Capítulo 58 #2
—¿Sabes que mi interfaz lleva un registro de todas las monedas de oro que he gastado desde el principio?
—siguió Dónut—. Tengo las cuentas abiertas ahora mismo.
Veamos. —Empezó a mover la pata en el aire como si estuviese bajando por un menú invisible—.
Tres de oro para comprarle a aquel bopca la fabulosa boina.
Los mil quinientos que Carl me hizo desperdiciar en aquella cuerda ignífuga.
Ah, sí. Aquí está. Pone «quinientos de oro a Clarabelle del club Desperado para protección privada».
La fecha es de la primera vez que entramos desde el cuarto piso.
¡El día que conocí a Macito! —Ladeó la cabeza con confusión impostada—.
Qué raro. Aquí tenemos una devolución, pero solo de cuatrocientos.
Cuando me peleé con aquel tipo que intentó matarme, tu jefa Astrid nos dijo que nos devolverían los cuatrocientos de oro que nos habíamos gastado en los guardaespaldas.
Ah, sí. Ya lo recuerdo. Quería comentarle que nos habías cobrado quinientos, pero Carl es una persona muy buena y creyó que sería mejor hablarlo contigo en privado.
—Dónut miró la puerta con gesto serio y luego volvió a girar la cabeza hacia Clarabelle—.
Pues ha llegado la hora de hablarlo contigo en privado.
TIEMPO PARA LA MASCARADA DEL CARNICERO: 62 HORAS
—Agradezco lo que has hecho por nosotros, pero eso no significa que vayamos a confiar en ti a ciegas —dijo el cambiado mientras me ayudaba a mantener la puerta cerrada.
Se llamaba Pearson y había sido un dromedariense camarero transformado en el piso anterior.
Ahora tenía la forma de un cretino, lo que hacía que su voz se pareciese a la de Bomo.
Apoyaba el cuerpo en la puerta, pero temía que no pudiésemos mantenerla así por mucho tiempo igualmente.
Los guardias del piso del Coto de Caza del club Desperado eran muy educados en comparación con los del piso superior, pero tenían una mejora de Fuerza.
Volvió a oírse un golpe en la puerta y gruñí mientras me esforzaba por mantenerla cerrada. Luego dijo, entre dientes apretados:
—Le prometí a Higo que haría todo lo posible para bajaros con nosotros en cada piso.
Con el sistema de sede gremial, podríamos contratar a unos quince de vosotros, pero no funciona con algunos.
No sé muy bien por qué, pero da igual. He encontrado otra manera de llevaros directos hasta el noveno piso, y sin usar el Portal de los dioses ferales.
Pero vuestro pueblo está a punto de ser arrasado por las zarzas y necesito que estéis todos en el mismo lugar y al mismo tiempo para que funcione.
Detrás de nosotros, volvió a oírse un golpe en la puerta cuando uno de los guardias cocodrilianos le hizo un placaje.
—¡Señor! ¡Señor! —gritó al otro lado—. ¡Se supone que no debería estar aquí abajo!
Dónut volvió del fondo del pasillo, donde había estado explorando. Estaba lleno de puertas, pero el corredor en sí se encontraba vacío a excepción de nosotros tres.
—¡Carl, Carl, hay un gremio de explosivos al fondo! ¡Y uno de pícaros! ¡Deberías pasarte por los dos!
—Ahora no, Dónut —dije sin dejar de gruñir. Otro golpe en la puerta.
—¡Señor! —gritó el cocodriliano—. ¡Tendré problemas con los gerentes si lo encuentran aquí! Si fuese cualquier otra persona, le arrancaría la puñetera cabeza de un mordisco.
—¡Estamos ocupados! ¡Saldremos en un minuto! —Después me giré hacia Dónut y le dije—. ¿Podrías decirle algo para que se calme?
—¡Carl está haciendo caca! ¡Ya casi termina!
La voz del cocodriliano se volvió una octava más aguda.
—¿En el pasillo? Señor, ¡eso no es un baño! ¡Es el pasillo de los gremios de habilidades!
—Gracias por la ayuda, Dónut —dije.
Clarabelle no nos dio acceso directo al piso del Coto de Caza del club.
En lugar de eso, nos habló de una escalera secreta.
En el último cubículo del baño de mujeres había un retrete donde, si quitabas la tapa de la cisterna y metías la mano, encontrabas un pestillo secreto. Al tirar, se abría la pared de detrás.
Nadie del club nos dijo absolutamente nada cuando entramos en el baño de mujeres.
Que yo supiese, los extraños PNJ que usaban para la pista de baile no iban al baño y, en aquel momento, no había nadie más en el club.
