La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 66
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Capítulo 66

Nota añadida por el mazmorrero Carl. Vigesimoquinta edición.

Página siete de las notas del plan:

Aquellos de vosotros que no hayan tenido la oportunidad de echarle un vistazo al mapa, hacedlo ahora mismo.

No dejéis que os engañe la forma cuadrada.

Este lugar es un laberinto de pasillos, habitaciones y pasadizos.

La zona principal del castillo, sin incluir los sótanos, tiene seis pisos de alto.

Hay más divisiones en el interior, muchas más, pero están por los extremos.

Pensad en una especie de hotel o casino temático con forma de cubo Borg donde todos los espacios públicos tienen techos de más de seis metros de altura, pero también hay algunas estancias por los extremos.

Los dos salones de baile de sirvientes están en rincones opuestos de la planta baja.

El salón de baile A, que será el nuestro, se encuentra en el tercer piso.

Y el salón de baile B de los cazadores está en el primero, justo encima del de sirvientes.

El de la reina, así como sus aposentos, están en el sexto piso.

Nadie podrá acceder a esa zona, a excepción de la reina y sus guardias.

Al entrar por la puerta principal, hay unas escaleras enormes que llegan hasta el cuarto piso, pero no siguen subiendo.

Los visitantes no pueden ir más arriba. Parece que será casi imposible llegar hasta el salón del trono o hasta la reina, por lo que tendremos que hacer que ella baje a por nosotros.

Lo peor que puede llegar a pasar es que decida atacarnos mientras está en su salón del trono y nosotros estamos en el nuestro.

Aunque hayamos recuperado los conjuros y el inventario, ella seguirá a salvo y nosotros no.

Repito. No atacaremos a la reina cuando esté en nuestro salón de baile. Bajo ninguna circunstancia. Sería un suicidio.

Según Samantha y el aviso de instrucciones hay otras peculiaridades del sistema del salón de baile de la buena voluntad que tener en cuenta.

Algunas de las protecciones están desconectadas cuando nos subimos al escenario.

Cuando sea el turno de Dónut en el salón A, podrá interactuar físicamente con los objetos que se encuentren en los escenarios de los salones de baile de sirvientes de los pisos inferiores.

Por ejemplo, si hay una varita en alguno de los escenarios de los sirvientes, Dónut podrá hacerse con ella y usarla.

La varita en sí seguirá en su verdadera ubicación.

Es un sistema parecido al de los bolígrafos mágicos que los Popov y yo usamos para los autógrafos de la MazmorraCon.

Lo único que Dónut no podrá hacer será beber algo que no esté junto a ella.

Sí que podrá leer, por ejemplo, el pergamino de Recargar varita y la partitura si lo necesita, pero no la poción de encanto.

Esa tendremos que colarla. Mordecai tiene varias ideas para colar pociones en zonas protegidas.

Es algo a lo que estaba acostumbrado, así que no debería ser un problema.

Es posible que terminemos usando a Katia como taquilla para objetos.

Hablando de los bolígrafos, Samantha ha comentado que algunos de los objetos del salón de baile, como las mesas y las sillas, estarán físicamente en todos los salones pero serán las mismas.

Por eso, si agarro una mesa y la muevo, esta se moverá en todas las ubicaciones.

Esto también incluye las puertas y todo lo que haya en las paredes, incluyendo la luz de advertencia que tanto nos preocupaba.

No obstante, las demás cosas, como la comida y el resto del bufet, solo existirá en cada uno de los salones de baile A o B.

Puede llegar a ser confuso, por lo que todo tiene un código de color.

Podréis comer lo que haya en los platos azules, pero la comida de los platos rojos será la del otro salón de baile. Y así.

~Carl

Si Dónut puede lanzar conjuros en el escenario, ¿por qué necesitamos hacernos con el control de la sala de seguridad?

~Imani

Nos han dicho que podrá lanzar conjuros, pero solo unos pocos de una lista de aceptados.

Evocaciones ilusorias como Antorcha y poco más.

Las varitas y los pergaminos también funcionarán, pero no podrá llevarlos encima cuando entre en el salón de baile principal.

Ni siquiera funcionará uno como Agujero, a menos que se haya restaurado el acceso a la magia en la estancia.

~Carl

Esto es muy confuso, joder. Me están dando recuerdos de Vietnam de la Maraña de Hierro. Odio con toda mi alma la Maraña de Hierro.

~Louis

No es tan chungo. Lo único que tienes que saber es que estaremos en el salón de baile A mientras que los cazadores estarán en el B y la reina en uno propio.

Habrá un código de colores que te indique cuáles son los objetos que puedes tocar.

No veremos nada de lo que haya en cualquiera de los dos salones de baile de sirvientes, a menos que esté sobre el escenario principal.

Las instrucciones del escenario solo son importantes para los que vayan a subirse a él. Estudia el mapa. Tenemos copias.

