La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 58
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Capítulo 58

Entrando en el club Desperado.

—Hola, Clarabelle —dije al llegar al espacio que había antes de la entrada principal del club. Una música atronadora se oía al otro lado de la puerta. Dónut empezó a mover la cabeza al ritmo—. No estaba seguro de si te vería aquí ahora que estamos en el Coto de Caza.

—Anda, mira quiénes han venido —dijo la segurata cocodriliana—. No os veía desde hacía tiempo. Desde que nos quitasteis a cuatro trabajadores. ¿No los has traído? No os voy a dar seguridad gratis mientras los estéis usando. ¿Cómo les va, por cierto?

—Están en la base. Y se lo están pasando en grande.

—Están obsesionados con los videojuegos y con las películas sobre dinosaurios —añadió Dónut—. A Macito también le gustan mucho las de la mafia.

—Me alegro. Bueno, no sé si os lo habrá contado vuestra amiga hada de hielo, pero esta puerta lleva al piso superior del club.

Los encargados nos han obligado a cambiarla porque tú, señorito mío, obligaste a entrar a varios cazadores.

Tanto en el Coto de Caza como en Larracos.

Y no les ha gustado mucho. Los mazmorreros no dejaban de entrar y meterse en peleas con ellos, y a los cazadores no los podemos echar, por lo que los jefes han tomado medidas para que no estéis en el mismo lugar.

Por eso apareceréis arriba. Y los cazadores tienen prohibido subir, por lo que no os toparéis con ellos.

—Un momento —dije—. ¿Los cazadores que entraron aquí cuando ataqué Zockau no han salido? ¿Se han quedado rascándose la barriga? Creí que se solucionaría reconstruyendo la entrada del bar.

—La mayoría se están rascando cosas, sí, aunque diría que no es la barriga.

El Coto de Caza es mucho más grande que esto, pero sí, reconstruir el bar sería sencillo y lo solucionaría.

El problema es que el alcalde de Zockau es quien aprueba dicha construcción, y ha resultado ser esa mantis cuya entrepierna está en llamas gracias a ti, la muy zorra.

Por cierto, eso fue divertidísimo. Pero bueno, que las mantis no se suelen llevar bien con los demás por lo que ha dejado atrapados aquí dentro a los cazadores.

Ya han muerto siete. Cinco a manos de los seguratas.

Una de las chicas mató a otro. Y un mazmorrero, al último.

Ese caso fue el que hizo que cambiasen las normas.

También hay algún que otro de fuera de la mazmorra que estaba en Larracos y que sigue atrapado.

Ya casi han achicado toda el agua de la ciudad, por lo que esos podrán salir en unos días.

—¿No han terminado de achicar el agua? —pregunté, sorprendido. Eso no lo sabía—. ¿En serio?

Clarabelle se inclinó hacia delante.

—Hay algo que no dejaba de bloquear las cañerías.

Y los tiburones no ayudan. Así que sí, ahí siguen.

Ahí abajo tienen el hotel y el casino principal, por lo que tampoco es que se quejen demasiado.

Lo único es que los mercaderes de armas de las facciones solían comprar un pase para subir al Coto de Caza y comerciar con los cazadores, pero eso no puede ser porque armaste una buena tanto en Larracos como aquí.

Querían achicar el agua antes de que terminase este piso, pero no parece que lo vayan a conseguir.

—¿Y no han echado a los cazadores del Coto de Caza de aquí por el tema de la barra de sangre?

—Sí, odio esa norma —comentó Clarabelle—.

Las normas del décimo piso funcionan aquí, pero solo en la puerta.

No sirve para los que ya están dentro. La barra no baja cuando estás en el club, pero hay que tenerla llena para entrar.

Ahora, las cosas son un poco diferentes si quieres llegar al Salón Cósmico.

Por suerte, Dónut y yo teníamos las barras de sangre llenas antes de entrar.

—¿Has visto entrar a muchos cazadores, alguno que venga de fuera de Zockau?

—A unos pocos —respondió Clarabelle—. Y creo que algunos se están escondiendo aquí dentro.

Pero no es el éxodo a gran escala que creía que iba a tener lugar.

Y han vuelto a salir bastantes. Tampoco es que importe demasiado si los van a teletransportar a todos dentro de poco para ir a esa fiesta de la carne o comoquiera que se llame.

—Cada vez cuesta más encontrar entradas al club —dije—.

La mayoría están en los asentamientos grandes, y muchos de ellos ya han sido conquistados por mazmorreros.

Los cazadores solo pueden ser alcaldes en Zockau, por lo que los guardias los atacan cuando entran en un pueblo y la mayoría no tienen la fuerza suficiente para plantarles cara.

Por eso no pueden llegar al club aunque tengan la barra llena.

