Capítulo 58 #3
Guardé el cuerpo en el inventario. No tenía gran cosa, pero vi que llevaba encima un vale de crédito como el que habíamos conseguido varios días antes.
Había averiguado que aquellas cosas eran el equivalente intergaláctico de las tarjetas de crédito.
Lo que sí que me resultó extraño fue que el tipo no tuviese afiliación.
El clan de los Acorazados era uno de los participantes de la Guerra de Facciones, pero se habían retirado debido a la inundación de Larracos.
El líder había cancelado su participación después de que a su mujer la picase una medusa.
Eso me recordó que llevaba mucho tiempo sin saber nada de Quasar, mi abogado. Intentaría enviarle un mensaje al salir.
Después de hacerme con el cuerpo, lo único que quedaba por allí era el lavabo agrietado y un poco de sangre. Cogí una toalla del colgador y la limpié rápidamente. Después la coloqué sobre el lavabo para ocultar la grieta.
—Venga, otro intento —dije al tiempo que nos dirigíamos al pasillo. Después del baño y a nuestra derecha había una puerta doble que llevaba a la cocina.
—Creo que en este piso hay un restaurante de los grandes, con camareros y todo —susurró Dónut—. Ya es mucho mejor que lo que hay arriba. ¡Esto es un ultraje!
Eché un vistazo por la esquina y vi el resplandor de neón de un cartel que llevaba al casino y otro que llevaba a la Ruta de la Seda, un mercado al que tenía que ir cuanto antes.
Me giré y vi unos elfos sentados en el bar que no me quitaban ojo de encima.
Solo había una criatura más a la vista: un camarero con cabeza de tejón que nos daba la espalda.
Miré a los elfos, momento en el que a uno de ellos le cambió la cara a la de un dromedariense durante unos segundos.
Era la señal que indicaba que eran los cambiados que estábamos buscando.
—Son esos —dije.
Di un paso al frente, pero el otro nos indicó que esperásemos. El primero se separó de la barra y fue en dirección contraria a la nuestra.
—¡Compañero! —gritó a alguien que estaba al doblar la esquina que había en el otro extremo—. ¡Guardias! ¿Habéis oído eso? Creo que esos cabrones se están peleando otra vez en el casino.
El segundo cambiado me hizo señas con brusquedad para que me acercase y luego señaló otro pasillo con una puerta. Se puso en pie y se dirigió hacia ella. El cartel rezaba GREMIOS .
«Ha sido fácil», pensé cuando empecé a seguirlo atravesando el bar principal.
—¡Oiga! ¡Señor! —gritó una voz desde otro pasillo—. ¡Señor! ¡Los mazmorreros no pueden entrar en este piso!
—Toma —dije mientras le daba a Pearson el cambiado un mapa dibujado a mano con los detalles de la ubicación donde nos encontrábamos, para que pudiese encontrarnos.
El guardia había dejado de golpear la puerta, lo cual no era buena señal—.
Vamos a necesitar tu ayuda. Tráenos a los niños y los meteremos en nuestro espacio seguro hasta que no haya peligro.
—¿Y si el peligro no cesa? —preguntó él, que se guardó el papel cerca de la cintura.
—Pues entonces dará igual. Mira. Estamos empezando a preparar el plan para evacuaros y mantenernos con vida.
Seguimos trabajando en ello, pero he detallado la idea principal en ese mapa.
Vamos a usar un conjuro llamado Zerzura para sacaros de aquí.
El problema es que las zarzas avanzan rápido y no podremos lanzar el conjuro hasta dentro de dos días.
Hay que hacerlo sobre un asentamiento, no sobre un grupo de personas.
Tenéis que llegar a dicho asentamiento para que funcione.
El problema es que los altos elfos han destruido todos los pueblos de la zona del bosque que los rodea.
Todos menos uno. El castillo. Eso significa que tenemos que conseguir meteros en él.
Hay muchas variables, más de las que me gustaría.
Voy a necesitar que me prestéis toda la ayuda posible si queremos que funcione.
—Antes de marcharse, Higo nos dijo que tuviésemos cuidado contigo —dijo Pearson.
—Normal que lo haya dicho —comenté—. Aun así, sé que confía en nosotros.
—Ni siquiera sabemos si sigue con vida.
—Claro que sí. —«O eso espero», pensé sin decir en voz alta—. Si el plan sale bien, os reuniréis pronto.
—Carl —dijo Dónut—. Hay otra persona ahí fuera. Una pequeña.
Un dolor insoportable y horrible se extendió por mi cuerpo en ese momento. Ocurrió de repente. Sentí calor y la visión se me empañó de rojo. Me asusté al ver cómo la piel de mi brazo empezaba a burbujear y retorcerse.
Aviso: Te ha empezado a hervir la sangre.
—Carl —llamó una voz de mujer desde el otro lado de la puerta—. Te sugiero que abras ahora mismo si quieres conservar el acceso al club.
«Gracias a Dios —pensé al darme cuenta de quién era—. Podría haber sido mucho peor».
—Voy —gruñí mientras mi barra de salud caía en picado—. Pearson, transfórmate en elfo rápido y abre la puerta. Intenta tocar a esa mujer si puedes.
La puerta se abrió. Astrid, la subgerente del club de nivel 125, apareció al otro lado.
Era una HADITA SEDIENTA DE SANGRE , usuaria de la temida magia cardiovascular.
Había lanzado un conjuro para hacer que me empezase a hervir la sangre.
Sabía que no intentaba matarme. De haber sido así, ya lo estaría.
La vi flotando y fulminándonos a los tres con la mirada antes de quedar inconsciente.