Capítulo 69 #3
Prepotente estaba sobre el escenario con Bianca.
No dijo absolutamente nada. Se limitó a gritar una vez, momento en el que la cabra gigantesca y chisporroteante que lo acompañaba bufó.
Luego se bajaron entre ascuas y llamaradas.
Aparecieron unos elfos de la nada y empezaron a darle pisotones a las llamas para extinguirlas.
M ORDECAI : Es una larga historia. Los cristales de alma, que es lo que usan los elfos como fuente de energía, se sacan de la guarida de Escolopendra.
Se crean cuando muere un tipo de persona en concreto, momento en el que sus almas se filtran a través del cuerpo del ciempiés.
Los cristales conmemorativos son parecidos, pero se crean con dioses y semidioses que han fallecido.
Están llenos de información, de conocimientos y conjuros de categoría deidad.
Se puede sacar dicha información cargándolos y, para hacerlo, hay que colocarlos en un arma, en una armadura o simplemente llevarlos encima como si fuesen una joya cuando matas cosas.
Hay muchas historias sobre esos cristales, pero normalmente aparecen en el décimo y el undécimo piso.
C ARL : Pues no puedo conseguirlo de ninguna manera a menos que consiga matar a treinta y cuatro cazadores más y hacerme con sus manos antes de que acabe la velada. Es una pena que no nos dejen juntar las manos entre varios.
M ORDECAI : Pregúntale a ese cabrón asesino si sabe de qué dios salió el cristal.
—Oye, Chaco. ¿De qué dios salió este cristal conmemorativo?
—De uno muerto —respondió.
—Qué listo eres… Venga, dime. ¿No lo sabes?
Él se encogió de hombros.
—Lo único que dice la descripción es que se encontró durante una expedición minera de los altos elfos. La reina suele llevarlo puesto alrededor del cuello. Lo recuperará si nadie lo compra.
Recordé el collar de la reina. Había dado por hecho que era un cristal de alma.
—Mordecai me ha comentado que estas cosas albergan información. ¿No sabes qué puede haber dentro?
—Ni idea. Sé que es la posesión más preciada de la reina y que forma parte de este conjuro del Carnicero. Está obligada a ofrecer su posesión más valiosa como premio.
Sentí el mismo cosquilleo anticipatorio que había sentido al oír hablar del Portal de los dioses ferales.
—Si consigo reunir algunas manos más antes de que acabe la noche pero siguen en las cajas de botín, ¿podré usarlas de igual manera?
Chaco sonrió y dejó al descubierto sus dientes de lobo.
—No. Tendrás que llegar a una estancia segura para abrirlas. Y no hay estancias seguras en el castillo. Y tampoco vas a poder conseguir manos. Cuando se rompa el sello, me teletransportaré fuera de aquí.
Detrás de mí, una pareja de elfos se dedicaba a rociar con algo la madera que había pisado Bianca.
Suspiré. Quería la mejora de habilidad, pero me iba a faltar una mano si también quería rellenar nuestra reserva de pociones.
Katia había ido preguntando a todos los mazmorreros, excepto a Lucia, y debido al robo de Eva nos faltaban siete pociones de protección contra caídas.
Aunque no estábamos seguros siquiera de que nos fuesen a hacer falta. Mierda.
—Me llevaré la varita de encoger, el libro ese de información sobre el octavo piso, la partitura de Pies en polvorosa, la caja de veinticuatro pociones de Caída de pluma y la de pociones de sanación.
Después de que pasasen por el escenario todo tipo de mascotas, llegó el momento de Mongo.
Volví para colocarme cerca del escenario.
Signet no había dejado de hablar con el jurado, y Katia también se pasó por allí durante unos minutos.
No volvieron a entrar más guardias en la estancia y me dio la impresión de que la habían dejado en paz.
Elle se había colocado en un rincón y hablaba muy concentrada con el cazador humano sin pelo.
El tipo parecía haberse puesto a llorar.
Ella le dijo algo más con mucha rabia y se marchó a toda prisa en dirección a donde nos encontrábamos nosotros. Volví a girarme hacia el escenario.
Dónut había estado practicando el espectáculo mientras yo me encontraba en la sala de entrenamiento o en el estudio de creación.
Sabía muy bien qué era lo que iba a hacer durante su actuación en el concurso de talentos de más tarde, pero no tenía ni idea de qué era lo que había preparado para el concurso de mascotas.
—Tenemos que intentar no llamar mucho la atención —le había dicho antes de que empezase a practicar para el espectáculo—.
Tú saca a Mongo, dile que grazne unas pocas veces y luego bájate.
No nos conviene mostrar todas nuestras cartas, teniendo en cuenta que tu actuación en el espectáculo de talentos va a ser… Ya sabes.
—¿Extraordinaria? —había preguntado ella.
—Eso. Extraordinaria.
—Pero… —había protestado.
—Nada de llamar la atención.
Las luces del salón de baile se atenuaron en ese momento, y vi que en el escenario empezaba a relucir un brillo rojizo. Un humo comenzó a extenderse por la tarima.
—¡Damas y caballeros! ¡Mazmorreros y cazadores! Preparaos todos —dijo Louis a través del altavoz. Estaba oculto en algún lugar entre bastidores.
—Ya estamos… —murmuré.