las manos y se apartó.
—Vale, niña. Tranquila. No hagas ninguna tontería. Recuerda que estamos todos en el mismo bando.
Dónut saltó sobre mi hombro en ese momento.
—Carl, ¿qué está pasando?
Lucia señaló a Dónut y siseó.
—Pero la mataré. Pase lo que pase. Ojo por ojo. Mató a Cici, así que tengo que acabar con ella. —Se giró hacia la comida del bufet, cojeando un poco debido a las piernas diferentes. Pidió un tequila a gritos.
Florin nos hizo un gesto para indicarnos que nos alejásemos.
—¡Dejadla en paz!
—¡Eso! ¡Dejadme en paz! —gritó Lucia sin darse la vuelta. Luego estalló en carcajadas. Eva seguía en la barra entre las mesas del bufet. Me estremecí al pensar en que podían llegar a unir fuerzas.
—Sé que últimamente lo digo mucho —comentó Elle—, pero ¿qué cojones está pasando?
Florin alzó la mano y se llevó un dedo a la sien, un gesto que había pasado a convertirse en uno universal para indicar que se leyese el chat.
F LORIN : No llego a entenderlo del todo, pero hay varias personas ahí dentro.
Personas de verdad, y la mayoría son niños.
La chica con la que estaba hablando se llama Jill.
Tiene diez años y es neerlandesa. Creí que intentaba engañarme, pero está diciendo la verdad.
Sabía quién era el primer ministro del país.
No creo que una niña de las calles de Ecuador sepa algo así.
C ARL : Pero ¿qué hablas?
F LORIN : No tengo ni idea, amigo. Creo que está relacionado con un perro y un tipo llamado Alexandro.
Pero hay niños ahí dentro. En su cabeza.
Varios. Tenemos que encontrar a ese perro y dejarla a ella.
Es el perro. Aún la controla desde la distancia, pero solo por cortos periodos de tiempo.
Cuando lo encontremos, se solucionará el problema.
Me quedé allí sentado un rato, intentando encontrarle el sentido a lo que Florin acababa de decir. Abrí una nueva ventana de chat.
C ARL : Zev, ¿qué coño está pasando? Dijiste que no se permitían niños mazmorreros.
Z EV : Es complicado, Carl. Y no tienes por qué involucrarte con todo lo que ocurre. No voy a hablar del tema. Y menos ahora. Prepárate.
—Estás rojo como un tomate —dijo Florin—. ¿Todo bien, amigo?
Empecé a sentir algo muy pesado sobre el hombro contrario al que se encontraba Dónut.
—Sí, amigo… ¿Estás bien?
Ferdinand. Había salido de la nada y acababa de hablar con ese tono burlón y condescendiente.
C ARL : Samantha, está distraído. ¡Vamos, vamos, vamos!