La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 65
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Capítulo 65

Nota añadida por el mazmorrero Carl. Vigesimoquinta edición.

Página cinco de las notas del plan:

Según el mapa de Edgar, el centro de control de los cuatro salones de baile, los dos principales y los dos de los sirvientes, está ubicado en medio del castillo, en una estancia segura del segundo piso.

Cada uno de los cuatro salones de baile está controlado por un pequeño cristal de alma.

Hay un quinto cristal más grande que controla todo el sistema general que nos permite interactuar con los que están en otras estancias.

Cuando entremos en el salón de baile, quedaremos afectados por un conjuro de silencio que nos impedirá lanzar magia y otro que nos impedirá usar el inventario.

Y creo que ya está. Tampoco podremos blandir armas, pero no sé cómo nos lo impedirán.

El conjuro de silencio y el de inventario no estarán activos en los salones de baile de los sirvientes.

Además, el salón de baile de la reina no tiene ningún tipo de protección, por lo que no hay control alguno.

Lo que tenemos que hacer es conseguir que alguien llegue hasta la sala de control y desactive las protecciones sin afectar a las otras estancias ni apagar el sistema de buena voluntad.

Nos llegará una notificación cuando tenga lugar el cambio, por lo que tenemos que asegurarnos de que todos mantienen la boca bien cerrada hasta que pasemos a la acción.

Esto es lo que he pensado. Usaremos la distracción de Gideon para sacar del castillo tantos guardias como sea posible.

Una vez ocurra, nos pondremos manos a la obra.

Tendremos que proponer ideas para entrar en la sala de seguridad, así que echadle un vistazo todos al mapa y comentadme qué opináis.

Otro tema: estoy muy seguro de que Imogen será alguien que conocemos. Creo que, en un principio, tenían intención de que fuese Bea, mi exnovia y la dueña de Dónut. Tenemos que prepararnos para algo así.

~Carl

Todos conocemos a alguien que podría ser esa reina. Ya lidiaremos con eso cuando llegue el momento, como hacemos siempre. Necesitamos una forma mejor de comunicarnos. No puedo seguir yendo al baño así. Es demasiado sospechoso.

~Imani

La idea de usar el encanto de Dónut para el enfrentamiento contra Imogen también podría servir con la sala de seguridad, pero iríamos muy justos de tiempo. Sería mucha presión para ella.

~Elle

Me gusta esa idea, pero solo funcionará si Imogen está en la fiesta todo el tiempo.

~Carl

CARL SIEMPRE ESTÁ EN EL BAÑO. Y NO ME GUSTA ESE PLAN. AHORA TODO TIENE QUE VER CON EL ARO PARA LOS PEZONES, ¿NO? PUES NO ME GUSTA QUE ME APUÑALEN, CARL. OJALÁ TE OCURRIESE A TI POR UNA VEZ EN UNO DE TUS PLANES.

Tienes que firmar los mensajes, Dónut.

~Carl

CREO QUE ESTÁ BASTANTE CLARO QUE SOY YO, CARL.

«Dios —pensé—. Menuda voz».

Examiné a la atractiva elfa.

Reina Imogen. Hechicera clériga alta elfa.

Jefe de país nivel 145.

Se trata de un PNJ intangible. No puedes tocarlo. Aún.

No es una alta elfa cualquiera, sino Imogen, la reina de los elfos. La malota final del piso. No te dejes engañar por su atractivo y su educación. Es realmente odiosa.

En ocasiones, cuando nos topamos con uno de esos jefes hay una ínfima posibilidad de que se rediman, de que el bien anide en algún lugar de las profundidades de su ser.

¿Sabías, por ejemplo, que el Ciclado que eliminaste en el primer piso se pasaba todo su tiempo libre de voluntario en un refugio de puercoespines?

¿Recuerdas a Denise la ganso, esa a la que le metiste la cabeza en un triturador de basura?

Pues le encantaba leer a los niños. De hecho, ya has matado a dos jefes a los que les encantaba leer a los niños.

Bueno, pues lo que te quería decir: Imogen no es nada de eso.

Ni lo más mínimo. Jamás ha dejado una propina en toda su vida.

Si en este mundo hubiese carritos de la compra, jamás los volvería a dejar en su sitio al terminar.

Sí, sí que finge ser amable y una líder justa.

Y sabe cómo dar fiestas de las buenas, eso por descontado.

Pero en el fondo todo es fachada. Todo lo que hace es en pos de su verdadera motivación, que es el poder. No es más que una niñita aterrada que teme la debilidad y morir como su padre, el rey Finian: alguien imponente, solitario y eclipsado por alguien mucho más poderoso.

Y tiene un plan para asegurarse de que jamás le ocurra algo así, uno que depende del éxito de la mascarada que tendrá lugar esta noche.

Espero que no hagas nada para hacerla enfadar. Las cosas podrían ponerse muy feas.

K ATIA : No es Ifechi. Es su hermana gemela. Florin nos dijo que tenía una cuando conocimos a los Popov. Se lo comentaré.

Intenté obligarme a sonreír mientras enviaba mensajes de advertencia a todo el mundo.

—¿Colar a alguien? ¿Yo? Claro que no. ¿Crees que estoy loco o qué? Esa mujer forma parte del espectáculo de la Princesa Dónut.

En ese momento me miró. Lo hizo como si estuviese sopesando si estaba loco o no.

