Capítulo 66 #2
La verdad es que a mí me importaba tres pares de cojones.
Yo me limité a fingir estar de acuerdo con todo.
Ya había convencido a Signet para entrar sola y esconderse en el sótano.
Le había prometido que tendría una oportunidad si era paciente.
¿Y si no? Bueno, tampoco es que la reina fuese a ir a ninguna parte.
Me sentí un poco mal por aprovecharme de ella de esa manera, la verdad.
—Tú. Nos han ordenado que te consideremos persona non grata en el castillo —dijo un guardia elfo a Pearson el cambiado, que seguía en forma de mujer con túnica.
Era uno de los elfos ataviados de blanco, uno de los guardias de nivel 70.
Un soldado—. Ahora, lárgate de aquí. Tienes una hora para salir de nuestro territorio.
A partir de ese momento, se te considerará un intruso.
—Pero forma parte de mi actuación —protestó Dónut.
—Las zarzas ya están en la frontera —dijo Pearson con voz de mujer. Seguía metido en el papel—. Vuestros soldados están atacándolas. ¿Cómo voy a salir?
—Ese no es mi problema. Son órdenes de la reina. Ahora márchate antes de que les diga a mis hombres que te usen para practicar el tiro al blanco.
Lo agarré por el brazo, me incliné hacia delante y susurré:
—Vete a la cueva y sigue con el plan.
El cambiado salió corriendo justo cuando aparecieron más carros por el sendero.
—¡No los van a meter en jaulas! —dijo Dónut, que alzó la voz—. ¡Son animales entrenados de manera profesional! Son del todo seguros. ¡Esto es un ultraje! ¡Carl, dile a la reina que vuelva aquí ahora mismo!
Una pareja de elfos gruñó mientras sacaban una jaula enorme por la puerta de carga y descarga. La jaula de metal parecía haber sido creada específicamente para Gran Tina.
—Tu animal entrenado de manera profesional acaba de intentar comerse a mi sambar —comentó uno de los elfos.
—¿Te refieres a un ciervo de esos? Tina solo estaba jugando con él, ¿verdad, Tina?
Tina rugió y empezó a dar mordiscos al aire, lo que hizo que un grupo de elfos gritase y se apartase. Varios de ellos sacaron los arcos.
—Todos los animales entrarán en jaulas —dijo otro que parecía mayor y no estaba asustado por la dinosaurio.
Salió del interior del edificio mientras se quitaba unos guantes gruesos de las manos.
Hizo un ademán para que el resto de los elfos se calmase.
Aquel tipo era diferente a los demás. Llevaba un peto y se llamaba Kibben, un ESTABLOMANTE ALTO ELFO NIVEL 50.
Era el primer alto elfo que veía con el pelo corto, lo que le daba aspecto de elfo de los arbustos.
—No te preocupes. Los soltaremos para la actuación.
No queremos que se hagan daño entre ellos antes del espectáculo.
¿Has visto a ese Dolor de barriga de allí?
Podría tragarse a una de tus mongoliensis entera a la mínima.
Y tu alosaurio aún es una cría, lo que significa que no puedes controlarla del todo.
Dónut miró con rabia a Tserendolgor, quien seguía limpiándole la tierra a Garret, su mascota Dolor de barriga.
—Si esa albóndiga con patas es tan peligrosa, debería quedar descalificada de inmediato. ¿Y si ataca a mi Mongo?
El elfo bajó la vista para sonreír a Dónut.
—Me aseguraré de que las mascotas están bien separadas y a salvo. Es mi trabajo.
—¿Los cazadores traerán sus mascotas a la fiesta? He oído que hay dos salones de baile de sirvientes. Quizá podríamos llevar a mis dinosaurios al otro. —Fulminó con la mirada a Tserendolgor—. Allí estarían a salvo. ¿Importa el lugar donde estén?
—El escenario de ambos salones de baile de sirvientes serviría, así que en realidad da igual dónde estén. Pero de verdad que no será necesario.
—Esto no es nada profesional. Jamás había visto un trato tan atroz a unos invitados. Será necesario si yo lo considero necesario. ¿Quién es tu jefe?
Miré al tipo.
—He descubierto que la mejor forma de tratar con ella es callarte y dejarla hacer lo que quiere si de verdad da igual. —Me incliné hacia delante en gesto conspiratorio—. Al fin y al cabo, es una gata. Sé que tenéis a uno de su especie por aquí.
—¡Oye! —gritó Dónut—. ¿Qué se supone que querías decir con eso, Carl?
El elfo se encogió de hombros.
—Vale. Podemos llevar a los dinosaurios a la otra estancia.
Tienes razón. Allí no habrá nada. Parece que el otro grupo no está interesado en los eventos.
Y es probable que sea mejor así. La mayoría de los sambar estarán por aquí y la alosaurio los pone nerviosos.
Lo único que habrá en esa estancia será Simoom.
Los cretinos y esa… cabeza reanimada… tendrán que quedarse aquí.
Dónut resopló.
—Supongo que es aceptable. Pero debo insistir en que tengas cuidado cuando las lleves hasta allí.