~Carl

C ARL : Chicos, el plan no va a funcionar. Hay que preparar otro.

E LLE : Cagondiós, Carl.

I MANI : ¿Qué parte crees que no funcionará?

C ARL : Teniendo en cuenta que Imogen me acaba de contar la verdad, no funcionará nada de lo que hagamos dentro del salón de baile. No podremos llevar a cabo la primera parte. He pensado en otra cosa.

K ATIA : Cuenta.

C ARL : Pues disfrutamos de la fiesta y ya. No hacemos nada. Todo lo que no tenga que ver con la fiesta seguirá como lo teníamos planeado, pero nosotros no podemos hacer nada violento mientras estemos ahí dentro.

D ÓNUT : ¿Y MI ESPECTÁCULO? ¿LAS DINOSAURIOS?

C ARL : Improvisaremos. Lo prepararemos todo como habíamos planeado, pero no haremos nada a menos que nos veamos obligados a ello. Tenemos que ser capaces de defendernos. Sé que la cosa se va a torcer de una forma u otra. Estaremos preparados.

—Entonces ¿puedo guardar esta chaqueta horrible en el inventario? —preguntó Britney.

—Ni de broma —dije—. Déjatela puesta. Pero no la actives antes de tiempo como hiciste con Escudo, eso sí.

Dónut se encargó de gestionar la descarga de suministros mientras yo contemplaba el gigantesco cuadrado blanco que era el castillo de los elfos.

No sabría decir si era feo o imponente. Elle lo llamaba el Terrón de Azúcar, y el nombre había gustado a los demás.

Habíamos doblado la esquina de la pared de la puerta principal, donde había unas puertas dobles que eran el equivalente a la entrada de carga y descarga del edificio.

Las puertas se abrieron y aparecieron varios elfos; algunos arrastraban carritos planos para recoger lo que habíamos traído.

—Este lugar no es muy defendible —murmuré.

—Antes había un foso —dijo un guardia elfo—. La reina nos obligó a quitar el agua porque olía raro. Da igual. Las cuatro torres son más resistentes de lo que parece. Y tampoco es que nadie nos ataque. Hay que tener en cuenta que la reina es muy poderosa. —Se encogió de hombros.

Los tipos que trabajaban en el castillo eran mucho más amistosos que todos los que habíamos conocido anteriormente.

Daba la impresión de que pertenecían a grupos diferentes.

El que acababa de hablar estaba vestido con prendas doradas y era un GUARDIA DEL CASTILLO NIVEL 40.

Eran diferentes a los soldados ataviados de blanco que escoltaban a Ferdinand.

O a los que iban de dorado y negro en plan ninja que protegían a la reina Imogen.

Me percaté de que el castillo entero estaba hecho de una especie de madera.

Parecía roble decolorado. Desde lejos se asemejaba a una piedra blanca o incluso mármol, pero pasé los dedos por la superficie y vi que claramente se trataba de madera.

La pared era suave al tacto y tenía unas pequeñas bellotas talladas, cada una del tamaño de mis uñas; era como si toda la estructura estuviese tallada de un pedazo de madera enorme trabajado en el torno de un dios.

El patrón de bellotas ascendía y se perdía en las alturas, donde el sol empezaba a ponerse.

La madera blanca estaba caliente al tacto y daba la impresión de ser algo muy antiguo y mágico.

Por raro que pudiese parecer, me recordó a aquella vez que había visitado el USS Constitution para hacer el tour por aquella fragata antigua con casco de madera y remates de metal.

Me había dado la impresión de que la madera respiraba y todo.

El castillo de los elfos se encontraba en un risco del rincón más al sudeste del mapa.

En cada una de sus esquinas había una torre estrecha como un lápiz.

Gracias al mapa increíblemente detallado de Edgar sabía que aquellas torres tenían la parte superior abierta, contaban con guardias capaces de usar conjuros y que las escaleras de caracol para subir eran tan angostas que solo cabían dos personas.

Las únicas entradas y salidas a las torres se encontraban en el segundo piso del castillo y en el superior.

No vi otras defensas ni fortificaciones.

Zev me había advertido una y otra vez que no intentase colar a la élite en la fiesta.

De ser así, la empresa de producción se vería obligada por contrato a dar órdenes a Signet de hacer algo antes de tiempo, algo que sin duda la mataría y que también acabaría conmigo.

Signet no podía entrar en el castillo bajo ninguna circunstancia.

Le aseguré a Zev que no tenía intención de hacerlo. Y era completamente cierto.

Si Signet acudía a la fiesta, los juzgados tendrían que ponerse manos a la obra para decidir quién era el propietario de los derechos de lo que iba a ocurrir a continuación. Y había una norma muy clara cuando una producción secundaria se inmiscuía con los productores de Planeta mazmorrero :

No estropees los acontecimientos principales.