La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 63
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Capítulo 63

Después de la incursión final contra los cazadores, nos dirigimos hacia el este, donde había un asentamiento grande que había sido capturado por Li Na.

Era el punto de reunión donde íbamos a reagruparnos, y también el pueblo más grande que había cerca de la frontera de los elfos.

Las zarzas iban a cubrirlo dentro de cuatro horas y media.

No me sorprendió encontrar a Signet sentada en un tronco mientras Dónut y yo nos acercábamos al lugar. La mayor parte de los demás, Samantha incluida, se habían subido al Tetamen y habían llegado antes.

Signet estaba sola, acariciando con suavidad una mariposa que se le había posado en la mano. Ya había salido el sol y había dejado de llover. La luz se proyectaba entre los árboles, húmedos a causa del rocío. Todo el lugar olía a flores.

—Todo se muere —dijo—. Pero aún hay belleza a nuestro alrededor. Nunca había visto una zarza de la gehena así de agresiva. Está claro que este es el fin. No sé si los elfos conseguirán mantenerla a raya.

—Adelántate —le dije a Dónut—. Y controla a las dinosaurios. Tengo que hablar con Signet a solas.

—Muy bien, Carl —dijo ella antes de marcharse.

Signet vio cómo se alejaba la gata. Un momento después, me senté en el tronco junto a ella y nos quedamos así un momento. Apoyó la cabeza en mi hombro y la mano en mi rodilla, lo que me sorprendió. No tenía nada de seductor, pero era el gesto más íntimo que le había visto hacer hasta el momento.

Recordé vagamente algo que Dónut había dicho sobre la calma antes de la tormenta, pero intenté ignorar la idea.

—Estoy muy cansada —dijo.

Cubrí su mano con la mía.

—Ya casi ha terminado. Acabará, independientemente de cómo.

Nos quedamos allí sentados un rato.

—¿Cómo está Grimaldi? —pregunté.

—Cuando llegamos a este mundo, lo plantamos cerca de un nódulo de todoárbol.

Sus raíces se entrelazaron y se fusionó con él, como nos ocurre a todos cuando nos llega el final.

Las raíces son muy profundas. Han sobrevivido muchas plagas como esta, la cual también superarán.

Las zarzas son agresivas y peligrosas, pero el tiempo podrá con ellas… , como con todo.

No sabía si eso significaba que Grimaldi había muerto o qué. Decidí no insistir.

—Los soldados están preparados y escondidos —dijo después de unos instantes más de silencio—.

Las zarzas llegarán a la frontera dentro de unas pocas horas.

Los elfos se pasarán el día enfrentándose a la plaga, pero ni siquiera su magia será capaz de contenerla.

Cuando anochezca, dará comienzo tu fiesta.

En ese momento, empezaremos la incursión.

Suspiré. Era justo lo que esperaba que dijese. Ya habíamos fijado un plan para sobrevivir a la noche, pero la presencia de Signet solo iba a servir para complicar las cosas. Teníamos que encontrar la manera de que fuese algo beneficioso para nosotros.

—Tu plan no va a funcionar. La reina Imogen sabe que estás de camino y es una trampa. Ellos no te van a permitir vencer.

La invocadora náyade ladeó la cabeza.

—¿Ellos? ¿Quiénes son ellos?

Respiré hondo. Pensé en Herot y su consejo sobre despertar a los PNJ. Aseguraba que era posible hacérselo a los élites.

—No puedes atacar en medio de la fiesta.

Te están manipulando para que lo hagas justo al principio, pero debes tener claro que la gente que controla este mundo no va a permitir que tu clímax narrativo se interponga con el de la historia principal.

Puedes atacarla, pero no la matarás. Será ella quien acabe contigo.

Los que te acompañen también morirán, y la reina irá a la fiesta como si nada.

—Pero ¿de qué estás hablando, Carl?

Z EV : Carl, te sugiero encarecidamente que cierres el pico.

Signet continuó:

—Carl, esto es la culminación de todo para mí.

Tú has estado luchando tus batallas, pero mientras yo he estado trabajando incansablemente para acabar con la tiranía de Imogen.

Ahora está débil. Es el momento perfecto para atacar.

No voy a obligarte a participar, pero mentiría si dijese que no te necesito.

Me hará falta alguien dentro del castillo.

Hace tiempo os lancé algo para saber dónde estáis en todo momento, tanto Dónut como tú.

Si llegáis hasta Imogen, sabré con facilidad dónde se encuentra y podremos acabar con esto de una vez.

Sabía que aquello no iba a funcionar.

—Tengo una idea mejor. Es un plan parecido, pero entrarás en el castillo y aguardarás mi señal. Después podrás luchar con ella cuando todos mis amigos también lo hagan. Lo haremos juntos, al mismo tiempo. Supongo que será al final de la fiesta y no al principio.

Z EV : Carl, no van a permitir que los acontecimientos se desarrollen así. Ya lo habíamos hablado.

Sentí cómo la culpa se apoderaba de mí. Todo era mentira.

Si convencía a Signet para hacerlo, íbamos a usarla como distracción y ya.

