La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 61
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Capítulo 61

Nota añadida por la mazmorrera Milk. Sexta edición.

Cuando muere un jefe de país suelta un botín persistente llamado mapa del tesoro. Mi consejo es que no os hagáis con él.

Éramos más de cuatrocientos contra el jefe, pero solo sobrevivimos unos cincuenta.

Hubiese sido más fácil de haber sido gigantesco, físicamente, ya que nos hubiese permitido atacarlo todos al mismo tiempo.

Pero la abominación se encontraba en una cueva de techo bajo y era casi imposible golpearla.

Nos hacíamos casi tanto daño entre nosotros como a él.

Todos los jefes de país cuentan con ataques especiales que matan masivamente.

Cuidado con los que parecen especialmente fáciles de matar. Como es de esperar, son muchos peores.

Cuando finalmente salimos victoriosos, no sentimos que hubiésemos ganado.

Estábamos enfadados, llenos de sangre y dejamos de confiar en algunos compañeros mazmorreros que habían matado a otros para hacerse hueco y golpear al jefe.

Lo que tendría que haber sido un momento de unidad terminó por ser un acontecimiento calamitoso que nos condenó.

Y sé que lo tenían planeado. Lo tengo muy claro.

Y luego todos nos hicimos con el mapa, que mostraba la ubicación y la calidad de todos los objetos mágicos de la zona, equipamiento que todos sentíamos que nos merecíamos. Dicho mapa provocó una segunda matanza, y yo recibí mi primera calavera de asesina de jugadores.

Ojalá jamás me hubiese hecho con él. No mereció la pena. Tengo las garras manchadas de sangre, una sangre que jamás podré limpiarme.

Hasta el momento me había hecho con sesenta y seis trofeos.

El caos acelerado de las incursiones me dificultaba usar el anillo, pero a pesar de ello había conseguido marcar tres cazadores adicionales.

La Constitución era la característica más elevada de esos tres, por lo que subí mi Constitución base 12 puntos más.

Ahora el anillo me daba 5 puntos de característica por muerte.

Dónut también había conseguido matar a dos cazadores más, lo que hizo que ahora tuviese un total de tres trofeos.

Habíamos conseguido reducir su número a más de la mitad.

Las zarzas inevitables y la barra de sangre me habían parecido problemas horribles en un primer momento, pero habían terminado por ser justo lo que necesitábamos.

La mayoría de los cazadores de mierda no tenían ni idea de qué era lo que estaban haciendo.

No estaban organizados ni entrenados. No trabajaban bien los unos con los otros, lo que hacía que pareciese que les estábamos dando caza uno a uno.

Había conseguido subir a nivel 59, mientras que Dónut llegó hasta 50.

A pesar de no haberlo planeado, terminé por usar los puntos de característica de la subida de nivel en aumentar mi Fuerza un total de 18 puntos.

La clase agente provocador me daba un +1 de Inteligencia adicional y, gracias al aumento de Constitución con el anillo, decidí que sería mejor usar la habilidad especial para doblar los puntos de subida de nivel si los usaba con la Fuerza.

Me fijé en los puntos de característica base que tenía en total.

Había alcanzado 254 puntos sin incluir las ventajas del equipamiento y las mejoras básicas.

La ventaja inicial que había tenido Dónut sobre mí debido a la galleta de mascota empezaba a desaparecer poco a poco.

Ella tenía un total de 278 puntos sin contar mejoras.

Si terminaba por superarla, que era lo más probable, la gata perdería el control de nuestro grupo de dos. Firas había cometido el error de comentarlo mientras planificábamos qué hacer en la fiesta, y Dónut se había puesto de muy mal humor desde entonces.

Por suerte, la adrenalina de la batalla había sido más que suficiente para tranquilizarla un poco por el momento, lo que había hecho que volviese a quejarse sobre las cosas habituales.

¡Pum! Explotaron a la vez varias trampas de tipo mina, seguidas de una cantidad obscena de trampas de alarma.

Todos los asentamientos por los que habíamos pasado tenían más trampas.

La cosa estaba llegando a límites absurdos.