Por suerte, la pared secreta estaba exactamente donde Clarabelle había dicho que estaría.
Tiré de la palanca, se deslizó y dejó al descubierto una escalera estrecha de metal que descendía.
Hizo que me preguntase qué otros secretos habría ocultos por el lugar.
Bajamos y nos llevó hasta una puerta que daba al baño correspondiente al piso inferior. Las escaleras seguían bajando, supuse que hasta el baño de mujeres del piso de Larracos, pero cuando intenté bajar recibí un mensaje de error.
Buen intento. No.
El baño de mujeres del piso del Coto de Caza estaba vacío, por suerte.
—En este piso está mucho menos sucio —apuntó Dónut—. Y las baldosas me gustan mucho más. Las patas no se me quedan pegadas.
—Muy bien —dije mientras me acuclillaba junto a la puerta de la estancia.
Esta tenía adornos metálicos pulidos y relucientes.
El bar que teníamos encima era más bien un antro con pocos trabajadores que no se había limpiado bien en una década—.
Se supone que estarán en el bar principal.
Debería haber dos. Busca unos PNJ que no encajen con el ambiente.
Con suerte, los cazadores no nos prestarán atención.
—Eres un tipo grande que va en calzoncillos, Carl. Y yo soy una gata. Vamos a llamar la atención nada más cruzar la puerta. Está claro que no tienes un plan.
—Mordecai dice que este piso es enorme y parece un laberinto.
Con suerte estarán desperdigados. Solo tenemos que encontrar rápido a los cambiados.
Entramos y salimos. Dudo que los cazadores nos ataquen, igualmente.
Clarabelle comentó que los guardias mataron a algunos de ellos la última vez que tomaron la decisión de luchar.
Y llevan aquí encerrados mucho tiempo. Solo están esperando para salir.
—También dijo que los guardias nos darán una paliza cuando nos vean.
—Pues intentaremos evitarlos. Esto no es opcional. Tenemos que hablar con los cambiados. Venga. Allá vamos.
Atravesamos la puerta y salimos a un pequeño pasillo bien iluminado.
Una música amortiguada retumbaba en la distancia.
No se parecía al EDM incansable del piso que teníamos encima.
El suelo estaba enmoquetado, y el papel de pared rojo a cada lado estaba cubierto de retratos grandes de hadas en marcos ornamentados.
Se abrió una puerta delante de nosotros, de la que salió una elfa con una bandeja llena de bebidas y comida humeante. No nos vio.
—El bar está por allí —dije mientras señalaba—. Mantén la cabeza gacha.
A mi derecha, se abrió la puerta que daba al baño de los hombres.
De ella salió una criatura enorme de piel roja que se abrochaba los pantalones entre tambaleos.
Mediría unos dos metros diez de alto y era ancho como un cretino.
Tenía dos bultos de tamaño puño en la cabeza, como cuernos limados. Se chocó conmigo.
—Perdona, amigo —dijo mientras levantaba la cabeza. Abrió los ojos de par en par.
Haxor el Destructor. Acorazado. Nivel 50. Comerciante.
Se trata de un cazador sin afiliación.
Abrió la boca para gritar y, por instinto, levanté la pierna y le di una patada en los cojones con todas mis fuerzas.
Por suerte, la especie de los Acorazados también tenía aquella característica física de los humanoides masculinos, lo que hizo que se tambalease hacia atrás y volviese a atravesar la puerta del baño. Se deslizó por el suelo de baldosas hasta chocar contra el lavabo más alejado, que se resquebrajó.
Tardé un segundo en colocarme a su lado. Luego pegué un brinco y le aplasté el pecho al caer. Sentí como los huesos crujían bajo mis pies. El tipo no llevaba armadura, solo una camisa holgada y grande que tenía abierta por el pecho. Parecía una prenda propia del Maestro.
—No —pronunció a duras penas—. No.
Lo agarré por las protuberancias parecidas a cuernos y tiré con fuerza de la cabeza hacia un lado para romperle el cuello. Me llegaron varias notificaciones, pero por suerte ninguna indicaba que hubiese activado la amenaza de los guardias.
—¿Otra vez dando patadas en los huevos, Carl? —dijo Dónut, que miró el cadáver—. Lo de romperle el cuello sí que ha estado bien, pero no sé si compensa lo de la patada. —Miró hacia la puerta con nerviosismo—. ¡Clarabelle comentó que nos echarían para siempre si nos pillaban luchando!
—No tenía elección —dije—. Aquí siempre hay heridos y cadáveres. Mientras no nos vean los guardias, todo saldrá bien.
—No sé yo si él estará de acuerdo con lo de que todo saldrá bien —dijo Dónut mirando el cadáver.