Supongo que prefieren quedarse escondidos en los asentamientos pequeños hasta que lleguen las zarzas y, en ese momento, corren de nuevo a otra ubicación.

—Eso es —convino Clarabelle—. Mejor para vosotros. Les habéis echado por tierra todos los planes, parece ser. Todos os apoyamos.

—¿Y si Mordecai entrase aquí por su cuenta? —pregunté.

—Es representante. Está vinculado a la princesa, por lo que también aparecería en el piso de arriba. De todas maneras, si fuese solo ahí abajo moriría sin dudarlo.

—¿Y el resto de los PNJ? —pregunté—. Si entrase un PNJ de este piso, ¿dónde aparecería?

—Mira, tu amiga de hielo me preguntó lo mismo exactamente.

Las normas para los PNJ normales son diferentes.

No son muchos los que cuentan con los permisos de membresía necesarios.

Pero, si se da el caso, entrarán en el piso que les corresponde, el que está vinculado con el Coto de Caza.

Y tampoco podrán subir ni bajar. Todos estarán atrapados en el piso correspondiente a aquel por el que hayan entrado.

Ya había hablado del tema con Katia y con Elle, ya que no estaba seguro de que los cambiados tuviesen las credenciales para entrar, pero Elle me aseguró que sí. Al parecer, los cambiados de Pezuña de Camella entraban a menudo y sabían cómo falsificar un pase.

—Entonces ¿cómo entramos en el piso del club Desperado que corresponde al Coto de Caza? Tenemos que ir a algunos lugares de los que hay por ahí.

—Pues se supone que no podéis hasta que los gerentes digan lo contrario. Y no han dicho nada. Si fuera vosotros, yo no me haría ilusiones. Y menos siendo vosotros dos. Os lo creáis o no, no apoyamos activamente la muerte de nuestros clientes. A no ser que estén en el casino, claro. O en el Pogo.

Joder. Esperaba que Clarabelle hiciese una excepción con Dónut o conmigo. Elle tampoco había podido entrar. Solo podíamos quedarnos en el piso superior, y los cambiados con los que teníamos que hablar solo podían estar en el piso correspondiente al Coto de Caza.

C ARL : Toda tuya, Dónut. Pero no seas muy agresiva, que queremos que siga estando de nuestra parte después de esto.

D ÓNUT : ATENTO A MI MAGIA.

Dónut se inclinó hacia delante.

—A Carl le gustaría ir a Zorras, pero está cansado de todas las que hay en el piso superior.

Nos han dicho que hay otra estancia llamada Zorras de Lujo.

Y a mí me gustaría ir al Palacio Fálico.

En Desfile Fálico me dieron un cupón que vale por un baile y que dice que también sirve en el Palacio.

He oído que en ese hay bailarines ogro y me gustaría comprobar si los rumores son ciertos.

Clarabelle rio entre dientes y luego clavó en mí sus ojos de cocodriliana.

—No sabía que ibas a esos sitios. Vas a pillar algo chungo como sigas haciéndolo. Pero, aun así, lo siento mucho. Los gerentes quieren evitar al máximo la violencia. Y cada vez que entráis ahí ocurre algo. No dejé pasar a vuestra amiga el hada de hielo y tampoco os dejaré a vosotros.

—Pero podrías dejarnos, ¿verdad? —pregunté.

Toqué en la puerta—. Apuesto a que solo tienes que agitar la mano y esta puerta se convertirá en una entrada al nivel del Coto de Caza.

Como has dicho tú misma, no es una norma, sino una orden.

Sé que no puedes llevarnos al piso de Larracos, pero sí que podrías hacerlo con el del Coto de Caza, ¿verdad?

Clarabelle cruzó los brazos llenos de escamas.

—Podría hacerlo, sí. Pero eso os costaría más de lo que estaríais dispuestos a pagar. Me gusta este trabajo, y vigilar la puerta es lo más fácil y lo más seguro. No quiero hacer nada que haga que me echen.

—¿En serio? —preguntó Dónut—. ¿No arriesgarías tu trabajo por cien de oro?

—¿Cien de oro? —resopló Clarabelle—. ¿Me estás ofreciendo cien de oro?

Ya he dicho que tu Carisma no funciona conmigo, pequeña.

Me gustáis, pero es una cantidad insultante, sobre todo si tenemos en cuenta a cuántos de esos cazadores habéis matado.

Lo más seguro es que seáis los participantes con más dinero de la mazmorra.

—Tú también me gustas, Clarabelle —continuó Dónut—, pero no me has entendido. No te estoy ofreciendo cien de oro. Estoy hablando de los cien de oro que nos robaste cuando contratamos tu seguridad privada por primera vez.

—No sé a qué te refieres —dijo ella, ahora muy seria.