Por suerte, la mayoría de las trampas de alarma estaban en el extremo más alejado del pueblo, y la disonancia entre las canciones no se percibía tanto desde donde nos encontrábamos.

Lancé Tañido y el mapa se iluminó como un árbol de Navidad. Quince cazadores, tal y como había dicho Li Na. Si había alguno en la estancia segura, no íbamos a verlo hasta que no saliese. Mientras lo miraba, uno de los puntos desapareció.

C HRIS : Le he tirado lava encima. El arma ha quedado inservible.

C ARL : Bien. Sal de ahí. Van las arañas.

—Venga —dije.

—Tú y tú y tú y tú —dijo Dónut mientras tocaba las arañas rastreadoras en la cabeza. Los robots se perdieron bajo la lluvia.

—¡Vamos, bonitas! —gritó Samantha mientras rodaba hacia la salida del pueblo.

—Un momento… —le dije a Dónut mientras veía alejarse la cabeza—. ¡Ahora!

Dónut tocó las últimas dos arañas, que se escabulleron detrás de Samantha.

El arma antiaérea tenía activo un conjuro mágico para que no se pudiese marcar como objetivo, pero usábamos a Samantha para superar dicho inconveniente.

Había aprendido por las malas que no podía lanzar la cabeza hacia un asentamiento cuando había una de esas armas activas.

La última le había pegado un tiro y la había alejado unos cinco kilómetros de distancia, por lo que había aterrizado en medio de las zarzas.

Ahora la hacíamos rodar hacia el interior.

La vez anterior había llegado demasiado pronto y le habían dado una patada para alejarla, así que lo que teníamos que hacer era acabar con los enemigos que había junto al arma antiaérea.

Con suerte, todo saldría bien en esta ocasión.

La cabeza rodó hasta el arma y, cuando estaba al lado, se quedó quieta y esperó a que la alcanzasen las dos arañas que la perseguían, lo que hizo que todo explotase por los aires.

I MANI : El equipo principal va a entrar. Louis y Firas, preparaos, pero no os acerquéis hasta que hayamos acabado con el arma antiaérea.

No los veía desde mi posición, pero sabía que el Tetamen estaba oculto en la distancia, entre la oscuridad y los árboles. La casa voladora contaba con muchos escudos de protección y llevaba explosivos suficientes como para hacer volar por los aires el asentamiento entero si era necesario.

El equipo de Imani, que contaba con más de veinte mazmorreros, iba a entrar por el norte. Katia y Elle liderarían la incursión por el oeste. Algunos cazadores nos plantarían cara, pero otros se ocultarían en la seguridad temporal que les proporcionaba la estancia segura, si llegaban a tiempo.

La mayoría iban a escapar. Los cazadores, desorganizados y asustados, escaparían sin pensar en la seguridad del pueblo.

Eran lo bastante listos como para unirse y ponerse a salvo, pero también eran unos imbéciles que desperdiciaban la oportunidad que eso les brindaba.

Casi nunca nos plantaban cara coordinándose entre sí.

Una vez daba comienzo el ataque, se desperdigaban mientras nosotros los masacrábamos de forma conjunta. Los estábamos exterminando.

Tres explosiones resonaron en la oscuridad de la noche. Las arañas rastreadoras empezaban a encontrar a sus objetivos. Luego estalló una cuarta.

—¡Les he dado, Carl! ¡Les he dado! —gritó Dónut.

L I N A : Los cinco cazadores del bar acaban de salir. Están corriendo hacia el este. Cuidado, Carl. Todos son adoradores de Emberus. Los cinco. Van hacia tu posición, Florin.

F LORIN : Ya los estoy siguiendo. Están muertísimos.

S AMANTHA : ESTOY EN…

¡Patapum! Un géiser rojo se alzó por el cielo nocturno con la explosión del arma antiaérea. Una segunda llamarada se extendió en otra dirección. El pelo de Samantha se había prendido fuego. Otra vez. Por suerte, ahora no salió despedida hacia las zarzas.