Me quedé muy quieto mientras la examinaba y me llegó una notificación. Era un logro por las visualizaciones totales. Una caja de aficionado. Intercambié una mirada con Britney, quien había abierto los ojos de par en par. Es posible que ella hubiese recibido algo similar.

D ÓNUT : ME ACABAN DE DEVOLVER MI FICHA DE INVITACIÓN. NO SÉ POR QUÉ.

C ARL : Creo que es posible que Britney esté ahora entre los cincuenta mejores. Hace unas horas estaba en el puesto cincuenta y ocho.

D ÓNUT : PUES NO ME PARECE BIEN. AHORA VOY A IR A LA FIESTA SIN ACOMPAÑANTE, COMO UNA FRACASADA.

Sin duda la reina Imogen se estaba preparando para el baile en el momento en el que había decidido hacernos una visita.

Llevaba un traje largo, reluciente y que cambiaba de color, cubierto de destellos mágicos.

Del cuello le colgaba una cadena de oro con una gema brillante y muy característica.

Un cristal de alma. La piel oscura destacaba gracias a los reflejos castaños de su cabello sedoso, que llevaba recogido en un moño sobre la cabeza, uno de esos que se les hace a las novias para las bodas, y del que colgaban dos mechones de pelo que le caían a cada lado de la cara.

Llevaba maquillaje dorado en el rostro, que le cubría como si fuese una obra de arte bañada en oro.

Jamás llegué a conocer a Ifechi, pero sabía que era de Nigeria, que trabajaba para la Cruz Roja y que había estado siguiendo a un grupo de paramilitares cuando entraron en la mazmorra.

Había dado por hecho que la mujer rapada era un hombre hasta que Katia se había dado cuenta de que no.

Esta versión de ella, o de su hermana gemela, era increíblemente atractiva.

Y, en sus ojos, vi la misma mirada afligida que había visto en el rostro de Ifechi justo antes de morir a manos de Lucia Mar en el episodio resumen, al final del cuarto piso. Era exactamente igual.

Todos los elfos que había visto hasta el momento eran tipos paliduchos, por lo que aquel color de piel resultó ser una sorpresa, sobre todo si teníamos en cuenta esa tontería de la pureza de la especie de la que hablaban siempre.

Era probable que los alienígenas que estuviesen viendo el programa ni se hubiesen dado cuenta de algo así.

«Se suponía que tenía que ser Beatrice», pensé.

Y agradecí infinitamente que no fuese así.

Me preocupaba que terminase por tratarse de otra persona que conocía, como la madre de Bea.

Me sentí culpable por estar tan aliviado, a pesar de que aquello en realidad podía llegar a ser mucho peor.

Llevaba bastante tiempo preocupado por la salud mental de Florin.

C ARL : Haced que Florin baje por las escaleras.

K ATIA : Ya te digo yo que eso es imposible. Lleva de un lado a otro desde hace más de una hora, emocionado con todo el tema de la fiesta.

C ARL : Florin, ya conoces las normas. Todos las aceptamos. Si Imogen adquiere la forma de uno de nuestros seres queridos, el que conozca a esa persona tiene que bajar por las escaleras.

F LORIN : Que te den por culo, Carl. No veo a tu gata bajando por las escaleras. Relájate, que estoy bien.

Britney permaneció acurrucada en un rincón. El escudo iba a disiparse dentro de unos pocos segundos, aunque tampoco es que aquello significase nada. El punto de Imogen seguía blanco en el mapa.

Apareció de repente otro elfo dentro del carro, colgando por fuera.

El hombre esbelto y musculado iba vestido con una armadura negra y pegada al cuerpo y tenía el cabello liso y blanco.

Se inclinó para asomarse por la ventana y susurró algo al oído de la reina.

Ella asintió y le indicó que podía marcharse.

Después volvió a mirar y arqueó una ceja, curiosa.

—Dime una cosa, Carl. ¿Qué estás tramando? ¿Por qué has traído a esa mujer? ¿Por qué vestirla así?

D ÓNUT : LOS GUARDIAS SON UNOS CAPULLOS. ME ACABAN DE DECIR QUE NO PUEDO VOLVER A ENTRAR AL CARRO. ME HAN COMENTADO QUE, SI QUIERO, PUEDO HACERLO EN EL DE LA SEÑORA PERRO. LES HE DICHO QUE NO. NO ME PUEDO CREER QUE LE HAYAN PERMITIDO ESTAR ENTRE LOS CINCUENTA MEJORES.

C ARL : Tranquila. Te necesito ahí fuera. Prepárate.

Me afané por dar la impresión de tener mucha más confianza de la que sentía en realidad.

Pearson el cambiado tenía órdenes de parecerse lo máximo posible a Signet, lo suficiente al menos como para llamar la atención de los elfos, pero tenía que quedarse en forma humana y no cambiar.

Si teníamos suerte, la reina terminaría por tocarlo. Y por dejarlo con vida.

—No estoy tramando nada. Ni siquiera me había dado cuenta de que sabías mi nombre, majestad.

—¿Me tienes miedo, Carl?

Estaba pasando un miedo de cojones. No quería admitirlo, pero en aquel momento decir la verdad me pareció lo más prudente.

—Mucho.

La reina suspiró.

—La Mascarada del Carnicero es como un oasis en este mundo horrible. Todos los invitados estarán bajo mi protección. Será un evento seguro, y pensar lo contrario es un insulto a mi persona.

—Pues qué ganas tengo, entonces —dije.