Pero lo más importante es que ella estaría ahí en el banquillo por si era necesaria y a nosotros no nos pasaría nada inesperado en la fiesta.

No quería hacerlo así, pero no teníamos elección.

Queríamos acabar con Imogen, pero tenía que ocurrir en el momento adecuado.

Esperaba que Signet sobreviviese al encuentro, pero tampoco sería seguro.

No obstante, sus posibilidades de hacerlo serían mucho mayores si luchaba cuando nosotros queríamos que lo hiciese.

Signet parpadeó unas pocas veces. En la muñeca, el tatuaje del joven Clint saltó como si fuese a agarrar la mariposa que aún tenía posada en la mano. Clint falló y cayó en un charco de tinta, donde apareció un pez que lo sacó del agua poco a poco.

—Cuéntame qué tienes en mente —dijo Signet.

TIEMPO PARA LA MASCARADA DEL CARNICERO: 5 HORAS

—Nunca he visto nada igual —comentó Mordecai cuando nos colocamos alrededor de la mesa.

Había cinco objetos, todos de cajas patrocinadas por la Boticaria y todos entregados a mazmorreros diferentes.

Habían llegado con notas que decían que había que dárselos a Dónut.

Y eso sin contar la poción de llantos de Pawna que había recibido yo de la Organización Activista y Pacifista de Intelecto Abierto o la poción Lo retiro…

que le habían dado a Prepotente, que también eran para la gata.

De hecho, la única persona patrocinada por la Boticaria que había recibido una caja de benefactor que no iba dirigida a Dónut era Katia, quien recibió un pequeño gorro de lana que incrementaba todas sus características en un 3 % y le granjeaba un conjuro llamado Necesito espacio para mí, que expulsaba con violencia a todos lejos de ella con un impacto muy potente.

Era una magia buena pero peligrosa, porque afectaba a todos los que se encontraban a su alrededor, incluyendo a sus compañeros de grupo.

Se puso el gorro y este desapareció al pasar a formar parte de su masa.

Aún no había tenido la oportunidad de hablar con ella a solas.

Habíamos estado muy ocupados cambiado y preparando el plan, tanto la parte que conocía todo el mundo como los elementos secretos que solo nos comunicábamos mediante el tablón de anuncios del baño.

Se lo comenté a través del tablón, y me dijo que deberíamos esperar a ver si conseguíamos hacernos con el castillo.

Recibimos notificaciones para indicarnos que, como íbamos a llevar a varios ayudantes a la fiesta, en referencia a las mascotas, las dinosaurios, los dos cretinos y Samantha, nos escoltarían al interior en lugar de teletransportarnos.

Estábamos en un asentamiento pequeño que había en la frontera del territorio de los elfos y se suponía que vendría a buscarnos una caravana dentro de quince minutos.

Las zarzas iban a cubrir el lugar dentro de una hora y media.

Dónut se encontraba por fuera con las dinosaurios y con Britney, que era su acompañante para la fiesta, practicando el número de baile para el concurso de talentos.

Lo último que sabía era que estaban teniendo problemas con los disfraces.

Había unas escaleras por allí. Había miles de mazmorreros por el lugar y muchos habían empezado a bajar por ellas. Imani y Elle también estaban fuera, despidiéndose del resto del equipo de Meadow Lark, que había empezado a bajar.

Gracias a la habilidad de Bomo para encontrar todas las escaleras de un piso, sabíamos que había tres en la zona que rodeaba el castillo de los elfos.

Dos en el bosque, que no quedarían cubiertas por las zarzas hasta el último momento, y una dentro del propio castillo, en el enorme sótano.

Estaba cerrada, lo que confirmaba que Imogen era un jefe.

Habíamos enviado a varios grupos de mazmorreros a internarse en el territorio para proteger las otras dos escaleras.

Por ahora, los elfos los habían dejado en paz.

Sospechaba que eso iba a cambiar pronto.

Los cazadores estaban desperdigados, lo que había sido muy desafortunado.

Tenía la esperanza de que se juntasen. Aún no había oído nada sobre Diwata.

Tampoco había recibido la notificación indicando que la deidad se había marchado del piso.

La equis sobre mi cabeza seguía allí, como una advertencia de que todo podía llegar a irse al traste en cualquier momento si aparecía una deidad de repente.

Seguí contemplando los objetos, desconcertado.

—Entiendo lo que hace el pergamino de Recargar varita.

Y también la tiara y la partitura. Pero ¿para qué es ese palo?

¿Y esto? —Agarré el martillo de bola. Me cabía entero en la mano.

Se lo habían dado a Imani. Y también había recibido un aviso de que Borant había impuesto un recurso para evitar que le llegase, recurso que se había desestimado de inmediato—.

¿Por qué dárselo a Dónut? Ni siquiera puede usarlo.

¿Qué va a hacer, agarrarlo con la boca? ¿Y ese nombre?

Martillo mágico de rebobinar hacia delante.

Es un martillito que está encantado, o sea, que es mágico. Pero no hace nada de magia.