L I N A : Confirmo la destrucción del arma antiaérea. Un nivel 63 se ha puesto a correr hacia el centro del asentamiento, hacia el templo grande que hay por ahí.

I MANI : Entrad, apoyo aéreo. Elle, ya puedes volar.

K ATIA : Veo al 63 en el mapa. Mi equipo se dirige hacia la iglesia. Elle, cúbrenos.

E LLE : Voy.

K ATIA : Los guardias micónidos van a ser un problema. Hemos activado su amenaza.

L I N A : Salgo del escondite. Distraeremos a los guardias.

I MANI : Tened cuidado. Recordad lo que pasó la última vez.

F IRAS : Entramos.

Empezaron a explotar más arañas. Frente a mí, los árboles se agitaron cuando algo empezó a acercarse a nosotros.

Dos puntos púrpura aparecieron de repente en el mapa, seguidos de un par de puntos negros.

Mis arañas. Los cazadores corrían hacia nosotros y guiaban los explosivos para que nos explotasen en la cara.

Mierda. Empecé a rebuscar en las opciones de la interfaz para desactivar las arañas.

Antes de que me diese tiempo a reaccionar, me sobrevolaron dos siluetas.

Kiwi y Mongo brincaron al mismo tiempo y aterrizaron sobre los alienígenas, que resultaron ser una pareja de sacacianos con la cara llena de tentáculos y algún tipo de mejora mecánica en las piernas. Ambos murieron entre gritos agónicos.

Las arañas se detuvieron, se giraron y marcharon en busca de otros objetivos.

«Dios —pensé—. Eso ha estado demasiado cerca».

La mayoría de los cazadores había muerto unos minutos después, todos excepto el nivel 63 que había conseguido entrar en el templo. La incursión había durado unos seis o siete minutos en total.

—¡Cinco muertes, Carl! ¡Cinco! —dijo Dónut mientras brincaba de un lado a otro—. ¡Buen chico, Mongo! ¡Buena chica, Kiwi!

Gran Tina rugió con indignación en los árboles que teníamos detrás.

Era probable que hubiese olido la sangre.

Kiwi estaba usando al resto de las señoras Mongo para contener a la alosaurio, lo que no me pareció mal.

La criatura enorme era difícil de controlar, y lo último que necesitábamos era que nos chafase todos los planes.

Todo había ido tal y como esperábamos. Al fin.

Solo habíamos tardado unas cinco incursiones en hacer las cosas bien.

Lo malo es que era muy probable que aquella fuese la última antes de entrar en el territorio de los elfos.

Los hermanos Popov y otros habían encontrado a otro grupo de cazadores, pero estaban demasiado lejos en dirección sur como para que llegásemos a tiempo.

Lo único que nos quedaba por hacer era acabar con el cazador que había entrado en el templo.

—Vamos, Dónut —dije—. Ayudemos a los demás.

K ATIA : Muy bien. Tran y yo estamos en la puerta principal. Daniel y Gwen en la trasera. El punto desapareció al entrar. Y que alguien haga algo con esas trampas de alarma.

I MANI : Un momento. El resto rodearemos el edificio. Será mejor que tengamos todo el cuidado posible.

C ARL : Estamos de camino.

F IRAS : ¿Queréis que lance unas bombas y listo?

—Oye, Carl —dijo Dónut—. ¿Qué significa lo que tienes sobre la cabeza?

—¿Qué? —pregunté, y miré hacia arriba como un tonto. Noté un extraño brillo rojo a mi alrededor.

—Tienes un nuevo símbolo. Es muy grande. Es como la marca esa de «Paria» que tenías hace pocos días, pero este es una equis hecha con cuernos. Titila de rojo.

Aviso: La deidad Diwata ha aparecido en el reino. Diwata te ha marcado para acabar contigo. Te están dando caza. Saben dónde estás.

Será mejor que corras, apóstata.

C ARL : ¡Abortad misión! ¡Abortad misión! ¡Alejaos del templo! ¡Louis y Firas! ¡Salid cagando leches de ahí! ¡Es una deidad!

Justo cuando envié el mensaje, una erupción descomunal asoló el centro del asentamiento.