—Dónut —dije mientras se acercaban Imani y Elle. Detrás de nosotros se detuvo otra caravana de carros. Salió de ellos un mazmorrero que no reconocí, seguido de lo que parecía ser un familiar halcón—. Los animales estarán bien. Este tipo sabe muy bien lo que hace. Déjalo trabajar.
D ÓNUT : CARL, MI MEJORA DE ENCANTO NO FUNCIONA.
C ARL : Sí que funciona. Estos tipos son altos elfos. Se creen superiores. Además, me temo que tu exnovio ha hecho que no tengan muy buena opinión sobre los gatos. Que esté hablando con nosotros es prueba suficiente de que sí que va bien. Lo que me fastidia es que no sea permanente.
D ÓNUT : ESTA TIARA ES FEÍSIMA. PERO NO LE COMENTES A LA BOTICARIA QUE LO HE DICHO.
Entrando en el salón de baile A.
¡Te han silenciado! No puedes lanzar conjuros en esta estancia.
¡Has firmado la paz! No puedes acceder a tu inventario en esta estancia.
En la pared, a mucha altura, había una luz. Era poco más que un globo. Titiló dos veces para indicar a los guardias que la primera persona había entrado en el salón de baile, momento en el que se activó el sistema. Titilaba cada vez que dicho sistema de protección se activaba o se desactivaba.
¡Aviso! La estancia se encuentra bajo los efectos de un sello de protección. Cualquier acto violento romperá dicho sello, lo que provocará tu destierro a la Nada.
¡Aviso! Al ser un invitado no puedes abandonar esta habitación hasta que haya terminado la fiesta o hasta que se haya roto el sello de protección. Espero que hayas hecho popó antes de entrar.
Cuando llegue la anfitriona, las estancias de la fiesta quedarán del todo selladas a lo que hay en el exterior.
—Mierda —murmuré al leer la notificación.
I MANI : Carl, ¿eso significa que cuando Imogen entre en la estancia no se podrá marchar? ¿Eso no echaría por tierra la efectividad de la distracción?
C ARL : Sí que lo hace, sí. Tendremos que usar el plan de huida C.
D ÓNUT : ¿ESE ES EN EL QUE CAEMOS HACIA UNA MUERTE ATROZ?
C ARL : No, ese es el plan de huida D. El C es cuando usas tu conjuro Agujero para caer al tercer piso y luchamos hasta llegar a la salida. Tendremos que avisar a todo el mundo para que se acerquen a ti cuando llegue el momento
I MANI : Empezaré a comentarlo.
A pesar de que nos habían asegurado que habría muchos controles de seguridad, no nos habían revisado de manera exhaustiva gracias al encanto mejorado de Dónut. El cacheo de los gnoll para entrar en la caravana de producción había sido mucho más invasivo.
Después de subir por una escalera de caracol enorme que iba desde la planta baja hasta el tercer piso, un elfo guardó todas nuestras armas y luego nos cacheó rápidamente.
Tuve que deshacerme de la pulsera que se transformaba en el brazalete de Grull.
El problema principal era el lanzallamas de Tserendolgor, o Ren, que llevaba de mochila.
Me recordaba a una de esas de la película Cazafantasmas , pero la suya formaba parte de su camisa.
Por eso, al quitársela quedó al descubierto su pecho peludo perruno.
Dónut estuvo a punto de hacer un comentario burlón, pero le dije que cerrase la boca.
Imani le dio una túnica para que se tapase.
Al resto nos permitieron quedarnos con la ropa.
Tal y como suponía, no sospecharon ni lo más mínimo de la chaqueta de Britney ni del resto de nuestros objetos mágicos.
Otro soldado nos dio una charla en la que comentó que no podíamos pelearnos y luego nos dio una descripción muy gráfica de lo horrible que sería acabar en la Nada.
Un tercer soldado usó un caracol del tamaño de Dónut para que nos olisquease en busca de explosivos, y se centró en mí más de la cuenta.
No llevábamos ninguno encima, por lo que pasamos sin problema.
Después entramos en el pasillo que llevaba hasta el salón de baile, donde nos guiaron hasta la «recámara» para cambiarnos de ropa si lo necesitábamos.
Era una estancia grande que parecía unos vestuarios venidos a más, con cubículos y baños.
Nadie se cambió de ropa. Yo empecé a colocar pociones de repelente de dinosaurio y de cuasichof por el lugar, con una nota diciéndole a todo aquel que las encontrase que se bebiera una de repelente, si no lo había hecho ya, o que se guardara en el inventario la de cuasichof.
Les advertí que era probable que tuviésemos que escapar lo más rápido posible y que podríamos llegar a quedar rodeados de dinosaurios hambrientos.
Queríamos que atacasen a los cazadores, no a nosotros.
Salimos de la estancia, nos cachearon y nos revisaron de nuevo y entramos en el salón de baile.
Éramos quince en el primer grupo, de la primera caravana de carros y la segunda, en la que habían llegado varios mazmorreros que no conocía.
La mayoría eran humanos, pero había un tipo micónido que solo había visto de pasada y que tenía miedo de Elle por alguna razón.
También había una mujer con cabeza de tejón que era espadachina, como Bautista y Tran, quienes se unirían a nosotros una vez los teletransportasen a la estancia.
El salón de baile era un lugar opulento y nuestros pasos reverberaban por todas partes.